Flaherty Seminar 2012: El cine es una herida abierta

La directora de este encuentro, Mary Kerr, explica: “Josetxo Cerdán ha comisariado para nosotros un programa provocador y cuidadosamente pensado, con películas que entrecruzan generaciones de cineastas de distintas partes del mundo. Mantén tu mente y tu corazón abiertos y deja a un lado cualquier concepto e imagen preconcebida, como así quiso la fundadora del seminario, Frances Flaherty.”


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Imagen cortesía del Seminario Flaherty © Theo Rigby

The Coming Race es una película que muestra las imágenes de un grupo de miles de personas que, sin descanso, caminan hacia la cima de una montaña rocosa. Su destino y propósitos no están claros. No sabemos de dónde vienen, no sabemos a dónde van, pero ellos siguen avanzando. Rivers filma en 16mm como defensa a ultranza del medio cinematográfico, del efecto orgánico que la luz provoca en los cristales de la película. Le gusta filmar personas que han decidido separarse del resto de la sociedad, para mostrar modos de vida alternativos. A propósito de Paralelo 10, Duque afirma: “No intento explicar al otro, sino conceder un lugar al otro en el que se pueda desplegar en toda su complejidad”. En este caso es el espacio privado y geométrico de Rosemarie, una mujer filipina que representa un ritual a diario dentro del espacio público de una esquina de Barcelona. Laila Pakalnina ha sido uno de los éxitos rotundos del seminario. Defensora unánime de no hablar de las películas, sino verlas, Pakalnina realiza unos filmes en los que la composición de imágenes y sonidos es más importante que la historia en sí. El ritmo del montaje, basado en el movimiento de los personajes dentro del plano, crea sorprendentes yuxtaposiciones que aportan inesperados significados. “La vida es una locura”, afirma la directora, “cuando veo algo que es una locura sé que ahí hay una película”. En On Rubik’s Road, Pakalnina ofrece un retrato de la tierra en la que nació (Liepaja, Letonia) con la metáfora de una carretera en la que la gente camina, corre y se mueve en bicicleta, en dos direcciones. Los encuentros y desencuentros entre ciclistas, transeúntes, niños y perros dan una idea de las contradicciones de la ciudad e incluso de su política. La ofrenda, que Lourdes Portillo rodó justo después de su documental candidato al Oscar, Las madres de la plaza de Mayo, muestra el folklore, cultura y otras tradiciones alrededor del llamado Día de Muertos. Para ello, utiliza la narración de dos voces, una femenina y otra masculina, e iguala a todos los géneros ante la muerte. El sentido del humor, que emana de su rodaje y montaje, es una característica común a todas las películas que Portillo mostró en el seminario. Sus palabras, “la risa como forma artística” y “la verdad de acuerdo con Lourdes Portillo” explican más sobre la filosofía de su obra que ningún otro estudio pormenorizado. Por último, en We The People, Ben Rivers ofrece el sonido de una multitud enfurecida, mientras en la imagen sólo se ven las calles solitarias de un pueblo no identificado. Bill Brand, cineasta y preservacionista, aportó a la discusión de este grupo de películas una visión que aunó las distintas formas de aproximarse al concepto de “heridas”: “Cada una de estas películas utiliza el lenguaje cinematográfico que fue inventado con propósitos enteramente distintos de los que estos artistas han hecho con ellos. Pakalnina tiene uno de los estilos de edición más parecidos a Vertov que he visto nunca. Pero mientras Vertov y Shub desarrollaron sus ideas de montaje para proveer un optimismo y un análisis progresista de la sociedad, el mundo de Pakalnina es enteramente antiutópico. Rivers utiliza la forma de la observación antropológica para crear un paisaje desalojado que es culturalmente no-específico y profundamente personal. Portillo recurre a las estrategias del documental desarrolladas para describir otras culturas, pero lo que hace con ellas es describir su cultura propia. ¿Es Duque una “mosca en la pared” en su película? ¿O es la protagonista del filme la que permanence invisible incluso bajo la mirada fija de la cámara del director?”

Bajo el título de “Heridas abiertas” no es de extrañar que se incluyeran películas que aluden al drama familiar y que utilizan vídeos o films caseros para contar una historia personal, en el caso de las películas mostradas en el Seminario, a modo de exorcismo.  Tanto el trabajo de Andrés Duque (Ensayo final para utopía, 2012, 75min, BLU-RAY) como el de Dustin Guy Defa (Family Nightmare, 2011, 10min, DigiBeta) despertaron preguntas sobre los límites de lo que debe de ser mostrado, o el cómo mostrarlo. Family Nightmare, incluída en la programación del Festival de Locarno este agosto, es una recopilación de imágenes grabadas en cintas VHS, todo con calidad de vídeos de YouTube. Las preguntas fueron: Si siempre encontramos cineastas interesados en reivindicar la figura de sus padres, madres o hermanos, y dar a conocer lo extraordinario de sus vidas, ¿estamos preparados para ver la obra de creadores que ridiculizan a sus familias, como crítica profunda a una sociedad y al sistema, pero en primera y última instancia, al entorno en el que uno nació? ¿Podemos hacer estas películas sin explicar que se trata de nuestra propia familia, y dejándonos fuera del absurdo que se muestra? ¿Podemos editar las imágenes y mostrarlas incluso si los protagonistas han fallecido y no pueden decir nada en su favor? Sin duda, una película de tan sólo diez minutos tuvo su impacto a lo largo de la semana del Seminario. Cuando se trata de trabajar con materiales personales ajenos surgen otras preguntas, como las que se generaron con 48 (2009, 93min, DigiBeta) de Susana de Sousa Dias: ¿Qué es lo que un retrato fotográfico revela sobre un sistema político? ¿Qué es lo que una fotografía del pasado puede decirnos sobre el presente? ¿Por qué  en una película muchas veces menos imágenes es más contenido? ¿Cómo valorar la documentación que proviene de tiempos oscuros de nuestra historia y que forma parte de los archivos de la policía o de los partidos políticos?

Una de las discusiones que se trataron más en profundidad fue la derivada del cineasta que filma una cultura ajena sin la rigurosidad propia de un antropólogo (como se espera del legado de Jean Rouch), pero con motivaciones artísticas (aspiración de los invitados del Seminario, Ben Rivers y Ben Russell). ¿Es Maya Deren una antropóloga al filmar A Study in Choreography for Camera? La respuesta instintiva es “no”. Pero Cerdán provocó una discusión más profunda cuando, tras el planteamiento de estas hipótesis, mostró The Creation as We Saw It  (película en desarrollo) por Ben Rivers, en contraposición a Moana, dirigida por Robert y Frances Flaherty, con nueva banda sonora que incluye el folklore musical samoano grabado por su hija, Monica Flaherty, y presentada por Sami Van Ingen, sobrino-nieto del director. Su Friedrich acusó ciertas aproximaciones a otras culturas de naïf, especialmente desde todas las críticas del cine antropológico clásico denunciadas por las teorías postcolonialistas. Como respuesta, el cine de Sebastián Lingiardi (Sip’ohi – El lugar del Manduré, 2011, 63min, BetaSP) propone facilitar tecnología cinematográfica a las sociedades indígenas para que ellos mismos den a conocer sus leyendas y tradición oral. Sus puntos de vista, tratados con un acercamiento cinematográfico distinto, pueden darnos lecciones de interpretación y novedades audiovisuales, como afirma el argentino y como Friedrich apunta con la sugerencia de la lectura del artículo Shakespeare in the Bush, escrito por la antropóloga norteamericana Laura Bohannan.

Con Qu’ils reposent en révolte (Des figures de guerres) (2010, 154min, BLU-RAY), Cerdán ofreció la propuesta que lidia de forma más radical con los problemas sociopolíticos. Su director, el francés Sylvain George, la considera su primera película, aunque durante los cinco años que le llevó realizarla, George se ha acercado a la temática de la inmigración desde distintos puntos de vista y siempre con un toque experimental, basado en los ritmos musicales del montaje.  Su intención, y conquista, es la de otorgar a los emigrantes autoridad política, en un esfuerzo por conjugar poesía audiovisual, problemas sociales y búsqueda estética (en blanco y negro). Isaki Lacuesta retomó la crítica social con la proyección de Las manos arriba (retrato urgente del 15-M) (película en desarrollo, 15min, Digital File), que el público del Flaherty recibió agradecido por las comparaciones obvias con las películas que en Norteamérica documentan el movimiento Occupy Wall Street, con menos sentido del humor, pero con una fuerte carga de pensamiento crítico y utópico. Su Friedrich mostró su película recién terminada, Gut Renovation (2012, 81min, DigiBeta), un ensayo sobre los problemas de la economía global y sus consecuencias en la vida diaria. Con sentido del humor, rigurosidad metodológica extrema, y revalorando el uso de la libertad de expresión, Friedrich personifica el activismo doméstico, y pone al descubierto el creciente abuso inmobiliario de su barrio de Brooklyn (tan sólo un ejemplo de lo que ocurre en cada barrio del estado de Nueva York), con la creación de apartamentos de lujo en sustitución de residencias de artistas y jóvenes que revitalizaron el área durante años. “Me preocupaba documentar dos aspectos centrales de mi experiencia al ver el barrio colapsarse a mi alrededor. Están los cambios físicos, la pérdida desgarradora de tantas maravillosas, viejas naves industriales, así como los hombres y mujeres que trabajan en ellos. Y luego está el cambio en sus vidas. La igual dolorosa pérdida de los espacios en los que trabajamos y vivimos y de las amistades que forjamos”, declara Friedrich.

Dos de los momentos estelares de este seminario fueron, por un lado, el poder ver tras la sesión titulada On life and how to live it, cuatro importantes mujeres directoras alrededor de una mesa y dispuestas a conversar y discutir tras mostrar su trabajo. Cuatro representantes de formas muy distintas de acercarse a la no-ficción, admiradoras unas del trabajo de las otras: Lourdes Portillo, Minda Martin, Su Friedrich, y Laila Pakalnina, acompañadas por la también directora Ilisa Barbash (Sweetgrass, 2009), que ayudaría a moderar la conversación. Fue una de esas pocas ocasiones en las que uno puede ser testigo de una discusión no entre creadores y público o periodistas, sino reflexiones y comentarios de un director a otro, reconociendo influencias, y distintos estilos dentro del mismo placer de hacer películas. Por otro lado, Cerdán nos sorprendió a todos, una vez más, con una propuesta que incorpora al cineasta y al público como elementos esenciales del resultado cinematográfico. La interacción con la realidad no manipulada (Andrés Duque nos ofreció la posibilidad de interactuar con “el mundo exterior” a través de un Chatroulette –más sexo vía webcam de lo esperado-, y de una selección de vídeos de YouTube que él ha titulado We, the living), y la representación en vivo que integra cine (en 16 milímetros) y actuación en vivo del creador.

Un Comentario

  1. Renate 30/07/2012 | Permalink

    Me devoré el artículo. Hace años quiero saber qué hacen en el Flahertys, por qué la gente que participa se carga de tanta inspiración y energía, pero era dificil comprenderlo sin participar. Gracias por compartir lo vivido. El siguiente paso ya es sentirlo in situ.

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