Bagatela

Jorge Caballero realiza un retrato de la Colombia actual a través de una denuncia contenida del papel que desempeña su sistema judicial, en un trabajo heredero de Raymond Depardon


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París, verano de 2003. Dos cámaras bajo la dirección de Raymond Depardon registran el día a día de las vistas que se suceden en un tribunal. El resultado final de aquellas jornadas es 10ª sala. Instantes de audiencias (2004), un documental que observa la justicia francesa a través de su cotidiana expresión pública: intercambios de versiones entre acusados y denunciantes (ya sea la víctima o la fiscalía), moderados por la figura tan firme como paternalista de una jueza que, al final, dicta sentencias basadas en sus conclusiones y en un código penal garantista hasta el punto de adaptar la condena a las condiciones económicas y sociales del condenado.

Bogotá, invierno de 2007. Jorge Caballero, cineasta colombiano residente en España, planta su cámara en los pasillos, despachos y salas de los juzgados de primera instancia en los que se tramitan delitos menores. Pone especial atención a los encuentros preliminares y privados entre los detenidos y los abogados de oficio, cuando el primero explica qué le ha llevado allí – robo de un móvil, venta ambulante, transporte de marihuana,…- y se enfrenta a las desproporcionadas consecuencias que sus actos le pueden acarrear a cuenta de una ley que, como señala un letrado, “ha quedado muy brava”. Desde la panorámica urbana con la que se inaugura, Bagatela (2008) comienza a dibujar un retrato de una ciudad, y por extensión del país del que es capital, a partir de la respuesta judicial que da a conductas que son, por encima de todo, consecuencia de sus propios fracasos: paro, drogas, marginalidad…

Más allá de los evidentes paralelismos temáticos que podrían conformar un plano/contraplano con la mencionada película –y no digamos con Delitos flagrantes (1998)-, la influencia de Depardon en la ganadora del Festival CortoMieres es palpable, sobre todo, en sus maneras. En un texto sobre el cineasta galo, Carlos Muguiro señalaba como muro de carga de su mirada cinematográfica la búsqueda de pasajes y no de paisajes (1). Encontrar esos procesos en los que se encuentra el misterio de la realidad tiene aquí su fórmula concreta en la observación a cierta distancia y sin movimiento, para escuchar paciente y atentamente.

Del montaje de esos planos fijos, que retratan siempre el perfil, en los que se muestra las urgentes preparaciones de las defensas, se va desgranando una realidad desoladora que protagonizan personas cuya culpabilidad, casi siempre reconocida, puede que al espectador le quede matizada por sus circunstancias –pobreza y/o adicciones-. Pero también le queda claro que eso no importa, lo importante es que no tenga antecedentes. Si es así, el abogado quizás logre una rebaja e incluso su libertad siempre que tenga una dirección en la que la Justicia pueda encontrarle. Incluso así, la ausencia de alternativas a un modo de supervivencia penado con severidad lleva a intuir que, ahora o después, el camino a la cárcel es casi ineludible. Está de más subrayar en el texto que encabeza la cinta la “raíz social de esta problemática” frente a la respuesta judicial, ya que lo ilustran suficientemente casos como los de la vendedora de cedés piratas o la aplastante lógica del relato del hombre al que han cogido robando una loción de 19.000 pesos (unos seis euros y medio actuales). Con esa distancia justa que tanto busca Depardon, Bagatela logra mostrar la angustia de quien no encuentra salida y el esfuerzo de unos abogados a los que sólo les queda buscar el mal menor.

Asimismo, tan significativo es que la cámara se quede inmóvil -o en una contagiada parálisis-, como que se la lleve al hombro para acompañar a los detenidos cuyo caso ha llegado a una resolución parcial: la celda o la calle. La decisión la ha tomado un juez cuya cara, en un recurso que tiene algo de efectista, el director elige no mostrar hasta la penúltima escena. Hasta entonces, la Justicia es una voz en off, casi de ultratumba, que repite fórmulas jurídicas como el sacerdote en su Iglesia a cuyo mantra letrados y acusados responden con tanto respeto como resignación.

Pero esos jueces también están enmarañados en un sistema judicial colapsado. Como en el primer plano de Delitos flagrantes, el edificio que alberga los juzgados es la expresión tangible de la Justicia. Bagatela también amanece allí y, tras mostrar en distintos momentos su cotidianeidad administrativa y de mantenimiento, se cierra, ya de noche, en su hall principal ahora silencioso. Limpiadoras, recepcionistas, secretarias y archiveros mantienen la compostura de un edificio en cuyas entrañas también hemos visto inabarcables montañas de papeles (los casos cerrados o en trámite) que invaden estanterías, mesas, sillas, suelos y toda superficie medianamente horizontal. Es el símbolo de un sistema desbordado.

Nada que deba sonar excesivamente extraño: “los juzgados son islas que almacenan toneladas de papeles”, “tenemos diez jueces por cada 100.000 personas, mientras que en Europa tienen 20”, “es un sinvivir no saber por dónde te va a reventar el juzgado”,… Estas frases que podrían formar parte del guión de Bagatela son en realidad extractos de diferentes noticias recogidas en el reportaje “Los problemas de la justicia” – publicado en el periódico español El País en enero del 2009, a pocas semanas de la convocatoria de huelga que los jueces españoles han realizado – que muestran que ciertos males no son tan exóticos. Quizás haya cabida para otro documental.

Bagatela de Jorge Caballero participará en la sección oficial del próximo festival Cinéma du Réel de París, en marzo del 2009.

(1) «Depardon tuvo que aprender primero a fotografiar o filmar el desierto. Pero a partir del hallazgo de los passages, comenzó a rodar todo lo demás como si todo lo demás fuera el desierto: salas de urgencia, hospitales, juzgados, París, Niza, Nueva York, la granja de Garet…». Carlos Muguiro, «Cuaderno de las paradojas. Apuntes sobre el silencio, las imágenes imposibles y el largo regreso a casa de Raymond Depardon» (De la foto al fotograma. Fotografía y cine documental: dos miradas sobre la realidad. Edición de Rafael R. Tranche. Textos Documenta, 2006), pag. 187.

FICHA TÉCNICA

Dirección: Jorge Caballero
Dir. de fotografía: Christian Bitar
Sonido: Jordi Rams
Montaje: Carlos M. Gómez Quintero, Jorge Caballero
Producción: Gustavo León, Jorge Caballero
Productora: Gusano Films. www.bagatela.tv
País y año de producción: España, Colombia, 2008

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