Ich bin Enric Marco

La aparente polifonía inicial se muda en un progresivo viaje introspectivo en el que Marco, con la ayuda de los cineastas -atinadamente en off- se interroga sobre el objeto de su representación y las vetas caracterizadoras de la memoria.


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Ich bin Enric Marco
El relato es sobradamente conocido. Enric Marco, presidente de la principal asociación española de deportados en la II Guerra Mundial, Amical Mathausen, divulgador de la memoria del sufrimiento padecido por tantos cautivos en la guerra, jamás había estado en los lugares descritos en sus elocuentes parlamentos. Marco (Barcelona, 1921), aunque convicto en la Alemania nazi por actividad antifascista y detenido por la Gestapo, ni siquiera había sido prisionero del campo de concentración de Flossenbürg, lugar del que había ofrecido detallados y convincentes relatos.

La impostura descubierta y revelada en mayo de 2005 por el historiador Benito Bermejo consintió en ese momento varios análisis. Entre las muchas reflexiones -circularon artículos de un amplio espectro de columnistas, de Mario Vargas Llosa (“Espantoso y genial”) a Pilar Rahola-, uno de los textos publicados comparaba a Marco con el personaje central de la película de Roberto Rossellini El general de la Rovere (1959), un delincuente encarcelado (Vittorio de Sica) que remataba por creerse sus delirios, alcanzando en su conducta connotaciones heroicas.

Pero Marco, actor-narrador a tiempo completo, no delira, sino que se somete con todas las consecuencias al personaje creado. Y esto ocurre en la primera co-producción de Intermedio y Corte y Confección de Películas, Ich Bin Enric Marco / Yo soy Enric Marco (2009), un regreso a los acontecimientos que delimitan la vida de tan singular individuo. Dirigida por Santiago Fillol y Lucas Vermal, estrenada en la sección oficial del Festival de Las Palmas de Gran Canaria, la película permite al protagonista visitar en el año 2007 los lugares vividos y también los espacios desconocidos de su ficción establecida.

Después de un prólogo elaborado fundamentalmente a través de material de archivo que nos introduce en el fraude desenmascarado, un mapa trazado en pantalla, previo a los créditos, nos conduce al tiempo presente, donde Marco, junto a los autores, viaja en coche a Alemania rememorando las rutas de 1941. La tentativa de penetrar ese mapa escinde en dos vías su búsqueda: lo vivido y la reafirmación de la labor ejercida, estableciendo una síntesis donde la memoria real es anulada por la construcción. Narrador por momentos memorable, la verbalización, la fisicidad acogida en el encuadre o la progresiva pérdida de seguridad ocasionan derivaciones productivas dentro del estudio exhaustivo realizado sobre él. La cámara que lo acapara, la actuación y la interacción entre sujeto filmado y autores, la fascinación que desprenden los resultados (óptimos e innegables) de su labor divulgativa e histórica, así como de su conducta, parecen apelar y replantear las relaciones ficción-no ficción, desarrollando una turba de relatos entrecruzados y niveles narrativos que remiten a la búsqueda de una identidad (las derivaciones del comportamiento de un impostor, la construcción de su (auto)retrato), al tiempo que el recorrido se erige en penitencia, deseo cumplido, necesaria catarsis.    

“Enric Marco no mintió aunque fuese un embustero”, con estas palabras Marco llega a interrogarse sobre la reflexión que genera la propia película. La aparente polifonía inicial se muda en un progresivo (aunque irregular, especialmente su travesía por Kiel) viaje introspectivo en el que Marco, con la ayuda de los cineastas -atinadamente en off- se interroga sobre el objeto de su representación y las vetas caracterizadoras de la memoria. El bloque de secuencias en el que Enric Marco visita la cárcel de Kiel es explícito. Estremecedor, el recuerdo parece suplido por la invención –el horror no precisa de representación, como tantas veces se han encargado de recordarnos- e intuimos la tragedia del Marco ad aeternum víctima de su condición. Su bigote teñido, la pequeña figura, la prosa pausada, esas metáforas selectivas, toda la complejidad de este hombre voluntarioso, preso de las más diversas manifestaciones del ego (mesianismo, victimismo, intuición de la idea de sacrificio) y condenado a recrearse, presenta una sugerente road-movie moral, un víacrucis que concluye -metáfora absoluta y necesaria de ese parpadeo de identidades, no en vano Marco había publicado una autobiografía en 1978 sobre su estadía en tal lugar, Memorias del infierno– en el campo de concentración de Flossenbürg. El protagonista apostilla en un momento determinado un rotundo “Que me juzgue quien pueda”, con el que asumimos no sólo el reconocimiento de las consecuencias de su doblez y de esa identidad que parece completarse, sino la idoneidad de la perspectiva adoptada por los cineastas, confluencia de omisión de juicio y complicidad con el sujeto filmado.    

FICHA TÉCNICA
Guión y dirección: Santiago Fillol y Lucas Vernal
Producción ejecutiva: Oriol Maymó y Víctor Font
Director de fotografía: Marc Gómez del Moral
Montaje: Cristóbal Fernández y Sergi Dies
Sonido: Amanda Villavieja
País y año de producción: España, 2009

Un Comentario

  1. duendecillo 21/12/2009 | Permalink

    vi esta peli en el xcentric, hace una semana. más allá de que de excéntrica tenga poco, me pareció una oportunidad desaprovechada. enric marco por sí sólo ya da un material suficiente para hacer una película aceptable, pero no excelente, como podía haber sido. eché mucho de menos la voluntad del director de averiguar dos cosas que para mí son esenciales: ¿porqué marco empezó a mentir, en qué época y qué provecho sacó de ello? y dos, ¿porqué también mintió con todo el tema cenetista, si es que mintió?
    me gustó de la peli el tono desenfadado con que aborda tema que podían ser dramáticos, pero en general me parece un proyecto mediocremente aceptable cuando podía ser una bomba.

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