III Premio de Cine Ensayo de la UAB

La III edición del Premio Cine Ensayo de la UAB cerró con una masterclass a cargo de Harun Farocki y con La constelación Bartleby de Andrés Duque, alegoría pesimista e irónica sobre un futuro no tan lejano, como ganadora del máximo premio. La amplia y hetereogénea selección de cintas finalistas conforma un crisol de de piezas experimentales, documentales de observación o películas que rescriben material existente.


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La presencia de una subjetividad pensante es el hilo conductor de El poso de los días (2009) obra del veterano Llorenç Soler que recuerda al cine diario de David Perlov y que se conforma por relatos breves que surgen de su cotidianeidad. Su mirada sobre diversos temas de actualidad constatan las incongruencias que, muchas veces, procesamos sin dar más importancia. Nescafé Dakar, de Lluis Escartín (2008) ya comentada en números anteriores de esta revista, también se enmarca dentro de este cine, en este caso es un inesperado accidente y la posterior convalecencia la que “fuerzan” al director a grabar desde la equidistante ventana del hospital de Dakar. No es contar una historia, es observar las historias que ocurren desde una atalaya, como hace Soler al inicio de El poso de los días.

Voces del pasado, imágenes del pasado

“Las palabras son una manera de definir el mundo. No tengo gran confianza en la imagen, al menos en el poder de la imagen por sí sola. La imagen debe servir para preservar la esencia de las palabras”, decía Robert Kramer. Sí, ya sabemos que el cine-ensayo es una forma que piensa, y este pensamiento surge de esa subjetividad pensante, en muchos casos una voz que puede reflexionar sobre material ya existente. Cuentos breves escritos sobre imágenes ajenas, apropiación de material para alertar de nuevos significados. Marker dio su visto bueno a Isaki Lacuesta para que trabajase en Las variaciones Marker (2007) sobre sus imágenes, “he practicado suficiente piratería para disfrutar siendo pirateado”, afirmó. El resultado, un fascinante viaje al universo de Marker, donde no sólo se da la apropiación de las imágenes, sino del lenguaje y el universo difuso de la memoria de Marker. Me pregunto si podría darle la vuelta a la reflexión de Kramer: Las palabras también pueden preservar la esencia de las imágenes.

Si Las variaciones Marker es un acercamiento al lenguaje de cineasta francés, Tabla aeróbica núm. 4 Entrenamiento para pintores (Gonzalo de Pedro, 2007) lo es a la obra de Stan Brackhage, partiendo del humor de esas imágenes en rayos X iniciales hasta la abstracción final que adopta la película. Así también, Cómo dibujar animales tristes… (Pere Ginard y Laura Ginès, 2009) juego de espejos entre imagen y palabra, mantiene un lenguaje visual, directo y de planos cortos que sugiere al de Jonas Mekas.

Del pasado también parecen querer emerger otras cintas: Lost World (Gyula Nemes, 2008) interesante trabajo realizado en una presa a las afueras de Budapest durante los últimos diez años, donde se filman desde distintas ópticas y formatos los cambios que se producían en esta periferia abandonada de estética apocalíptica. También con la perspectiva del tiempo trabaja Jacques Duron en Souvenirs de Madrid (2008): aquí el director francés monta un material que grabó diez años atrás mientras vivía en Madrid. La mirada, distante, no deja de ser la de un extranjero que filmó en las fiestas madrileñas a distintos personajes que deambulaban delante de su cámara. Lástima que no ofreciese mayor implicación con éstos.

Ejercicio de rememoración es la cinta El año que el futuro acabó (empezó) (Marcelo Expósito, 2007) mediante un montaje inverso se retrocede desde las primeras elecciones democráticas de 1977 hacia viejas imágenes de la posguerra. Es una regresión al pasado, un viaje a la memoria y a la historia reciente de España. El montaje es inteligente y reflexivo: la enérgica yuxtaposición de imágenes coloridas de los años de la transición, con ese montaje vertiginoso y vivo, ejerce de contrapunto con las escenas en blanco y negro, lentas, pesadas y silenciosas, de hace sesenta años.

Ciertamente, la tendencia inherente en esta cartografía del cine-ensayo es la de tratar ideas, discutirlas. Ideas en auge, o despertar aquellas que estaban dormidas en algún resquicio de la memoria. Ya no es obligatorio entrar en una sala de cine para que nos cuenten historias y tramas que finalmente se cierran. Lo que se pretende es que cuando salgamos de la sala comiencen a asaltarnos las dudas.

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