Visible Evidence XV. The International Documentary Studies Conference

La itinerancia de Visible Evidence llegó este año a Inglaterra. Era la tercera edición que se celebraba en Europa, después de la de Marsella (2002) y Bochum (2007). Varios elementos colaboraron para que el congreso de Lincoln tuviese su acento propio, por encima de todos ellos, la magnética personalidad de su director: Brian Winston.


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Visible Evidence nació hace quince años en Los Ángeles como encuentro teórico anual del cine de no ficción. Década y media después al menos dos son los elementos que se deben poner en el Haber de dicha iniciativa. En primer lugar, el encuentro ha madurado a lo largo de los años hasta convertirse en un foro necesario para aquellos que tienen interés no sólo en las formas documentales contemporáneas, sino en las formas de pensar esas expresiones cinematográficas. En segundo lugar, Visible Evidence también se convirtió, a partir de 1997, en el nombre de una prestigiosa serie de libros publicada por editorial de la University of Minnesota que ya ha editado 22 volúmenes: los menos, recopilaciones de las presentaciones realizadas en los distintos congresos; el resto, estudios monográficos que, en muchos casos, se han convertido en textos de referencia. Sin ir más lejos, los dos últimos volúmenes se hacen eco de la cuestión temporal en el cine documental desde el punto de vista fenomenológico (Documentary Time) escrito por Malin Wahlberg y de la autobiografía (First Person Jewish) de la teórica y cineasta Alisa S. Lebow.

El encuentro de Lincoln se organizó en torno a cuatro ejes: documental como expresión nacional, nuevas tecnologías y documental, historia y temas de actualidad. Pero más allá de ese orden, que servía para que los congresistas se orientasen en la parrilla de actos con comodidad, la configuración de las diferentes mesas del congreso sirvió para tomar el pulso a las principales tendencias del estudio del documental en el entorno Visible Evidence. Pero antes de pasar a analizar éstas, una primera reflexión sobre las dimensiones de ese entorno.

Parece evidente que, consciente de ese difícil equilibrio que mantiene la academia anglosajona con el resto del mundo occidental, en los últimos años se han producido una serie de esfuerzos para aproximar posiciones. En el caso de Visible Evidende, la realización de tres de los últimos seis congresos en Europa así como uno un Brasil, lo muestra sin ningún género de dudas. Si bien los textos y aproximaciones de la academia anglosajona son los más citados y celebrados en los últimos años, también es cierto que no acaban de encontrar acomodo en el vieja Europa continental que prefieren mantenerse fiel a otras aproximaciones y tradiciones teóricas (y esto no es privativo del ámbito de la no-ficción, sino que sería perfectamente ampliable al terreno del cine y los media en general). En general esa tensión se pudo percibir en el encuentro de Lincoln. Aunque se presentaron algunas mesas que abordaban temáticas nacionales europeas (España, Suecia o Gran Bretaña), se echó de menos la presencia de académicos europeos no anglosajones (país, por lógica, con amplia presencia y participación). Visible Evidence apenas contó con representantes de países que no podían estar ausentes en el evento: un par de ponentes venidos de Alemania, dos italianos que trabajan en Irlanda, dos franceses, una pareja de noruegos y tres españoles. La sensación de representatividad a modo de Arca de Noé no podía ser más evidente. Bien es cierto que la celebración del encuentro anterior en Bochum (Alemania) sólo ocho meses antes (diciembre de 2007) pudo reducir el número de participantes. En todo caso, quede esta pobre respuesta a la convocatoria como punto de reflexión.

Respecto a las principales tendencias, se pueden destacar algunas cuestiones que no deberían caer en saco roto en nuestro entrono. En primer lugar, resulta encomiable comprobar como los británicos siguen conservando y promocionando su tradición documental de una forma tan consciente, sin que ello signifique que no puedan mantener un punto de vista crítico con el discurso griersoniano. Los acertados comentarios de Brian Winston (quien ya ha dejado clara su posición a ese respecto en sus escritos) en diferentes mesas e intervenciones fueron reveladores en este sentido. Siendo fieles al concepto original de Visible Evidence las ponencias y las mesas buscaron en este campo ir más allá de la tradición documental británica y quizá uno de los grandes aciertos en este sentido fue la mesa, con actores invitados, sobre la tradición del teatro documental y sus derivados televisivos. Otro punto destacable fue la representación de la Guerra de Irak, que sigue siendo central para los académicos estadounidenses. Una mesa y varias intervenciones más en otras sesiones lo dejaron claro. Aunque los resultados no están siempre a la altura de las expectativas, las mesas y ponencias al respecto levantaron gran expectación. Por fortuna, cuando las ponencias no estaban a la altura algunas de las intervenciones de los asistentes ayudaron a llevar la nave a buen puerto. La labor en este sentido de Alisa Lebow o Patricia Zimermann fue loable.

Las nuevas tendencias de la teoría cinematográfica también asomaron en Lincoln aplicadas al documental. La más clara muestra de ello fue la plenaria del día de apertura del congreso significativamente titulada ‘Hacia una cinefilia documental’. En sentido contrario, se puede apuntar que asuntos que en ediciones anteriores (y en las publicaciones de las Visible Evidence Series) habían sido mayoritarias ocuparon en esta ocasión un lugar mucho más marginal. Es el caso de las aportaciones en el campo de los estudios LGBT, que contaron con un único panel dedicado a la producción de este tipo de documentales en países no occidentales. Aunque también es cierto que alguna otra intervención trató sobre activismo transgenérico y Gwen Haworth presento su film She’s a Boy I Knew (2007) a una interesada audiencia. En todo caso, la verdadera estrella del congreso fue el llamado longitudinal documentary, que no es otra cosa que esas series que, en amplios periodos de tiempo, vuelven sobre los mismos sujetos para ver su evolución. Intervenciones de algunos de los más reputados teóricos en este terreno, como Stella Bruzzi, Richard Kilborn o Michael Renov, demuestran la centralidad de la cuestión. Si a eso le sumamos la reciente aparición del ya comentado Documentary Time podemos tener una idea de por donde pueden ir algunas cuestiones en teoría documental en los próximos años. Otro terreno también en expansión, y al que habrá que estar atentos, fue el de la animación y los límites de la figuración en el documental, la mesa a este respecto fue una de las más celebradas por los congresistas.

Para finalizar esta crónica podemos añadir que las proyecciones fueron de gran interés en términos generales, aunque posiblemente fue la presentación del recuperado film de Esfir Shub, KShE (1932) realizada por Michael Chanan la que más podemos destacar por su valor histórico. Los films de Andrés Duque y Lluis Escartín Lara pudieron verse también en estas sesiones. Y si las proyecciones dispusieron de un holgado espacio, también es de agradecer el tiempo que se concedió a las diferentes mesas, sobre todo en los debates posteriores a las presentaciones, siempre fructíferos. El desdoblamiento de las mesas permitió que los congresistas acudiesen a aquellas exposiciones que más les interesaban y demostró que un buen debate se puede hacer con tres ponentes y una decena de congresistas.

2 Comentarios

  1. Muy buena reseña de este importante conferencia, de las cuales hay muy pocas referencias en castellano.

  2. jfcla 10/09/2008 | Permalink

    esto no es un festival…

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