FIRE!! 17ª Muestra Internacional de Cine Gay y Lésbico. Reivindicación y memoria

Los documentales elegidos en la muestra de cine FIRE!! son una combinación de estilo clásico con algunas propuestas arriesgadas, donde las temáticas más frecuentes están relacionadas con la construcción identitaria y la reivindicación de la memoria de los colectivos representados.


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Los festivales de cine Lésbico, Gay, Transexual/Transgénero y Bisexual (LGTB) tienen diferentes pros y contras, de los cuales el FIRE!!  – 17ª  Mostra Internacional de Cinema Gai i Lesbià (Barcelona, del 5 al 15 de julio) no se libra. Primero, en el aspecto positivo: consigue acercar películas muy minoritarias a un público también bastante minoritario que de otra forma le sería muy difícil acceder a ellas. Algo, pero, que no escasea en la producción de películas LGTB son los documentales. Más bien al contrario, se producen tantos, y de tan variada calidad, que es imposible seguirles la pista a todos. Iniciativas como FIRE!! permiten separar el grano de la paja.

Precisamente los contras de los festivales LGTB quizás sea que a veces el criterio de selección tiene demasiada manga ancha. Se prioriza el contenido a la calidad cinematográfica, en parte porque hay muchos festivales LGTB (sólo en Barcelona ya hay dos de la misma temática) y todos quieren tener estrenos y novedades. El resultado es que acaban pasando el rasero películas que no tendrían cabida en otros espacios, algo que tampoco no tiene porqué ser malo del todo pero puede generar decepciones en los espectadores. En el caso concreto del FIRE!! cada año encuentro en la selección de documentales algún chasco y una grata sorpresa. Éste año lo son Olhe Para Mim de Novo (2011), de Kiko Goifman y Claudia Priscila y The Queen Has No Crown (2011) de Tomer Heymann, respectivamente, de los cuales hablaré más adelante. Para topar con desaciertos como el del film brasileño, pero, hay que tener una programación atrevida, como es el caso de este evento, y eso siempre se agradece. El público responde a su propuesta de forma positiva, pues su asistencia aumenta progresivamente. Según fuentes oficiales, en esta edición asistieron 5.200 espectadores a las salas de cine, un 30% más que el año anterior, sin contar el público en otras actividades paralelas fuera de las salas (Casa Asia, FNAC, clubs de Barcelona y Sant Feliu de Llobregat).

La relativamente amplia (7 de 21) selección de documentales del FIRE!! de este año ha estado dividida entre las apuestas que podemos clasificar como “arriesgadas” (como las mencionadas arriba) y documentales más clásicos. Algunos de éstos pasan más desapercibidos, como Illegal Love (2011) de Julie Gali, más próximo al reportaje de actualidad que otra cosa, pero otros no dejan indiferente a nadie, como Vito (2011) de Jeffrey Schwarz, en la proyección de la cual media sala (y me incluyo en esta mitad) acabó llorando. Vito es un biopic sobre Vito Russo, un gran referente del activismo gay en Estados Unidos, presente desde las revueltas de Stonewall en 1969 hasta el surgimiento de Act Up durante la epidemia del Sida, y  autor The Celluloid Closet, un libro esencial que trata sobre la representación de las personas LGTB en la historia del cine. El documental nos acerca a su heroica figura, algo necesario ya que a pesar de su relevancia su nombre es desconocido dentro de las jóvenes generaciones de LGTB, y nos propone reflexionar sobre la necesidad del activismo. Estamos en un momento histórico en el que todas aquellas personas que protagonizaron las grandes luchas sociales de la segunda mitad del siglo pasado y tuvieron la suerte de no morir en el camino, se encuentran ya en el tercer acto de su vida, y películas como Vito nos recuerdan la necesidad de conocer nuestra historia reciente y aprender de aquellos que vivieron todas esas experiencias… que ahora ya nos parecen tan lejanas.

We Were Here (2011) de David Weissman y Bill Weber es también un documental que habla sobre la misma época que Vito, el inicio de la epidemia del Sida, relatándonos historias de aquellos que murieron y recopilando testimonios de los que sobrevivieron. Sin embargo, al estar programadas muy juntas la una de la otra, We Were Here se desvanece frente aquella. Por otro lado, Florent, Queen of the Meat Market (2010) de David Sigal es para mi un documental que podría haber ido mucho más allá, pues no deja de tratar un tema bastante conflictivo en las ciudades actuales como es la gentrificación, pero se queda en una pequeña historieta sobre un local emblemático de Nueva York.

El convencionalismo formal de estas apuestas es asumible si entre ellas  podemos tener una pieza como The Queen Has No Crown de Tomer Heymann. Película que fue un rotundo éxito de público y donde además tuvimos la oportunidad de contar con la presencia del director, quien filmó a su propia familia durante 15 años. De ese material casero surge el film, la historia de una familia israelí en la que los hijos van abandonando el país gradualmente para irse a vivir a Estados Unidos. La ruptura de los lazos familiares funciona como metáfora del desencanto de una generación con el estado que sus padres y abuelos soñaron construir, en el fondo, una dura crítica al nacionalismo. The Queen Has No Crown no sólo se centra en los problemas del conflicto Israel-Palestina, sino que relata también otros conflictos internos de la sociedad israelí, como el integrismo de los judíos ortodoxos frente a la homosexualidad. Debo reconocer que asistí a la película con bastantes prejuicios, pues esperaba encontrarme un film lleno de pinkwashing, el proceso mediante el cual Israel se publicita como el único país gayfriendly en Oriente Medio, en uno de sus habituales “lavados de cara” internacionales. Y sin embargo, es una película muy crítica con el país pues deja al descubierto sus radicalidades.

El modo de filmar de Heymann está lleno de frescura, refleja su obsesión por grabarlo todo, mueva la cámara como si fuese una extensión de su propio brazo, sin importarle la factura técnica (descompensación del cuadro, sonido no captado correctamente). Aquí lo importante es registrar esos momentos, sus sentimientos, y este proceder ayuda al espectador a sentir la intimidad de su historia familiar.

El contraste fue Olhe Para Mim de Novo un film que, sobre papel, parece interesante: una road-movie en la que acompañamos a Sillvyo Luccio, un transexual masculino machista, en su viaje por el norte del Brasil en busca de su hija, por un lado, y respuestas sobre identidad de género, paternidad familiar, por el otro. Pero se acaba convirtiendo en una road-movie sin road (con algunos planos muy reiterativos de Sillvyo caminando por la misma carretera). Más allá de su increíble machismo, la película se pierde en ella misma y al espectador se le hace imposible entender su estructura, el porqué saltamos de un lado a otro. Sillvyo, en su camino hasta encontrar a su hija, va cruzándose con diversas personas que también han tenido una vida difícil, pero éstas apariciones se nos revelan demasiado aleatorias. Las historias de vida devastadoras que se nos presentan, por muy interesantes que sean per se, no suman en la evolución del personaje de Sillvyo – más allá de algún comentario sobre su transexualidad – y se nos presentan como pequeños relatos-burbuja en los que nos falta información, espacio y contexto para poder siquiera empatizar con ellas, con lo cual se nos hizo largo aguantar hasta el final.

Voy a decirlo!


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