Profanaciones de Oriol Sánchez

Una deriva o un desquiciamiento. Su imagen es arrebatada por lo sonoro, no se manifiesta sino que se repliega y retira. Una “imagen sonora” o un “ruido visual”, más que una forma que ilustra o explica música.


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Profanaciones de Oriol Sánchez

Las orejas no tienen párpados

Profanaciones parece partir de la sospecha de que se puede oír lo que se ve: un piano, un follaje movido por el viento, el golpear de una puerta, pero que, al mismo tiempo, no se puede ver lo que se oye, de que la mirada puede escuchar, pero el oído no puede ver, algo que expresa directamente en el subtítulo, Las orejas no tienen párpados. Es decir, parte del presupuesto de que “entre la vista y el oído no hay reciprocidad (1) ”. De ahí que, generalmente, haya mucha más música que se crea alrededor del cine o de la imagen que su contrario, cine que se engendre a partir de la música. En un primer momento esto parece contradictorio pues el vídeo de Oriol Sánchez es un trabajo que surge en secuencia de la pieza electroacústica Campanes de llum de Juan Riera Robusté, como una especie de banda de imagen creada a partir de esta composición. Pero Profanaciones se toma muy en serio la naturaleza de lo sonoro y de lo visual y se genera desde la dificultad de crear imágenes a partir del sonido y desde la desconfianza acerca de la unidad entre el sonido y la imagen.

Lo visual es siempre una forma en evidencia, que se manifiesta, mientras que lo sonoro arrebata la forma, está siempre en retirada, en repliegue y en resonancia. El cine clásico continuamente ha saltado por encima de la particularidad de la imagen y del sonido, estableciendo entre ellos un nexo de continuidad. Al encadenamiento de imágenes le sigue el de los sonidos, donde se oye lo que se ve y se ve lo que se oye. Frente a esta unidad o continuidad Profanaciones opera una deriva o un desquiciamiento, su imagen es arrebatada por lo sonoro, no se manifiesta sino que se repliega y retira (2). Se trata de una “imagen sonora” o de un “ruido visual”, más que una forma que ilustra o explica la composición Campanes de llum. La imagen está a la escucha, tendida hacia el sonido y por eso mismo se encuentra al borde de la imagen misma.

Profanaciones, al engendrarse a partir de lo sonoro, lo que crea ya no son imágenes, entendidas en el sentido clásico de representación, sino algo que llega, que comporta un ataque, que tiene un determinado acercamiento y alejamiento, que imposibilita una visión de conjunto. Esa visión de conjunto es también imposibilitada con la fragmentación de la pantalla misma. Historias difusas e irregulares se proyectan en tres pantallas: cuerpos golpeados, frotados, punteados como si fueran un instrumento, figuras sonoras que no ilustran la música sino que actúan en el ambiente del sonido. Como si Profanaciones fuera una partitura (elemento visual que el sonoro acude) escrita a la vez que se escucha la composición. Ahí se apunta, no a partir de la notación sino de fragmentos aleatorios de imágenes, el complejo de remisiones del sonido: escansión, ascenso, levantamiento, cadencia, pulsación… Se anota esta “partitura” a partir de un trabajo de apropiación y deconstrucción de secuencias de películas de Jules Marey, Pudovkin, Kirsanoff, Eisenstein, George A. Romero, Halperin, Kulechov… Imágenes que muchas veces subyacen a nuestro imaginario visual y cultural y otras que remiten a recursos sonoros, como una puerta que se cierra, el viento, el grito de una mujer, el agua, el cerrar de una claqueta… Una multitud de instantes, eventos, incidentes, accidentes en ruptura y discontinuidad. “Un conflicto de relatos inaprensibles que carecen de sentido.  Cualquiera que sea la lógica de continuidad o de casualidad que conecte los sucesivos bloques o micro-historias solo puede ser intuida. Como la sensación del recuerdo, la remembranza de una narración, o el relato que trae el sueño.” (3)

El montador, el que anota sonidos a través de las imágenes, parece que trabaja a ciegas o a tientas. Monta esas imágenes con las manos, las corta, rasca, dobla, percute, golpea, tal como aquel que toca un instrumento. Y eso se muestra literalmente, no sólo porque la imagen aparece herida a la superficie, con arañazos y mosquitos, sino porque a lo largo de Profanaciones se recurre siempre a los mismos motivos visuales, manos que buscan a tientas, tocan o hieren, enfermedades de ojos, ojos heridos o ciegos. En esas imágenes pueblan personajes ciegos que se golpean contra la pantalla, pantallas que se rompen y que se mantienen siempre al límite de la oscuridad. En ellas se suceden los ojos fulminados del cine, el de Buñuel, Pasolini, Corman o Cipri y Maresco, y tal como se refiere en el subtitulo “el ojo fulminado es un viaje al mundo nocturno de las apariciones de los sueños, de las imágenes pintadas de las cavernas y de los muertos resurgentes (4)”. Precisamente a través de estos motivos o personajes se muestra que una imagen tocada por el sonido o donde el sonido resuena es una imagen rota, una casi no imagen.

Profanaciones de Oriol Sánchez se proyectará el viernes 24 de octubre a las 21.00 horas en la Galería de Arte Atelier de Barcelona dentro de su programación de cine experimental y video-arte Amalgama.

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(1) Michelle Grangaud, “État civil”, Paris: POL, 1999.
(2) Habría que tener en cuenta que ya con el cine letrista o incluso con el cine futurista se hicieron  intentos de romper la unidad entre el sonido y la imagen que el cine clásico presenta.
(3) Sánchez, Oriol, SPECTRUM vol. 5, “Márgenes, experimento y praxis”, Dublín, junio 2008.
(4) Quignard, Pascal, “El oído a la música”, Editorial Andrés Bello, Barcelona, 1998.

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