Calle Santa Fe

En sus casi tres horas de duración, la narración titubea entre caminos dispersos. Lo que en principio es una mirada al pasado íntimo de la directora, atada ferozmente al relato en primera persona, comienza a girar hacia una reconstrucción histórica y muy documentada de la agitada vida del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria de Chile.


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La vuelta a casa, el retorno a Chile en los setenta, al recuerdo de los años de actividad política y a la memoria póstuma de su marido. Espejo nostálgico de una ideología que aún lucha por estar presente, Calle Santa Fe se ofrece como panegírico de la vida del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), vertebrado desde la presencia y los recuerdos de su directora y antigua militante Carmen Castillo.

Miguel Enríquez, líder del MIR chileno, murió asesinado en octubre de 1974 en la calle Santa Fe de Santiago de Chile, lugar donde resistían en clandestinidad los miembros del partido desde el inicio del golpe de Augusto Pinochet. Más de treinta años después, su compañera Carmen Castillo, superviviente del ataque y antigua activista de la organización, vuelve del exilio a los lugares de la tragedia para rememorar su figura. Calle Santa Fe, documental precedido de una considerable aceptación en Cannes y que pudimos ver en la Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona el pasado junio, es el testimonio de su vuelta a Chile, al país del cual “ya no se siente partícipe”, el regreso a los fatales lugares que marcaron su existencia, el reencuentro con viejos rostros familiares. La realizadora conforma una crónica exhaustiva de los agitados años del MIR, no sólo ya en los tiempos cercanos al golpe de estado de 1973 sino también como retrato del poso ideológico que el movimiento ha dejado en la actualidad.

En sus casi tres horas de duración, la narración titubea entre caminos dispersos. Lo que en principio es una mirada al pasado íntimo de la directora, atada ferozmente al relato en primera persona, reflexivo, poético, comienza a girar hacia una reconstrucción histórica y muy documentada de la agitada vida del MIR chileno. Algunos indicios nos hacen pensar que estaremos ante una muestra de la relación personal con su marido; poco a poco esta impresión se va diluyendo al adentrarnos en un retrato de su pasión política dejando en segundo plano el personaje. Las primeras imágenes del documental, con un Enríquez de verborrea imparable aleccionando sobre la revolución, se montan paralelamente con el tránsito de su viuda treinta años después por las calles de la barriada de Santa Fe. Estas imágenes añejas del pasado ejercen de prólogo a toda la crónica posterior.

El peligro de ensalzar el manido “cualquier tiempo pasado fue mejor” sobrevuela peligrosamente: la exaltación de los modos de vida, la añoranza por aquella actitud rebelde sin mácula… el tono adolece por momentos de un exceso de nostalgia. Las imágenes de la revolución se saturan; éstas no pueden dejar de ir acompañadas de canciones revolucionarias que contextualicen. Aún así, esta mirada atávica hacia los convulsos setenta opta también por una búsqueda de las cenizas que han quedado en la cotidianeidad chilena. Castillo teje la historia presente del movimiento desde las manifestaciones de sus compañeros de lucha, alternando entrevistas con abundante material de archivo y esa excesiva querencia por la reflexión en primera persona. Más adelante, es el anhelo por rescatar esa conciencia liberal lo que va tomando cuerpo: primero en el intento por recuperar la casa, después, en la defensa quijotesca de unos principios que algunos ven ya caducos (parece tópica, pero ahí está: la figura crítica del anciano padre con algunos planteamientos). Da la impresión que a lo largo de la película es la propia directora quien va cambiando, deambulando entre tanto camino farragoso: sus primeras reflexiones en voz alta hablan de un país “que no reconoce”, “que extraña”, los bellos lugares comunes de todo extranjero que vuelve a su patria. Sin embargo, más adelante vemos una enorme implicación en la recuperación de esa memoria histórica enterrada entre tanta desaparición y miradas esquivas. No es sólo la de aquellos que no están, sino la intención de revivir el victorioso discurso de la izquierda chilena.

Su búsqueda entre antiguos militantes arroja reflexiones interesantes: encontramos compañeros que sí ofrecen una posición actual sobre la herencia del MIR (el largo silencio que se genera ante la pregunta “¿valió la pena tanto, tantas pérdidas?”) otros sin embargo se limitan a dilatar el anecdotario del partido con recuerdos de lucha y supervivencia. De entre esta atestada pasarela de personajes que se pasean por la cámara el mayor grado de intimidad se produce en el encuentro con el hombre anónimo que llamó a una ambulancia para socorrerla durante el asedio a la calle Santa Fe. La cámara en ningún momento le acecha mientras cuenta a Castillo cómo le socorrió, ayudándole a reconstruir los borrosos recuerdos que tiene de aquel día. Y de igual forma que actuó, se aleja de plano, de manera anónima, sin ser importunado, sin dotar a sus frases de ningún aroma panfletario, sólo la humanidad de socorrer a una persona en peligro.

La conjugación de un formato deudor del reportaje televisivo con la narración poética en primera persona difícilmente encaja. Sin embargo, finalmente prevalece el interés por la historia del batallador grupo revolucionario y la profusa documentación fílmica hace que el documental termine siendo, por encima de intentos fallidos y algunas elecciones estéticas un tanto dudosas, un exhaustivo recorrido por las agitadas páginas del MIR y su herencia actual, una propuesta cuanto menos distinta a las que estamos acostumbrados a ver sobre la historia reciente chilena. A modo de confesión personal debo reconocer que la larga duración no me hizo impacientarme en ningún momento en la butaca. Si Patricio Guzmán afirmaba que un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotografías, Calle Santa Fe podría pasar a engrosar de manera modesta alguna de estas recientes páginas familiares sobre el país sudamericano.

Calle Santa Fe se estrenó en salas comerciales de nuestro país el 29 de agosto

FICHA TÉCNICA
Dirección
: Carmen Castillo
Dir. de fotografía: Ned Burgess, Raphaël O´Byrne, Sebastián Moreno, Arnaldo Rodriguez
Sonido: Jean-Jacques Quinet, Damien Defays, Boris Herrera, Andrei Carrasco
Montaje: Eva Feigeles-Aimé
Música: Juan Carlos Zagal
Producción: Sophie de Hijes
Coproducido por: Les Films d’Ici, Les Films de la Passerelle, L’Institut National de l’Audiovisuel, Parox, Love Streams Agnès B. Productions
País y año de producción: Francia-Chile, 2007
Distribuidora: Karma Films

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