Aquele querido mês de agosto

Miguel Gomes radiografía el folclore estival portugués en Aquele querido mes de agosto (2008). Simultáneamente propone una ficción romántica que no tendría sentido, o al menos no semejante poder de fascinación, si no se hubiera ido dibujando profundamente sobre el contexto humano, social y cultural donde se representa.


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En busca de la ficción

– Quim, el productor: “Estás filmando cosas que no figuran en el guión”.
– Miguel Gomes, el director: “Son extras”.

Julio de 2006. Miguel Gomes se dispone a comenzar el rodaje de su segundo largometraje tras A cara que mereces (2004), pero el presupuesto resulta insuficiente. Antes que tirar la toalla, el lisboeta se lleva una 16 mm. y a su reducido equipo por Arganil y aledaños, como espacio-base desde donde acudir al rescate de su proyecto. Imaginan otra manera de contar aquel drama familiar con conflicto incestuoso y entonces, empiezan a buscar en los pueblos. Éste es el origen de Aquele querido mes de agosto, una “docuficción” con trasvases continuos, un capicúa en perpetuo viaje.

Premiada en los Festivales Internacionales de Valdivia y de Sao Paulo y presente en la Quincena de Realizadores del pasado Cannes, el crítico Mark Peranson dijo en la revista Cinemascope sobre ella: “Construida de forma orgánica y con una humildad asombrosa, Aquele querido mes de agosto muestra los elementos fantásticos y míticos presentes en el día a día, así como las realidades mundanas del rodaje, presentándolas como eslabones integrados en una interminable cadena de dominó –y ¡qué caray!, contra todos los pronósticos, no se encuentran. Como en la vida, las conexiones mágicas se doblan y se desdoblan en una serie de invisibles juegos de referencias”.

La película arranca con dos extrañas secuencias (no serán las únicas) donde un elemento sorpresivo irrumpe. Así se establece el vínculo entre un zorro que acecha un gallinero y un apagón eléctrico durante un concierto. Empiezan a cobrar protagonismo los testimonios de varios aldeanos pintorescos mientras asistimos a diferentes apuntes de su cultura popular: fervorosas procesiones con música de banda, imágenes religiosas y leyendas, karaokes, atracciones, juegos de feria, campings atestados y concentraciones moteras, el ritual de la matanza, borracheras y banquetes al aire libre, juegos verbales,  noches pirotécnicas… Partiendo de un registro documental, Gomes radiografía el folclore estival en la vila de Arganil, desde Coja a Benfeita pasando por Celavisa. Aquele querido mes de agosto comienza como una especie de documental musical sobre bandas populares, algo confuso, denso e incierto –donde prima el protagonismo colectivo y la fragmentación del relato- y va mutando en un melodrama romántico juvenil con conflicto familiar en triángulo.

Riman en esta segunda parte, gracias a un espléndido montaje, varios elementos documentales adoptados como útiles por la ficción que se adentra: los medios de comunicación (la  radio y la imprenta), el cuerpo de bomberos, el río Alva y la presencia simbólica de su puente. De modo más o menos explícito, en este último convergirá todo: el barquero, el hombre-hacha, el matrimonio anciano, las bandas -“Estrelas do Alva” y el resto-, Gomes y su equipo y las imprescindibles canciones populares. Dicha  fusión agigantará el clímax, un beso de amor juvenil en plano general. Al clímax romántico le sucederá además un clímax dramático: el fuego asolando el monte luso –su contraplano familiar: el cuerpo de bomberos- y, vía elipsis, un padre atrapado por las llamas y un salvador.

El momento del chispazo
Gomes acude a encontrar su ficción en la realidad e incluye en su pieza el proceso de documentación (entrevistas previas, recogida de sonidos, tanteo de localizaciones, discusiones entre productor y director…). Son precisamente los elementos seleccionados durante esa búsqueda los convocados para integrarse en la ficción, como elementos casi mágicos, como si al producirse el encuentro, la fusión-confusión, se generara una especie de chispazo. Vemos mientras se va haciendo y el contexto forma parte del relato. Cuando comienza la ficción, se produce también el desdoblamiento: personas y personajes. La vigía Sónia Bandeira interpreta a  Tânia, la cantante adolescente, y el joven jugador de hockey, Fábio Oliveira, a Hélder, su primo rockero. Desbordante química. En la esfera de la ficción se cuelan el productor y otras cuantas personas/personajes y se mantienen transitando entre ambos espacios.

A diferencia de otros brillantes filmes autoconscientes –El desprecio (J.L. Godard, 1963), ¡Atención a esa prostituta tan querida! (R.W. Fassbinder, 1970), El estado de las cosas (W. Wenders, 1982), Irma Vep (O. Assayas, 1996) o H/Story (N. Suba, 2001) – con los que puede trazarse cierto parentesco y que planteaban como tema el naufragio de un rodaje, Aquele querido mes de agosto no contempla una posibilidad derrotista a raíz de la obstaculización económica, sino que logra revolverse y resulta victoriosa su fascinante propuesta de encuentros entre documental y ficción.

Así como el filme comenzaba dos veces confrontando lo premeditado con lo accidental -la zorra acechando a las gallinas, la oscuridad sorprendiendo a la banda-, Aquele… también concluye dos veces proponiendo una imagen, la carcajada, y una perspectiva, la irónica. Ríe Tânia/Sónia frente a la cámara al mismo tiempo que derrama lágrimas; ríen Gomes y su equipo con el caso surrealista del sonidista Vasco Pimentel, que ha recogido sonidos que no se corresponden con la realidad. Quizá esa sea la única certeza y el único punto de vista que merece la pena adoptar: frente a los reveses reales (para Gomes, el traspiés financiero antes del rodaje; para Tânia, la partida de su amado), la ironía, el juego y el ingenio.

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FICHA TÉCNICA
Dirección: Miguel Gomes
Con: Sónia Bandeira, Fábio Oliveira, Joaquim Carvalho, Andreia Santos, Armando Nunes, Manuel Soares, Emmanuelle Fèvre, Diogo Encarnaçao
Dir. de fotografía: Rui Poças
Sonido: Vasco Pimentel
Música: Mariana Ricardo, Bruno Lourenço
Montaje: Telmo Churro, Miguel Gomes
Productora: O som e a furia, Shellac Sud
Año y país de producción: 2008, Portugal.

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