Forum Berlinale 09. Documentales que conversan entre sí

Repaso a los documentales estrenados en la sección Forum del Festival Internacional de Cine de Berlin, celebrado desde el 5 al 15 del pasado mes de febrero de 2009. La programación de Forum, dirigida por Christoph Terhechte, no hace una apuesta por un tipo concreto de documental, sino que decide mostrar diferentes tendencias que reflejen tanto interés por temas políticos como por historias íntimas, estructuras discursivas y narrativas, actitudes observacionales e intervencionistas, registros poéticos y sobrios.


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El pasado mes de febrero se celebro la 59 edición de la Berlinale, un festival donde el cine documental tiene presencia sobre todo en el apartado llamado Forum. Este año, de las 18 películas  que concurrían en esta sección, más de un tercio fueron sido documentales. Películas cargadas de temas políticos y sociales como nota dominante, creando entre ellas un diálogo interesante. Diversos aspectos de la sociedad globalizada y turbocapitalista, Israel y los conflictos en Próximo Oriente han sido abordados directamente. Pero también han constituido un marco para reflexionar sobre otros temas como la memoria colectiva, la autonomía personal, la necesidad de tener un lugar o las luchas personales por subsistir. Las salas, repletas. Cientos de espectadores que, tras la proyección, se quedan a escuchar, comentar, compartir.

La película canadiense L’encerclement aborda un tema tan complejo e inabarcable como el neoliberalismo de modo discursivo y directo. A través de largas entrevistas a científicos e intelectuales, Richard Brouillete hace un análisis riguroso de una teoría económica convertida en ideología.

El israelí Yoav Shamir (Checkpoint, 2003) indagó en el papel del antisemitismo hoy en día en Defamation. ¿Dónde empieza el antisemitismo y cuándo se convierte el miedo en autojustificación? Más que irritar por sus contenidos, aunque seguro que el film no despertará simpatía en Israel, irrita un estilo que inevitablemente recuerda al americano Michael Moore. Los puntos a favor y en contra del antisemitismo que va recopilando y encadenando en el montaje, son válidos pero evidentes. Los testimonios van hilando un discurso, el del cineasta, que pretende ser la historia de una investigación, una búsqueda que se sorprende con lo que encuentra en el camino. El tema es complejo y la película se preocupa demasiado por entretener y asegurarse ser inteligible. El documental que, en cierto modo, le hizo de pareja fue Letters for the President. Esta película del checo Petr Lom nos acerca a un país que no acepta el estado de Israel, Iran, dejando clara la dificultad de hacer un juicio concluyente de un país lleno de contradicciones. Ambas películas examinan cómo el rol de víctima puede definir la identidad de un pueblo o de un grupo religioso. Lom se toma el cuestionable lujo de quedarse fuera de la película y no querer posicionarse. El material filmado debe hablar por sí mismo, pero cuando en los créditos de la película se leyó que había sido realizada en cooperación con el con gobiertno iraní, la mitad de la sala se revolvió en sus asientos. A pesar de usar estrategias diferentes, ambas tienen la ambición de abordar realidades complejas pretendiendo partir de una posición “neutra” y, sin embargo, no renuncian a guiar -de manera poco honesta- al espectador.

Sin ser un film expresamente político, Mr. Governor muestra el trabajo diario del gobernador de Uppsala, Suecia, haciendo uso de imagénes pictóricas y poéticas. La cámara habla por sí sola, no impone una opinión, ni adquiere un tono de denuncia. La actitud estrictamente observadora de Måns Månsson -puntualmente comentada con un delicado montaje de sonido- le permite registrar momentos inusuales -y no faltos de humor- como la conversación para planear la plantación de un árbol. Un político del siglo XXI que no usa móvil, ni ordenador, ni internet. Un viaje en el tiempo, reforzado por la apropiada decisión de grabar en película de 16 mm en blanco y negro. Los quehaceres se resuelven con gran seriedad uno tras otro: la inauguración de un parque, la comida con los reyes, la presentación de una placa conmemorativa. Lo extraño de estas situaciones articula una sátira silenciosa y acertada sobre las estructuras obsoletas de la democracia.

Otra película que ha demostrado su capacidad de crear un espacio para pensar ha sido Mental. En su papel de observador participativo, el director japonés Kazuhiro Soda consigue atrapar las honestas vidas y las tendencias suicidas, la pobreza y los miedos de un grupo de enfermos mentales en una pequeña clínica. El grado de intimidad que alcanza podría resultar incómodo, pero es precisamente su capacidad de estar presente con la cámara el gran logro de este largometraje. Siguiendo el mismo método que el médico de la clínica, les da a los enfermos la palabra y el espacio que necesitan, construyendo así una relación de confianza. Gracias a su empatía, registra momentos de verdad en un terreno que, a menudo, la sociedad no entiende ni acepta.

La película The One Man Village posee la capacidad de traspasar la piel. Simon El Habre cuenta la historia de las cicatrices que dejó la guerra civil del Líbano tanto en el paisaje como en sus habitantes. Con imágenes a la vez hermosas y dolorosas, se toma su tiempo para desarrollar la historia de su tío, el único habitante de un pueblo destruido en la guerra. La narración va trazando de modo casi impresionista el mundo interno de Semann, que vive con sus animales y con sus recuerdos. Más allá de la historia particular, el film se aventura en una reflexión humilde pero conmovedora sobre la memoria colectiva y sobre la relación de las gentes con su tierra.

También Deep in the Valey trata el tema de la memoria colectiva y del alejamiento entre dos generaciones. Tomando como elemento central una pagoda de uno de los barrios más viejos de Tokyo que desapareció a causa de un incendio, Atsushi Funahashi intercala dos historias de ficción con el material documental. Sin éxito; ya que estos dispositivos de ficción que pretenden ayudar y enriquecer la estructura del film,  consiguen todo lo contrario.

Sin hacer un uso directo de la ficción, la alemana Die Wundersame Welt der Waschkraft imita técnicas de montaje propias de ésta. Acompaña en el día a día a dos mujeres que trabajan en una empresa afincada en Polonia, donde lavan la ropa sucia de la mayoría de los hoteles de lujo de Berlin. Sobre las imágenes, se escucha casi constantemente el comentario en off de los personajes. Los escasos momentos en los que se nos permite sumergirnos en las escena que vemos, adquieren mayor fuerza. Pero Hans-Christian Schmid no consigue crear una relación directa con sus personajes. Seguramente por eso las historias, a pesar del potencial que se les sospecha, no llegan a atrapar al espectador.

Desde hace cuatro años, el Forum abrió otro espacio para las prácticas cinematográficas más experimentales, ligadas al arte contemporáneo, la música y las performances. “Forum Expanded” ha presentado este año trabajos de 38 artistas y cineastas. Entre ellos, muchos son ya asiduos o, por lo menos, conocidos. Michael Snow, Bill Viola, Dan Graham o Katherina Sieverding en algunas de las galerías; Heinz-Emigholz, Barbara Hammer o Sharon Lockhart con proyecciones en sala. Los estrenos mundiales del programa han sido dos ensayos fílmicos: Double Take de Johan Grimonprez y All fall down de Philip Hoffman.

Éste último, considerado como el más destacado autor canadiense de diarios fílmicos, presenta un film complejo, hipnótico, personal, que explora gran diversidad de temas y en el que cada imagen contiene una historia y un valor por sí misma. La colisión de las diferentes estéticas y lenguajes visuales -desde imágenes de archivo a grabaciones de teléfono móvil- es crucial para que todas las historias puedan habitar el mismo film. Una compleja estructura temporal yuxtapone la vida de dos personajes: uno histórico y otro contemporáneo. Cada personaje desata varios hilos que van desarrollándose, creando capas que se cruzan, se superponen: la historia de los derechos de los aborígenes en el sur de Ontario, los derechos del autor sobre las imágenes filmadas, el valor de la tierra, el valor de las imágenes, reflexiónes sobre la propiedad, las relaciones en una familia de estructura no clásica… Un laberinto fílmico creado a partir de diarios, paisajes, fotografías, archivos, poemas y mensajes de voz que consigue trazar una forma elástica, que crece orgánicamente, que parece caprichosa, pero que consigue fusionar todas sus partes dentro de la poética propia del film.

Las películas más intensas han sido aquellas capaces de crear la sensación de poder participar en ese espacio creado por las imágenes, por la forma y el tiempo de contar. La programación de Forum, dirigida por Christoph Terhechte, no hace una apuesta por un tipo concreto de documental, sino que decide mostrar diferentes tendencias. Reflejan tanto interés por temas políticos como por historias íntimas, estructuras discursivas y narrativas, actitudes observacionales e intervencionistas, registros poéticos y sobrios… Con dos excepciones (los dos consagrados realizadores alemanes, Harun Farocki y Ulrike Ottinger), la mayoría han sido directores jóvenes presentando su segunda o tercera película en el festival. El objetivo parece ser ofrecer al espectador una amplia gama de producciones documentales actuales de autor, no televisivos y sin complejo de ONG.

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