Ermanno Olmi y el mundo del trabajo

A lo largo del mes de diciembre se hizo una intensa retrospectiva del cineasta italiano Ermanno Olmi (Bergamo, 1931) en la Filmoteca de Barcelona. La prematura muerte de su padre en la II Guerra Mundial y la difícil situación económica familiar lo empujaron a ponerse a trabajar junto a su madre a los quince años en la Edisonvolta, empresa eléctrica de Milán.


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Ermanno Olmi

A lo largo del mes de diciembre se hizo una intensa retrospectiva del cineasta italiano Ermanno Olmi (Bergamo, 1931) en la Filmoteca de Barcelona. La prematura muerte de su padre en la II Guerra Mundial y la difícil situación económica familiar lo empujaron a ponerse a trabajar junto a su madre a los quince años en la Edisonvolta, empresa eléctrica de Milán. Curiosamente el hecho de ser empleado de una compañía de gran importancia como era la Edison brindó a Olmi una oportunidad inigualable para cultivarse en el mundo del cine.

Tras una primera toma de contacto favorable con la sección de cine de dicha compañía, Olmi adquiere progresivamente más responsabilidades en este campo hasta el punto de realizar entre 1954 y 1961 alrededor de cuarenta documentales para la firma. Olmi aprovecha este periodo como asalariado para formarse cinematográficamente de manera polivalente y autodidacta, de este modo realiza documentales industriales que gradualmente dejan entrever una narrativa singular, proyectos concebidos y dirigidos de principio a fin, sin supervisión ni intromisión alguna, pero con unas aportaciones indispensables aunque mínimas que él mismo no podría haber sufragado. Es así como vemos nacer su primer largometraje, Il tempo si è fermato (1959), la bella historia de dos trabajadores encargados de controlar una presa en pleno invierno, a gran altitud y aislados por la nieve. A espaldas de sus superiores, Olmi aboca en el proyecto todos sus esfuerzos y los recursos que le han sido asignados para concebir un falso documental que obtiene una magnífica acogida Muestra de Venecia.

A partir de entonces, llega la plena consagración al mundo del cine donde cosecha grandes éxitos con películas como Il Posto (1961), film que también cuenta con la colaboración de la Edison y que narra el aterrizaje de un joven en el trabajo de oficinas, o I Fidanzati (1963), donde un joven obrero debe emigrar al sur y alejarse así de su prometida para salir adelante económicamente. En ambos casos, el empeño por documentar el mundo del trabajo sigue muy presente. Ya en los años sesenta Olmi lleva a cabo un destacado intento de regresar al documental con E venne un uomo (1965), una superproducción con reparto de caché basada en la vida del Juan XXIII. Olmi descubre así a una interesante fórmula narrativa que sintetiza en una única persona a narrador y protagonista, de tal modo que la imagen del actor rompe por completo con la de la figura histórica, el intento de eludir la representación es bueno aunque el resultado pese a albergar pasajes ciertamente sublimes aqueja falta de ritmo y tal vez también más dosis de la alegría que rodeaba al conocido como “Papa de la bondad”.

Durante los setenta Olmi produce para la RAI Le radici della libertà (1972), dónde narra el ascenso del fascismo en Italia y los consecuentes ataques violentos sobre la oposición política, y Nascita di una formazione partigiana (1973), que pone en pantalla los orígenes de la resistencia partisana en Italia a raíz de la invasión nazi, en ambos casos la mezcla de entrevistas y recreaciones convenientemente distanciadas de la empatía e identificación con los personajes dan muy buen resultado. Ya a finales de los años setenta llega L’albero degli zoccoli (1978), un bellísimo retrato sobre el mundo del trabajo campesino a finales del siglo XIX que además de reportar un gran éxito supone un reencuentro con las raíces rurales de la familia materna del autor. Durante los ochenta Olmi sufre una grave enfermedad nerviosa que le mantiene durante años alejado de las pantallas, afortunadamente la recuperación es favorable y su regreso a la pantalla con Lunga vita alla signora (1987) supone una mirada inédita a las clases favorecidas, al año siguiente termina otra de sus obras más célebres, La leggenda del santo bevitore (1988), dónde por primera vez se basa en un relato externo. En los años noventa Olmi parece adquirir una fuerte conciencia ecológica, tal y como demuestran Lungo il fiume (1992) y Genesi: la creazione e il diluvio (1994), dónde además incluye imágenes de la Guerra del Golfo de 1992.

Olmi se hizo cineasta gracias al documental, el cual no abandonarà. Sus ficciones son como pequeños documentales entrelazados donde entran sentimientos y emociones de forma contenida y bella. Su manera de trabajar, de hacerse a sí mismo como cineasta, de producir toda la película desde el principio hasta el final, es más propia de un artesano que de un industrial. Cada obra es un proyecto de autor con su firma e interminables horas detrás. Ésta es en definitiva la vida de un gran maestro muy premiado aunque poco conocido por el público que, bien por azar bien por facultades únicas, ha logrado de manera excepcional forjar en unidad su vida, su trabajo y su cine.

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