Visual 09. Más allá de los márgenes


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Lost, lost, lost de Jonas Mekas

El término “desplazado” puede aludir a conceptos diferentes, si bien siempre lleva implícita la idea de movimiento hacia un lugar inusual, inacostumbrado. En el caso que nos ocupa, el Festival Visual, celebrado en Madrid del 23 al 29 de mayo, ha decidido incluir en su programación de este año una serie de productos que han asumido de buen grado su condición de “desplazados” respecto a la industria cinematográfica predominante.

Si el cine experimental ya se propone como una alternativa a la manera convencional de entender el cine, su desarrollo en cinematografías que no cuentan con una tradición consolidada se convierte en todo un desafío. Visual 09 ofreció las dos caras de la moneda dedicando, por un lado, un ciclo a uno de los maestros indiscutibles del cine experimental, Jonas Mekas, y por otro, presentando una muestra, escueta pero reveladora, de algunas de las prácticas experimentales de tres cinematografías que se encuentran fuera del espacio conformado por las grandes tradiciones cinematográficas: Portugal, España e Irlanda.

Filmar como proyecto de vida
En su magnífico trabajo Cuando las imágenes toman posición (2008), Georges Didi-Huberman apela a la condición de exiliados de ciertos artistas y pensadores para entender el posicionamiento que éstos adoptaron durante la gestación de su trabajo. Como afirma el filósofo francés, “para saber hay que tomar posición, lo cual supone moverse y asumir constantemente la responsabilidad de tal movimiento. Ese movimiento es acercamiento tanto como separación: acercamiento con reserva, separación con deseo. Supone un contacto, pero lo supone interrumpido, si no es roto, perdido, imposible hasta el final” (p. 12). Este tipo de movimiento es propiciado por el exilio en lo que éste supone de acercamiento a una realidad extraña en la que el exiliado desea integrarse, pero a su vez de separación, de distancia respecto al lugar al que llega (así como también del que proviene).

Tal es el caso de Jonas Mekas: lituano que emigró a los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, encontró en el registro de imágenes un lugar para la reflexión acerca de su entorno más cercano y de su posición en el mundo. En Lost, Lost, Lost (1949-1063-1976) el realizador comienza por mostrar su llegada a Estados Unidos y, a partir de ahí, evidencia su papel de observador en un escenario que le despierta las más variadas emociones: un entusiasmo e interés inéditos por lo nuevo pero también la sensación constante de estar de paso y de no pertenecer por completo a ese lugar. El impulso de filmar todo lo que ocurre a su alrededor se traduce en un intento, como el propio Mekas afirma, de “guardar las cosas que me están pasando… al menos, fragmentos…”. La distancia con la que aborda esta tarea, derivada de su posición de exiliado, le permite reconocer que hasta lo más inmediato y aparentemente irrelevante puede perderse, y se convierte en un ejercicio de lucidez que le lleva a ensalzar hasta puntos insospechados la trascendencia y la belleza de la vida cotidiana.

Esta posición cobra mayor fuerza en Reminiscences of a Journey to Lithuania (1971-1972). El doloroso sentimiento que Mekas manifiesta de “estar siempre regresando a casa” se aplaca con la visita del realizador a Semeniskiai, su pueblo natal, adonde regresa para encontrarse con sus recuerdos. Esta visita, sin embargo, incrementa la sensación de no corresponder a ningún sitio (ya que el lugar con el que desea encontrarse pertenece ya al pasado), si bien es mitigada después por el encuentro en Viena con algunos de esos realizadores con los que creará un vínculo de amistad y trabajo (Peter Kubelka a la cabeza pero también Stan Brakhage y Ken Jacobs) que será determinante en la configuración del cine experimental norteamericano de esos años.

Su particular situación le lleva, por otra parte, a adoptar una posición de desplazado también en el cine. Su trabajo Birth of a Nation (1997) es una proclama contra el cine mayoritario que propone una nueva manera de entender la realización cinematográfica. Y A Visit to Hans Richter (2003) nos permite construir una línea de continuidad entre la obra de este cineasta alemán -también emigrado- y la realizada por el realizador lituano, que parte de la vanguardia clásica para llegar a la vanguardia norteamericana.

Su último largometraje hasta el momento, As I Was Moving Ahead Occassionally I Show Brief Glimpses of Beauty (2000), es un manifiesto audiovisual de 286 minutos donde Jonas Mekas expone sus opiniones sobre la vida y el cine. La posición distanciada que siempre había mostrado en sus trabajos anteriores alcanza aquí sus más altas cotas, permitiendo al realizador emprender un análisis de la labor llevada a cabo durante todos estos años. La disposición sucesiva de imágenes aparentemente irrelevantes desemboca en la sacralización de la inmediatez (“La belleza del momento”) y de la vida cotidiana (la permanencia de lugares y personas en nosotros mismos provoca el sentimiento de que son fragmentos del Paraíso, explica) a través de la práctica de la rememoración. El realizador asume su tarea de creador de momentos de belleza, una tarea que se revela en solitario (dice estar trabajando solo en la sala de montaje) pues él es el encargado de imponer un orden y un sentido a los fragmentos que grabó en distintos momentos de su vida.

Esta muestra de algunas de las obras más relevantes de Jonas Mekas, que tuvo lugar en La Casa Encendida, nos resarce de la escasa presencia de este realizador en la programación de instituciones y festivales de nuestro país; algo sorprendente si se tiene en cuenta que Mekas puede ser considerado como el precursor de una de las tendencias más representativas en el ámbito experimental y documental, aquella que parte del registro de imágenes de la vida cotidiana para proponer una postura de humildad frente a lo espectacular de determinado cine comercial.

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