Muestra de Cine Palestino. El cine desbordado

En el cine palestino no hay películas sin lágrimas y, como las capas dolorosas del paisaje que son imposibles de capturar dentro de los márgenes de un fotograma, esas lágrimas desbordan la pantalla. No existe un cine que sea capaz de abarcar un mar semejante, aunque lo intente.


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“Amputa las manos.
Las amputaciones no impiden que las lenguas denuncien la injusticia.
Cercena las lenguas.
Los cercenamientos no impiden que los ojos vean la injusticia.
Ciega los ojos.
La ceguera no impide que el aliento susurre la injusticia.
Asfixia el aliento.
Al final, encontraré la paz que añoro”
Abdul Rahim

¿Cómo podríamos imaginarnos un cine verdaderamente palestino sin enlazarlo inevitablemente al curso doloroso de su historia reciente? Si pudiéramos preguntárselo a Serge Daney seguramente nos respondería que eso es imposible. Que el alcance de la tragedia del pueblo palestino impide que su cine pueda desentenderse de ella. ¿Cómo son, pues, las imágenes que generan sus cineastas? ¿Cuáles son sus colores, las formas que se trazan en ellas, sus paisajes, sus tiempos o las palabras con las que intentan entender el destino de su pueblo? Hay imágenes televisivas del conflicto palestino-israelí que son excesivas y recurrentes, y a las cuales nos hemos habituado. Son imágenes parciales, sesgadas, a menudo tendenciosas y que en poco o nada se asemejan a lo que el cine palestino querría ofrecer puesto que el tiempo propio del telediario fricciona con el tiempo propio de su cine  y el paisaje, devastado, frágil e irreconocible, contiene un dolor que la cámara televisiva no consigue capturar.  En los años setenta, el cineasta sirio Mohammed Malas, rodó las películas Konaytra 74 (Quneitra 74, 1974) y  Al Zakira (La memoria, 1977) donde buscaba las huellas de la invasión israelí durante la guerra de 1948 en el pueblo de Quneitra (Siria). Veinte años más tarde, su amigo y también cineasta Omar Amiralay rodaba Tabaq al Sardine (El plato de sardinas, 1997) otra vez en el pueblo de Quneitra y para filmar de nuevo las ruinas de la catástrofe del 1948. En la película incluía imágenes del film de Mohammed Malas y  éste aseveraba que la realidad no podía proteger la memoria y la cultura de los pueblos pero que, en cambio, si podía hacerlo el cine. La aseveración de Malas resume de alguna forma el drama palestino y la forma como éste desea crear su imaginario cinematográfico. También lo resume su película puesto que en ella una mujer recorría los espacios vacíos y fantasmales del pueblo en busca de alguna huella que le devolviese un pequeño destello de un tiempo y un paisaje perdidos, destruidos y olvidados bajo los escombros. La mujer intentaba una y otra vez, y sin éxito alguno, volver a hacer habitables la ruinas de la casa donde había vivido antes de la invasión.

La primera muestra de Cine Palestino que pudo verse en Barcelona, Palma de Mallorca y Valencia entre el  28 de octubre y el 1 de noviembre propuso un interesante recorrido por el cine palestino que se ha rodado en los últimos años coincidiendo con el sesenta aniversario de la “Nakba” (catástrofe en árabe) o la guerra árabe-israelí.  Programada a partir de tres ejes – Mujer, Vivir Bajo la Ocupación y El Rostro de la Nakba – la muestra contó con películas de la realizadora Mai Masri – galardonada en la última edición del Festival de Valladolid con el primer premio Ex Aequo por su último trabajo 33 Yaoum (33 días, 2007)-,  de Eyal Sivan – a quien el festival de l’Alternativa dedicó una retrospectiva en 2006 -, y del conocido actor palestino Mohammed Bakri, entre otros. Me atrevería a escribir que las películas que allí pudieron verse se dividen entre las combativas y las utópicas, entre las que se guían únicamente por la necesidad de comprender y las que además muestran un deseo de conciliación. Aún así, es cierto que en ambas domina el sentimiento de enfrentarse a lo inabarcable, de capturarlo mediante las palabras, los gestos, las arrugas de los rostros y un paisaje que, en realidad, ya no pertenece a nadie puesto que las capas de la historia y del dolor han cristalizado condenándolo a seguir el curso del tiempo con toda esa carga, sin poder desprenderse de ella . Es así como inevitablemente el cine palestino acaba por desbordarse.

Mientras en Frontiers of dream and fear (Mai Masri, 2001), Paradise Lost (Ebtisam Mara’Ana, 2003) y Palestine Blues (Nida Sinnokrot, 2006), el cine cede su espacio a las tragedias personales de los hombres y mujeres que intentan comprender a través de la denuncia el motivo de la catástrofe, de la ocupación palestina, de la confiscación de sus tierras, de las prohibiciones y, en definitiva, el sentido de su existencia; Jenin, Jenin (Mohammed Bakri, 2002) – el comprometido documental que fue condenado y prohibido por el gobierno israelí- , Desde que te fuiste (Mohammed Bakri, 2003) y la epopeya cinematográfica que supone Route 181, fragments of a journey in Palestine-Israel (Ruta 181, fragmentos de un viaje entre Palestina-Israel; Michel Khleifi y Eval Sivan, 2003) muestran el sincero deseo de los cineastas que toman sus imágenes de encontrar una salida al conflicto, un lugar-tiempo para la paz, un lugar-tiempo donde árabes y judíos convivan de algún modo sin que la muerte los desgarre.

Fue a través de la secuencia de Abraham Bomba, el barbero judío que Claude Lanzmann entrevista en la monumental Shoah (1985), donde el cine aprendió que la irrupción de unas lágrimas en un rostro pueden contener el dolor de un pueblo entero. En el cine palestino no hay películas sin lágrimas y, como las capas dolorosas del paisaje que son imposibles de capturar dentro de los márgenes de un fotograma, esas lágrimas desbordan la pantalla. No existe un cine que sea capaz de abarcar un mar semejante, aunque lo intente. Son las lágrimas de las niñas Manar y Mona en Frontiers of dream and fear; las de Suaad, la heroína de Ebitsam Mara’Ana quien consiguió rehacer su vida en Londres después de haber sido encarcelada por el ejército israelí por haber izado la bandera palestina en Paradise Lost;   las del campesino de Palestine Blues; las del médico que vio, impotente, como mataban a su hijo en Jenin, Jenin; las de las madres de los jóvenes palestinos arrestados en Route 181, fragments of a journey in Palestine-Israel; y tantos otros. Ante esta magnitud la cámara no puede sino enmudecer para entregarnos los tímidos destellos de un dolor que en realidad es grande, enorme, monstruoso. Y que, sin duda, no tiene lugar en la ficción. Aunque sea el actor palestino Mohammed Bakri el que interprete Private (Domicilio privado, Saverio Costanzo, 2004), esta producción italiana- también proyectada durante la muestra- contiene todas las contradicciones en las que previsiblemente pudiera caer una película que trata el conflicto palestino-israelí desde Europa. Es por ello que se trata de una película incómoda, que no es capaz de cuestionarse los límites éticos de la gramática clásica utilizada para anticipar el terror de la ocupación o para mostrar el miedo, y que muestra las lágrimas de sus actores sin suscitar reflexión alguna sobre la inmensidad de las lágrimas vertidas en la realidad o sobre su enorme sentido político – y  cabe recordar aquí que en el cine palestino hay lágrimas porque hay política -. Existe sin duda una distancia insalvable entre el Mohammed Bakri que interpreta en Private y el Mohammed Bakri que filma con esperanza lo que le rodea en Jenin, Jenin y Desde que te fuiste.

No solamente el paisaje y las lágrimas desbordan el cine palestino. Hay otras cosas, como los niños que hablan de armas y de política, no como niños sino como adultos, o las palabras, que no pueden ser abarcadas por las imágenes, ni tan siquiera por las películas enteras. También fue Lanzmann quien, con Shoah (1985), nos enseñó que la palabra es el único medio para conocer, para comprender y para ordenar. En el cine palestino la palabra no solamente es primordial sino que, de hecho, las películas no se conciben si no es a partir de ellas. Palabras que cuentan, que explican, que diseccionan, que cuestionan, que maldicen, que aseveran, que ruegan, que gritan, que recitan, que susurran….que buscan en definitiva un por qué. Route 181, fragments of a journey in Palestine-Israel es en este sentido la propuesta más ambiciosa puesto que, durante 270 minutos, los dos autores de la película – uno palestino, el otro israelí-recorren Palestina-Israel del sud al norte, entrevistándose con la gente que van encontrándose en el camino, sean judíos o sean árabes. Aunque los dos cineastas tienen una implicación directa con el conflicto, es cierto que la película muestra una cierta distancia con los personajes entrevistados. Hay una influencia muy reconocible en la forma de filmar y montar las imágenes que relacionamos directamente con Claude Lanzmann pero también con la Chantal Akerman de De l’autre côté (Del otro lado, 2002)  y que tiene como consecuencia que lo que en otras películas sentimos como muy cercano aquí se hiela y se aleja de nosotros aún mostrándonos los mismos lugares, las mismas personas, el mismo conflicto.

¿Dónde reside, pues, la belleza del cine palestino? De hecho, ¿hay belleza en ese cine? Es otra vez Mohammed Bakri quien intenta buscarla en Desde que te fuiste a través de un monólogo dirigido a su amigo muerto, Emil Habibi – escritor y político palestino quien fue su mentor – y aunque, una y otra vez, la realidad destruya su cometido. Tal y como han entendido cineastas israelís que se han comprometido de una manera u otra con la causa palestina-  Amos Gitaï o Avi Mograbi – no puede haber imágenes bellas en un lugar-tiempo en que TODO podría resumirse con la palabra dolor. Es por ello que, en última instancia, es la impotencia lo que desborda el cine palestino. Como en Jenin, Jenin, durante esa conversación que mantiene un comerciante en medio de la calle a través de un zapato que simula ser un teléfono móvil y en la cual invita a George Bush que vaya a verlos, o a través de esa niña que explica, dejándonos aterrorizados, que su sueño es poder torturar a Ariel Sharon.

3 Comentarios

  1. ANDREA 15/12/2008 | Permalink

    QUISIERA SABER SI PUEDO CONSEGUIR Y DONDE ESTAS PELICULAS EN ESPAÑOL O SUBTITULADAS EN ESPAÑOL.

    DESDE YA GRACIAS

  2. Anna 16/12/2008 | Permalink

    Si te pones en contacto con La Xarxa d’Enllaç amb Palestina de Barcelona, quizás ellos puedan facilitártelas. (www.xarxapalestina.org).

  3. Ali 30/01/2010 | Permalink

    Catalunya: refugio de la diaspora sionista en España.
    Os pesa la conciencia de los que hicieron vuestros abuelos …

    Palestina Libre.

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