El foso

Ricardo Íscar, en otro excelente título para su filmografía, nos muestra la vida y pasión por la música de unos músicos de orquesta que comparten foso en el Liceu, uniendo con harmonía sus dispares melodías vitales como si de un compositor se tratase.


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Ricardo Íscar es un cineasta español (Salamanca, 1961) de larga trayectoria en el cine documental. En la parte de su filmografía que he podido ver (Tierra Negra, 2005,  El cerco, 2005,  codirigida con Nacho Martín, Danza a los espíritus, 2010,  y ahora El foso, 2012) el autor parte de los preceptos  del documental clásico para construir con maestría películas exquisitas. Un poco a modo de un artesano: poco a poco y pieza a pieza, con equipos de rodaje pequeños, y con una actitud modesta ante las personas filmadas y ante los espectadores, a los cuales en ambos casos invita a entrar y participar del film. No he podido ver la filmografía que desarrolló en su periodo de aprendizaje en Alemania y algun otro filme (A la orilla del río, 1991, El diario de Manuel Ángel, 1992, Badu, Stories from the Negev Desert,1994, La punta del Moral, codirigida con Nacho Martín, 2001), (1) aún así, opino que este director merece un reconocimiento mucho mayor en este país.

El foso parte de los músicos de una orquesta (la de la Ópera del Liceu de Barcelona) para llegar al corazón de la música, también al corazón de los sonidos. Allí propone varias preguntas y sugiere algunas respuestas: ¿Qué es la música? ¿Por qué nos afectan los sonidos, los sonidos musicales, la creación de estos? ¿Por qué algunos seres humanos viven a través de la música? ¿Por qué los músicos son músicos? Una respuesta que resuena en el trasfondo del film es la de una especie de energía vital, la música como la sangre en las venas. Son muchos los músicos que en expresar su amor por el instrumento, narran o muestran una pasión que parece incomprensible, un enamoramiento misterioso que les ha acompañado desde la infancia y parece que les acompañará hasta sus últimos días.

Si en Tierra Negra la inmersión fue a las minas, aquí hay un sumergimiento en un foso a oscuras, donde nos descubre una parte oculta de la ópera, aquello que hay detrás de las máscaras, los decorados y las divas y divos. El realizador pone la luz en “la familia” que forma una orquesta sinfónica. Su aproximación es de método clásico: ante un grupo humano, destacará unos cuantas personas, nos desvelará sus periplos vitales para comprender a través de ellas todo el grupo, al cual volverá recurrentemente. Prestará atención también a todo aquello que les rodea, cotidianeidad, elementos que les definen, peculiaridades. Construye un film de interés para muchas personas que no conozcan el mundo musical, es un documental que tiene algo de ilustrativo y a la vez de sorprendente, de revelación de secretos.

Estos periplos vitales de algunos de los músicos se exponen en conversaciones entre ellos puestas en escena o en algunos textos que ellos mismos expresan. Sus orígenes son muy diversos, y sus vidas, como las de la mayoría de nosotros, formadas por pasiones, problemas, algunos dramas, amores, familia, trabajo, contratiempos… cada músico tiene su propio hilo, su propia melodía. Íscar, como si de un compositor se tratase, une con harmonía todas estas melodías sueltas en una de sola, sonidos que emergen conjuntamente de la orquesta, fusión de todas sus vidas. Esta banda sonora (Verdi, Wagner, Donizzetti) aporta dosis de emotividad y ayuda a cohesionar todas las piezas de este retablo. Esta música acaba produciendo un efecto especial. El espectador, al agudizar sus percepciones auditivas frente a tal riqueza acústica (complejo y meritorio trabajo de sonido de Amanda Villavieja), termina por percibir todo sonido como música, ya sea los sonidos del bosque en Brasil o el trotar de los caballos en la estepa.

Volvemos a los breves retratos de vida para destacar dos apuntes: uno es que, algunas veces, para mi las más interesantes, el director sólo apunta el periplo del músico, como un flashback de memoria que aparece en el escenario, con el cual se pueden deducir los origenes del retratado, como por ejemplo el músico balear y su caballo negro. Hay otras líneas de vida que son explicitadas con más detalle. En éstas, segundo apunte, el realizador consigue desmontar un tópico asociado al músico de orquesta, al cual se lo idealiza como si fuese alguien que proviene de un mundo cultural destacado o elevado. “Música y Miseria empiezan por M”, dice el amplio refranero musical que relaciona históricamente a los intérpretes con las penurias económicas (2). Los silencios de la violinista albanesa en su narración, el relato de la violinista china de escasos recursos y padre insistente, o la bonita historia de infancia del trompetista albaceteño, son ejemplos de unos origenes muy humildes, que no tienen absolutamente nada que ver con la cultura y la música. De nuevo nos conduce hacia ése enamoramiento que les lleva a aferrarse al instrumento para siempre, una pasión que les llevará a cambiar de país y de vida.

Otro de los grandes aciertos de Ricardo Íscar en el film, y tiene que ver con su metodología clásica de trabajo, es la precisión con la que ha descubierto el mundo de los músicos de orquesta a través de los pequeños detalles. Esto es debido a un excelente trabajo de investigación a pie de campo, corresponde a un cineasta curioso que, antes de ponerse a filmar, husmea, pregunta y acaba por descubrir aquello oculto a primera vista. Así obtiene el retablo completo del micromundo que tiene enfrente y aquello que lo singulariza: la presión del directo y el miedo escénico, los trabajos manuales que quedan más ignorados para el gran público, como el preciso luthier de arcos en su taller, los mini-ensayos del cuarteto solista repasando fragmentos, la soledad y largos tiempos de espera de la arpista,  las partidas de ajedrez en los descansos… también todo el personal que envuelve la orquesta, donde aparecen divertidos retazos de cotidianeidad en medio de los ensayos y las representaciones. De todos estos, el hallazgo más espectacular, y que engloba el principio y el final del film, es el de la relación de los arcos con Mongolia. Íscar no ha dejado un solo hueco por investigar y filmar. Haciendo uso del vocabulario musical, podríamos decir que no ha dejado ni una nota al aire o que ha tocado todas las teclas. Y le pediríamos un bis entre aplausos.

(1) Para una completa filmografía,  y conocimiento de su actividad profesional, ver Ricardo Íscar y el cine de lo real, Pena, Jaime, en Al otro lado de la ficción, Trece documentalistas españoles contemporáneos, Cerdán, Josetxo y Torreiro, Casimiro (ed.), Madrid: Catedra 2007

(2) Amades, Joan. Refranys musicals i comparances. Col. El tresor popular de Catalunya. Barcelona: Selecta, 1983

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FICHA TÉCNICA
Dirección: Ricado Íscar
Ayudante de dirección: Sophie Köhler
Guión: Ricado Íscar en colaboración con Sophie Köhler
Director de fotografía: Julián Elizalde
Sonido directo: Amanda Villavieja
Montaje: Nuria Esquerra, Pablo Gil
Ayudante de montaje: Rosa Rydahl
Productor: Loris Omedes
Director producción: Quique Jorba
Documentalistas: David Fernández de Castro
Música: Orquesta de la ópera del Gran Teatro del Liceo de Barcelona
Diseño de sonido: Albert Manera
Coordinación de posproducción: Enara Calleja
Dirección financiera: Ingrid Fernández
Productora: Bausan Films
Coproducción: Televisió de Catalunya
Con la colaboración de: TVE
País y año de producción: España, 2012

El foso de Ricardo Íscar ganó un Premio Especial del Jurado de la sección documentales en el Festival de Cine Español de Málaga y se ha estrenado esta semana (29/06/2012) en salas de Barcelona, Madrid y Las Palmas.

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