Sempre una estranya


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Sempre una estranya (2008) de Laia Ramos se sitúa a medio camino entre la memoria individual y la colectiva, entre el relato familiar y el histórico. Si bien sus primeras imágenes nos remiten a un fenómeno de amplio calado social (la inmigración desde zonas rurales a Cataluña durante las décadas de los sesenta y sententa), la pieza pronto se desplaza hacia el terreno de lo íntimo a través de unas evocadoras imágenes en súper 8 bajo las que fluye una conversación con su madre. Una obra donde lo anecdótico ("Setze jutges d'un jutjat mengen fetge d'un penjat") condensa con fuerza y emoción los sentimientos propios del desarraigo.

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