Fernando Pino Solanas

Entrevista inédita con el director argentino Fernando ‘Pino’ Solanas, realizada en el transcurso de la Seminci de Valladolid 2006, donde habla de su modo de entender el cine, de su vertiente como documentalista, de su compromiso político, y donde valora e intenta definir su extensa obra.


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Hablas de “cine de creación libre” en vez de “documental”, ¿puedes explicarnos la diferencia tal y como tú la ves?

Sí, prefiero hablar de cine de creación libre, de cine independiente, cine libre… no he encontrado aún una definición perfecta, pero hay otra fórmula que me gusta mucho que es cine de fusión o cine de autor de fusión. ¿Por qué “fusión”? Porque es un cine que, como en la música contemporánea, opera con todos los registros que quiere y los unifica en una estructura mayor que se llama película. Esa heterogeneidad de lenguajes está contenida en una estructura formal muy fuerte que viene dada por los títulos con la división en capítulos, el fundido en negro, que ya estaba en La hora de los hornos, la voz off, la música… Todos estos elementos sirven para unificar la película. En Memoria del saqueo, por ejemplo, hay cinco o seis leitmotifs musicales que aparecen y vuelven luego una y otra vez: vuelve el tema de la corrupción y vuelve el tema del saqueo, que es como un réquiem. Todo eso le da a la película una estructura, su ritmo, una cadencia, y, a la vez, redondea la emoción. Es algo monumental.

Es como jugar un poco con diversas convenciones, reformularlas, variarlas, tratando de conseguir algo nuevo cada vez.

Todo el tema del arte es crear convenciones. Convenciones del lenguaje, para empezar… Las convenciones del cine: después de cada secuencia cierro en negro, o, en mi caso, cada idea viene reforzada por un cartel… En fin, son convenciones. Hay que crearlas y, después, jugar con ellas, utilizarlas.

Háblanos un poco de este nuevo proyecto que has traído al Festival de Valladolid.

Al desarrollar Argentina latente, que es como se titula, tenía una montaña de materiales. Y todo tiene un límite… Uno no puede hacer películas de veinte horas. Mis películas son muy densas, tienen mucha información, pero el espectador tiene un límite de asimilación. Difícilmente un espectador puede aguantar más de tres horas en la sala. A partir de un momento determinado, el espectador se pierde, no atiende más… Creo que mis películas pecan de densas. En fin, con Argentina latente, al igual que con las dos anteriores, trato de llegar a la conclusión de que es posible el cambio en Argentina. Es posible acabar con la miseria y la pobreza, ya que el nuestro es un país inmensamente rico, saqueado. La riqueza se va para fuera, la clase dirigente sigue siendo inepta y corrupta, etc. La película intenta revelarle al argentino, que cree que conoce el país y que es un gran ignorante, las potencialidades que tiene nuestro país. Al hacer memoria, yo trato de redescubrir esas potencialidades naturales, científicas y técnicas desde una perspectiva de la integración latinoamericana.

Antes te has referido a la voz over, pero no sueles recurrir demasiado a ella… Prefieres otros recursos como títulos y letreros impresos en la pantalla, las declaraciones de los propios protagonistas, fundidos, etc, ¿verdad?

Bueno, suelo utilizar bastante la voz en off en mis películas. Lo que pasa es que me gusta usarla de una forma muy trabajada, distinta. Memoria del saqueo está narrada en off…

En La dignidad de los nadie, sin embargo, no la utilizabas…

Es cierto. Ahí dejo más que hablen los protagonistas… Pero, mucho ojo, ellos también hablan mucho off, no es que haya grabado las voces después, sino que ellos están contando su relato y a la misma vez están sucediendo otras cosas. Vemos otras imágenes. Muchas veces se aprende trabajando, no a partir del texto teórico. Se aprende viendo cómo surgen las cosas, mediante la experiencia. Sin ella, no tienes la medida real del trabajo. Es cierto que en la primera película que haces o tienes la ilusión de que tira o no va adelante. En La dignidad de los nadie, en cambio, tengo un texto que quiero poner y, dependiendo de la duración de las imágenes, voy recortando el texto y voy encontrando una cadencia ideal. Voy adaptándolo a la manera de decirlo. La experiencia curiosa es que en la primera versión de Memoria del saqueo yo no hacía la voz, pero todos los que habían visto el proceso de la película, ya se habían acostumbrado muchísimo a mi voz. ¿Por qué? Porque mientras yo voy montando, voy leyendo el texto y voy grabando. Agarro el micrófono y lo grabo. Sin el texto yo no puedo montar. Y si lo cambio mucho, porque cambio el montaje, porque resulta largo, hay que suprimir determinadas ideas, etc, lo vuelvo a grabar… Todo eso termina siendo una cadencia, una manera de decir que está muy integrada con la imagen.

¿Algo así como una búsqueda musical, a través del montaje, de audio e imagen?

¡Es una cadencia musical! Estudié en la Escuela Nacional de Teatro y, además, hice dirección de actores, es decir, se de las dificultades enormes de decir un texto… Así que, tengo la paciencia de buscar cómo decirlo. Lo busco así, lo busco de otra manera… Y los diálogos, los escribo a la vez que los recito. Ningún dialoguista puede escribir diálogos sin leerlos, sin probarlo en la escena, y es el actor el que termina de ajustarlos. A veces he necesitado dividir los textos y darles rítmicas distintas a cada uno de los fragmentos, que es el caso de un cierto relato rimado dentro del relato. Cuando hice La hora de los hornos con Octavio Getino, tardamos meses en grabar los textos. Los grababan dos buenas voces, pero lo probamos tanto porque queríamos dejar de lado la idea de un locutor. ¿Cómo lo conseguí? Buscando en los relatos en off que me habían gustado en otras películas, películas francesas, yo que sé, ya no me acuerdo cuáles… Pero mediante esas cadencias, se integraban bien los textos unos con otros y eran un todo. No solo es cuestión del texto, como veis, si no del tono con que se dice… La interpretación de ese texto. Ahora [en Memoria del saqueo], me llevó meses encontrar esas voces. Gastamos una fortuna en grabaciones. Pero terminé con el tono justo que quería: no ampuloso, a veces más simple y otras más grave, a veces irónico. Pienso, por ejemplo, en una secuencia concreta, la de la descripción de la ciudad de Buenos Aires, en La dignidad de los nadie. Es muy distinta del resto. En la película hay tres crónicas, muy diferentes del relato que hago de las elecciones del 2003, por ejemplo. Cuando le puse la música, veréis que es el no va más de la Argentina: los papelitos volando, alegría, y sin embargo estás con esa cara de jodido. Traté para ello de imitar al locutor de televisión, como diciendo “si acá no pasa nada”. El texto es algo terrible, muy duro, y, sin embargo, está dicho amablemente, como quien vende la publicidad, buscando el choque, la contradicción.

La dignidad de los nadie, Memoria del saqueo y Argentina latente conforman una especie de trilogía sobre los males que asolan la Argentina de hoy en día. ¿Era esa tu idea al filmarlas?

No van a ser tres películas, van a ser cinco. La cuarta es Los hombres que están solos y esperan, que tratará sobre los servicios públicos. ¿Qué es lo público y qué es lo privado? Algunos políticos trataron de convencernos de que los servicios podían ser buenos si se privatizaban. Y son mucho peores. Esos mismos políticos robaron con la privatización y luego nos dieron malos servicios… En la película pretendo tratar cuáles son los nuevos modelos de gestión capaces de dar mejor respuesta que los dos modelos que no funcionaron: el modelo de vieja empresa estatal, burocrática, al servicio, de hecho dirigida por el partido gobernante, y la empresa privatizada en manos del mercado. Frente a estas dos experiencias, que para nosotros han sido nefastas, ¿cuál es la tercera? Hay que avanzar a un modelo de gestión en el que los usuarios y consumidores sean protagonistas y participen en el control de esas empresas. Éste es un gran debate que está pendiente en Argentina. La novedad de esta película está en que utiliza como ejemplo el ferrocarril, que sigue siendo un mal terrible en mi país, de alta corrupción a la vez. Además, va a incluir una tercera parte de ficción. En esta película recreo una de las grandes figuras épicas de la Argentina contemporánea que es Don Raúl Scalabrini Ortiz, poeta, ensayista, economista y periodista. Su segundo libro es del año treinta y uno, El hombre que está solo y espera, un ensayo sobre el hombre porteño, que le valió el reconocimiento de toda la Argentina literaria de aquella época. Él era discípulo de Macedonio Fernández, el filósofo que fue también maestro de Borges. Scalabrini, frente a la dictadura de Uriburu, la primera dictadura argentina contemporánea, de septiembre de 1930, abandona sus labores literarias, junto a otros escritores, y se convierte en un militante contra la dictadura oligárquica. Pasó unos meses en la cárcel, luego en el exilio y ya en el año treinta y cinco cuando regresa se dedica a sus investigaciones económicas y hace un aporte enorme. Es una suerte de Carlos Marx argentino. Las comparaciones nunca son simpáticas, pero digámoslo así. Él descubrió la falacia de las inversiones extranjeras en Argentina, que ponían el 10% del dinero que decían que traían y se quedan con un beneficio sobre la inversión total. Así lo hicieron con los ferrocarriles, que entonces todo el mundo estaba convencido que los habían pagado los ingleses y luego había sido el gobierno el que había puesto más del 90%… Scalabrini escribe la historia de los ferrocarriles argentinos y toda una serie de libros fenomenales y es una figura extraordinaria, defensora del servicio público. Un gran defensor de la ética pública, que nunca acepto ningún cargo público. Quiso mantener su independencia y murió en el año 1959. Yo lo conocí, cuando era joven. En la película, traigo una evocación de él y de algunos momentos de su vida, de forma que juega como un gran contrapeso al desarrollo de ese desastre de la privatización. Los hombres que están solos y esperan la he comenzado y espero, si trabajo fuerte, que esté lista para abril o mayo próximos [se refiere al año 2007].

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Un Comentario

  1. Carlos 17/06/2009 | Permalink

    Suban la propaganda grafica: “PINO SE PLANTA”

    Gracias.

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