46 Festival Internacional de Cine de Gijón. Hipótesis terrícolas

Cuatro manos, cuatro ojos y cuatro hipótesis sobre la relación entre el cine y lo real a partir de las películas seleccionadas por el Festival Internacional de Cine de Gijón, celebrado el pasado mes de noviembre de 2008.


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3. Apropiaciones
En Chicago 10 (2007) de Brett Morgen aparecen otros tantos rostros enmascarados. En concreto, las recreaciones animadas (a través de la técnica conocida como capture-motion animation, popularizada por Richard Linklater) de los Chicago Seven (es decir, Abbie Hoffman, Jerry Rubin, David Dellinger, Tom Hayden, Rennie Davis, John Froines y Lee Weiner) más Bobby Seale, miembro de los panteras negras, y los abogados William Kunstler y Leonard Weinglass. En definitiva, las diez personas que enfrentaron la contienda legal resultante de los míticos disturbios acontecidos durante la Convención Nacional Demócrata de 1968 en Chicago (cúspide de las manifestaciones contra la guerra de Vietnam). Diez rostros “animados” que en el filme son utilizados por Morgen como un elemento más de su vibrante e inteligente cóctel de puro agit-prop.

Lo interesante del método de agitación aplicado en Chicago 10 radica en la variedad e idoneidad de los diferentes modelos de apropiación utilizados. Por ejemplo, está el modo en que Morgen reanima las antiguas imágenes de archivo mediante la invocación de temas musicales contemporáneos. El anacronismo pop del Moulin Rouge (2001) de Bazz Luhrman aplicado al cine de lo real. En este caso, las escenas de los disturbios y las cargas policiales se acompasan mediante los rítmicos temas de Eminem, los Beastie Boys o Rage Against the Machine. Una forma sencilla y efectiva de reclamar la vigencia de la lucha por unos derechos civiles que, durante los últimos años en Estados Unidos (en la era pre-Obama), se han visto claramente comprometidos. Aunque la apuesta verdaderamente radical de Chicago 10 se halla en su audaz uso de la animación digital. No es sólo que Morgen utilice el dibujo para cubrir el fuera de campo histórico del juicio de los Chicago Seven (no existe ningún registro visual del mismo, sólo las transcripciones), sino que decide apropiarse de ese espacio figurativo con un espíritu absolutamente trasgresor (y manipulador). Una apropiación perpetrada con llamativos travellings por la sala de tribunales (en una transcripción animada del vigor visual de David Fincher o Brian De Palma), articulando la postura ideológica del filme mediante composiciones picadas y contrapicadas, afectando la gestualidad satírica de los personajes… A la postre, una construcción épica que deviene apropiación moral del espacio de representación de la historia civil norteamericana.

Chicago 10 fue una de las muchas películas que, en el marco del fundamental ciclo La utopía yanki, reclamaron, des del agit-prop, diferentes fórmulas de apropiación cinematográfica. En el caso, por ejemplo, de la magistral An Injury to One (2002) de Travis Wilkerson, el paisaje devastado de Butte (pueblo minero del suroeste americano expoliado por las empresas del cobre) es reivindicado, mediante las composiciones en 16 milímetros, la música folk y la palabra impresa, como un territorio elegíaco, hundido en el pozo de la historia, pero conciente y orgulloso de su pasado de resistencia obrera. Por su parte, Jim Finn ejecuta un genuino ejercicio de simulacro en su falso documental La trinchera luminosa del presidente Gonzalo (2007), donde reconstruye un día en la vida de las combatientes encarceladas del grupo Sendero Luminoso. Su mirada a los mecanismos de adoctrinamiento del grupo, sostenidos sobre unas fuertes convicciones revolucionarias, resulta ambivalente y perturbadora, y se erige en un claro ejemplo de cómo el lenguaje del cine de lo real, aun cuando es sometido a la presión del simulacro, puede esbozar discursos abiertos, donde la reflexión puede convivir con la agitación.

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