23° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

Del 6 al 16 de noviembre se celebró en Argentina el vigésimotercero Festival Internacional de Cine Mar del Plata. Recorrimos gran parte de sus proyecciones, analizando viejas y nuevas obras, de autores noveles y consolidados como Agnès Varda, Jia Zhang-ke, Makoto Sato o Terence Davies.


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El rescate de la memoria colectiva, la conciencia y la lucha obrera en la Italia de posguerra y los años 60 y 70, fue puesta de manifiesto en la sección retrospectiva dedicada a El Mundo del Trabajo en los filmes del Archivo Audiovisual del Movimiento Obrero y Democrático de Roma (Aamod), institución fundada en 1979 por Cesare Zabattini. Permitió acceder al visionado de un valioso material (casi desconocido) sobre un periodo signado por convulsionados cambios, confrontaciones sociales y políticas en la península. Directores de la talla de Ettore Scola , Gillo Pontecorvo, Carlo Lizzani, Ugo Gregoretti o el actor Gian María Volonte en muchos casos en filmes de factura colectiva junto a obreros y sindicalistas, analizan y retratan el conflicto social como motor de cambio, las luchas sindicales, el trabajo en las fabricas y sus condiciones laborales, la migración interna, el conflicto por la tierra, el acceso a la vivienda, etc., en títulos tales como Nel mezzogiorno qualcosa e cambiata (1949), Apollon, una fabbrica occupata (1968), La tenda en in piazza (1971) o Trevico-Torino. Viaggio nel Fiat-Nam (1973), entre otros.

En la periferia del proceso creativo artístico podríamos situar la obra documental del desaparecido realizador japonés Makoto Satô, uno de los puntos más altos del Festival y de quien se exhibiera una retrospectiva integral de su obra. Satô en su persistente búsqueda y observación despasionada del mundo que nos rodea, brinda un espacio donde lo inabordable y lo extraño encuentran su propia especificidad y lógica, y documenta conceptos relativos a discapacidad mental, naturaleza del arte; destrucción contaminante de la naturaleza, enfermedad y mutación del ambiente humano, el yo y los otros, el sujeto y el objeto, registrando en 16 mm una radiografía contemporánea de un Japón intimo, donde la respetuosa contemplación de escenarios espectrales y plagados de ausencias devela una traducción poética de la realidad, muy alejada del imaginario occidental que se tiene sobre el país Nipón.

“Pienso que la naturaleza critica del cine documental depende de la manera en que la ficción reconstruida presenta a la realidad a través de una luz crítica”, esa luz que Satô refiere se halla contenida en cada una de sus películas: Living on the River Agano (1992), Artist in Wonderland (1998), Self and Others (2000), Hanako (2001), Memories of Agano (2004) y Out of Place: Memories of Edward Said (2005).

Del norteamericano Dominic Angerame deberíamos destacar su City Symphony, colección de 5 películas independientes y diferentes entre si realizadas a partir de 1987: Continuum (1987), Deconstruccion Sight (1990), Premonition (1995), Line of Fire (1997) e In the course of human events (1997), visiblemente influidas por el cine de vanguardia de los años ’20 y ’30 y emparentado al videoarte, aquí reaparece el tópico del entorno urbano pero en un estado permanente de transformación, películas sin historia narrativa, resúmenes en abstracto, ambiguas y sugestivas recrean el ciclo humano de construcción y destrucción, reflexión en suma sobre la modernidad y la evolución del ser humano, o en las precisas palabras de Silke Tudor del SF Weekly “Ver la ciudad a través de los ojos de Dominic Angerame es ver a una bestia orgánica de cemento que criba y respira en ricas tonalidades de blanco y negro”.

Del realizador boliviano Jorge Sanjinés pudo verse una muestra de sus trabajos en donde a través de obras como Ukamau (1966), Yawar mallku (1969), El coraje del pueblo (1971), Las banderas del amanecer (1983) y La nación clandestina (1989) intenta indagar y discernir en un tema candente en la sociedad boliviana: la identidad y la constitución indígena de su población. A lo largo de más de cuarenta años, Sanjinés ha tenido la intención de establecer un lenguaje y una estética propias, que permitan reflejar esta visión indígena de su pueblo, construyendo un cine coherente con ello y reflejando la cosmogonía del mundo andino.

Por último, podríamos decir que las imágenes de la memoria ya no surgen en el territorio del vasto Chaco Santafesino, ni de la futurista Brasilia o del Buenos Aires marginal, ni siquiera provienen de las playas francesas, ni de la pujante modernidad China, ni de la mítica Liverpool, tampoco se limita al mundo del trabajo italiano, o la observancia de la alteridad y el propio yo japonés, una arquitectura en permanente cambio o la militancia política femenina; esta vez las imágenes pregnantes y reveladoras provienen de Chile en 1973.

La Espiral (1975) es un riguroso film del sociólogo belga Armand Mattelart, Jacqueline Meppiel y Valérie Mayoux, que revisita en 140 minutos la apasionante experiencia del gobierno de la Unidad Popular en el Chile de los años 70 y expone los mecanismos del plan destinado a la sistemática destrucción del proyecto de socialismo democrático del presidente Salvador Allende. Mattelart fue contratado en 1962 por el departamento de sociología de la Universidad de Valparaíso y de retorno a Francia tras su expulsión del país en 1973, junto a Meppiel y Mayoux seleccionan abundantes documentos de diversas fuentes: cinematecas, filmes de Patricio Guzmán, Santiago Álvarez, Saul Landeau, noticieros de Chile Film, reportajes televisivos nacionales y extranjeros. Un juego de simulación denominado “Política” (utilizado por el Pentágono y universidades estadounidenses) actúa de hilo conductor de la historia narrativa. En el juego la sociedad chilena es dividida en 11 categorías sociales y los estudiantes deben analizar su comportamiento e interacción en caso de crisis revolucionaria. En la película sus siete capítulos desarrollan el crescendo dramático: el Plan, el Juego, el Frente, el Acercamiento, el Arma, el Ataque y el Golpe. “No contamos aquí la historia de la Unidad Popular, – explica en off la voz del relator François Périer – otras películas lo hacen y se necesitaran muchas para expresar la riqueza de esos tres años. Queremos explicar cómo la derecha chilena hizo de esos tres años una maquina infernal que comienza antes de la elección de Allende: un espiral hacia la explosión…”.

El filme testimonia y desnuda visceralmente la contradictoria relación de clases en el país, el fantasma de los efectos que produjo el proceso militar, la bronca contenida y el silencio de muchos -los desaparecidos- que permanecen aún en la memoria colectiva del pueblo chileno y Latinoamericano, porque quizás siguiendo al escritor Ricardo Piglia “No hay lamentos, solo mutaciones interminables y significaciones perdidas. Virajes microscópicos en el corazón de las palabras. La memoria está vacía, porque uno olvida siempre la lengua en la que ha fijado los recuerdos”.

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(1) Arlindo Machado,O Vídeo e sua linguagem, Boletín ABVP Vídeo Popular, Río de Janeiro, 1993, nº 18, p. 5.
(2) Edgardo H. Berg, Ricardo Piglia: un narrador de historias clandestinas, Mar del Plata: Estanislao Balder UNMDP,2003, p.115.
(3) Luís Ormaechea entrevista a Maria Augusta Ramos en Bitácora 05,diario del FICMDP, 2008, p.4
(4) Ricardo Piglia, La ciudad ausente, Bs.As: Sudamericana,1992, pp. 124

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Un Comentario

  1. Ana Demare 15/12/2008 | Permalink

    Muy interesante la cobertura del Festival de Cine de Mar Del Plata,considero al cronista Jorge Capelloni una persona altamente calificada que plasmó en su artículo una sintesis de dicho evento ,con una mirada crítica,inteligente y personal.

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