46 Festival Internacional de Cine de Gijón. Hipótesis terrícolas

Cuatro manos, cuatro ojos y cuatro hipótesis sobre la relación entre el cine y lo real a partir de las películas seleccionadas por el Festival Internacional de Cine de Gijón, celebrado el pasado mes de noviembre de 2008.


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Cuatro manos, cuatro ojos y cuatro hipótesis sobre la relación entre el cine y lo real a partir de las películas seleccionadas por el Festival Internacional de Cine de Gijón, celebrado el pasado mes de noviembre de 2008.

1. Otros planetas
2. Rostros enmascarados
3. Apropiaciones
4. Ceguera

1. Otros planetas
Uno de los movimientos más interesantes del ir y venir del cine contemporáneo entre lo documental y lo ficticio no es el más llamativo (y anunciado) de todos, el de la ficción hacia formas del documental (o hacia cierta mirada al sustrato real de sus imágenes); sino el caso contrario, y más extremo: el del documental que se escora no sólo a la ficción, sino a su forma más radical de ciencia ficción. En lo que podría parecer un movimiento casi imposible, muchos cineastas están descubriendo que una observación detenida del mundo puede producir, no sólo un desconocimiento mayor del mundo, sino la mutación de lo real en una puerta hacia lo desconocido. Michael Snow ya sentó las bases de este movimiento en su fascinante trabajo La région centrale (Canadá, 1972), en la que una cámara situada sobre un dispositivo mecánico que la hace girar de manera automática y azarosa, va retratando un paisaje de apariencia anodina. Esa observación constante termina derivando, al contrario de lo que pretendía el documental científico, en un desconocimiento del paisaje y en el extremo contrario del empirísmo objetivista: una invitación a lo marciano. Hay otros mundos, y están en este. Es el viaje hacia el cine fantástico partiendo del cine de lo real.

Un ejercicio similar es el que opera en el interior de las películas de Cameron Jamie, probablemente el mayor descubrimiento de la última edición del Festival de Gijón (eco de su presentación en Rotterdam, todo sea dicho). Jamie bucea, con cierta desidia formal, en las formas más extremas del folclore contemporáneo en busca de esas expresiones humanas que bordean, de alguna manera, con lo anormal o paranormal, en el sentido de aquello que, pese a ser de este mundo, parece venido de otro planeta. Jamie se acerca a esas expresiones (atracciones de parques del terror, jóvenes aficionados a practicar la lucha libre en sus patios traseros, extrañas y violentas tradiciones navideñas en Austria) con la mirada extrañada de un recién llegado a la tierra que se limita a observar sin pretender explicar y ni tan siquiera entender. Ese ejercicio de frialdad produce un extrañamiento ante lo real, establece una barrera casi física, un alejamiento entre el espectador y lo registrado que termina alejando lo visible de lo posible para acercarlo a lo imposible. El registro en bruto, sin apenas edición (o sin ninguna edición, en el caso de BB, EEUU, 2000) potencia el vínculo con lo real al mismo tiempo que intensifica el extrañamiento. Como en la película de Michael Snow, cuanto más se observa la realidad, más extraña e irreal parece.

Gran parte de las piezas presentadas por Jamie en Gijón compartían un trabajo sobre la representación de los límites entre lo real y lo impostado. Tanto BB, sobre esa extraña versión de la lucha libre en la que todo está diseñado y los golpes y piruetas son “puro teatro”, como Spook House (EEUU, 2003), dedicada a la trastienda de las casas del terror, o Kranky Klaus (EEUU, 2003), sobre la salvaje tradición austriaca de visitar a los niños en Navidad disfrazados de monstruos para sembrar el terror después de entregar los regalos, operan sobre teatros sociales, representaciones inscritas en lo real que están siempre en el borde de transformarse en algo, precisamente, demasiado real. La misma operación es llevada a cabo por Jamie en su registro de estos teatros del límite: el espectador de sus películas es enfrentado a experiencias de sustrato real pero que permanecen siempre en el límite de lo fantástico. O quizás es al revés, que lo fantástico tiene siempre su origen en lo más real.

Por su parte, Iraqi Short Films (Mauro Andrizzi, Argentina, 2008) realiza un ejercicio más o menos similar: trabajando con imágenes robadas del conflicto de Irak, filmadas tanto por soldados británicos o estadounidenses como por las milicias terroristas, Andrizzi construye un collage visual que juega con la idea de lo visible e invisible en un terreno tan espinoso, y dado a la reconstrucción amable e interesada, como la guerra. En un mundo en el que las batallas se libran tanto en el plano físico como en el de la representación (lejos queda ya la guerra visualmente accesible de Vietnam, o la cnn-retransmisión de la primera guerra del golfo), Iraqi Short Films se adentra en el conflicto iraquí construyendo (ciencia)ficciones con materiales reales, a través de la manipulación, a lo Chris Marker, de las velocidades o colores de las imágenes. Sobre las imágenes manipuladas y coloristas de las revueltas políticas, Marker afirmaba en Sans Soleil: “Me mostró las peleas de los Sesenta tratadas con su sintetizador. Imágenes menos mentirosas, dice con la convicción de los fanáticos, que las que ves en televisión. Al menos ellas se muestran como lo que son, imágenes, no la forma portátil y compacta de una realidad ya inaccesible”. Siguiendo este aprendizaje, Andrizzi nos devuelve las imágenes supuestamente más veraces de la realidad iraquí, las tomadas por los protagonistas, sin la manipulación de los poderes informativos o políticos, pero toscamente manipuladas por él, y convertidas, de nuevo, en imágenes, tan mentirosas como las que a diario recibimos. Incluso desde las cámaras de los soldados o de los terroristas, y pasando por el filtro manipulador del realizador-montador, la realidad iraquí termina convirtiéndose en otra irrealidad, sujeta a los intereses y a las visiones de quienes producen o distribuyen las imágenes extraídas de lo real. Terroristas que discuten la forma de un encuadre, atentados a cámara lenta, patéticos musicales en una base británica… lo real se convierte en una vía abierta a la ciencia ficción, históricamente uno de los géneros más abonados al mensaje político e interesado.

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