Récréations

Acercamiento a Récréations de Claire Simon, muestra de que el documental francés contemporáneo no sólo son Depardon, Marker, o Lanzmann. Existe otro más raramente visible debido a que la televisión es su origen y muchas veces su único destino.


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Pocas escenas podemos ver en una pantalla de forma tan recurrente como la de un niño jugando grabado por su padre-madre. Imagen fuertemente codificada, como corresponde a ese género – o quizás más propiamente modo de filmación – llamado “film de familia”, en la que generalmente el adulto no para dar instrucciones a un niño cumplidor, que acepta hacer de su juego una pose para la cámara. Escena controlada y reconfortante, en la que, como nos han mostrado una buena cantidad de programas de vídeo doméstico, el único elemento desestabilizador suele venir del accidente más o menos previsible (o incluso preparado). En el origen de esa pequeña joya oculta que es Récréations se emplaza una escena de estas características (1). Una madre (Claire Simon) recibe el regalo de ser invitada a contemplar los juegos entre su hija y una de sus amigas. Obviando varias de las normas de este tipo de filmación, como la participación del adulto o la duración, la cineasta ve abierta la puerta de un mundo privado y fascinante, impermeable a la lógica del adulto, donde las historias se desarrollan y se metamorfosean a gran velocidad. Solo queda un salto que dar para romper con lo que la escena mantiene de confortable. Pasar del dos a la relación múltiple, introducir el vínculo social y con él la violencia del deseo del otro, para lo que el filme desplaza su decorado al patio de recreo de una escuela infantil.

Fuerza del cine de Claire Simon, convertir una imagen convencional en algo singular, en algo que es capaz de agitar al espectador. Pues como señala Jean-Louis Comolli, “el cine documental no tiene nada de asegurador. Ahí está él obstinándose, recordándonos cuándo nos turba el mundo” (2). Para ello, la cineasta se arma de una pequeña cámara cuya máxima virtud es la de permitirle grabar a la altura de los niños, y que permite el cuerpo a cuerpo de Claire Simon con sus personajes. Una vez más en el documental que recoge ciertas tácticas del directo, lo que se inscribe es la relación entre cuerpo filmado y el cuerpo del operador que filma, donde los parámetros claves a manipular son la duración y la distancia.

Hacer durar la escena significa en este caso hacer surgir las diferentes historias que tienen lugar en el patio. Porque Récréations es ante todo un film que,  como señala la propia cineasta, no “hace otra cosa que contar historias”, de ver “cómo los niños inventan historias que son la vida”. Simon centra su mirada en seis historias que transcurren en otros tantos recreos, historias en las que como espectadores entramos sin ningún preámbulo, arrojados a algo que ya está pasando sin ninguna referencia previa. Descentramiento del espectador, expuesto a unas situaciones que sólo puede seguir rezagado, ya que los roles ocupados cambian a gran velocidad: de líder del juego a simple participante, de atacante a víctima. Decían los integrantes del “direct cinema” americano que en su cine en cualquier momento podía surgir una crisis que revelase algo profundo del personaje. En Récréations, la crisis no se prepara ni se espera, sino que estamos inmersos en ella. Como espectador habitamos una especie de vértigo, menos cerca de Leacock que del cine improvisado, corporal y fragmentario de John Cassavettes.

Buscar la distancia tiene que ver sobre todo con el acercamiento a los niños, con encontrar el lugar del cómplice, de quien observa sin participar ni decir nada a los demás –a los otros adultos, se entiende– de lo que allí sucede. A veces los niños buscan la cámara, la miran, incluso durante un buen rato, como una niña que se queda inmóvil en la historia final del filme, pero al no obtener respuesta continúa indiferente con su actividad anterior. Interrogación por una posible orden del adulto que nunca llega, sin la que el niño queda libre para relacionarse con los demás acorde con sus deseos (bajo su propia responsabilidad de ser social, podríamos decir aún pareciendo excesivos).  Pero la cercanía, sobre todo, para poder escuchar la palabra de los niños. La palabra como abertura a la ficción, como lo que permite compartir el imaginario infantil, y así ir más lejos del documental de animales en que podría convertirse Récréations de quedarse sólo en el exterior, en la apariencia de lo que pasa. Porque en sus mejores obras “el cine es un arte ambicioso. Lo que desea es que lo de dentro se libre en lo de la fuera. Filmar el exterior para descubrir lo interior, filmar la cobertura sensible de los seres y de las cosas pero para desenmascarar su parte secreta, escondida, maldita.” (3)

Una cuestión de distancia es también la búsqueda de la buena relación entre personaje y decorado. Y hablo de decorado conscientemente, ya que existe un fuerte elemento escenográfico en el filme al que Claire Simon es tremendamente sensible. Las ficciones de los niños nacen de la relación de estos con el espacio y con los objetos. Sea una valla colocada en una esquina, un banco o un hueco que sirve para evacuar el agua que baja por un canalón, en seguida el lugar se carga de significado o incluso deviene propiedad a proteger. En la tercera historia del filme, la del niño que hace su casa con unos palitos, encontramos lo que para mí es la expresión más bella de esta sensibilidad espacial de la cineasta: cuando este abandona el pequeño espacio que defiende como si fuese un fuerte, la cámara no le sigue, anclada como está al lugar que define la historia, y nos da un plano en gran angular que nos hace ser conscientes a la vez de la inmensa distancia simbólica entre el aquí (el lugar donde se sitúa) y el afuera (el lugar a donde llega Alexandre para recuperar sus palitos, del que vuelve lo antes posible), y de las pequeñas dimensiones reales del patio, donde al mismo tiempo otras historias estarán transcurriendo.

Como no se ha cansado de señalar Claire Simon en sucesivas entrevistas, el patio es un lugar abstracto, ya que el lugar ofrece una serie de potencialidades que se actualizan cada vez con la presencia de los niños que lo utilizan (por medio de la violencia del deseo y la mediación del cuerpo de los niños). Claire Simon pauta el paso de un recreo a otro por medio de unas bellas secuencias donde el tiempo y la acción de las limpiadoras borran cualquier rastro de lo sucedido, de modo que el espacio queda listo para nuevas experiencias. Historias efímeras de aprendizaje, sin huellas salvo el propio filme, volubles hasta el punto que los participantes en la actualidad no recuerdan nada de lo que allí pasó, que de este modo sólo se muestra en el presente de la filmación.

Si todo lo anterior caracteriza a Récréations como un filme fuertemente inscrito en el modo observacional descrito por Bill Nichols, Claire Simon se toma una buena cantidad de libertades, empezando por una primera escena que sitúa el filme en esa dimensión abstracta que señalábamos arriba, con la lectura de un texto de la Ética de Spinoza sobre el rostro angelical de una niña que duerme. Duro texto, que introduce la posibilidad de la crueldad a la que conduce la servidumbre humana a los sentimientos, que lo dominan. Menos mal que el filme dará un final en contraste, con un bello ralentí que inmortaliza el éxito de una niña a la que hemos visto sufrir para conseguir saltar de un banco.

Pero sobre todo las libertades vienen del aspecto sonoro, de modo que casi podríamos hablar de dos filmes paralelos: la imagen que nos ata a lo real, a las peleas, a los golpes, a las caras llorosas o ensimismadas de los protagonistas, pero también a los gestos de ayuda, de complicidad; y el sonido que remite a la ficción, a través de la palabra, pero también de la música, que puntúa las escenas con aire que va de lo evocador a la sensación de aventura, y sobre todo de una circunstancia extraña para un documental de este tipo, el doblaje. Cuando se terminó el primer montaje del filme, la cadena Arte, productora del filme, señaló que este no era programable debido al infernal sonido del patio de recreo. Claire Simon ofreció una solución ante la cual se produjo un gran escepticismo, doblar a todos los niños uno por uno. El resultado es extraordinario y difícil de detectar en un visionado si no se sabe que ese doblaje existe. Godard se preguntaba en una de sus Histoire(s) du cinéma (1989-1998) cómo era posible que el cine italiano fuese tan importante si la mayoría estaba doblado. En el caso de Récréations, esto tiene que ver con lo que lo filmado tiene que ver con la fabulación, con una actuación que es del todo real para los niños, y que como se ve en uno de los reveladores extras que acompaña al DVD, que documenta el doblaje con la niña que no es capaz de saltar el banco, no es difícil que estos reproduzcan como un juego más la pasada. Juego que se superpone a otro juego, casi podríamos decir que el filme gana en profundidad por medio de este artificio.

Valga lo dicho como acercamiento a un filme maravilloso llamado Récréations y a una gran cineasta como Claire Simon, muestra de que el documental francés contemporáneo no sólo son Depardon, Marker, o Lanzmann, y que existe otro más raramente visible debido a que la televisión es su origen y muchas veces su único destino.

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(1) Escena que se incluye como extra en la edición francesa en DVD con el significativo título de “La séquence à l’origine du film”. Esta edición en DVD de Doriane Films incluye subtítulos en castellano, lo cual no es demasiado habitual.

(2) Jean-Louis Comolli: “Viaje al país de los reducidores de cabezas” en Ver y poder. La inocencia perdida: cine, televisión, ficción, documental, Aurelia Rivera / Nueva Librería, Buenos Aires, 2007, p. 415.

(3) Jean-Louis Comolli: “Luz resplandeciente de un astro muerto” en Ver y poder, p. 261.

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FICHA TÉCNICA
Dirección: Claire Simon
Dir. de fotografía: Claire Simon
Sonido: Dominique Lancelot
Montaje: Suzanne Koch
Música: Pierre-Louis Garcia
Producción: Richard Copans, Serge Lalou, Catherine Roux
Producido por: Les films d’ici, ARTE
País y año de producción: Francia, 1992.

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