Número Zero

Hasta 2002 Número Zero era un filme inédito de Jean Eustache. Tras su filmación en 1971, sólo se había realizado un pase privado para una audiencia de ocho personas, entre las que se encontraba el cineasta francés Jean Marie Straub, personaje que recuperaremos al final de esta historia.


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Momentos de Numero Zero

Hasta 2002 Número Zero era un filme inédito de Jean Eustache. Tras su filmación en 1971, sólo se había realizado un pase privado para una audiencia de ocho personas, entre las que se encontraba el cineasta francés Jean Marie Straub, personaje que recuperaremos al final de esta historia.

La versión que se conocía del filme es Odette Robert, un montaje de 54 minutos (una hora menos que el original) con el que Eustache aceptó la invitación de la televisión francesa para participar en una serie de retratos sobre abuelas. Estos “fragmentos” (1), en palabras del propio director, que conforman Odette Robert, título que responde al nombre de su abuela, se emitieron en 1980.

“Censuré la audiencia en lugar de censurar el filme”, declaró Eustache, quien también reconoce que en aquella época -febrero de 1971- dudaba de que Número Zero fuera un filme porque “no se parecía a nada”. El cineasta coetáneo de la Nouvelle Vague, todavía no había realizado sus dos famosos largometrajes (La maman et la putain, 1973, y Mes petites amoureuses, 1974) y reconoce en esta pieza un síntoma de su incapacidad para hacer un filme en esos momentos.

Casi a modo de manifiesto, Eustache retorna al nivel cero del cine, a los hermanos Lumière, bajo la premisa de que para hacer un filme sólo es necesario una persona que cuente una historia a otro. La cámara registrará este intercambio.

Su dispositivo es en este sentido radical. Número Zero ilustra literalmente la idea de que todo filme es un documento de su propio rodaje, o para ser más exactos de lo profílmico. Aquí el tiempo del filme es (y determina) el tiempo de la acción y dos cámaras de 16 mm registran simultáneamente el pequeño motivo sobre el que se articula la película: la conversación entre Eustache y su abuela hasta completar 8 latas de película. Este fluir de la palabra sólo se verá interrumpido por lo estrictamente cinematográfico (la claqueta que marca el cambio de bobina) o lo estrictamente azaroso (una llamada telefónica).

Nos encontramos pues ante un filme de testimonio en el doble sentido de término. Odette Robert acepta la propuesta de su nieto de retomar una conversación del día anterior y relatar sus memorias. El atrezzo se reduce a una botella de whisky, dos vasos y unos cigarros. Eustache, lejos de “dar/tomar la palabra” con preguntas dirigidas y cerradas, se limita apenas a escuchar y a “animar” a su abuela llenando continuamente su vaso con whisky.

Esta puesta en escena tan simple es, no obstante, fundamental para la “puesta en escena de la memoria” que plantea el filme. Odette cuenta su vida de forma cronológica, detallada y aparentemente aséptica. Lugares, nombres, fechas y pequeños detalles van perfilando, poco a poco, un personaje digno de una novela.

Su infancia, marcada por el desprecio que su madrastra sentía hacia ella; su juventud y madurez, a remolque de un marido que continuamente cambiaba de profesión, de ciudad y de amante. Su maternidad, los hijos que crió y los que perdió a causa de las epidemias de la posguerra. Sus fatigas, sus sacrificios y la única ilusión que le mantiene con vida: ver a sus nietos crecer. En la vida de Odette, apenas hay espacio para el placer. Y esta amarga sensación, se va haciendo más palpable a medida que el tiempo pasa. Todavía quedan bobinas por filmar y Odette, “consciente de su deber”, expande su relato en espiral.

Cuando ya está todo dicho, sólo queda la repetición (infancia, matrimonio, cambios de domicilio..), el pequeño matiz y la reflexión sobre sus pequeños logros (independencia de su marido) y su propia dignidad. Pero es precisamente esta redundancia, la palabra que brota con su propio tempo y sin cortes, la que confiere densidad a su recuerdo. Y también la que nos permite encontrar rimas entre la vida de Odette Robert y la de muchas otras mujeres anónimas que han pasado invisibles por la Historia del siglo XX. Desde este punto de vista, Número Zero también se puede leer como una película germinal de una corriente del documental contemporáneo que se adentra en la memoria familiar para iluminar la intrahistoria.

Una apuesta hoy habitual que, sin embargo, sorprendió al propio Eustache: “Es una película de cineasta profesional, y a la vez una película de familia, como un film de aficionado en 8 mm rodado en la playa. Había, pues, algo incompatible. Así que le pedí a un realizador, Adolfo Arrieta, que hiciera algunos planos de la calle, que filmara cinco minutos a mi abuela y a mi hijo yendo de compras por la calle de al lado, para hacer el principio de la película sin sonido, sin nada, completamente separado del resto, en el que hay sonido y la imagen no se mueve.”

Será precisamente el sonido, la palabra de Odette y su eco en otra figura femenina, el que propició la recuperación del filme. En 2001, Pedro Costa se encontraba filmando un capítulo para la serie Cineastas de nuestro tiempo sobre Jean Marie Straub y Danièle Huillet. Straub delante de la mesa de montaje miró a la madre de Sicilia!– película que se encontraban montando- y, ante su dignidad y valor, exclamó: “!Pero si es la abuela de Eustache!”. El director francés formaba parte de las 8 personas invitadas a ver Número Zero en 1971 y, en su opinión, éste era “un gran filme sobre la historia de Francia”. Fue entonces cuando el director portugués Pedro Costa y Thierry Lounas decidieron buscar la copia original de Número Zero. Un filme imprescindible que se exhibió por primera vez ante el gran público en FID Marseilla (2002) y, recientemente, en una sesión de Xcèntric o en la última edición de Docslisboa que se celebró del 20 al 29 de octubre.

FICHA TÉCNICA
Director:
Jean Eustache
Fotografía: Philippe Théaudière y Adolfo Arrieta
Sonido: Jean-Pierre Ruh
País y año de producción: Francia, 1971
Formato: Blanco y negro, 16mm (hinchado a 35mm)

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(1) Declaraciones de Jean Eustache extraídas de Alain Philippon, Jean Eustache, Cahiers du Cinema, 1996. Éstos y otros fragmentos se encuentran disponibles en la web de Xcèntric.

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