Entre les murs

El verdadero valor documental del filme no será cuestión de superficie, es decir, cinéfila, sino que radica en su capacidad para mostrar la culminación en el presente de un problema histórico sin resolver.


    Post2PDF

“¿Cuál es tu sitio?” Con esta pregunta concluye Ressources Humaines (1999), primer largometraje del director Laurent Cantet. Aquella frase que daba pie a los títulos finales del filme, previo y reflexivo fundido a negro, podía parecer una pregunta directa al rostro del espectador, una consecuencia evidente de la forzada toma de conciencia sufrida por los protagonistas en la segunda parte del metraje. En cambio, se vuelve hacia él mismo para terminar recorriendo el resto de su trabajo como cineasta. Todos los protagonistas de sus siguientes películas actuarán de acuerdo a esa búsqueda.

Teniendo en cuenta esa inquietud, parece lógico que su corta filmografía aparezca menos homogénea de lo que un primer vistazo transmite. Por mucho que desde un comienzo se identificaran sus películas con una tradición festivalera asociada a una confusa idea de cine de autor y de calidad francés. En ese ambiente y como los personajes de sus historias, Cantet daba suficientes muestras de estar buscando su lugar y, en el trance, de ser un híbrido. De partes bien ensambladas, pero híbrido al fin y al cabo, con dificultades para ser etiquetado.

De esta forma, parecía manejar indistintamente y con gran solvencia la calidez y el nervio de Robert Guédiguian (Ressources humaines, 1999), la distancia más fría, pero igual de analítica, de los Dardenne (L’ Emploi du temps, 2001) o la refinada estructura de personajes y diálogos de John Sayles (Vers le Sud, 2005). Con todo, la obra de Cantet no quedaba como puro remedo, pues aportaba suficientes datos temáticos, visuales y narrativos como para ser considerada original. La problemática laboral y la distinción de clase, las complejas y a menudo frustrantes relaciones familiares – en especial la paterno-filial -, la división entre capital y provincias, la brecha generacional; en resumen, una preocupación evidente por las cuestiones sociales. Retratos pausados y profundos que intentaban escapar de la velocidad y el maquillaje con las que la actualidad trataba de sumergirlos.

Su carrera cinematográfica, ahora, termina desembocando en el aprendizaje, en la enseñanza, con Entre les murs (2008) como perfecta canalización. Sigue así la estela de quienes han impartido a través del cine lecciones magistrales de historia y conocimiento en los últimos años: Ermanno Olmi o Nicolas Philibert. Para ello, recurrirá a un soldado raso, a un profesor de instituto que, como él, empleará la pregunta como cimiento del discurso, esto es, la vuelta a una mayéutica que chocará con el eterno rechazo e incomprensión del método.

Enclaustrado en aulas y despachos, el envoltorio formal y narrativo de la película podrá ser calificado de cualquier manera menos de documentalista. Empezando por un formato panorámico que no determina por sí mismo pero que incorpora una dimensión plástica demasiado poderosa para ser obviada. Aunque, con frecuencia, las transiciones entre planos y la reordenación del movimiento huyan tanto de las composiciones académicas o efectistas, que con tanta frecuencia ofrecen los grandes rectángulos, como de las rupturas caprichosas. De la misma manera, la aparente naturalidad de los actores no profesionales queda muy matizada en sus parlamentos, sobre todo en las secuencias exclusivas entres profesores. A pesar de ello, la fuerte voluntad de estilo de su obra precedente, sin desaparecer, queda diluida en un claro ejemplo de cesión ante las necesidades del tema.

La cruda apropiación histórica que se ha hecho de la enseñanza por parte de diferentes ideologías y religiones, tampoco resulta ajena al tratamiento de las obras que la incorporan como argumento. En este sentido, Entre les murs siempre será susceptible de recibir ataques, lo curioso es que, en esta ocasión, vinieron y vendrán los elogios de las clases dirigentes. Las mismas que han desmantelado o degradado los sistemas educativos, se permitirán el lujo de recomendar y alabar los esfuerzos fotografiados en este filme. Este enfoque político e ideológico del problema, en positivo o negativo, será falaz y de una obscenidad insoportable, en tanto aparece como un auténtico ejercicio de propaganda adscrita a unos intereses. Y todos sabemos que si en algo se sustenta la enseñanza es en la generosidad, aunque no sea reconocida y aunque cueste practicarla no ya cada día, sino cada hora, cada clase.

El verdadero valor documental del filme no será cuestión de superficie, es decir, cinéfila, sino que radica en su capacidad para mostrar la culminación en el presente de un problema histórico sin resolver. La arrogancia de las democracias europeas coloniales quedará al descubierto cuando uno se asoma a esta clase. Incapaces de otra cosa que no fuera saquear en su visita africana, dejaron como herencia un continente que demostrará cómo se puede ser decadente sin, paradójicamente, haber  vivido una etapa de esplendor.

Esa decadencia, que no viene de una  degeneración de algo mejor o agotado, sino que es el modelo directo  implantado como efecto del abandono y del aprovechamiento de unos pocos de esas parcelas de poder liberadas, encontrará reflejo en la propia decadencia de los sistemas educativos: sin un referente brillante al que acudir, sin soporte fiable, como arrojada en paracaídas sobre un campo de lanzas clavadas en el suelo. De esa frustración de los que viven a diario la situación se pasará con facilidad a la rabia, como le sucede a François Bégaudeau (actor al tiempo que autor de la novela autobiográfica representada), quien comprueba que el sistema, en realidad, le ofrece poca cobertura. No quedándole otro remedio que aferrarse a las personas, comenzando por él mismo, por su responsabilidad, por un compromiso autoexigido, al tiempo que elástico, que no necesitará de ninguna otra deontología burocrática. Los fogonazos de esperanza, inteligencia y brillo que aparecen en fugaces conexiones con sus alumnos, le ofrecerán al menos un respiro.

En Touki Bouki, película dirigida por Djibril Diop Mambéty en 1973, una pareja de jóvenes senegaleses, adolescentes entre la inconsciencia, la pillería y el desencanto que parecen extirpados de un filme de Jean-Luc Godard, padecía la corrupción heredada de la época colonial al tiempo que veían en la emigración la salvación;  París, gracias a la voz craquelada de Josephine Baker, era el paraíso. No sabían que décadas después, de haber salido de Senegal, la que podría ser su descendencia se convertiría en parte del alumnado de esta clase, el cual, renegará del paraíso prometido como muestra del fracaso identitario sufrido. Aislados en los suburbios, en estereotipos (el fútbol, la ropa, la música, los nombres, etc.) de un país de origen que ni siquiera conocen y recelando los unos de los otros, confundirán la identidad con el provincianismo, como bien demostrará Esmeralda, ufana de salir de su distrito parisino – como en su día pudieron hacer los protagonistas de La Haine (Mathieu Kassovitz, 1995) – para realizar compras en otro de un estatus más elevado.

A la defensiva de todo, el nuevo vitellonismo multiétnico del siglo XXI se mueve entre los muros de una clase o de un barrio incrustado en una gran capital. La principal tarea de este profesor no será ejercer de eventual redentor que derriba dichas paredes, sino animar a que lo hagan ellos mismos para poder vivir extramuros de ese conformismo adocenado por unos clichés disfrazados de rebeldía juvenil. Y, en el peor de casos observar, con mayor o menor resignación, como nada de eso sucede o se retrasa demasiado en el tiempo.

Con la pregunta que encabezaba esta reseña, Cantet quería encontrar su sitio y, con su última película, trata de responderse a sí mismo no sin dudas. Su manera de hacerlo será exponer el proceso humano, por desgracia doloroso, que conduce a ese incierto y difícil encuentro.

– – –
FICHA TÉCNICA
Dirección: Laurent Cantet
Guión: Laurent Cantet, Robin Campillo, François Bégaudeau
Con: François Bégaudeau, Nassim Amrabt, Esmeralda Ouertani, Rachel Régulier, Franck Keita, Arthur Fogel, Cherif Rachedi
Dir. de fotografía: Pierre Milon
Sonido: Antoine Mercier
Montaje: Robin Campillo
Produccción: Carole Scotta, Caroline Benjo
Productora: Haut et Court
Año y país de producción: 2008, Francia

6 Comentarios

  1. duendecillo 02/02/2009 | Permalink

    me ha sorprendido este artículo ya que se ha escrito bastante sobre esta película pero más o menos todos los críticos insistían en los mismos aspectos, y aquí hay un enfoque nuevo y original. felicidades.

    por otro lado, no puedo resistir citar una frase de carlos f. heredero sobre “la clase” en el cahiers español del mes pasado. terminaba su artículo así: “¿porqué no es posible hacer una película así en el cine español?”. me pareció tan risible que respondí de inmediato garabateando en mi cahiers las siguientes tres respuestas:

    1.- porque tú te estás ganando el pan escribiendo en una revista española q se llama “cahiers du cinéma” donde el 30% de los artículos son traducidos del francés, algunos de ellos de hace más de veinte años.
    2.- pq lumière era gabacho
    3.- pq el barça le va a meter 4-0 al lyon

  2. aa 02/02/2009 | Permalink

    Un día habría que analizar con detenimiento el porqué de esa devoción enfermiza de cierta crítica española hacia el cine francés. Podría parecer un asunto generacional pero resulta que no lo es.

  3. jfcla 07/02/2009 | Permalink

    quizá no sea este el sitio para hablar sobre esto, pero es que no lo encuentro mejor en el B&D de este mes, y quiero sacar(me)lo. Por partes: primero y para echar un poquito más de leña al fuego, añadir a las notas de duendecillo que el dire de esa revista española de título francés lo es también de una macro ‘opus magnum’ sobre el cine español (y latinoamericano) que está a puntito de publicar SGAE de no sé cuantos tomos… No creo que ahí acabe la entrada de, pongamos Montxo Armendariz preguntándose de por qué en vez de navarro no podía ser del Midi…

    Pero no era eso lo que yo quería contar, aunque sí tiene que ver con esas cinefilias transgeneracionales que, yo creo, en principio, son más malas que buenas, por que, en definitiva sirven para poco más que para fortalecer status quos rancios y permitir que todo siga atado y bien atado. Su constatación: el debate generado por el pase de In Paraguay en la clase magistral de Ross MacElwee hace un par de días en Barcelona. Puedo entender que a los oriundos de Paraguay presentes en la sala les molestase, como me molestan a mi todas las películas en las que guiris (casi siempre yankees) vienen a enseñar Barcelona al mundo: el último caso el de Woody Alien (sí Alien, como en el video que para la doraepedia hizo Kikol Grau), que no fui a ver para no ponerme de mal humor. La mirada del extraño siempre nos resulta deslocalizada, tópica, ingenua, poco documentada… Entiendo pues su molestia, aunque creo que, después de años contemplando ese fenómeno, todos deberíamos aprender a distanciarnos de esas lecturas tan inmediatas. Pero, bueno, puedo entenderlo. Lo que ya me sorprende más es esa seguridad con la que se le dijo a McElwee que había cosas que no debía haber rodado. ¿Desde que autoridad? Pues, esta claro, desde la del bienpensante que sabe (vaya sé usted a saber por que complejo proceso divino) lo que puede o no puede grabar un cineasta, o un documentalista. Cosa todavía más peliaguda, cuando el cineasta titula su película In Paraguay, no Paraguay. Quiero con ello decir que hay alguien que está IN Paraguay, que no es otro que el cineasta y su familia, no para hacer el turista, aunque sí con una mirada de turista. Por que es alguien que no conoce esa realidad. Por lo tanto: claro, McElwee no conoce Paraguay (el mismo aceptó que no había vuelto al país en 15 años!) pero claro que no lo conoce, así que el ejercicio que se le puede pedir al cineasta es que reconozca esa posición de desconocimiento y eso está en la película, como digo, desde su mismo título. Por lo tanto, con esa posición ética asumida, la de su desconocimiento, se lanza a la calle a ver que puede captar…
    Pero volvamos sobre el debate. Con esa posesión inmutable de lo que se puede y no se puede hacer (sin pensar en un momento en que quizá lo importante no es plantear lo que se puede o no se puede hacer, sino como se hacen las cosas, y así sí que quizá podamos tener un diálogo que fructifique en algo), se le acusó, como no, de hacer pornomiseria. Detengámonos un momento la cuestión de la pornomiseria. Cuando Ospina registro tan afortunado término, hace más de treinta años (agarrando pueblo es de 1977), es decir, en términos históricos, hace más de una generación (por no perder el hilo) ya que estas se suelen medir en periodos de 25 años, la situación no tenía nada que ver con la situación que se vive hoy en día en el documental, ni en el cine latinoamericano en general. Es cierto: en aquellos momentos el exceso estaba en mostrar la pobreza, la explotación, en definitiva, el dolor de los otros… El exotismo de lo extremo, que a los europeos siempre nos ha resultado atractivo. En esa ‘venta’ estaban implicados los europeos (canales de televisión) y los cineastas latinoamericanos que hacían las películas (muchos formados en Europa). Hoy, como decía, y debido en parte a la fuerte presión que en su momento imprimió el término acuñado por Ospina, son muy pocos los que se atreven a filmar a los pobres pasándolo mal en latinoamerica (no así en África, ahí está La pesadilla de darwing) por miedo a ser acusado de hacer pornomiseria. Por otro lado, los cineastas de países como México, Argentina, Brasil… parece que quieren dirigir sus cámaras a otro tipo de historias, las historias de una ‘clase media’ emergente a la que pertenecen… Los gobiernos de esos países (más o menos democráticos) tampoco tienen interés en que esos individuos lleguen a las pantallas, por razones obvias… En definitiva, entre unos y otros, por unas o por otras razones, a esos parias (los subalternos que dijo Spivak) les estamos quitando la posibilidad de ser representados (y ya sé que esto a Spivak no le gustaría nada), es decir, los condenamos a sigan siendo invisibles. ¿En que ha quedado pues la pornomiseria? Pues en evitar el malgusto de mostrar cuerpos deformes y maltratados por el hambre y la pobreza para que no hieran nuestra mirada de (táchese lo que no proceda):
    a) europeos acomodados que no queremos ser perturbados en nuestra fortaleza occidental
    b) latinoamericanos acomodados que no nos gusta que se enseñe nuestro backyard (como sí hizo McElwee en uno de sus primeros films).
    Para acabar este rollo (no pensaba extenderme tanto, lo siento), voy a fantasear por un momento. Voy a fantasear que el tullido de la iglesia cuya imagen tanto molestó a algunos espectadores llegase a ver algún día la película. Eso, evidentemente no pasará nunca. Pero, creo (y aquí sí que estoy especulando y por lo tanto, cualquiera puede pensar lo contrario) que si llegase a ocurrir, el tipo se sentiría orgulloso de casi cerrar la película con toda su dignidad de ser humano. Por lo tanto, yo me pregunto: ¿con que me quedo? ¿con que la película moleste a un grupo de espectadores bien pensantes, que desde su fortaleza ideológica (transgeneracional) se sienten ofendidos por la película y la acusan de practicar la pornomiseria o con la alegría del tipo que se ve en una pantalla grande? La pornomiseria, como concepto, no tiene el mismo valor hoy que hace 32 años. No podemos seguir aplicando los términos sin pararnos a pensar que la realidad ha cambiado en esos 30 años y con ello, por fortuna, el valor de rodar un documental, sino todavía estaríamos persiguiendo focas.
    Yo, sin dudarlo, pongo el plano.

  4. MissLabores 19/02/2009 | Permalink

    Sigue el debate, en otro lado y eso está bien
    http://www.hamacaonline.net/blog/?p=215#more-215
    Mejor The Cure que Perez Reverte!

  5. jfcla 19/02/2009 | Permalink

    siempre!

  6. A.Z 02/03/2009 | Permalink

    Pues ya que se cita, aquí el video del woody allien
    http://www.youtube.com/watch?v=A6NEpHP7GeA

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO