Visual 09. Más allá de los márgenes

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Tres piezas de la sesión Amalgama

Los márgenes de los márgenes
Si Estados Unidos se ha consolidado desde los años sesenta como uno de los centros más activos de producción experimental (junto a Francia y Alemania, entre otros), no ocurre así con otras cinematografías. En Portugal, España e Irlanda el cine experimental no parece haberse configurado como práctica regular. La muestra “Márgenes”, que Visual 09 desarrolló en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid, supone un acercamiento a las propuestas experimentales más representativas de estas cinematografías que, precisamente por no disfrutar de un contexto en el que integrarse, adoptan la condición de verdaderos “experimentos”: su calidad de productos que se encuentran “tanto al margen de los mismos ámbitos geográficos como de la historia canónica del cine experimental” (en palabras de Celeste Araújo y Oriol Sánchez), nos permite considerarlos ajenos a los peligros que acechan al cine experimental, entre los que se encuentran la institucionalización de sus presupuestos y la pérdida de parte de su radicalidad.

El encargado de proponer un corpus de obras que representen el cine experimental portugués fue Alexandre Estrela, artista y programador de la sala Oporto, dedicada en exclusiva a la exhibición de cine y vídeo experimental en Lisboa. “Velocidad de luz variable” fue concebido como un panorama consistente y coherente donde la matemática (aplicada tanto a lo visual como a lo sonoro) y la luz se conjugaron para invitar al espectador a participar de un espectáculo insólito. El recorrido nos lleva desde los primeros tanteos manuales sobre superficies tridimensionales hasta las animaciones electrónicas características del siglo XXI. En Disco G parado (incluido en el proyecto de nombre Matemática), Vasco Lucena nos guía por los distintos efectos ópticos que el realizador crea mediante la manipulación directa con variaciones de redes sobre un disco parado. Desde este trabajo que casi podríamos describir como artesanal, llegamos a las exploraciones audiovisuales que vinculan imagen, sonido y palabra de E. Melo e Castro y Pedro Diniz Reis. El primero estudia las relaciones entre imagen y palabra oral en Roda lume, donde una voz va nombrando las formas geométricas que aparecen en pantalla mientras éstas se suceden unas a otras dando la sensación de movimiento perpetuo. En cuanto al segundo, construye en Alphabet (Portuguese) un poema visual sin sentido, donde una voz va nombrando las letras del alfabeto portugués mientras éstas aparecen y desaparecen de pantalla en un orden impuesto por una convención matemática. En GR 352-2, este interés se convierte en un concierto visual que da un valor cromático a cada acorde de piano que el espectador, entonces, oye y ve al mismo tiempo, conformando una obra con claras referencias a la desarrollada por el movimiento Fluxus. Por último, la obra reciente de Miguel Soares nos transporta a un mundo virtual donde el sonido se materializa en una serie de cuerpos vacíos que adoptan formas distintas según el impulso que reciban de éste.

Por su parte, Albert Alcoz, responsable de Atelier Sala d´Art de Barcelona, presentó un conjunto amplio y variado con el sugerente título de “Amalgama. Imágenes de espectros”. Frente a la portuguesa, su propuesta ofreció un abanico donde tuvieron cabida el cine experimental, el vídeo-arte, el cine-ensayo, el diario fílmico y el documental heterodoxo, proporcionando una mirada integradora de aquellos trabajos recientes que, de alguna manera, poseen una intención creativa que los distingue de la producción audiovisual mayoritaria. De entre la cantidad de piezas incluidas que de alguna manera invocan el sentido espectral que conlleva todo registro audiovisual (que remite a la cuestión de la presencia-ausencia de todo cuerpo registrado mediante un medio técnico o tecnológico), el uso de material de archivo tuvo una presencia significativa en Eumig 80/60 (Isaac Gimeno), The end (Fernando Franco) y A Spanish Delight (Eugeni Bonet). Este procedimiento se conjugó, en ocasiones, con la manipulación física del soporte cinematográfico, como pudimos observar en ABC pornographique (Sonia Armengol Teixidó) y Tabla aeróbica n.º 4 (Gonzalo de Pedro). Por otra parte, la fascinación por el cine se advierte en piezas como Fascinación (Javier Otaduy), La materia (Ramón Ayala) y, en cierto sentido, Moza de ánimas (Oriol Sánchez), que, mediante dispositivos distintos, ensalzan la capacidad de extrañamiento que este medio es capaz de conformar. Con un tono diferente, No es la imagen, es el objeto (Andrés Duque) muestra una performance donde el realizador manipula un álbum de cromos de su infancia para elevar, por medio del humor, una crítica a los discursos colonialistas que se encontraban presentes en la cultura popular de los años ochenta. El resultado de todo ello es una muestra heterogénea y dinámica sobre los caminos por los que transitan algunos impulsos experimentales recientes en nuestro país.

Por último, la propuesta lanzada por Esperanza Collado y Maximiliam le Cain, que parte del Experimental Film Club de Dublín, ofrece una mirada sugestiva y contundente que hace frente a la asumida ausencia de una tradición cinematográfica (experimental) en Irlanda. Si Experimental Conversations, de Fergus Daly (2006), es un intento de encontrar vínculos entre la práctica experimental irlandesa y la francesa suscitada por la visita de Antonin Artaud a la isla, la presencia simbólica en la programación de Film (1965), de Samuel Beckett -que finalmente no se proyectó-, es un intento de aportar antecedentes que, al menos por el momento, apenas se hallan. Una excepción considerable es la obra de Vivianne Dick: sus películas realizadas en Super 8 durante los años setenta y ochenta en Estados Unidos la configuran como una realizadora de culto que ha continuado su producción al margen de los modos institucionales de contar en el cine. Mientras She Had Her Gun All Ready (1978), protagonizada por Lydia Lunch y Pat Place, se reapropia de algunas constantes del cine negro y del melodrama para construir un relato en torno a la hostilidad femenina que tiene como fondo el Lower East Side de Nueva York, una producción más reciente, A Skinny Little Man Attacked Daddy (1994), se conforma como un diario fílmico que analiza, con sinceridad y crudeza, los rasgos de una identidad conformada a partir de la vida familiar y las distintas maneras de enfrentarse a la muerte. Junto a esta realizadora consagrada se pudo presenciar una cantidad considerable de piezas de indudable interés. Si Annihilated at the Same Time as the World es una mirada reflexiva a las relaciones entre filosofía y arte emprendida por el consagrado Fergus Daly, Film by the Sea (Donal Foreman) es un ejemplo de realización novel que, a partir de lo cotidiano (un paseo por la playa irlandesa de Seapoint), despierta determinadas sensaciones en el espectador por medio de una fotografía depurada y una banda sonora que acentúa los sonidos del entorno. Donal O´Ceilleachairr, que trabaja en Nueva York y ha realizado más de 40 películas en los últimos quince años, sitúa al espectador en una posición perturbadora que le hace reconsiderar el lugar de sus impulsos y deseos (4 You y Un peu moins [A Little Less]). Por último, Maximilliam le Cain se ha configurado como una gran promesa en este ámbito con su acercamiento a espacios cotidianos que contienen realidades ocultas y que consiguen transmitir al espectador una sensación incómoda y en ocasiones hasta angustiosa (Making a Home).

Desplazamientos futuros
Si esta panorámica sobre las distintas concepciones de realización experimental (consagradas e impulsivas, integradoras y excluyentes) nos descubre un universo que está aún por explorar, también nos permite, dado su interés y atractivo, reclamar la prolongación de esta tarea en sucesivas ediciones del Festival Visual. Tal y como se puso de manifiesto en la mesa redonda que moderó Gloria Vilches (Descentrados. Otra(s) historia(s) del cine experimental), si Internet es un espacio que propicia la conexión entre individuos y grupos que realizan (y visionan) experimentos audiovisuales que de otra manera no tendrían vida efectiva, aún es necesario que otras plataformas (televisión, instituciones, festivales) apuesten por producir y exhibir este tipo de creación que proporciona nuevas miradas sobre el mundo y sobre la imagen.

Sin apenas eventos que incluyan este tipo de realización audiovisual en su agenda, creemos necesario que este encuentro anual adopte una postura decidida y apueste por un tipo de cine que, salvo excepciones, sigue permaneciendo fuera de las instituciones y plataformas de exhibición. Pues es quizá adoptando el papel de “desplazado” (que dicho festival ha asumido en parte a lo largo de sus 9 años de andadura) como uno puede encontrar un lugar sustancioso en el vasto campo de la exhibición audiovisual actual.

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