Inquietos exploradores del audiovisual contemporáneo. Marsella 2012

Esta es una crónica del Festival International de Cinéma – Marseille salteada, basada en anotaciones que salieron sobre la marcha en la visita al evento. Está pensada mirando hacia atrás, hacia otras películas vistas en años anteriores en el mismo evento, indagando posibles líneas del cine y audiovisual contemporáneo que se ponen encima de la mesa en este sugerente y atrevido, único en determinadas cuestiones, encuentro cinematográfico.


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Son experimentaciones que ya se llevan probando en la historia del cine desde hace muchas décadas. Pero, quizás, hoy en día, practicadas como un camino dentro del audiovisual digital, ya no como un experimento, sino como un resultado. Las otras piezas recientes que habían sido seleccionadas y me recordaron a ésta tienen ambas una lectura política. Nighttime with Mojca (Vlado Skafar, Eslovenia, 2008) era el audio de un programa de radio nocturno, de confesiones y problemas personales, mezclado con transeúntes perdidos en brumas de Ljubljana, la voz marcaba su baile y su desconcierto. Petite trompette (Chen Yang, China, 2010), es un corto tan misterioso como inhallable, algo único que sólo pude ver una vez. Su gesto es más obvio, su país más cruel. Mientras escuchamos, también, un programa de radio para niños titulado La pequeña trompeta, vemos a través de los cristales de un fast-food un supuesto enajenado sentado en la calle, de espaldas, masturbándose. Las conexiones que se producen en el espacio que el espectador crea van en aumento a menudo que transcurre el programa de radio de tono fascista y las variaciones en los movimientos del “loco”. En Los Hijos, escuchamos un audio del bus turístico de Madrid, es demodé, un poco facha, vende un Madrid recio y antiguo. Vemos imágenes que no encajan: rostros de hombres y mujeres en un bar sin ubicación, de caras tristes, ojeras, mirada perdida. La interpretación recae en nosotros. Para mí, un desencuentro entre el ciudadano, rutinario, desanimado en una sociedad que se deshace y el modelo de ciudad impuesto, donde el turismo es como una dictadura. Un giro interesante al final del corto, la imagen se traslada al interior de un vehículo elevado (¿el bus?) y desde allí observamos una manifestación.

Añado el fragmento de un email que intercambié con los realizadores españoles y así se expresaron: “Forma parte de un proyecto mayor. Es una idea que llevamos tiempo barajando, hacer piezas más extensas que los videominutos que realizamos a veces y que estén apegadas a la actualidad, al correr de los acontecimientos diarios y, por ello, fechadas. Serían piezas más extensas pero no excesivamente elaboradas, con vínculos en común, estarían más cerca del dietario que de un proyecto “concebido” de principio a fin y por ello permeable a cambios.”

4. Cuerpos / sensaciones:

Dos obras de este FID Marseille tenían intenciones semejantes en sus orígenes, aunque las conclusiones se expresen de manera muy distinta. Llegar al espectador únicamente por sensaciones, a través del dibujo del cuerpo humano, a través del sonido, desestimando cualquier narración o argumento. Por un lado, la artista belga Manon de Boer presentó One, two many, cortometraje donde destaca especialmente la primera figura. El simple gesto de un flautista cogiendo aire para tocar unas notas se convierte en algo muy físico, y angustioso, al ahondar en la intensidad de su respiración, al percibir la tensión de sus venas y de su cuerpo. Habíamos visto también aquí alguna obra de De Boer relacionada con el sonido, con los instrumentos de percusión y la vibración de las ondas, la imagen ligada a las percepciones acústicas (Think about Wood, Think about Metal, 2011). Philippe Grandrieux proyectó su film White Epilepsy que llenó la sala. En formato vertical, con una estética hipnótica, blanco y negro, dos cuerpos están incrustados el uno con el otro en un espacio que podría ser ¿un bosque?. Por el título parece indicar una representación relacionada con la epilepsia, a mi no me lo pareció, sino que aprecié una vampirización del cuerpo de la mujer respecto al del hombre. Interpretaciones aparte, nos encontramos de nuevo con una apuesta por sensaciones físicas, muy inquietantes en este caso, transmitidas a través de los cuerpos y de los sonidos. Caminos que nos llevan a otros pasos anteriores vistos en estas sendas, Possible lovers (Raya Martin, 2008) o Lunch break (Sharon Lockhart, 2008).

Habría más caminos formales por recorrer, como el de los rostros en El Jurado de Virginia García del Pino, o las mutaciones dentro del Tabú de Miguel Gomes, hablando, precisamente, de exploradores. Algunos de estos films los profundizaremos en números posteriores.

5. Un cine del mundo árabe despojado del encasillamiento occidental

Los filmes encontrados y puestos en escena en este festival realizados en países del mundo árabe son bastante numerosos. Su presencia no es repentina a raíz de las primaveras árabes, sino que es una apuesta anterior y de largo recorrido. Son films de una militancia intelectual, que huyen de los estereotipos y de la representación en la que el mundo occidental encasilla y simplifica el mundo árabe (por ejemplo, premisas activistas, una misericordia post-colonial, explicaciones a través del odio étnico o religioso, o la presentación de las guerras como algo espectacular).

El festival tiene como una especie de camino directo con artistas de Oriente Medio (Líbano sobretodo) y apuesta por ellos, es algo que sólo encuentro en este evento. Por ejemplo este año vimos 74 (La reconstitution d’une lutte) (Rania y Raed Rafei, Líbano, 2012), una recreación de unas protestas estudiantiles llevadas a cabo en Beirut en 1974. Filmada con un aire entre realista y teatral, con momentos de desubicación temporal para el espectador como unas entrevistas imaginarias, los actores que reencarnan los activistas del pasado son activistas actuales. El nexo con el enmarañado Líbano de hoy, 30 años después, es presente a lo largo de todo el metraje, en sus conversaciones y discusiones. El film respira también una juvenil rebeldía e idealismo que nos acerca a las revueltas árabes de hoy.

Cito algunas más de los últimos años, apuestas por este cine del mundo árabe filmado por realizadores autóctonos pero sobretodo con puntos de vista autóctonos. Todas ellas se plantean desde perspectivas audiovisuales muy diversas: Fix me (Raed Andoni, Palestina, Francia, Suiza, 2010), una obra performativa, un palestino que iba al psicólogo porque le dolía mucho la cabeza y no acababa de comprender a ninguno de los dos lados del conflicto; Everyday Madonna (Nadim Asfar, Líbano, 2010), un arriesgado experimento maravilloso, ver la entrevista que llevamos a cabo; Waiting for Abu Zayd (Mohammad Ali Atassi, Egipto, Líbano, Siria, 2010), un buen retrato de un teólogo e intelectual egipcio que por sus opiniones del Corán fue condenado; Sur place, 4 revenants des guerres libanaises (Lokman Slim, Monika Borgmann, Líbano, 2009), un proyecto recio y sólido sobre testimonios aún ocultos de los crímenes de guerra; Les trois disparitions de Soad Hosni, Rania Stephan (Líbano, 2011) una película de remontaje sobre una actriz egipcia que acaba siendo reflejo de la historia del país, también cercano a esta órbita es Moving up (Loghman Khaledi, Iran, 2011), el retrato íntimo de un frustrado escritor iraní acosado por todo el vecindario en una ola de ignorancia y odio. Este año un realizador palestino-español, Ahmad Natche, enfocó su film Two meters of this land (Dos metros de esta tierra, Palestina, 2012) con preceptos no de combate y enfrentamiento en la polaridad Israel-Palestina, sino de contemplación y mirada más honda, concretamente en el paso del tiempo y la ocupación del espacio. Para concluir la lista, citemos alguien como el explosivo artista Roee Rosen (The confessions of Roee Rosen, Israel, 2008). Apuestas diría que exclusivas de este festival.

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