Juventude em marcha

De las infinitas realidades de las que podría hablar, Pedro Costa escogió una cercana pero no propia: el barrio lisboeta de As Fontainhas, una de las zonas más degradadas de la capital lusitana habitada en su mayor parte por inmigrantes de Cabo Verde.


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Juventude em marcha

Las nuevas formas de aproximación a la realidad
De las infinitas realidades de las que podría hablar, Pedro Costa escogió una cercana pero no propia: el barrio lisboeta de As Fontainhas, una de las zonas más degradadas de la capital lusitana habitada en su mayor parte por inmigrantes de Cabo Verde. Descubrimos el barrio junto al propio Costa en Ossos (1997), nos adentramos en su corazón y en sus ruinas en No quarto da Vanda y Juventude em marcha lo retoma ya medio rehabilitado, medio desaparecido. Como si, tras En construcción, José Luis Guerin hubiera vuelto al Raval para comprobar que sus criaturas vivían en asépticos pisos de protección social, o se habían esfumado para siempre o, como sucede en Juventude em marcha, parecían espectros vagando en un entorno que ya no era el suyo.

Nuestro guía por este mundo mutante es Ventura, un hombre maduro a quien su esposa ha echado de casa y se dedica a vagar por el barrio en busca de sus “hijos” mientras recita una y otra vez una carta de amor nunca enviada.

Vanda Duarte, por su parte, ha dejado su roñoso cuarto, ahora vive con su hija en un impersonal piso. Aquí Vanda ejerce de secundaria (aunque nos alegramos de verla “limpia” y con descendencia), una más entre el corro de personajes que Ventura encuentra y desencuentra en la película, la mayoría supuestos hijos con quien quiere retomar el contacto y mantiene largas conversaciones.

El itinerario errante de Ventura se contagia al espectador: la película no sigue ninguna línea narrativa, se desentiende también de plantear elementos dramáticos que se desarrollen en más de un plano. No sabemos mucho más de Ventura al final del film de lo que sabíamos al principio. Pero la implicación en la realidad capturada es total.

Costa repite su planteamiento de aproximación a un mundo real en el que se inmiscuye con su cámara y apenas nada más, y en el que permanece lo suficiente para que la máquina tomavistas y el director acaben formando parte del entorno de sus personajes. Pero poco hay de improvisado o de captación espontánea en el cine de Costa. Para Juventude em marcha filmó más de 300 horas de película a lo largo de los 15 meses que duró el rodaje y llegó a disponer de una treintena de tomas de alguna de las secuencias. Su fórmula para adentrarnos en una realidad que no entra ni en los parámetros de la puesta en escena de una ficción ni en los caminos tradicionales del documental.

El cineasta también vuelve a recurrir a largos planos fijos mayoritariamente autárquicos, desechando los movimientos de cámara y presentando pocas secuencias montadas. Los encuadres se alejan del naturalismo: aunque los personajes aparecen siempre enmarcados con algún espacio al fondo, lo forzado de la mayoría de encuadres resalta la dificultad de pertenencia de los protagonistas a ese espacio. El uso de unos ambientes más bien tenebrosos (con actores de piel oscura) resaltan curiosamente su uso de escasos pero buscados focos de luz y le da a la película este atributo de realismo fantasmagórico y, sobre todo, hipnótico. Como No quarto da Vanda, la visión de Juventude em marcha tiene mucho de trance cinematográfico.

Un cine post punk
Es difícil comentar en pocas líneas qué tipo de cine se podría englobar bajo la etiqueta punk o hardcore. Entendiendo la denominación no como una forma de definir el tema de la película sino su concepción. Cineastas como Amos Poe o Richard Kelly, incluso el primer Jim Jarmusch, podrían responder a cierta idea de cine punk por enraizar su idea de entender el cine en esta cultura eminentemente musical. Para quien esto escribe, Pedro Costa es un cineasta punk o más exactamente postpunk, incluso hardcore, como pocos. A pesar de ser uno de los pocos directores que prescinde casi siempre de la música extra diegética en sus películas y no entrar en retratos de movimientos culturales juveniles. Que él mismo perteneciera a un grupo punk en su juventud y que la banda británica de post punk Wire sea uno de los pocos grupos actuales que se puede escuchar en su obra, sirven de pistas. El punk puso las bases pero el hardcore las concretó. El eslogan de “Do it Yourself” como reivindicación de una cultura autoproducida más allá de tradiciones culturales y condicionantes industriales; el grado de responsabilidad que se deriva de ello del cineasta con su obra ligado, a la vez, con una reivindicación de la libertad creativa; el compromiso con el mundo en el que se vive del que, desde esta libertad y responsabilidad, se puede hablar desde otras fórmulas; y, a nivel estético, la búsqueda de una intensidad emocional destilada de la austeridad de medios empleados para conseguirla son coordenadas que sirven para situar estos estilos de músico pero también para definir el cine de Pedro Costa.

Vote for Pedro (Costa): una nueva cinefilia para un nuevo cine
Hasta este año, Pedro Costa no había encontrado hueco en la sección oficial a concurso del que se considera (y yo así lo creo) el principal festival de cine del mundo, Cannes. El festival, siempre atento a nuevas tendencias, compensaba así un retraso inexplicable en el reconocimiento a uno de los pocos directores imprescindibles de la contemporaneidad cinematográfica. Y la respuesta del jurado y parte de la crítica acreditada no supo estar a la altura. La proyección de prensa de Juventude em marcha fue agitada: degoteo continuo de periodistas que abandonaban la sala que se convirtió en aguacero en el largo plano sostenido del soliloquio de Vanda. Al final de la larga proyección quedaba la mitad del aforo, compuesto por los pacientes, los profesionales de verdad, y un hatajo de entusiastas que compensaron el medio vacío en la sala con una salva de rabiosos aplausos. El fallo del jurado esta vez resultó bochornoso y prefirió premiar el trasnochado realismo socialista a la irlandesa de Ken Loach y la tramposa, pretenciosa e indignante pseudoreflexión global de Alejandro González Iñárritu, sin capacidad para encontrar un pequeño hueco (ése que quiere llenar en estos casos un miembro del jurado que puede encontrarse solo en su defensa de un film de este tipo pero cuya obstinación en querer meter la película en el palmarés se ve reflejada en un premio secundario pero simbólico). Pero Juventude em marcha caló, y cómo.

Ni una sola película de Pedro Costa se ha estrenado comercialmente en nuestro país. Al contrario de lo que podría suponer hace una década, esto no imposibilita el conocimiento del cine del portugués por parte de la cinefilia más inquieta. De la misma forma que Costa ejerce un cine que se escapa de las fórmulas establecidas de producción y realización, el acceso a sus películas sigue igualmente senderos alejados de los marcados hasta finales del siglo XX. De la misma manera que existe otra forma de hacer cine que el mainstream no ha sido capaz de encauzar también han surgido nuevas maneras de ver y hablar de este cine. Costa ha viajado diversas veces a nuestro país para presentar sus filmes en lo que actualmente representan formas de exhibición alternativas: el Festival de Gijón le dedicó una retrospectiva en el 2000; en Barcelona sus films también se han pedido ver en muestras y proyecciones no condicionadas por las tendencias marcadas por los mass media de la que se nutre una nueva cinefilia cuyo epíteto no va directamente ligado con la edad pero que sí que cuenta con muchos integrantes que quizá no hace ni un lustro que se han apuntado a la pasión cinéfila y para quienes Juventude em marcha (no llegaron a tiempo ni a No quarto da Vanda) representa el tipo de cine que da razón de ser a su pasión. Esta nueva cinefilia también pone de manifiesto el agotamiento de las maneras tradicionales de formarse como cinéfilo: no es solo una cuestión de los vehículos por los que acceden a cierto tipo de cine, también de los medios de comunicación que utilizan para enterarse de lo verdaderamente importante que ocurre en el mundo del cine. Si la obra de Pedro Costa representa una corriente subterránea dentro de las mareas oficiales de películas en cartelera, también existen múltiples ríos de tinta extraoficiales que se han eco de este underground (en el sentido literal y metafórico del término). Internet es el elemento clave: la nueva cinefilia busca en blogs, fórums y publicaciones on-line (y, a nivel de exhibición, descargas p2p) lo que no encuentra ni en la prensa diaria ni en la gran mayoría de publicaciones especializadas. Esta capacidad de la nueva cinefilia para trascender los canales tradicionales también la ha llevado en convertir en cabeceras de consulta imprescindible las pocas revistas en papel que sí han sabido asimilar sin complejos las nuevas tendencias cinematográficas. A la cabeza, la revista canadiense ‘Cinema Scope’, comandada por Mark Peranson, que dedicó su portada del número sobre el festival de Cannes al film de Pedro Costa. La portada en cuestión es un magnífico ejemplo de cómo aunar cinefilia underground con inteligencia pop postmodernista de diseño: la cubierta se ilustraba con una camiseta inspirada en el film Napoleon Dynamite que rezaba “Vote for Pedro (Costa)”. Imprescindible el magnífico texto que Peranson le dedica a Juventude em marcha, que el diario del Festival de Gijón reprodujo el día de proyección de la película y que se puede consultar a través de la web del certamen en cuestión.

Pedro Costa no está solo
No lo estaba cuando inició su trabajo y siempre ha dejado claros sus referentes (ahí queda su película homenaje a Jean-Marie Straub y la recientemente fallecida Danièle Huillet, Où gît votre sourire enfoui?). Pero tampoco lo está entre sus contemporáneos. No se trata solamente de una cuestión de influencias ya reconocibles sino más bien quizá de fraternidad de inquietudes. Éste ha resultado un muy buen año para el cine español. Han sido diversas las películas que han brillado (aunque los grandes medios no hayan sabido reproducirlo en su justa medida) por su capacidad de ofrecer un cine personal, inquieto, de gran riqueza creativa y desligado de tradiciones gastadas o provincianas vocaciones internacionales. Uno de los principales ejemplos de este tipo de cine es La leyenda del tiempo de Isaki Lacuesta, una de las películas más cercanas a la idea del cine de Pedro Costa que se me pueden ocurrir. La obra todavía emergente de Andrés Duque resulta igualmente fácil de situar en este mismo sendero de inquietudes. Son, en definitiva, esta Juventud en marcha.

Juventude em marcha se proyectará en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona el 21 de enero de 2007 dentro de su programación Xcèntric

FICHA TÉCNICA
Dirección y guión: Pedro Costa
Fotografía: Pedro Costa y Leonardo Simoes
Montaje: Pedro Marques
Sonido: Olivier Blanc
Intervienen: Ventura, Vanda Duarte, Beatriz Duarte, Gustavo Sumpta, Cila Cardoso, Isabel Cardoso.
País y año de producción: Portugal, 2006

Un Comentario

  1. Philipp 29/05/2007 | Permalink

    Qué bonito texto. Me pregunto si pertenezco a esa Juventud en marcha. Inquietudes todavía tengo, oiga.

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