Los (escasos) documentales presentes en Cannes 2012

La política de programación del festival de Cannes respecto al cine de no ficción sigue siendo la de no prestarle atención, no contar con él ni con sus interesantes apuestas e investigaciones contemporáneas, para limitarse a proyectar algunos títulos documentales en secciones de menor visibilidad.


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La labor que supone rastrear los escasos documentales que se proyectan en el Festival de Cannes se ha vuelto más ardua en una edición en que el interés de los mismos ha estado a la altura de la media del certamen: la mayoría de películas vistas han sido menores, secundarias, convencionales, poco estimulantes y menos arriesgadas.

La política de programación del festival respecto al cine documental no ha variado ni un ápice respecto a lo que hemos detallado en las crónicas de los cuatro años anteriores (2011, 2010, 2009, 2008). “La sección oficial a concurso del Festival de Cannes sigue ignorando el documental de forma ostentosa, relegándolo casi de forma sistemática a las secciones paralelas. Que esto suceda en el certamen cinematográfico de más repercusión mundial pone en evidencia que Cannes mantiene una política conservadora que todavía no le permite romper con esa tendencia que sigue equiparando ‘gran cine’ con el concepto de ficción más tradicional” escribíamos en el ya lejano 2008. Así pues, el habitual recuento de películas de no ficción en las secciones importantes de este 2012 nos ofrece el balance que exponemos a continuación.

En la Sección Oficial a concurso y en Un Certain Regard: ni rastro de documentales. Y apenas han existido apuestas por aquellos films que exploran las fusiones entre ficción y no ficción, tendencia que hallamos en el 2008, donde la Palma de Oro a La clase de Laurent Cantet sancionó esta tendencia en una edición donde también compitieron Vals con Bashir de Ari Folman, 24 Cities de Jia Zhangke o Gomorra de Matteo Garrone.

Solo dos títulos en la edición de este año coquetearon con las inquietudes de la no ficción. En Baad El Mawkeaa (Àpres la batailleYousry Nasrallah parte de una de las múltiples grabaciones de los disturbios en la plaza Tahrir de El Cairo en febrero de 2011 para apuntar una de las consecuencias negativas que comporta la sobreexposición de ciertas imágenes. En el plano de la ficción, Nasrallah imagina a uno de los protagonistas involuntarios de ese vídeo, Mahmoud, camellero empobrecido que carga contra los revolucionarios a instancias del régimen de Mubarak. Nueva estrella del youtube, Mahmoud es rechazado por vecinos y conocidos. Nasrallah ve a este egipcio de clase baja que se posiciona equivocadamente al lado de Mubarak más como una víctima que como un verdugo y su película abandona a partir de aquí cualquier profundización en el papel que jugaron las imágenes en la revolución egipcia para elaborar un film excesivamente didáctico y simple sobre los diferentes actores e intereses que se mueven en aquel país.

Carlos Reygadas por su parte elabora una especie de diario ficticio de sus propios demonios (uno incluso toma literalmente cuerpo de macho cabrío en el film) en Post Tenebras Lux. El mexicano entiende aquí el cine como catarsis y la libertad con que acomete su largometraje tiene mucho más que ver con las inquietudes de la no ficción contemporánea que con las de los directores de ficción (salvando algunos nombres, los más afines a reactualizar postulados vanguardistas y del cine moderno). Fragmentaria, con saltos temporales sin aparente justificación narrativa, episodios que no están conectados con el resto (ese partido de rugby…), la presencia constante de los propios hijos del cineasta, el rodaje en localizaciones donde él ha vivido… Post Tenebras Lux tiene algo de alucinado cuaderno de notas sobre las propias neurosis, pesadillas, miedos y sueños. Apasionante e irritante a partes desiguales (a mí me pesa más lo primero), calificar el film de pretencioso no deja de ser un elogio en una edición más bien tacaña por lo que al riesgo respecta.

Sesiones Especiales en Sección Oficial

Los documentales de la sección oficial se concentraron un año más en sesiones especiales. Algunos de ellos podrían considerarse la versión fílmica de las típicas fiestas de caridad que hace años presidía Elizabeth Taylor. Solo están presentes en el festival porque tienen alguna estrella del cine como anfitrión (ejerciendo de productor, conductor o, más raramente, director) y ofrecen la cuota de  conciencia en torno a algún tema de acuciante actualidad que un certamen como Cannes cree necesario tener. La moda de este año ha sido el medio ambiente. La generación excesiva de residuos es el núcleo de Trashed de Candida Brady, una película que denuncia con rigor la proliferación de vertederos en todo el mundo y cuenta con Jeremy Irons como presentador de lujo. El típico título que podríamos ver en el ciclo El documental del mes que tiene lugar en diferentes cines de Catalunya. De hecho, hace pocos meses proyectaron uno muy parecido, Plastic Planet de Werner Boote. Si Trashed practica el medioambientalismo desde el “think global”, el alemán de origen turco Fatih Akin lo hace desde el “act local”. En Müll in Garten Eden vuelve al pueblo de sus abuelos, Camburnu, para ponerse del lado de sus habitantes, que protestan también por un vertedero que amenaza las fuentes de la economía local, la pesca y el cultivo del té. (No deja de resultar irónico que el Festival de Cannes dé lecciones sobre la gestión de residuos cuando resulta casi imposible encontrar contenedores de reciclaje en las sedes del festival y aquello es el reino del Nespresso, un concepto antitético al mediambientalismo y al comercio justo… En fin, una más de las paradojas de Cannes).

No pude ver Le serment de Tobrouk de Bernard-Henri Levy y Marc Roussel, donde el filósofo estrella francés pone en escena su propia contribución a los acontecimientos en Libia, aunque la mayoría de críticas que he leído al respecto coincidían en verse superadas por el tamaño del ego de Levy. También me perdí A música segundo Tom Jobim, tributo al músico brasileño por parte del veterano Nelson Pereira Dos Santos y su nieta Dora Jobim en el cincuenta aniversario de la eclosión de la bossa nova con el estreno de Garota de Ipanema. El resto de documentales en sesión especial son reseñados a continuación.

Depardon a dos voces

Claudine Nougaret, sonidista y esposa de Raymond Depardon, se sumerge en el archivo del director de La vie moderne para recuperar metraje inédito de su filmografía y rendir homenaje a sus cincuenta años de trabajo. Journal de France (corealizada por ambos) es más una película sobre Depardon que de Depardon. Combina el repaso a la obra del cineasta a través de estos descartes con el seguimiento del fotógrafo en uno de sus viajes por lo que él mismo denomina la Francia de las subprefecturas, aquella que mantiene rastros de resistencia a los envites homogeneizadores de la globalización y el jacobinismo.

Por una parte, Journal de France ofrece una retrospectiva de las películas de Depardon en orden cronológico con la voz de Nougaret como hilo conductor. Resulta de especial interés recuperar esa primera y apasionante etapa en que trabaja como periodista de guerra para su propia agencia Gamma, registrando sobre el terreno la Historia en directo en países tan convulsos a finales de los años sesenta y principios de los setenta como Chile, Jordania, Haití, Yemen, Biafra, Chad (donde llevó a cabo la famosa entrevista con Françoise Claustre, la entomóloga francesa que fue tomada como rehén por los guerrilleros en 1974 y cuya historia sirvió de inspiración de La cautiva del desierto) o Praga. Al periodo reporterista siguen los primeros largometrajes de cine directo, cuando se adentra en las principales instituciones francesas en títulos como Urgences (1988), Délits flagrants (1994) o 10e chambre – Instants d’audience (2004), así como las películas que reflejan su fascinación por las mujeres y el desierto y, ya en los últimos años, el regreso a sus raíces en las subprefecturas…

Nougaret apenas comenta el porqué ha escogidos unas imágenes y no otras, no profundiza demasiado en los métodos de trabajo del director ni tampoco suele especificar cuándo se trata de metraje descartado, excepto en situaciones conocidas como la del documental de seguimiento de la campaña presidencial de Valéry Giscard d’Estaing en 1974 del que se recuperan las imágenes que molestaron al político francés y no llegaron a hacerse públicas. De vez en cuando también inserta algunos fotogramas más insólitos, como esa home movie en súper 8 que capta un jubiloso momento durante el descanso del rodaje de El rayo verde, la primera película en que Nougaret trabajó de sonidista, en que se ve a Éric Rohmer divertido y sonriente.

El diario en tiempo presente es un elogio de ese Depardon au travail que fusiona vida laboral y profesional al viajar en una caravana que le sirve al mismo tiempo de lugar de residencia y laboratorio de trabajo. Cargando al hombro una cámara de fotos gigantesca que parece tan anacrónica como los motivos y personas que a veces le gusta fotografiar, aquí es Depardon quien lleva la voz cantante y, él sí, va desgranando en voz alta sus ideas y métodos de trabajo a medida que las pone en práctica.

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