James Benning

Paisaje, tiempo y política son tres de las etiquetas esenciales para definir el trabajo de James Benning, un autor cuyo (re)descubrimiento es quizá la obligación más urgente de cualquier cinéfilo de nuestros días. Benning es un artista-cineasta profundamente americano, el último eslabón de una larga cadena de intelectuales libres y libertarios amantes de la naturaleza y del ser humano, con Henry David Thoreau como principal influencia confesa, pero también Mark Twain o Walt Whitman.


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Tampoco la duración de un plano. Un plano dura lo que tiene que durar, lo necesario y suficiente como para que el espectador experimente el paso del tiempo. En RR (2007), su último film estrenado hasta el momento, la duración de los planos la marca el paso de los trenes, cuarenta y tres en total, imposible de controlar o predecir. Posiblemente sea no ya la más hermosa de sus películas, sino la más hermosa de todas cuantas se hayan hecho nunca. Sin duda hay otras igual de hermosas, pero no puedo imaginar una que lo sea más, que proporcione más placer y emoción que la de ver dos trenes cruzando sus trayectorias delante de nuestros ojos, una escena que Manu Yáñez definió como la más bella de baile sin música del cine reciente (4). La música aparece en momentos muy concretos de RR como si proviniese del propio entorno donde ha filmado esos trenes: The Battle Hymn of the Republic interpretado por el Mormon Tabernacle Choir; This land is your land en la voz de Woody Guthrie y la canción Fuck the police de la banda de hip hop NWA. Además de esas piezas Benning ha añadido tres cortes de audio adicionales, un discurso de Eisenhower, un fragmento de la Biblia leído por Gregory Peck y un partido de béisbol. Sonidos asociados a instantes importantes de su propia vida cuyas claves en muchos casos son estrictamente personales (el audio de la Biblia, por ejemplo, fue su compañía durante muchas de las horas de viaje en coche necesarias para esta filmación), pero que funcionan igualmente como motores de recuerdos e ideas para el resto de espectadores. Es curioso que aunque la ubicación de unas secuencias y otras en el montaje final de los films de Benning podría parecer casi aleatoria, una cualquiera entre un número altísimo de combinaciones equiprobables, y que en consecuencia podría dar lo mismo situar una escena A antes que otra B o viceversa, al ver en pantalla grande sus films tienes la sensación de que finalmente ha elegido el orden perfecto, que las imágenes se suceden de la manera más lógica y precisa. Incluso eres perfectamente consciente de cuál va a ser el último plano, como en RR con el tren que pasa por delante de un bosque de aerogeneradores: sabes que después de eso no puede haber nada más. Nos ha impuesto un ritmo y ha triunfado.

“En las imágenes de Benning podemos adivinar las huellas de Stroheim, Ford, Hopper, Kramer… y además anticipan a John Gianvito”, dice Jaime Pena en un artículo para Cahiers du Cinema (5). Su cine explora los grandes espacios del cine americano, el territorio de los grandes westerns, cuyos ecos se notan especialmente en la “trilogía de California” (6) y en particular en Sogobi, en la que con dos postes y un camino desdibujado es capaz de evocar la fuerza sobrenatural de los planos más colosales de John Ford. Benning es un artista-cineasta profundamente americano, el último eslabón de una larga cadena de intelectuales libres y libertarios amantes de la naturaleza y del ser humano, con Henry David Thoreau como principal influencia confesa, pero también Mark Twain o Walt Whitman, pues a fin de cuentas él bien podría afirmar, igual que el autor de Hojas de hierba, “quien toca esta película, toca un hombre”. Un hombre discreto que sin embargo es capaz de desnudar su intimidad en North on Evers (1991), el diario de un viaje en motocicleta realizado en 1989 que repitió un año después con una cámara buscando los paisajes y personas que había encontrado en su momento. Sobre las imágenes filmadas Benning superpuso el texto escrito a mano del diario de forma que las palabras anticipan escenarios y situaciones que vamos a ver unos minutos más tarde.

Hay un distanciamiento nostálgico, que no lacrimógeno, en esas imágenes que hablan necesariamente del pasado, de la memoria, de la historia individual y de la Historia, con mayúsculas. Sorprende también la inesperada carga sentimental de algunos pasajes. “He pasado un mes con mi hija. Ella tiene diecisiete años y está llena de vida”. La hija es Sadie Benning, aunque su nombre no se cita en ningún momento. “No he vivido con ella desde que tenía un año, y sin embargo creo que la conozco mejor que mis padres a mí”. Hay otra referencia muy importante hacia sus progenitores. “Pensé en mi madre. Sus vecinos pasaron de ser blancos de clase obrera a ser mayoritariamente negros. Cuando los primeros negros se trasladaron a vivir a la casa de al lado, ellos le ayudaron a cortar la hierba y a retirar la nieve. Ella me dijo que eran muy amables, y luego añadió, “Bueno, ya sabes, ellos no pueden evitar ser negros”. Traté de enfrentarme a ella con una respuesta sutil, pero no la entendió. “Debí haber sido más directo”. Una brecha ideológica imposible de superar en un hombre políticamente comprometido, que en su juventud trabajó con emigrantes en Colorado enseñándoles a sus hijos a leer y a escribir y que después participó en el desarrollo de un programa de productos de primera necesidad que proporcionaba alimentos a los pobres de Missouri Ozarks. En Pamplona le pregunté por la presencia de la cultura y la sociedad hispana en su cine más reciente, y comentó que la explotación de los trabajadores inmigrantes de hoy en día le recordaba la marginación de los negros en el Milwaukee de su infancia. “A mí lo que me interesa es la lucha de clases”, añadió, y ya no fueron necesarias más explicaciones. Porque esa es la otra gran lección de Benning: su cine nos recuerda que mirar y escuchar no es nunca una acción inocente y sin consecuencias, sino que siempre es un acto político, y que nuestro modo de percibir la realidad, por intrascendente y neutra que nos parezca a priori, refleja siempre con total precisión toda nuestra carga de prejuicios. La política de verdad se hace en la calle, sí, pero en el fondo todos nuestros actos son de alguna manera un acto político, porque detrás de ellos siempre están presentes nuestros valores y principios. Los suyos están bastante claros: los hizo explícitos en Utopía (1998).

El paisaje, el tiempo, la política. Son tres etiquetas esenciales, pero hay otras. El humor, por ejemplo, muy evidente en One Way Boogie Woogie (1977), en la que juega al slapstick, pero también presente en sus películas más contemplativas, desde el ensayo de un rodeo en El Valley Centro (1999) a la alegría ferroviaria de RR (2007). La narración, por supuesto, aunque se haya vaciado y deconstruído como sucede con los microrrelatos de 11×14 (1976), ficciones sin ficción que al aparecer yuxtapuestas conforman un “espacio esférico” lleno de referencias cruzadas más poderoso que la suma de las partes. Encajado tradicionalmente en el marco del documental o del cine experimental, el cine de Benning se proyecta en realidad en infinidad de direcciones temáticas y estéticas, y del mismo modo que transita con la misma naturalidad por la pintura de Mondrian y el folk-art que por la cultura pop, sus películas se mueven a la sombra de los géneros con inusitada soltura desafiando toda suerte de clasificación. El cine de James Benning es en sí mismo una categoría única e inimitable, una lente prodigiosa que recoge la luz de cuarenta años de cultura contemporánea.

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(4) Artículo en la revista digital “Otros cines”.
(5) “4251 caracteres”, ejemplar de abril de 2009 de Cahiers du Cinema España
(6) El Valley Centro (1999), Los (2000) y Sogobi (2001)

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2 Comentarios

  1. unoqpasaba 05/04/2009 | Permalink

    muy de acuerdo con el autor del texto en todo, me incluyo entre los hechizados por los trenes. permítanme escribir algunas declaraciones de benning en pamplona en sus charlas post-proyección:

    – “como las otras, esto no es un documental. es una construcción” (después de ‘ten skies’).

    – “cambiar la perspectiva del público es para mí un acto político”.

    – (explayándose un poco más respecto a la anterior): “todas mis películas son narrativas pero piden al espectador trabajar duro y estar atento, explorar todo el encuadre. es más fácil dejarse seducir por la narración, q esta lo guíe”.

  2. jespalop 27/11/2009 | Permalink

    James Benning se pasa al digital
    http://independencia.fr/indp/SERIE_JAMESBENNING_FILM_FIREANDRAIN.html

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