Vals con Bashir / M

Coincidencias de la exhibición, la participación de Vals con Bashir y de M en la muestra de cine Cineuropa de Santiago de Compostela, anima a tratar los filmes en un mismo texto con ánimo de confrontarsus modelos discursivos. Más allá de sus obvias diferencias ambos interrogan un mismo tema, la (re)construcción de una memoria, y un mismo esquema básico de narración y puesta en escena, el de la investigación – entre histórica y psicoanalítica – de un pasado que no se conoce, que llega al presente como una herida que aún sangra y que ha sido determinante en la formación de la identidad de sus respectivos protagonistas.


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La mirada aterrada del joven Folman acabará enfrentándose a la imagen que faltaba, la de la masacre de Sabra y Chatila de la que fue testigo, tomando la discutida decisión de montar metraje de imagen real, en un intento sin duda de provocar un shock en el espectador, pero sobre todo de restituir esas imágenes al recuerdo de un protagonista que ya puede mirarlas de frente, revivirlas. Se ha dicho que Folman traiciona su punto de partida con este abandono de la animación, pero yo no creo que sea así, ya que su inclusión no aparece como algo externo al relato, sino que viene a responder a la mirada de Folman como su perfecto contraplano. Además, la película ya ha cambiado el tono algo antes, cuando entra en la descripción de los hechos del día de la masacre. En ese tramo final el filme se acerca a un formato más clásico de documental, y la dosis de fantasía se ve convenientemente rebajada. En ese sentido, si hay traición (palabra quizás demasiado fuerte) a los propios presupuestos de partida, estaría más bien ahí, en la necesidad de hacer cuadrar todas las piezas del puzzle, en asegurar la verdad del recuerdo real. Jaime Pena plantea en el último número de Cahiers du Cinéma España cómo la estructura de Vals con Bashir debe mucho a la de Ciudadano Kane (1940), y siendo esas imágenes finales el rosebud personal de Folman, si bien Orson Welles dejaba que ese conocimiento para la mirada omnipresente del espectador. Es curioso como en M, Nicolás Prividera también remite a Ciudadano Kane, aunque en este caso en una cita directa (una de tantas citas cinéfilas que aparecen el filme, incluido el propio título) que glosa el famoso plano que rebasa la verja con el cartel de No trespassing. En la película del argentino, a diferencia de la de Folman, el vacío no llega a colmarse, y la vida de Marta Sierra quedará en una notable indefinición. Porque después del gesto trasgresor de traspasar las vallas a la búsqueda de su madre, Prividera parece no poder salir del laberinto de la memoria en que se ha internado, como bien señala Gonzalo Aguilar en su excelente análisis de M (4).

Antes de esto hemos visto como Prividera asume el papel principal de la película para investigar el pasado de su madre, cómo pone su cuerpo en escena para compartir esa experiencia de búsqueda que acaba trascendiendo lo personal, para situarse siempre la  encrucijada de la memoria afectiva con la memoria social y política, para cuestionar tanto el pasado como sus efectos en el presente. El cineasta argentino es consciente de cómo “no sabemos nada en la inmersión pura, en el en-sí, en el murmullo del demasiado cerca. Tampoco sabemos nada en la abstracción pura, en la trascendencia altiva en el cielo demasiado lejos (…) Este movimiento [de una posición a otra] es acercamiento tanto como separación: acercamiento con reserva, separación con deseo” (5). No es casualidad que estas palabras que Georges Didi-Huberman dedica a Bertolt Brecht se basen en la experiencia de exiliado del escritor alemán, pues Nicolás Prividera vive una similar experiencia de desgarro respecto a su propio pasado. Volver a ver las imágenes en Super-8 de su madre es interrogarse sobre la propia identidad, hasta el punto de filmarse superponiéndose a ella en una de las más hermosas secuencias del filme. Apuntes de la memoria privada que hieren, por mucho que el filme nunca llegue a deslizarse hacia el drama familiar, ausente el padre (el gran enigma oculto del filme) y con el hermano de acompañante casi mudo, cuya función en ocasiones no es otra que recibir el discurso airado de Nicolás, como si de nosotros, espectadores, se tratase.

Discurso airado porque su cuerpo desprende una rabia que no se deja atrapar en su condición de hijo de desaparecida, sino que apunta hacia otras factores. Hacia la inacción de las políticas institucionales, que centran la investigación de la primera parte del filme, siempre a rebufo de las iniciativas personales (en este país conocemos de primera mano esa sensación), pero también en las entrevistas con el círculo de conocidos de su madre. En estos, el autor rehúye la emotividad del reencuentro, con una actitud (que muchos le han reprochado, y que sin duda puede llegar irritar) completamente opuesta a la calidez que emite Carmen Castillo en Calle Santa Fe. M examina la condición del testigo al igual que Vals con Bashir, pero si esta quería crear una memoria compartida entre compañeros, un cierto consenso en lo vivido, Prividera opera por división, exponiendo las escisiones, las rupturas y la distancia entre unas narraciones y otras. Se niega a considerar la entrevista como una prueba de verdad y se debate en cada una de ellas para cuestionar lo que dicen y lo que callan. Un cuestionamiento que se produce no sólo en el cuerpo a cuerpo sino también en el montaje, contraponiendo unas entrevistas con otras, examinando sus puntos de fricción, alejando su película de esos documentales que esconden el punto de vista del director tras una pluralidad de voces. Pero también con su peculiar utilización de los intertítulos, que intercala de modo que una frase o una sola palabra se aísla de las voces de sus protagonistas, precediendo a su verbalización en el filme. Extraño procedimiento que introduce una especie de anticipación que modifica de manera crucial nuestra lectura de las entrevistas.

M no muestra ninguna nostalgia por un pasado que en muchos documentales políticos recientes vuelve mitificado, pero tampoco se reduce a ser un ajuste de cuentas con las delaciones, los silencios culpables o las miserias de la militancia. En sus dos epílogos es el presente el que se impone. En el primero, una de las escenas más potentes del filme y quizás la única en la que la presencia de Prividera pasa a un segundo plano, una comida entre ex-militantes vuelve a escenificar la división, a enseñar que el pasado sitúa en espectros políticos y sociales divergentes a esos que el filme se resiste a llamar “compañeros”. En el segundo epílogo, tiene lugar la monumentalización de la memoria por medio de una estatua y una placa conmemorativa. También Calle Santa Fe se cerraba con una inauguración, aunque en este caso se trataba de la restauración de la antigua casa familiar, desde donde se tratará de continuar la militancia, coherente con un filme que hace de las continuidades (a diferencia del cine de Patricio Guzmán) su razón de ser. En este final, Prividera anuda una vez más la doble cara de su filme, con un discurso que se quiere orientado hacia la dimensión pública de la memoria, pero que por vez primera hace surgir el llanto de ese personaje no reconciliado.

(4) Gonzalo Aguilar: “Con el cuerpo en el laberinto. Sobre M de Nicolás Prividera” en Josefina Satora y Silvana Rival (ed.): “Imágenes de lo real. La representación de lo político en el cine argentino”, Libraria, Buenos Aires, 2007.
(5) Georges Didi-Huberman: “Cuando las imágenes toman posición”, Antonio Machado Libros, Madrid, 2008.

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‘M’: FICHA TÉCNICA
Dirección: Nicolás Prividera
Dir. de fotografía: Carla Stella, Josefina Semilla, Nicolás Prividera
Montaje: Malu Herdt
Sonido: Demian Lorenzatti
Producción:
Nicolás Prividera, Pablo Ratto
País y año de producción: Argentina, 2007

VALS CON BASHIR: FICHA TÉCNICA
Dirección: Ari Folman
Guión: Ari Folman
Animación: Bridgit Folman, Film Gang
Dir. de animación: Yoni Goodman
Dir. artístico: David Polonsky
Montaje: Feller Nili
Música: Max Richter
Producción: A. Folman, B. Folman, S. Lalou, G. Meixner, Y. Nahlieli, R. Paul, Les Films d’Ici, Razor Film
Coproducción: Arte France, Itvs International
País y año de producción: Israel, Alemania, Francia, Estados Unidos, 2008.

“Vals con Bashir” se estrenará en salas comerciales en España el 20 de febrero del 2009.

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