Especial Punto de Vista: Ben Rivers

El Festival Punto de Vista dispuso en dos sesiones parte de la filmografía de Ben Rivers dentro de la retrospectiva “La casa y el bosque. Ben Rivers, cineasta de las primeras imágenes”. Si consideramos la obra vista de Ben Rivers (hasta la fecha, realizador de aproximadamente una veintena de cortometrajes) según los conceptos de presencia o ausencia humana, pueden distinguirse dos vías aparentes en su filmografía. Por un lado, películas cuasi fantasmagóricas contextualizadas en lugares abandonados y deshabitados, y por otro, películas que configuran una especie de mosaico de outsiders, individuos que abandonaron la civilización optando por un modo de vida en plena naturaleza lejos del sometimiento a las convenciones sociales.


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“(…) si estuvieras en el bosque y un árbol cayera estrepitosamente, si no hubieras estado allí, ¿el árbol habría hecho ruido?” (S. en Origin of the species)

Los “salvajes” de Ben Rivers

S. es el protagonista de Origin of the species (2008), el filme más reciente del británico Ben Rivers hasta la fecha. S. es un “darwinófilo” septuagenario que lleva años retirado en una apartada zona en plena naturaleza escocesa. Frente a la cámara de Rivers (ya sea en primer plano, plano medio, general o en off), va exponiendo su visión del mundo y de la existencia. Precisamente, la cita apuntada arriba conecta con otro de los parlamentos de S., que expone cómo antes de que el hombre existiera, la naturaleza permanecía de algún modo expectante ante su llegada, dispuesta para él, para ser tomada en cuenta conscientemente. En estas dos ideas de S., pueden identificarse dos elementos clave que constituyen el recorrido cinematográfico de este joven cineasta de Somerset, una de las revelaciones del pasado Festival Internacional de Cine Documental de Navarra Punto de Vista, premiado extramuros en las últimas ediciones del Festival Internacional de Cine de Róterdam, con el Tiger Award, y del Festival Internacional de Cortometrajes de Vila do Conde, donde recibió el premio a la mejor película experimental. El primero de esos elementos es la constatación y el seguimiento de la presencia humana integrada en el entorno natural, bien a través de su aparición corpórea en territorios agrestes y apartados de la civilización, bien a través del rastro dejado por el hombre en viviendas o aldeas abandonadas. Por otra parte, la presencia del sonido como elemento invasivo que mediante la manipulación a posteriori del propio realizador ejerce funciones de acompañamiento, potenciación, sugerencia, perturbación, logrando constantemente trascender lo contemplado e incorporar sensaciones y atmósferas que anteriormente no estaban allí o quizás sí…

El festival navarro dispuso en dos sesiones parte de la filmografía de Rivers dentro de la retrospectiva titulada “La casa y el bosque. Ben Rivers, cineasta de las primeras imágenes”. La primera serie de proyecciones reunió We the people (2004), The hyrcynium wood (2005), House (2005), The coming race (2006), Sørdal (2008), Dove coup (2007), Terror! (2006) y A world rattled of habit (2008); la segunda, This is my land (2006), Astika (2006), Ah, liberty! (2008) y Origin of the species. Todas ellas, piezas cortas, desde el minuto que dura We the people a los veinticuatro de Terror! El presente artículo parte de las impresiones provocadas por estos visionados, sumando, fuera de ese marco de proyecciones, la experiencia de una pieza más, The bomb with a man in his shoe (2005), otra suerte de encontronazo entre el documental, lo fantástico y la experimentación con la imagen fílmica, territorios que Rivers suele convocar –como otro contemporáneo, Guy Maddin, aunque de diferente manera- sin ningún tipo de prejuicio, complejo o temor.

De fantasmas y salvajes

Si consideramos la obra vista de Ben Rivers (hasta la fecha, realizador de aproximadamente una veintena de cortometrajes, algunos de ellos expuestos como instalaciones en diferentes espacios artísticos) según los conceptos de presencia o ausencia humana, pueden distinguirse dos vías aparentes en su filmografía. Por un lado, aquellas películas cuasi fantasmagóricas contextualizadas en lugares abandonados y deshabitados como casas (Old dark house (2003), House) y poblados (We the people). “Estoy interesado en los rastros del comportamiento humano que quedan en lugares que han sido abandonados. Me gusta la idea de las historias de fantasmas, no por ninguna razón espiritual, sino por la idea de que la historia puede permanecer en un lugar. También encuentro interesante que cuando la actividad humana ha cesado, la naturaleza prosigue su trabajo y convierte el esfuerzo humano en algo insignificante”(1), explica Rivers. Por otra parte, estarían aquellas películas que configuran una especie de álbum o mosaico de outsiders, individuos que abandonaron la civilización optando por un modo de vida en plena naturaleza lejos del sometimiento a las convenciones sociales, en la línea de lo que hace más de un siglo y medio emprendiera Henry David Thoreau en su retiro próximo a la laguna de Walden o próximos a los aislamientos experimentados por algunos protagonistas del novelista noruego Knut Hamsun, reconocida influencia de Rivers. En este subgrupo encontramos los retratos de Jake Williams en This is my land, Yes en Astika, la familia y los niños de Ah, liberty!, Ben y Oleg -padre e hijo- en A world rattled of habit o el ya mencionado S. en Origin of the species. En la obra de Rivers se genera un juego constante entre cierta tendencia expresionista en interiores y una propensión hacia el impresionismo en campo abierto. Mientras en algunos planos parecen habitar sólo sombras, destellos y fantasmas, otros son invadidos por manchas de luz, colores difusos, prendas al viento y telas de araña.

Las clasificaciones son útiles guías de viaje más que rutas absolutas. Algunos de sus cortometrajes no son tan fácilmente ubicables dentro de estas dos categorías y además, los contagios entre ambas son continuos. The hyrcynium wood linda con la herencia del cine experimental no narrativo, aunque la influencia de éste es constante en toda la obra del de Somerset, que reconoce las estelas de Jean Vigo, George Kuchar, Margaret Tait, John Smith, Hans Richter o Man Ray, entre otros. The coming race plantea un registro puramente contemplativo, abstracto y desconcertante de figuras tras un fondo nebuloso que pretenden alcanzar la cima de una montaña. Terror! parte del found footage para elaborar una relectura del género de terror a partir de sus tópicos y lugares comunes. Precisamente es el cine de género (del cine de terror, con especial influencia del “sello Hammer”, al cine negro) la fuente que se suma a los principales referentes de Rivers a parte del ya citado influjo del documental etnográfico y su pasión por la experimentación formal y sonora. En los filmes de Rivers se produce un cruce inquietante entre estas tres vías siendo además capaz de desarrollar una extraordinaria actitud poética, tanto desde su faceta de observador como en la posterior labor de montaje, donde el sonido se presenta como un factor decisivo para originar determinadas atmósferas.

Cineasta autosuficiente
Además del interés etnográfico que pueden despertar sus aproximaciones a individuos que habitan en los márgenes o sus intromisiones en lugares que existen aunque ya nadie, salvo el realizador, quiera contemplarlos, el gancho fundamental de la obra visionada de Rivers reside en la forma conseguida. Ben Rivers suele filmar en 16 mm., habitualmente con película en blanco y negro y con una antigua cámara bólex de cuerda. Es un cineasta autárquico, ya que él mismo es responsable de cada una de las fases de producción: concibe, selecciona, filma, revela (en el fregadero de su propia cocina en Londres), monta los fotogramas y manipula de forma singular el sonido, que a menudo y conscientemente no suele corresponder con el del momento filmado. Rivers desarrolla así en el terreno cinematográfico la autosuficiencia que “sus salvajes” logran en plena naturaleza, personas por las que no oculta su admiración y simpatía.

Sus películas tienen el aspecto de una película vieja, antigua, como si se tratara de material encontrado y apropiado y sin embargo, no lo es, pero lo procesa como tal. La excepción, de entre lo visto, sería Terror!, confeccionada a partir de fragmentos de filmes de terror, desde Dario Argento a John Carpenter. Algunos planos de Rivers exponen rayas, saltos, deformaciones o de pronto, parecen velarse por una invasión excesiva de luz o cegarse al ausentarse ésta totalmente. La artesanía con que efectúa el procedimiento de revelado y ensamblaje dota a las imágenes de una extraña e inquietante sensación de fragilidad, una textura vulnerable, como si estuvieran a punto de romperse o desintegrarse mientras las miramos. A menudo se refiere a su cine como un “collage”. Mark Waugh habla de “bricolage ecologies”(2). Como cineasta con gran conocimiento del medio y de su Historia –durante diez años fue coprogramador en la Cinemateca de Brighton, de la que también fue cofundador-, la materialidad fílmica es una de sus grandes obsesiones, convirtiéndose simultáneamente en protagonista de sus piezas. Quizá también por eso en su obra parece convocarse gran parte de la Historia del Cine. Además, las “tomas Rivers” no pueden superar los treinta segundos. El registro de la bólex no consiente más y esta limitación temporal incrementa la sensación de inquietud o suspense antes del desvanecimiento anunciado de las imágenes, casi como una sucesión de ensoñaciones e intermitencias lumínicas, como si la propia pantalla se dispusiera a parpadear cada cierta fracción de segundos.

Lo que está y lo que no está
Llama poderosamente la atención la habilidad del británico para seleccionar apartados de la realidad susceptibles de convertirse en materiales cinematográficos de interés y a partir de ellos, su destreza para sugerir más allá. Así, el tratamiento del sonido efectuado durante la postproducción sitúa el fuera de campo, ya sea el real o el ficcional –ese territorio fantasmagórico que Rivers disfruta convocando-, en primerísimo primer plano. La puesta en escena es lo que vemos y no oímos (House), pero también lo que dejamos de ver y podemos oír (We the people, The hyrcynium wood). Algunos fragmentos de A bomb with a man in his shoe, el estimulante retrato del zapatero Paul Harnden (3), podrían haber formado parte de algún filme de terror y/o fantástico. Rivers va combinando en sus cintas los sonidos mecánicos procedentes de vehículos, máquinas, interferencias radiofónicas, relojes, herramientas… con las vívidas inundaciones sonoras que suponen el fuego, el agua, la tierra, el aire, el canto de los pájaros, el gruñido de un perro, el ronroneo de un gato, el silbido de un hombre, las voces de unos niños… La naturaleza inmanente contemplada junto a los ruidos del hombre y sus útiles de trabajo.

La ya referida cualidad fragmentaria de las piezas de Ben Rivers (planos breves que conforman películas breves), la inestabilidad plástica de las imágenes o su apariencia frágil, la singular y decisiva manipulación del sonido… hacen de cada uno de los trabajos contemplados una especie de pequeño relato fantástico substraído de alguna cotidianeidad desplazada u olvidada donde el cineasta se ha hecho presente. Además, la estela Méliès puede adivinarse en las desapariciones repentinas en The man with a bomb in his shoe o en el discurrir suspendido de una vela en la casa abandonada en House. No obstante, la aptitud mágica del cine no se limita a lo que puede conseguirse mediante la manipulación artificial. A veces se producen, sin cálculos ni provocaciones, hechos “por arte de magia”, azares imprevistos, pero que no hubieran “estado” ante nuestros ojos si el cineasta no hubiera permanecido allí. Una bañera rebasada de agua en mitad del campo y un niño, al que después veremos oculto tras una máscara tribal, que vuelca accidentalmente desde el vehículo donde iba pedaleando junto a su hermano: Ah, liberty!; la aparatosa caída del mismo Harnden: The man with a bomb in his shoe; la imprevisible actitud de los gatos, las apariciones e inmersiones de Jake en la frondosa vegetación, la llegada de la nieve que rompe la película en dos: This is my land. En el final y en el principio de todo, el hombre al mismo nivel de la naturaleza.

– – –
(1) Declaración extraída de la entrevista a Rivers firmada por William Rose para Vertigo Magazine.
(2) Mark Waugh, director ejecutivo del espacio de arte contemporáneo A Foundation, se refiere de esta manera al cine de Rivers en su interesante artículo “Bricolage ecologies: The recent films of Ben Rivers”
(3) A parte de The bomb with a man in his shoe, otro cortometraje de carácter experimental, Analysis of leather, se aproxima a la labor de Paul Harnden.

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2 Comentarios

  1. Susana 06/04/2009 | Permalink

    http://www.hamacaonline.net/blog/?p=243

    Bueno aquí una crónica del festival… veo que este año aquí no hay

  2. miq 06/04/2009 | Permalink

    crónica específica de momento no la hay. tienes este texto de rivers – muy completo – otro muy extenso de benning, más una importante cantidad de pelis de la oficial de las que habíamos hablado antes (ver textos del festival de marsella, de lisboa, y reseñas sueltas varias), aparte de que escribimos sobre el tema en otros medios, y – de momento – no damos para más.

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