Flaherty Seminar 2012: El cine es una herida abierta

La directora de este encuentro, Mary Kerr, explica: “Josetxo Cerdán ha comisariado para nosotros un programa provocador y cuidadosamente pensado, con películas que entrecruzan generaciones de cineastas de distintas partes del mundo. Mantén tu mente y tu corazón abiertos y deja a un lado cualquier concepto e imagen preconcebida, como así quiso la fundadora del seminario, Frances Flaherty.”


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Tras 58 años de ser una referencia en la discusión y reflexión sobre cine documental internacional, el Robert Flaherty Film Seminar ha contado por primera vez en su historia con un programador europeo, el navarro Josetxo Cerdán, director artístico del festival con sede en Pamplona Punto de Vista. Celebrado del 16 al 22 de junio en la Universidad Colgate, al norte del estado de Nueva York, en esta edición se ha mostrado una selección de 50 películas bajo el título “Open Wounds” (“Heridas abiertas”).

Mary Kerr, directora del seminario, introdujo el evento de esta manera: “Aquellos de vosotros que no hayáis atendido el Flaherty puede que os parezca un poco extraño que no publiquemos el calendario de películas y que no anunciemos la mayoría de los artistas invitados. Pero ésta es una tradición que viene de lejos y que permite crear una experiencia completamente única que no se encuentra en festivales o conferencias cinematográficas”. Una semana al completo desayunando, cenando, viendo películas y discutiéndolas con los directores que las han hecho posible, en un ambiente distendido, pero riguroso, es algo sólo comparable al Doc’s Kingdom en Portugal, una iniciativa nacida en el año 2000 bajo similar filosofía flahertiana. El título de cada edición anual, más que limitar los contenidos, es un buen pretexto para crear conexiones e interpretaciones nuevas entre las películas seleccionadas. Como dijo Josetxo Cerdán antes de la primera sesión del seminario, la selección de “Open Wounds” iría de lo personal, a lo social y a lo político, sin intentar ser representativo de todo el espectro de posibilidades, y en busca activa de la controversia. Muchas veces, la mejor actitud como espectador fue no intentar analizar las películas buscando su conexión con el título del programa, pero muchas otras veces la cuidada selección de Cerdán hizo que las películas se pudieran ver desde una perspectiva distinta y más enriquecedora, debido a las sinergias que este título creaba entre ellas. Una agenda de tres (y un día cuatro) sesiones de películas diarias, todas seguidas de inmediato por una discusión entre audiencia y creadores. Los participantes forman cada año un grupo de casi 200 personas que provienen del mundo académico o artístico, cineastas, estudiantes, escritores, archivistas, productores, preservacionistas, teóricos; un grupo que mezcla el diálogo entre personas de mucha, media o poca experiencia en el mundo del cine de no-ficción, en sus distintas variantes. Muchos cuestionan la efectividad de una discusión que se realiza inmediatamente después de haber visto un grupo de películas, ya que no hay tiempo para la reflexión. Esto hace, por un lado, que en las conversaciones uno realmente se fuerce a pensar y a intentar aportar perspectivas que enriquezcan la discusión, basadas en la propia experiencia, y que puedan ser de valor para otros participantes. Muchas de las aportaciones son simplemente nuevas preguntas, reflexiones o comentarios, dudas o reacciones intuitivas. Por otro lado, la cercanía de las discusiones a la proyección, hace que se pueda saltar a conclusiones demasiado pronto y, en ocasiones, la opinión que uno tiene sobre un trabajo fílmico puede evolucionar e incluso cambiar por completo al final de la discusión, en las conversaciones entre sesiones, o al cabo de los días, cuando la programación (si es comisariada a propósito para la reflexión, como ha sido en este caso) va construyendo una serie de temas durante la semana que ayudan a pensar en distintas direcciones y a construir un pensamiento menos simple y más elaborado.

Uno de los adjetivos que más se ha oído para describir el programa de Cerdán es el de “inteligente.” El programador varió en algún momento la programación para hacer que la discusión del día anterior no se diera por cerrada, sino que se pudiera profundizar en ella, y para convertir la exposición de distintos puntos de vista, en una verdadera controversia. Los cineastas Dustin DefaAndrés Duque, Su Friedrich, Sylvain George, Isaki LacuestaSebastián Lingiardi, Minda MartinLaila Pakalnina, Lourdes Portillo, Ben RiversBen RussellSusana de SousaSami Van Ingen y Sun Xun contribuyeron amigable o provocadoramente a fomentar la discusión, e incluso en ocasiones se vieron obligados a cuestionar su propio trabajo.

Imagen cortesía del Seminario Flaherty © Theo Rigby

Más que presentar películas de cuántos más directores mejor, el Flaherty Seminar apuesta por la idea de conocer más en profundidad el trabajo y pensamiento de un cineasta, al mostrar varios títulos de su obra, antiguos y nuevos, más y menos conocidos y, a ser posible, en los formatos en los que fueron filmados/rodados. Una de las proyecciones se realiza normalmente en la ciudad más cercana, en este caso Hamilton, para abrir la oportunidad a la población de la zona de acercarse a la experiencia del seminario. Partido internacional de fútbol, barbacoa, y bar entre horas son parte de la dinámica de tensar y destensar una semana de por sí acelerada y, en cierto modo, extrema. Y es también parte de la tradición del seminario, el mostrar una película directamente relacionada con el legado de Robert y Frances Flaherty. Ella fue la que en 1955 invitó a un grupo de cineastas a su granja en Vermont, tras la muerte de su marido cuatro años atrás. El objetivo era discutir y explorar por unos días el arte cinematográfico y las direcciones que éste estaba tomando. Proyectar ahora películas con el sello Flaherty es una forma de recordar y revalorar un cine que, visto hoy, sigue aún siendo tan actual y despertando tanta admiración y tantas preguntas como cincuenta años atrás.

Las reflexiones que surgieron durante las discusiones se centraron en los espacios y las personas que filmamos, cercanos a nosotros o no, reales o no; en por qué la gente se mueve, se traslada, viaja; cómo los viajes y las heridas son experiencias entrelazadas; el documental como defensa de nuestras identidades; el abandono de una cultura para ser capaces de afrontarla; la necesidad de dar significado a cualquier imagen, sonido o señal que pueda tenerlo; el misterio de la espera en el rodaje y el misterio de la edición; lo que debemos filmar ahora; relación entre complejidad y negociación; los ciclos de la vida y los ciclos de una película; el cuerpo de la película y el cuerpo del cineasta; filmar como un acto de coraje; el cine en sí considerado como una herida abierta; realidad como fuente de más talento del que uno pueda tener; el cineasta brutalmente honesto; lo que las fotografías significan dependiendo de cuándo se realizaron (y quién las realizó); lo que decidimos que las cosas significan; la ambigüedad de las sonrisas; cine subjetivo sin dejar de ser riguroso; la idea de “el otro” planeando en contra de nuestro futuro; el tiempo: 24 años no son 24 días ni 24 horas…; memorias vívidas en el entorno familiar; explorar otras verdades sin explotar al otro; antropología contra arte; cine personal como cine político y cine personal como cine autocomplaciente; imágenes de momentos difíciles y de personas fallecidas; metáforas: fotografías que traen a uno de regreso del mundo de los muertos (o la utilización lírica del material de archivo); hacer más visibles las herramientas cinemáticas: el corte, el rebobinado, la aceleración, el sonido asincrónico, para enfatizar la coreografía de personajes, como ya hiciera Dziga Vertov; asunciones; filmar contra el imperialismo; no llorar delante del entrevistado; imágenes que funcionan como una escopeta cargada; épocas que sueñan con la siguiente; la llegada a algo nuevo a través de la repetición; aunque se busquen reglas fílmicas, no las hay, todo viene de uno mismo; en definitiva, un artista no debe de saber lo que está haciendo.

El primer programa del seminario fue un éxito, y marcó el tono y la energía de la semana por venir. Cerdán incorporó aire fresco, pequeñas novedades en la forma de organizar las discusiones (con moderadores que en todas las ocasiones ayudaron a fomentar la agilidad del diálogo) y en la manera de presentar las películas. El programador decidió proyectar en la pantalla, delante de cada sesión, un título que ayudara a encuadrar lo que se iba a ver a continuación, acompañado de una selección musical (que incluyó canciones en catalán y euskera) que ayudara al participante a entrar en la adecuada disposición de ánimo. Tras unos minutos, el programador sólo daría la siguiente información: cuántas películas se iban a ver en esa sesión, y cuál iba ser su duración total. El primer programa, “Overture”, fue un ejemplo excepcional de cómo una selección de películas se puede complementar entre sí, en su fondo y forma, y en este orden: The Coming Race, de Ben Rivers (2006, 5min, 16mm); Paralelo 10, de Andrés Duque (2005, 26min, Beta SP); On Rubik’s Road, de Laila Pakalnina (2010, 30min, Digi Beta), La ofrenda, de Lourdes Portillo (1988, 50min, Digital File); y cerrando el círculo We The People, también de Ben Rivers (2004, 1min, 16mm).

Un Comentario

  1. Renate 30/07/2012 | Permalink

    Me devoré el artículo. Hace años quiero saber qué hacen en el Flahertys, por qué la gente que participa se carga de tanta inspiración y energía, pero era dificil comprenderlo sin participar. Gracias por compartir lo vivido. El siguiente paso ya es sentirlo in situ.

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