DocsBarcelona III

Se celebró a finales de enero del 2009 la tercera edición del festival no competitivo de cine documental DocsBarcelona, organizado por la productora Paral·lel40 y dirigido por Joan González. 28 películas y varias actividades paralelas fueron la carta de presentación del evento. Este artículo es la unión de tres opiniones para construir una mirada plural a lo que dio de sí.


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Se celebró a finales de enero del 2009 la tercera edición del festival no competitivo de cine documental DocsBarcelona, organizado por la productora Paral·lel40 y dirigido por Joan González. 28 películas y varias actividades paralelas fueron la carta de presentación del evento. Este artículo es la unión de tres opiniones diversas para construir una mirada plural a lo que dio de sí.

a) 1973 Revoluciones por minuto. Las últimas horas de Salvador Allende de Fernando Valenzuela (2008) visto por Anna Petrus.
b) El Olvido de Heddy Honigmann visto por Wilson Osorio y Diálogos en la meseta con torero al fondo de Llorenç Soler visto por M. Martí Freixas
c) Industria, periodismo y lágrimas por M. Martí Freixas

Cómo filmar al hombre y su máscara
Cuando un cineasta se plantea filmar el retrato de un personaje público debe enfrentarse necesariamente a varios problemas. El primero, y probablemente el más difícil, el de saber discernir entre el hombre y su máscara; entre la fragilidad del ser humano y la fortaleza del mito. Mientras los códigos de la ficción acostumbran a exaltar la figura legendaria de los grandes personajes de la historia, esencialmente a través del biopic, el documental tiende a moverse con mayor o menor distancia en el terreno del hombre proponiendo diversos grados de intromisión en sus facetas más íntimas. 1973. Revoluciones por minuto. Las últimas horas de Salvador Allende (Fernando Valenzuela, 2008) pretende situarse precisamente justo en el punto de mayor riesgo, un lugar a medio camino entre una y otra opción. Es por ello que, quizás, su mayor virtud sea la de mostrar abiertamente los problemas éticos y cinematográficos que se derivan de su planteamiento. O, al menos, de no querer ocultarlos.

La película, premiada en el Festival de Cine de Saturno (Roma) de 2007, está basada en la obra teatral La muerte de un presidente del dramaturgo argentino Rodolfo Queblen. Una obra que fue programada durante 2006 en el circuito de teatro de Broadway de Nueva York e interpretada por el actor colombiano Ramiro Sandoval, quien también encarna a Salvador Allende en la película. Se trata de un monólogo de una hora de duración que fantasea sobre cómo debió vivir el presidente chileno sus últimas horas de vida en El Palacio de la Moneda el 11 de setiembre de 1973, atrapado por los ataques de los aviones y tanques de los golpistas (las fuerzas armadas y los carabineros) y justo antes de suicidarse. Se trata, sin duda, de un trabajo que se mueve exclusivamente en el terreno de las hipótesis y que, en algunos momentos, cae en la grandilocuencia y en el exceso de lucidez puesto que el Salvador Allende que nos habla desde el teatro vacío en el cual se rodó la película, aún viéndose atrapado por una situación que no ha sabido controlar, es capaz hacer repaso a toda su vida. Su vida política pero también su vida íntima: su relación con su esposa Hortensia Bussi Soto (“La Tencha”), su relación extra matrimonial con su secretaria Miriam Contreras (“La Payita”), también su relación con sus hijas e, incluso, con el hijo deseado que nunca llegó a nacer.

Pero Valenzuela va más allá y construye su película no solamente con ese monólogo sin público que el actor recita en un teatro vacío de Nueva York sino que lo alterna con imágenes de archivo capturadas en las calles de Santiago de Chile aquel 11 de setiembre de 1973. Aunque el dispositivo es francamente sugerente, el realizador acaba por desbordarlo al añadir una voz en off que, sobre las mencionadas imágenes de archivo, recita fragmentos de La Divina Comedia de Dante Alighieri. Sin duda, una alegoría excesivamente explícita sobre el descenso a los infiernos del propio Allende y del pueblo chileno quien, a partir de entonces, viviría la dictadura más represiva de su historia bajo el mando de Augusto Pinochet. Es, pues, el exceso del artificio el que muestra las debilidades del arriesgado planteamiento de la película. Aún queriendo mostrar al hombre y su máscara, el esplendor de su capacidad sugestiva acaba por morir en su propia llama para llegar a un callejón sin salida y devenir hueca recurrencia. Diría que en 1973… hay, en definitiva, ausencia de cine puesto que la película acaba por desatender el medio cinematográfico dejando sin cuestionar sus límites cuando desea apropiarse de un personaje histórico. En cambio prefiere moverse exclusivamente entre la simple reproducción de una dramaturgia teatral y una supuesta verdad de los acontecimientos de la historia de Chile. Entre la tragedia de un hombre débil y la fortaleza de unos hechos históricos. En este sentido, la película está más cerca del monólogo del personaje de Carmen en la novela Cinco horas con Mario de Manuel Delibes (1966) que de un retrato verdaderamente cinematográfico de Allende. Y aunque, no obstante, como en aquélla, es cierto que Valenzuela logra mostrar la ambivalencia del presidente chileno: una persona amada y odiada al mismo tiempo, un mito atrapado por dos facciones político-sociales opuestas y a las cuales representa al mismo tiempo.

Dejando al margen la cuestión idiomática – el actor que interpreta a Allende recita su monólogo en inglés, hecho problemático que añade cierta distancia a la recepción de la película – el film sitúa los conceptos de traición y culpa en el eje de su fuerza dramática permitiendo el contraste y algunos instantes de verdadera catarsis, en el sentido más clásico del término. Entre la imagen del actor recitando su monólogo y las imágenes de archivo donde vemos los tanques tomando la ciudad, grandes concentraciones de gente o incluso algunas personas muertas, se construye un hilo invisible por el que se transmiten ideas y se intensifican sensaciones. Un hilo por donde constatamos que no hay nada peor que un hombre hundiéndose en su propio imperio. Y es justo en el momento en que la muerte está al acecho que recordamos otra imagen de otra película que retrata a otro hombre que, en el extremo político opuesto, también se hundió en su propio imperio. O deberíamos hablar de una no-imagen: el suicidio en fuera de campo de Adolf Hitler en El Hundimiento (Der Untergang, Olivier Hirshbiegel, 2004). Mientras la primera es una muerte explícita y cercana que no pretende ocultarse, la segunda suscita graves controversias éticas porque es una muerte implícita, en off, simplemente sugerida. Pero así las cosas, la dicotomía adquiere un sentido porque el Allende de Valenzuela consigue erigirse como héroe capaz de plantar cara a la muerte, mientras que el Hitler de Hirshbiegel se erige como necio que necesita ocultar su derrota. Entre uno y otro, sin duda, un abismo.

Anna Petrus.

El Olvido Heddy Honigmann (2008)

A Heddy Honigmann tengo que agradecerle que a través de Forever, uno de sus documentales más emocionantes, escuché por primera vez la voz de Danielle Messia: una muerta de segunda categoría del estratificado cementerio Père-Lachaise de París. Una especie de Caronte, que en vez de conducir los muertos al más allá se los arrebata al olvido y los devuelve al más acá, le insufla de nuevo vida y se la ofrece a Honigmann, quien a su vez la corporifica con la canción De la main gauche, y yo a mi vez la inmortalizo cada vez que escucho su voz desoladora.

Quizá inspirada en ese peculiar Caronte, Honigmann ahora en el papel de barquera regresa a su tierra natal y nos trae el El olvido: una ciudad (Lima), un país (Perú) y un continente (¿Latinoamérica?) olvidados. Pero tras amarrar en diferentes puertos y finalmente atracar en el DocsBarcelona, su tesoro no deslumbra tanto como algunas de sus anteriores piezas, y cae en esa complaciente mirada exotista de las miserias del tercer mundo. Paradójica actitud teniendo en cuenta que ella proviene de allí mismo. Una mirada que se centra en los desposeídos que hacen mil malabares para sobrevivir y que son convertidos en artistas de circo pobre que hacen las delicias de un equipo de rodaje mayoritariamente europeo.

Tal vez porque provengo de un país vecino al de Honigmann, del país donde se acuñó el término ‘pornomiseria’ en los años 70, de un país con una realidad muy similar a la filmada, me producen rechazo este tipo de miradas, me parecen ajenas y oportunistas. ¿No es oportunismo filmar con una factura perfecta y cuidada las volteretas de una niña de unos siete años que para poder comer arriesga su vida en un paso de peatones limeño delante de unos coches a punto de arrancar? Puede ser estético, puede ser bello, pero ¿dónde está la ética frente a la temeraria actuación de esa inocente?; más aún sabiendo que una hermana suya había muerto arrollada por un coche en las mismas circunstancias.

Por suerte hay un niño más astuto que ante la nada ingenua primera pregunta que le hace Honigmann (“¿Tienes malos recuerdos?”), le responde con un lacónico no y la deja sorprendida y contrariada. La realizadora, tengo la sensación de que tragando saliva, le pregunta de nuevo si tiene entonces buenos recuerdos, a lo que él replica secamente que tampoco. Detrás de sus preguntas a lo largo del documental encuentro una manifiesta intención maniquea, de poner el dedo en la llaga, de hurgar en las miserias humanas para el deleite de su público instalado a menudo en las comodidades del primer mundo.

Mientras Forever es un documental que conmueve hasta el tuétano por la sutileza con la que la directora peruano-holandesa disecciona a sus entrañables personajes, El olvido impresiona por la dignidad silenciosa de sus personajes y no por el rédito que se intenta obtener de ellos. Si en Forever los personajes son lo que dicen, en El Olvido son justamente lo que callan. Como la expresión de los ojos de ese niño que lo dice todo, que lo expresa todo y que es en sí misma la metáfora más cercana al olvido que hay en todo el documental.

Wilson Osorio.

Diálogos en la meseta con torero al fondo Llorenç Soler (2007)

Buen documental de retrato realizado por un buen (e histórico) cineasta, Llorenç Soler (Valencia, 1936), documental que en su momento pasó desapercibido y fue – esto es bastante habitual – ninguneado. Resultó todo un acierto de la programación del festival. Es un acercamiento en solitario a un personaje solitario. Un chico soriano obsesionado en llegar a ser torero, a pesar de sus limitadas habilidades que convierten el objetivo en inasequible. El protagonista, que organiza su vida alrededor de duros entrenamientos y un particular ascetismo, se sincera ante Soler, quien acaba por redondear su dibujo con el coro de gente que rodea al chico, desde su madre hasta algún detractor de su obcecación. Como ya hizo en sus anteriores películas Francesc Boix, un fotógrafo en el infierno o Kenia y su familia, el realizador sabe captar la atención del espectador de principio a fin con una narración eficaz, en este caso también con espacios para la reflexión y las metáforas. Más allá del toreo, la lucha de Rubén Sanz para superar las dificultades, es como la lucha que nos cuentan de Demóstenes para convertirse en orador a pesar de ser tartamudo. Un enfrentamiento contra uno mismo que a veces puede llevar por derroteros cercanos a la locura – o la máxima lucidez, quién sabe – y en el cual en algunos momentos uno puede sentir cierta proximidad, aunque el documental también fluye hacia sentimientos como la tristeza e incluso la incomprensión. La ética de la aproximación del cineasta hacia el personaje hace que todos los juicios de valor queden en manos del espectador.

M. Martí Freixas.


Valoración del evento: Industria, periodismo y lágrimas

Si algo cabe destacar de esta tercera edición (1) del DocsBarcelona es su capacidad de venderse. Su presencia en los medios de comunicación y sus buenas ideas de márqueting ayudan a crear una especie de “marca”, con la voluntad de consolidar un calendario concreto entre Barcelona y el documental. Esta útil fachada presenta serias dudas una vez se penetra en su interior.

La principal duda son los criterios de selección que en 2008 parecían estar más definidos que en 2009. El festival se balanceó entre unas (pocas) excelentes películas y una excesiva elección de material ya proyectado, ya sea en la televisión o en otros festivales de la ciudad hace escasos meses. Este problema empeoró con una fuerte tendencia a mirarse el ombligo: varias obras presentadas eran de la productora Paral•lel40, que es la misma que organiza DocsBarcelona, con lo que se produce un hecho diría que inaudito en el mundo festivalero: el organizador del evento y el productor de las películas son la misma entidad. También destacar la excesiva presencia de productos y profesionales de Televisió de Catalunya (TVC) en muchos ámbitos del evento, en detrimiento de miradas hacia otros lugares más lejanos, arriesgados, diferentes. Si a esto le añadimos que el número de documentales presentados fue muy pequeño (28) obtenemos una escasa oferta de novedades. No tiene mucho sentido “presentar” El Somni de Christophe Farnarier cuando el sábado anterior al festival fue emitido por TVC y hace escasos meses estaba en las salas comerciales, por poner sólo un ejemplo. Normalmente los festivales se pelean por estrenar películas.

Armengou: “nos gusta el documental de historia que nos hace llorar en el sofá de casa”

El director de DocsBarcelona, Joan González, explicó que su apuesta es “la industria”, “proyectar las películas en salas cinematográficas, no en salas alternativas, generar movimiento, que la gente vaya al cine y pague su entrada”. Un concepto claro y bien definido para el evento, importante para el engranaje del sector. Perfecto. Pero igualmente es necesario aclarar la programación. Los documentales que han destacado internacionalmente en los últimos meses – programados por Tue Steen Müller – o la habitual e innovadora apuesta por un público muy joven (sección 12-16 o la charla de Magda Sellés, Historia del documental en 90 minutos), contrastan con una falta de objetivos concretos y/o ideas cinematográficas en el resto de las secciones.

Para resumir nos centramos en la sección Historia llevada a cabo por Montse Armengou, periodista de TVC y comisaria en el DocsBarcelona por tercer año consecutivo (2). En la rueda de prensa de presentación definió su criterio de selección con las siguientes palabras: “nos gusta el documental de historia que nos hace llorar, con el que lloramos en casa en el sofá cuando lo vemos, el que nos conmueve”. Nos parece un perfil de selección muy poco interesante para un festival de cine documental. Especificó haber visto “hasta 40 películas” para llevar a cabo su elección, una cifra que parece muy baja.  En otra sección, se pogramó un – sobresaliente – reportaje la autora del cual es Montse Armengou. Hecho en el 2002, ya muy conocido y difundido en Catalunya. Vuelta de  tuerca al ombliguismo y confirmación de un criterio formal diluído. Es vital basar la elección de obras para un evento cinematográfico en criterios cinematográficos.

Con este embrollo en la programación pero con las ideas claras respecto a como posicionarse dentro del sector, se llevó a cabo esta tercera edición que en algunos momentos pareció low-cost. Serán años difíciles para los festivales, con la tormenta de la crisis ya presente en el mundo cultural. Por su iniciativa y por la capacidad de atraer el entorno que le rodea, DocsBarcelona parece tener los pilares asentados en la ciudad y un futuro asegurado.

Dos festivales de documental en la misma ciudad

Peculiar es Barcelona que se permite el lujo de tener no uno sino dos festivales única y exclusivamente dedicados a la no ficción desde hace 3 años. Más inexplicable resulta que a veces hasta programen las mismas películas, señal de que – ¡alucinantemente! – no estudian las programaciones de su festival homónimo. ¿Absurdo? ¿Innecesario? ¿Repetitivo? ¿Más vale tener un evento de tamaño grande o mediano que atraiga importantes áreas del sector documental o dos eventos pequeños, cerrados en sí mismos y con escasa repercusión más allá de lo local?

Por lo menos DocsBarcelona reclama para sí un espacio delimitado, “la industria”, y deja el campo del todo libre para los (casi infinitos, llenos de inquietudes y sorpresas) “márgenes”. Docúpolis desaprovecha completamente estos márgenes y no hace de contrapeso, motivo que quizá justificaría algo más la existencia de dos certámenes con el mismo nombre en la misma ciudad. Paradójicamente, casi la totalidad de los realizadores actuales más interesantes – catalanes, españoles e internacionales -, los que se mueven  a contra corriente, los más arriesgados, excéntricos y degenerados de este amplio paraguas llamado cine documental, deben buscarse en otras programaciones no específicas del documental en la ciudad o salir fuera de Catalunya para encontrarlos.

– – –

(1) Cómo explicamos en las anteriores reseñas de este evento, DocsBarcelona es un mercado-pitching, un encuentro de profesionales que se celebra desde hace doce años. En 2007, abrió una nueva etapa sumándole al encuentro esta muestra de proyecciones.

(2) DocsBarcelona 2007: “la periodista catalana Montse Armengou seleccionó un reportaje al puro estilo BBC y otro de “reconstrucción histórica”. ¿Cómo puede proyectarse Children of the decree en un festival de cine documental? ¡Es claramente un reportaje! Sembrar la confusión entre el público (con la que ya existe) entorno a la palabra “documental” es grave si se hace desde un festival. Documental y reportaje no son sinónimos, aunque en algunas ocasiones puedan ser fronterizos, pero no es el caso. Aquí hay un nudo gordo que deshacer para próximas ediciones.”

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12 Comentarios

  1. jfcla 04/03/2009 | Permalink

    y este tipo de eventos tan ayudados de dineros públicos, me pregunto yo, ¿hacen púbicos sus números? y no sólo de espectadores…, de sueldo de sus comisarios, porcentaje que se queda la productora para realización del evento… seria interesante saberlo, no?
    Estoy bastante de acuerdo en eso de que el festival no aporta nada para esa escena local más interesante y, no lo olvidemos, necesitada de eventos, pero parece que siempre nos quedamos en un nivel de discusión en el que todo pasa por lo formal: el documental, el reportaje; la televisión, el cine; el de autor, el de consumo. Tengo la impresión de que ahí siempre nos tendrán la partida ganada: el festival sirve para hacer industria y esos xcentricos, heterodocsos o dgenerados no son indutria, son márgenes. Pero hablemos de dineros. Si hablamos de dineros podemos decir, de entrada que esos dineros son para promocionar una industria fuertemente sostenida también con el dinero público. Por lo tanto, doble triunfo: pasta para hacer las pelis de las instituciones y las teles públicas y pasta para promocionarlas en estos eventos, también de las instituciones y las teles públicas. Hay que ser un poco más marxista y hablar de los dineros. ¿Qué dineros públicos van estos eventos? ¿Con que criterio van a estos y no a otros? Y aquí entono el mea culpa: creo que tenemos que ser nosotros los que nos planteemos la pelea en esos territorios, sino siempre seguiremos estando en desventaja.

  2. jfcla 04/03/2009 | Permalink

    segunda línea: públicos, no púbicos, también los podrían hacer púbicos los números, pero sería otra cosa… o quizá ya los hacen, no lo sé…hay alguna otra errata, pero no tan confusa como esa (me pasa por repasar el texto después de apretar el dichoso enviar)

  3. Marcia 04/03/2009 | Permalink

    Pues sí, estaría bien hacer públicos los dineros, sobre todo los de los trabajadores (jóvenes recién licenciados o no tanto, seguro que muchos tienen un máster y algún estudio más)… Eso sí que da para hacer un documental social, que además haría llorar!

  4. miquel 05/03/2009 | Permalink

    el tema de lo que cobran los trabajadores es complejo… estamos hablando de un género minoritario, de un evento que es puntual (una vez al año) y depende como lo mires minoritario… si están licenciados o no, pues me da un poco igual, marcia. voy a ser un poco contudente, pero opino que el que quiera cobrar muy buenos sueldos en el documental … toda la historia del cine documental va acompañada de una economía escasa creo. así q hemos de ser realistas. y al que no le interese lo que le paguen en este festival u otro lo tiene fácil: no aceptarlo o luchar por más € y no bajarse los pantalones con la típica “es lo que hay”. otro tema es el de los voluntarios, pero eso ya sería largo de hablar. y otro tema es el de los comisarios y lo que cobran, que lo ignoro del todo, pero intuyo que no demasiado. en general veo los festivales de barcelona escasos de economía, pero depende de como mejor, porque si con un presupuesto bajo no son capaces de hacer algo mínimamente brillante – aunque pequeño que sea brillante – no quiero pensar como derrocharían el dinero en banalidades si la Generalitat se lo diera.

  5. Portillo 05/03/2009 | Permalink

    He trabajado en algunos Festivales, en éste en concreto, he colaborado y puedo decir que se hacen maravillas con el presupuesto que se tiene.
    Los criterios de programación siempre son discutibles, nunca llueve a gusto de todos. Pero es de sentido común intentar hacer una selección de películas que atraiga al mayor número de público posible. Entendiendo en este caso que documental está dentro de un grupo muy marginal dentro del ámbito cinematográfico. Sería una buena estrategia consolidar el Festival en medios de comunicación y público, para después, de forma paulatina ajustar la programación a los parámetros de calidad que el público demande.
    Me llama la atención que siempre se interpreten todas estas actividades culturales desde una perspectiva tan fatalista, y olvidemos su fin primordial, que es el de difundir cultura. De igual modo me sorprende que no haya ni un sólo comentario de ninguna de las películas proyectadas en el Festival.
    De lo poco que pude ver destacaría el ‘Z32’ de Avi Mobrabi como una locura necesaria para entender algo de la circunstancia trágica de Israel y Palestina.
    Anna Petrus, como siempre buen trabajo.
    Saludos.

  6. uno de b&docs 05/03/2009 | Permalink

    yo tb he trabajdo y trabajo en diversos eventos cinematográficos. las “maravillas” se deben ver en la programación, que es como la carta de presentación de un festival. en este caso, brillan por su ausencia. es de falta de ética al público programar obras que han sido producidas por la misma empresa que lo ha organizado. es un caso totalmente único y dice mucho del respeto que se tiene hacia el espectador.

    difundir la cultura no significa que nos debamos conformar en que se proyecten cualquier cosa y ya está.

    lo que propones de primero “consolidar el Festival en el público” para después “de forma paulatina ajustar la programación a los parámetros de calidad que el público demande” no lo entiendo. ¿a qué debemos esperar para ser arriesgados? ¿10 años más? porque docúpolis ya casi lleva una década.

    por lo que respecta a los comentarios de las películas, puedes encontrar varias referencias y reseñas sobre “Z32” en esta publicación desde septiembre del 2008. en la presentación de docsbarcelona se dijo que “z32 era la película más difícil para el espectador de todo el festival, la que pide más esfuerzo para el público”. como si el público de documentales fuera tonto del culo.

  7. miquel 05/03/2009 | Permalink

    hola Portillo. soy quien ha escrito el artículo, quien se moja en supuestos fatalismos con nombre y apellidos, en valorar eventos cinematográficos a posteriori, aunque creo que también he destacado cosas q me parecieron acertadas de este evento.

    te adjunto una lista de crónicas en blogs&docs sobre festivales hechos en españa – tenemos más, pero de fuera del país – que son positivas y para nada fatalistas, ya que la frase “SIEMPRE se interpreten TODAS estas actividades culturales desde una PERSPECTIVA FATALISTA” no la puedo consideror cierta. saludos y gracias por tus aportaciones, ojalá este mini espacio sirva para un debate constructivo.

    docsbarcelona 1 y 2:
    http://www.blogsandocs.com/?p=59
    http://www.blogsandocs.com/?p=112
    punto de vista 2007 y 2008
    http://www.blogsandocs.com/?p=194
    http://www.blogsandocs.com/?p=185
    http://www.blogsandocs.com/?p=97
    l’alternativa 2006
    http://www.blogsandocs.com/?p=23
    http://www.blogsandocs.com/?p=24
    docúpolis 2006
    http://www.blogsandocs.com/?p=7
    in-edit 07 y 08
    http://www.blogsandocs.com/?p=177
    http://www.blogsandocs.com/?p=299
    micec 07
    http://www.blogsandocs.com/?p=226
    xperimenta 07
    http://www.blogsandocs.com/?p=60
    zinebi 2008
    http://www.blogsandocs.com/?p=309
    baff 2008
    http://www.blogsandocs.com/?p=73
    loop 2008
    http://www.blogsandocs.com/?p=74
    es posible q me deja alguno…

  8. Portillo 05/03/2009 | Permalink

    En ningún caso me refería a las reseñas del blog en cuanto a las películas, sino a los comentarios de la gente.
    Y no hablaba tampoco de Docúpolis, Docs es un Festival mucho más joven.
    La programación de Festivales, como sabemos, es algo bastante complejo y que no responde, en cualquier caso, exclusivamente a exigencias cinematográficas, hay otros parámetros sobretodo económicos que obligan a programar algunas pelis, sin la presencia de las cuales sería imposible ver otras que realmente merecen la pena, pero eso pasa en éste y en todos los festivales del mundo.
    Nos guste o no, forma parte de la ‘industria’.

  9. miquel 05/03/2009 | Permalink

    “hay otros parámetros sobretodo económicos que obligan a programar algunas pelis, sin la presencia de las cuales sería imposible ver otras”

    esta frase es cierta para, por ejemplo, cannes. estrenan una gran peli comercial de hollywood, traen sus estrellas, esto genera dinero, publicidad, todo el planeta habla de ello y a cambio tienes todo lo otro. pero especifícame un ejemplo en docsbarcelona (qué se vieron “obligados a programar” y a cambio de ello qué obtuvo el público) ya que no soy capaz de verlo. saludos!

  10. gccs 07/03/2009 | Permalink

    Docs Barcelona no inventa nada nuevo, al contrario está pensado como una imitación a pequeña escala del festival de la industria documental más importante, IDFA.
    Por lo tanto intenta seguir un patrón ya marcado y establecido en el que se mezclan desde mal llamados “documentales” eminentemente periodísticos a algunos (cada vez menos) “documentales de creación”(por llamarles de algún modo). El objetivo primordial es generar negocio y como el dinero mayoritario del “negocio” del documental proviene de las televisiones pues es normal que la gran mayoría de propuestas tengan tintes muy televisivos y poco cinematográficos. Ya que quién marca la línea de contenidos temáticos y formales son los “slots” de las televisiones de referencia en Europa y el Mundo (YLE, ARTE, CHANNEL 4, VPRO…) en lugar de ser las inquietdes de los creadores….
    De ahí la falta de criterio aparente en DOCS Barcelona a la hora de programar, la atención de los organizadores esté puesta en los pitchings y en el negocio que allí se genera, el festival de cara al público ha surgido como algo posterior es un añadido seguramente para poder acceder a más subvenciones… no está demasiado pensado y se nota que quién está detrás tal vez sepa mucho de negocios y de industria pero no tiene ni idea del Cine entendido como Arte, como medio para elevar la esencia del Hombre..

    La prueba como siempre dentro de unos cuantos años, seguro que algunos de esos “márgenes” serán recordados como las creaciones de referencia del tiempo actual, mientras los resultados propios de la industria presente no serán jamás rescatados del olvido…

  11. Antonio 07/03/2009 | Permalink

    Como al Portillo le gustan las frases de tecnócrata cultural tipo:

    “Me llama la atención que siempre se interpreten todas estas actividades culturales desde una perspectiva tan fatalista, y olvidemos su fin primordial, que es el de difundir cultura”.
    o “Nos guste o no, forma parte de la ‘industria’”.

    aquí va una del Jean Luc:

    “Il est de la règle que de vouloir la mort de l’exception. Il sera donc de la règle de l’Europe de la Culture d’organiser la mort de l’art de vivre qui fleurit encore”

    Sigan , sigan, difundiendo Cultura

    antonio

  12. miquel 08/03/2009 | Permalink

    para gccs. el problema de intentar copiar el modelo IDFA en Barcelona es básicamente uno: el IDFA ya existe. y funciona de maravilla.

    sí es cierto que el IDFA se centra en modelos televisivos, pero igualmente pienso que ojalá docsbarcelona llegara a ser sólo la mitad de lo que el IDFA es. creo que podría generar un movimiemto entorno al documental que ahora en bcn es relativamente débil por lo que podría ser en esta ciudad (y entre sus impulsores está paral·lel40 con “el documental del mes”… os gustará o no su programación, para mí es nuevamente muy televisiva con excelentes excepciones, pero están ahí, dándole, ya llevan 4 temporadas).

    si un “idfa50% en bcn” se llevara con cabeza habría espacio para todos, para los “televisivos”, para los “de creación”, para las “raras avis”… entendiendo el documental como algo muy abierto. ¿porqué no? es una opción, aunque hay más.

    “se nota que quién está detrás tal vez sepa mucho de negocios y de industria pero no tiene ni idea del Cine entendido como Arte”
    puede ser. en la presentación tuve esta sensación, casi se habló más de los apoyos oficiales que de la programación. y cuando esta se hizo hubo olvidos – nadie dijo nada de Z32 en la presentación, ni se citó – y cuando habló armengou de “me gustan llorar en el sofá” sentí vergüenza ajena. “alguien que sabe de negocos”… pero esto es positivo. precisamente es el perfil que falta en muchos de los festivales que he visto en catalunya. mucha gente con buenos criterios artísticos – más algunos que programan con los pies – y una carencia total de olfato para moverse en el ámbito producción y negocios del evento. de nuevo, con excepBAFFiones, pero en general es así.

    “dentro de unos cuantos años, seguro que algunos de esos “márgenes” serán recordados como las creaciones de referencia del tiempo actual, mientras los resultados propios de la industria presente no serán jamás rescatados del olvido”

    ttmente de acuerdo. muy útiles tus aportaciones, gracias.

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