Video Remains

La cinta de Juhasz se articula como un sentido tributo a un amigo fallecido a causa del SIDA, al tiempo que se propone como una interrogación sobre el vídeo y su capacidad de representar el pasado: no sólo para preservarlo o recordarlo, sino como una herramienta a través de la cual éste puede, podría o debería interpelar al presente.


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Video Remains de Alexandra Juhasz

SIDA, RECUERDOS Y CINTAS DE VÍDEO

En 1992 James Lamb, un actor off-Broadway, le pidió a su mejor amiga, la teórica y realizadora feminista, Alexandra Juhasz que le grabara. Estaba enfermo de SIDA y quería ser recordado. Con una cámara VHS, Alexandra registró, en apenas 55 minutos, una conversación en la playa con un James fuertemente afectado por la medicación y consciente de que pronto iba a morir y algunos planos del hostal donde se alojaron esa noche. En cierta forma, lo que permanece en este vídeo se podría calificar de banal: él interpreta a Carmen Miranda poniéndose la toalla a modo de turbante, recuerda emocionado a su abuela materna y poco más… Sin embargo, esta grabación completa en tiempo real, de forma cronológica y con algunas interrupciones visuales, es la base de Video Remains (2005). La cinta habla, en primer lugar, de la pérdida: de un amigo -una de las personas más importantes en la vida de la directora-, de una relación y de un momento. Y si bien el vídeo puede evocarlos, la baja resolución de sus imágenes, su sonido sucio y la presentación del material “en bruto”, apuntan en la dirección contraria: evidenciar la grieta insalvable entre una realidad inmaterial y la imagen que trata de representarla. Lo que ésta nos permite intuir, pero que muestra de forma opaca, insatisfactoria y frustrante: el profundo amor que unía a ambos y la “verdadera” personalidad de James. Al final de la cinta, Juhasz reconoce su “odio” hacia unas imágenes “infieles” que permanecieron invisibles durante los más de diez años que median entre su filmación y la realización definitiva de Video Remains. En forma de tributo o memorial, bajo y más allá de la imagen borrosa y casi omnipresente del amigo fallecido, las preguntas que atraviesan el filme son ¿qué responsabilidad implica conservar esta cinta? ¿qué se ha perdido junto con la vida de James? ¿es necesario convertir el mero recuerdo en legado?

En una apuesta radical que elude los rasgos típicos de la biografía (pluralidad de testimonios, diferentes materiales de archivo y documentos que dan cuenta de una vida, narración retrospectiva), Video Remains funciona como un sentido tributo, al tiempo que se propone una interrogación sobre el vídeo y su capacidad de representar el pasado: no sólo para preservarlo o recordarlo, sino como una herramienta a través de la cual éste puede, podría o debería interpelar al presente. Dos tiempos que aquí no se presentan irremediablemente separados, sino que se solapan e interactúan como sugieren los continuos encadenados y sobreimpresiones con los que se cambia de escenario (del archivo a otra entrevista o a las reuniones de un programa destinado a reducir el riesgo a la infección del VIH entre jóvenes gays y bisexuales), así como la superposición de diferentes conversaciones sobre el video doméstico. La recuperación de esta cinta se convierte también en una excusa que propicia el reencuentro telefónico de la directora con una serie de amigas- Alisa Lebow, Juanita Mohammed, Sarah Schulman y Ellen Spiro, todas ellas activistas durante los años ochenta y principios de los noventa cuando el SIDA irrumpió de forma abrupta y fatal en occidente. Una época en que el video se convirtió en un arma fundamental de concienciación, divulgación y articulación de un discurso político como plasmó la propia Juhasz en su libro AIDS TV (1995), un recuento de la producción audiovisual independiente vinculada con la enfermedad a la que ella contribuyó con su pieza Women and AIDS (1988).

No obstante, sus conversaciones hoy dan cuenta de cómo se ha diluido la vitalidad de este activismo, cómo se ha disgregado la comunidad creada en torno a él (y así lo subrayan los rótulos que indican los diferentes lugares desde los que hablan las interlocutores de Juhasz) y cómo buena parte de los protagonistas y principales activistas del momento fallecieron a principios de los noventa. Así, la imagen de James funciona también como un icono que representa la pérdida de vidas, de un tiempo de lucha y de una forma de entender el trabajo videográfico. Un tiempo cuyas cenizas están presentes en cada una de las imágenes que componen la cinta, desde la contundente manifestación del grupo activista anti SIDA ACTUP (Fast Trip Long Drop, Gregg Bordowitz, 1995) donde miles de personas desfilan portando ataúdes hasta la inclusión de fragmentos de Tongues Untied (Marlon Riggs, 1990) una de las películas más complejas y controvertidas de la época: no en vano su canto “Black men loving black men is the revolutionary act” fue más que suficiente para que se desencadenara un profundo debate sobre el tipo de proyectos que la televisión pública estadounidense financiaba (1). Tanto Essex Hemphill, el poeta que aparecía en la cinta de Riggs, como el propio director fallecieron en los noventa a causa de la enfermedad, así como muchos de aquellos manifestantes registrados en el otro video. Y sobre ellas, resuenan las contundentes palabras de Alisa Lebow: “El archivo permanece tan vivo y las personas permanecen tan muertas.”

De este modo, Video Remains recoge con cierta nostalgia e impotencia todas aquellas pérdidas, al tiempo que aboga por la recolección y transmisión de estas historias pequeñas y anónimas (como la que narra el peluquero de Juhasz, la de su otra amiga Alexandra, una drag queen también fallecida de SIDA), para convertirlas en herencia y en Historia, en legado personal y colectivo: para los que siguen viviendo (hijos y otros familiares de las víctimas, por ejemplo) y para los que hoy son los afectados y que como muestran la reunión del APLA Mpowerment Program siguen siendo víctima de la misma falta de información y prejuicios que hace décadas.

Silencio era una de las palabras recurrentes en el relato autobiográfico de Riggs. Y 20 años después el mismo silencio ha cubierto de nuevo la enfermedad. Hoy parece ser una epidemia focalizada en África, ha dejado de ocupar titulares en los medios de comunicación, ya no consta como prioridad en la agenda política y pareciera que tampoco lo es para la industria farmacéutica. Hablar, ver y escuchar siguen siendo necesarios, aunque como propone Juhasz en Video Remains, ya no se pueda hacer de la misma manera. Aunque, como sugiere el efecto de nieve con el que se cierra la cinta, un viejo VHS no sea suficiente para reconstruir una vida y una comunidad que se alineó en torno a una causa política y personal.

(1) Para un análisis detallado de la película de Riggs y de la polémica generada, véase Maria Luisa Ortega, Espejos Rotos, Aproximaciones al documental norteamericano contemporáneo, Documentamadrid y Ocho y Medio, Madrid, 2007, pp. 211-217.

Video Remains de Alexandra Juhasz se proyectó el pasado mes de octubre en el MUSAC dentro del ciclo No ficciones II dedicado al documental contemporáneo realizado por mujeres y comisariado por Chus Domínguez.

FICHA TÉCNICA
Producción, guión y dirección: Alexandra Juhasz
Montaje y postproducción de sonido: Enid Baxter Blader
Duración: 55 minutos
País y año de producción: Estados Unidos, 2005

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