Cultura y crisis económica (¡Tú la llevas!)

Las nuevas derivaciones que se pueden dar entre economía y cultura durante el actual periodo de crisis son un campo interesante de investigación que, más allá de las consecuencias inmediatas y más previsibles como recortes de presupuestos públicos dedicados a cultura o cierre de infraestructuras públicas, todavía tienen que mostrar sus desenlaces más sofisticados y oscuros. ¿Cuál es ahora la contraparte que puede ofrecer la cultura si hasta ahora estaba sometida a una lógica que parece desvanecerse?


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Actualmente son muchas y de diferente origen las relaciones que se dan entre economía y cultura en un paradigma en el que la economía intangible y el “trabajo creativo” parecen haber ganado terreno (1).  En ciudades que viven procesos avanzados de terciarización, se requieren activos que se pueden extraer de la esfera cultural a través de estrategias que hacen un uso muy instrumental de la cultura. Por otro lado, en un momento en el que las empresas perpetran políticas de management y de comunicación no tan dedicadas a los derechos de sus trabajadores o a la promoción de las prestaciones de sus productos como a la oferta de puestos de trabajo creativos y la producción de modos de vivir, el sector privado parece haber tomado nota de dinámicas y modos de hacer propios del campo cultural. En plena crisis económica, las dinámicas hasta ahora desarrolladas en esos contextos y el tipo de procesos que se pueden acelerar o rediseñar  son sin duda complejos y difíciles de prever. Las nuevas derivaciones  que se pueden dar entre economía y cultura durante el actual periodo de crisis son un campo interesante de investigación que, más allá de las consecuencias inmediatas y más previsibles como recortes de presupuestos públicos dedicados a cultura o cierre de infraestructuras públicas (2), todavía tienen que mostrar sus desenlaces más sofisticados y oscuros.

Por señalar un ejemplo introductorio que a la vez pueda servir de espoleta para desarrollar un poco más algunos de los temas apuntados, me voy a permitir la licencia poética de reconstruir una anécdota. En el mundo de la producción audiovisual hay productos sin duda extravagantes, pero pocos lo son tanto como esos documentales sin clasificar que se pueden ver en los viajes aéreos intercontinentales (que entiendo no se analicen en esta publicación pues sin duda pertenecen más a la ficción que a la no-ficción). La retahíla de tópicos construidos de la forma más ramplona que uno pueda imaginar, encuentran lugar en estas producciones inverosímiles que son emitidas como documentales “informativos”.  Pero pese a la baja calidad estética e intelectual de estos productos, podemos llegar a encontrarles una función inesperada y para nada desdeñable. Hace poco pude ver uno que pertenecía a una colección con especial interés en el arte y su práctica más emergente en diferentes ciudades. Era sobre Berlín, y hablaba del resurgir de la capitalidad cultural de esta ciudad debido al movimiento de artistas de otros contextos (como por ejemplo, Barcelona) con un total de “5.000 artistas trabajando actualmente”. Con retórica de mercadotecnia barata se lanzaban titulares como “los artistas jóvenes que trabajan en Berlín son gente con poco dinero pero con mucha creatividad” o joyas referidas al incremento de galerías que venden trabajos asequibles de estos artistas como “el mercado del arte es un buen lugar para, en momento de crisis, poner a resguardo el  dinero”.  Evidentemente,  los objetivos del documental se centraban en intentar incrementar el interés como objetivo turístico de esta ciudad en un contexto de consumo de absoluta debilidad y falta de defensas de quienes no podíamos separar la vista de los monitores. Se dejaba patente, una vez más, cómo se utilizaba el potencial atractor de un contexto con índice alto de dinámica artística y cultural y, a su vez, se daba a entender que el tipo de turismo, arte y mercado que ahora mismo puede ofrecer Berlín convive e incluso tienen mayor sentido en plena crisis económica. Sinceramente, desconozco si la fórmula funcionará y acabará atrayendo a turistas ávidos de consumir cultura y crisis, pero la aritmética utilizada era de una obscenidad sin precedentes.

Este uso de la cultura como recurso, fenómeno analizado con detalle por George Yúdice (3), para potenciar el atractivo turístico y como motor para fomentar procesos de desarrollo urbano y gentrificación, es una estrategia por la que muchas ciudades en pleno proceso post-industrial han apostado en busca de afianzar un nuevo modelo económico basado en el sector servicios. Entre otras, Barcelona, que a través de diversos planes estratégicos de la cultura diseñados por el gobierno local ha apostado en las últimas décadas  por un modelo económico basado en el turismo cultural invirtiendo cifras colosales en campañas para proyectar su coolnes a nivel internacional así como en la organización de macro-eventos culturales como, por ejemplo, el Fórum de las Culturas. Dentro de las estrategias de proyección de la marca Barcelona, ha sido precisamente el cine una de las industrias culturales invitadas a realizar algunos de los ejercicios de propaganda más sonados. Como analiza Mari Paz Balibrea en su caso de estudio realizado para el proyecto Desacuerdos (4)  “el cine rodado en Barcelona ha experimentado un desarrollo exponencial desde la segunda mitad de los años 90. Este nuevo interés por la ciudad como escenario es significativo porque reconoce en su elección de la imagen de Barcelona e intensifica en su uso de ella la condición especular y espectacular de la Barcelona modélica”. En la investigación de Balibrea, tiene especial protagonismo la Barcelona Plató Film Comission, organismo que ha facilitado la incorporación de la imagen de Barcelona en soportes visuales y que con gran énfasis ha apoyado la introducción de un imaginario muy específico de la ciudad (modernista, mediterránea, cosmopolita) homogeneizando así su percepción exterior. Películas como Todo sobre mi madre o Vicky, Cristina, Barcelona han recibido gran apoyo de este organismo y han servido a su vez para promocionar a nivel internacional la imagen de Barcelona como un lugar exótico y de obligada visita. Vemos aquí cómo se busca un rédito directo en algunas de las producciones audiovisuales realizadas en el suelo de Barcelona a cambio de la financiación y prestación de servicios gratuitos para que éstas puedan llevarse a cabo. Sin duda estos fenómenos forman parte de un cambio esencial en el modelo de políticas culturales que lejos de entender la cultura como un bien en sí mismo, la financian esperando que pueda generar algún tipo de beneficio o utilidad directa. Pero estas relaciones están en un punto de inflexión puesto que los objetivos que hasta ahora estaban en la agenda de este modelo se ven cuestionados por la situación actual de crisis. Si el sector inmobiliario está en plena caída y el sector turístico se va a ver afectado por la falta de liquidez de quienes consumían esporádicamente la ciudad, ¿Cuál es ahora la contraparte que puede ofrecer la cultura si hasta ahora estaba sometida a una lógica que parece desvanecerse?

Uno de los procesos que ya se estaba activando y que cabe presumir que se va a acentuar más tiene que ver con la neoliberalización de las prácticas culturales y con el rediseño del espíritu de los y las que la producen. Muchos departamentos de cultura e industria han abierto líneas que ya no ofrecen subvenciones a fondo perdido, sino que ofrecen créditos flexibles y elaboran planes formativos y de asesoría para el fomento del emprendizaje en cultura. Ahora, es el emprendedor cultural quien debe asumir el riesgo y zambullirse en las leyes del mercado para entrar a competir con el resto de agentes en “igualdad de condiciones”.  Es curioso ver el cortocircuito conceptual que encontramos en una repaso de los estatutos que han guiado el carácter de algunas vanguardias artísticas y que a día de hoy han acabado encontrándose sometidas a un régimen de control biopolítico absolutamente foucaultiano; del “Arte=Vida” hemos pasado a una fase de complaciente fusión con las tesis neoliberales de “Arte=Vida=empresa” (5).

A este estado de cosas, hay que sumar además la falta de reflexión que hay por parte del ámbito artístico y cultural que parece posicionarse con una actitud de verlas venir. Esta parálisis y sensación de “la situación no va conmigo” del ámbito cultural respecto a los percances económicos no es nueva y  ya la analizaba el sociólogo francés Pierre Bourdieu (6) cuando explicaba de qué manera se había constituido un campo social con leyes fundamentales tan peculiares como las que en parte todavía rigen el campo artístico y, por extensión, el cultural. Bourdieu consideraba que el nacimiento del campo cultural se inició en las vanguardias, cuando el ámbito entró en su fase tautológica legitimando sus prácticas a través de convenciones internas regidas bajo el “el arte por el arte”. Esa fase de ensimismamiento es paralela a la negación de lo económico puesto que el factor comercial de una producción artística va a ser proporcionalmente opuesto al grado de interés,  relevancia y aceptación que dicha obra va a suscitar en los integrantes del propio ámbito. Esta forma de valorar la “excelencia” de una obra de arte construyó mitos que en cierto grado todavía persisten bajo aforismos  tipo “si ese libro se vende tan bien y lo lee tanta gente, no puede ser muy bueno”.  Esto genera una serie de habitus (7) dentro del campo creando una percepción más o menos compartida donde lo económico se convierte en algo ajeno, un factor para nada elemental ni constituyente de la práctica artística y de los agentes que forman parte de ese ámbito. No entraremos en analizar si esto es bueno o malo o si es del todo improcedente mantener como naturales esas formas de proceder dentro del ámbito, pero sirva como dato sociológico que puede ayudar a entender porqué existe una falta de análisis de las relaciones entre factores económicos y el campo cultural por parte de quienes conforman dicho ámbito.

Paradójicamente, las últimas piruetas del capitalismo especulativo que nos han conducido a la actual crisis con el ya famoso serial de las subprimes y su venta en paquetes financieros como productos de gran valor es una acción que, cualquiera de los miembros de la terrible escuela del “Rich Art” (8) hubiera podido firmar. Esto que podría parecer una socarronería, no está tan alejado de la realidad. Mientras tradicionalmente el arte parecía girar la espalda al campo económico, éste permanecía del todo expectante a cuáles eran los procedimientos y dinámicas que se estaban gestando en el campo artístico para, a través de mecanismos lejanos a una simple línea de causas y efectos, inspirar sus reformulaciones. Son varios los escritos de sociólogos y economistas que analizan las transformaciones del capitalismo dando un papel inspirador al modelo de trabajo de la producción artística, insinuando o directamente alegando que la economía neoliberal vio un interesante patrón en el modelo de trabajo “flexible y creativo” que de forma tradicional ya se daba en el arte (9).

En el artículo “futuros del arte” que Anthony Davies y Simon Ford (10) escribieron en el año 2000 para  Art Monthly hacían predicciones sobre lo que pasaría en el campo artístico 10 años más tarde. Ford y Davies describían nuevas identidades laborales así como modos de relación con el ámbito privado que, en algunos casos, hace tiempo ya se vienen practicando. Sorprende el nivel de acierto de los autores a la hora de definir algunos roles y tendencias como el interés por el prosumidor o prácticas pro-am así como el papel del culturpreneur (emprendedor cultural) y, pese a que no llegaron al punto de absoluta clarividencia prediciendo la actual crisis económica, resulta interesante ver el tipo de escenario que describen. Sin excesivas pretensiones, voy a sumarme al juego de lanzar alguna predicción incitada por lo dicho hasta ahora y que pueda estar en consonancia con algunas de las dinámicas que ya se empiezan a entrever. La utilidad de este breve ejercicio no es tanto acertar en la descripción de lo que efectivamente pasará, sino insinuar, aunque sea de forma vaga, qué procesos serían deseables de cara a abrir un paradigma nuevo. Cabe esperar que el sector privado siga reproduciendo de forma todavía más confiada  los procesos y dinámicas que se ensayan en el ámbito cultural en busca de redefinir su posición e intentar ganar la confianza de nuevos inversores y superar el bache. El cambio sustancial, será que en esta ocasión se generará un vínculo de dependencia en el que el campo cultural tomará una buena posición para negociar de forma equitativa. Paralelamente, el ámbito cultural tendrá que empezar a asumir de forma definitiva que no puede depender de los organismos e infraestructuras públicas  que centralizan la producción y de los vaivenes económicos y políticos a los que dichas entidades están sometidas. Esta conciencia sobre la necesidad de ensayar modelos autogestionados,  empujará a buscar alternativas más sostenibles asentadas en contextos locales, generando economías participativas basadas en modelos red que puedan emanciparse de estratos excesivamente institucionales y de mercados masivos. Las fuentes de financiación podrán incluir partners públicos y privados, pero tendrán que haber equipos que trabajen específicamente en la negociación de condiciones en busca de formular estrategias que puedan ser beneficiosas para los intereses de la red y del tejido humano que la sostiene, tanto en el tipo de impacto social, simbólico y cultural que se pueden generar como en el tipo de protocolos legales y tipos de licencias que sea más conveniente utilizar. O como mínimo, así lo esperamos…

*Rubén Martínez es miembro de YProductions, productora dedicada a la formación, investigación y producción en el ámbito cultural.


(1) Ambos temas los hemos analizado con detalle en el libro Producta50 y en la investigación “Innovación en cultura: una aproximación crítica a la genealogía y usos del concepto”.
(2) Son muchos los artículos aparecidos en prensa y en la blogosfera sobre la caída de presupuestos de departamentos de cultura y sobre los efectos directos de la crisis económica sobre entidades dedicadas a la producción, difusión y exhibición de arte y cultura. Sirva como buen ejemplo el post del blog Centro Guerrero donde se analiza el proceso por el que está pasando el museo MOCA de Los Ángeles.
(3) Para un análisis detallado de la creciente instrumentalización de la cultura para avivar procesos de desarrollo urbano, crecimiento económico, resolución de conflictos sociales, etc. ver el libro “El recurso de la cultura: Usos de la cultura en la era global”, George Yúdice. Ed. Gedisa, 2002
(4) Se puede consultar on-line.
(5) Jaron Rowan, miembro de YProductions, está realizando una investigación centrada en este tema a través de las ayudas para investigación del centro de Arte Monthermoso.
(6) Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario. Bourdieu, Pierre. Editorial Anagrama, 1995
(7) Según Bourdieu, los habitus son formas de obrar, pensar y sentir asociados a la posición social por las que personas de un campo social tienden a compartir estilos de vida  parecidos.
(8) Escuela denominada así por sectores críticos formada por artistas como Haim Steinback, quien exhibía de forma sistemática productos de consumo habitual y objetos kitsch de mercadillo en el mercado artístico revalorizándolos e incrementando su precio de compra.  Dentro de esa misma escuela también destaca el artista Jeff Koons, de quien se cuenta que ganó grandes sumas de dinero como bróker de bolsa para poder invertir en los inicios de su carrera artística antes de que el mercado artístico le convirtiera en celebridad y millonario.
(9) Como puede es el caso del libro de los autores Luc Boltanski y Eve Chiapello, El nuevo espíritu del capitalismo (1999), Madrid, Akal. Cuestiones de Antagonismo, 2002
(10) Disponible en versión castellana.

3 Comentarios

  1. jaron 15/12/2008 | Permalink

    olvidaste mencionar que la salida a la crisis viene de manos de la innovación, o al menos eso defienden algunos…
    http://www.nesta.org.uk/assets/Uploads/pdf/Interim-report/attacking_the_recession_discussion_paper_NESTA.pdf

    en un panorama de crisis sería interesante preguntarse si la cultura y la industria cultural genera riqueza y es motor de innovación o si por el contrario, llega cuando la mesa está puesta y los postres servidos. yo me decanto por esta segunda opción, por lo que en un panorama de crisis habrá q ver hacia donde vuela la cultura

  2. jfcla 17/12/2008 | Permalink

    al menos en este país, la cultura llega con las copas (los postres ya están servidos y comidos). Y ya se sabe que pasa con las copas: mucho jiji, mucho jaja, y luego todos a casa. Eso sí, la resaca es de la hostia…
    En fin, que yo no quiero ser cenizo, pero me parece que ni las instituciones se creen, o se quieren creer (ya no sé que pensar) que la cultura pueda ser algo mas que una marca con la que vender un producto (una ciudad, pongamos por caso, como dice el artículo), ni la comunidad cultural tiene otro interés que una primera persona del singular que resulta funesta a medio o largo plazo. Miren a su alrededor.
    Quizá el tiempo de crisis es tiempo de vuelta a las catacumbas, y no quiero pensar en términos mesiánicos de que la pobreza nos salvará a todos del pringue capitalista, nada más lejos de mi intención). Pero quizá no me parece mal obligarnos a repensar ciertas estrategias desde ciertas posiciones defensivas (cuarteles de invierno, vaya) y montar esas estrategias de red y de tejido humano de las que habla el texto desde algún lugar un poco más sólido (que, por supuesto, no tengo ni idea que cual es).

  3. Ana 15/03/2009 | Permalink

    Si, si volver a los cuarteles de invierno y crear. Trabajar para enriquecer mas,nuestro interior y prepararse para nuevos tiempos, pero a la vez hay que seguir intentando estrategias imaginativas, para que no se nos caiga del todo lo construido hasta ahora. En tiempos de crisis la creatividad se pone en su punto maximo. La seguridad de una vida comoda, no estimula nuestra creatividad.

    Como decia Einstein, “En los momentos de crisis, solo la creatividad es mas importante que el conocimiento”

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