Loop 2009. Reflexiones en torno al espectador

Si bien el interés artístico de algunas de las propuestas es indiscutible, el Festival genera una serie de dudas en torno al público que se derivan no sólo de una propuesta excesiva sino también de las condiciones de exhibición.


    Post2PDF

Double Take de Johan Grimonprez

La séptima edición del LOOP, que tuvo lugar en Barcelona entre los días 21 y 31 de mayo, centraba su atención en la relación existente entre el vídeo-arte y otras disciplinas artísticas. En esta edición, el Festival cerraba con la noticia de una futura exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles que reunirá 60 vídeos estrenados en la feria a lo largo de las siete ediciones. Volviendo a la presente edición, el extensísimo programa tenía, a priori, el objetivo de ofrecer una oportunidad para acercarse y profundizar, en palabras de los organizadores, a este territorio del arte contemporáneo. El acercarse resultaba más factible para el espectador que el profundizar, ya que la selección se hacía obligatoria teniendo en cuenta las múltiples propuestas del programa. Entre estas últimas, algunas se podían ver sólo en las fechas del Festival. Otras sin embargo, si bien inscritas dentro del programa, ofrecían un calendario más amplio – la de la Galería Toni Tàpies Manouvres / Maniobres, por ejemplo, que se puede ver hasta el 25 de septiembre – otorgando margen a una visita más pausada.

El LOOP estaba vertebrado, como en años anteriores, en torno a tres ejes: la feria, el festival y el forum de debate. La primera, dedicada a aspectos comerciales, la segunda a la exposición de las obras y la tercera a la reflexión. A través de esta red, los organizadores pretendían convertir el centro de Barcelona en un gran escaparate de vídeo-arte accesible a todo tipo de públicos: tanto profesionales del vídeo-arte como público general interesado en el arte y la cultura. La conclusión era que aspiraban a una iniciativa que fuera cercana y de carácter ciudadano. Concretamente este interés es el elemento fundamental de la propuesta OFF LOOP. Ésta se centra en ofrecer la posibilidad de disfrutar del Festival mientras se pasea por las calles de la ciudad, en un intento de aproximar el vídeo-arte al público a través de la incursión de las obras en diversos espacios de la ciudad como centros cívicos, tiendas, librerías y restaurantes.

Si bien el interés artístico de algunas de las propuestas es indiscutible, el planteamiento general del Festival genera una serie de dudas que giran en torno al público. Antes de proceder al desarrollo sobre estas “dudas”, resulta ineludible la mención a algunas de las propuestas del Festival. Dicha mención responde a criterios estéticos personales que no necesariamente han de coincidir con los de la mayoría. Las propuestas son las siguientes: las obras See You Later/Au Revoir (1990), Condensation – A Cove Story (2008) y The Corner of Braque and Picasso (2009) de Michael Snow, en la Galería Àngels Barcelona, en la que ha sido la primera exposición individual del artista en España; Distractions de Michael Nyman, en la Pedrera, que reúne un conjunto de vídeos realizados en diferentes partes del mundo en los últimos 15 años y que muestran el trabajo del artista con el vídeo-arte en paralelo a su actividad como compositor de bandas sonoras; el estreno en España de Double Take de Johan Grimonprez que tuvo lugar en el Macba o Desplaçaments comisariado por Pascale Cassagnau en la Fundació Francisco Godia, cuyo objetivo era, en palabras de la comisaria, cruzar miradas entre la creación contemporánea y el arte del pasado, en un cara a cara entre las pinturas, los objetos de arte y las imágenes en movimiento, planteamiento que parece cercano – si bien con matices diferenciados– al nuevo diálogo propuesto por Manuel Borja-Villel en la colección del Centro de Arte Reina Sofía.

Dicho esto, se ha de subrayar que las dudas surgidas a raíz del Festival no tienen nada que ver con las obras. Éstas pueden ser más o menos interesantes, pero no son responsables de que se establezca en torno a ellas un discurso que no siempre se ajusta a la realidad. En este caso concreto, es el discurso del Festival el que genera dudas. Dudas que se vieron reforzadas por algunas de las afirmaciones de Annika Larsson en la mesa de debate con Klaus Biesenbach. La joven artista escandinava se mostraba preocupada por el hecho de que a veces se intente hacer desaparecer al espectador, algo que según ella pasa en el cine. En otra de sus reflexiones, exponía su interés por la observación, asegurando que le interesa un espectador que pueda estar ocho horas observando una pieza, ya que éste habrá conseguido otro nivel de observación.

Resulta paradójico el fuerte contraste entre estas reflexiones tan interesantes de Larsson y la exposición de algunas de las obras del Festival. Estas palabras de la artista eran un eco constante en espacios donde no sólo desaparecía el espectador, sino que también desaparecía la obra, bien por una puerta que al abrirse hacía que entrase la luz y que desapareciese la imagen, o bien porque la obra, inscrita fuera del marco que le es común, pasaba a formar parte de una cotidianidad que nada tiene que ver con proclamas dadaístas o neodadaístas. Se hacían de igual modo presentes sus palabras sobre el interés de un espectador que pudiese estar ocho horas observando una pieza, cuando en un festival que dura diez días y contiene tantas propuestas, desde el punto de vista del tiempo, resulta materialmente imposible.

Tampoco desaparecían del todo sus referencias al cine en el que desaparece el espectador en los lugares donde un timbre, unos cubiertos, el golpe de un libro contra el suelo, la desnudez de unas paredes blancas o el ir y venir de los espectadores/clientes perturbaban el microclima de intimidad que un espectador puede mantener con la obra en el cobijo de la oscuridad de una sala de cine. En esas circunstancias fueron unas palabras de José María Nunes las que emergieron con fuerza: “Silencio se rueda, el cine es una misa”. Estas palabras recordadas por Pere Portabella en un acto público y recogidas por Joan M. Minguet en un artículo titulado “Una semblanza de José María Nunes, director de cine, poeta”, se otorgaron en tales circunstancias, providenciales.

En algunas de las sesiones de la Capella Macba en torno al proyecto El principi d’incertesa, en el que algunas propuestas se inscribían en el LOOP, tuvieron lugar una serie de performances con el objetivo de reflexionar sobre la creación artística, cultural y científica. Estas performances cobraron un nuevo significado tras unas palabras de Esther Ferrer en una entrevista que le realizaron hace un par de semanas. En dicha entrevista, la artista, cuando se le preguntaba por el público, respondía tajante: “No me importa el público. Cuando hago una performance no pienso en los espectadores. No me importa ni su respuesta ni su reacción”. Cabría preguntarse si al LOOP al igual que a Ferrer, en otro contexto y con un objetivo totalmente diferente, le importa realmente el “todo tipo de público” que se menciona en el programa.

Sea como fuere, fuera del discurso del Festival, hay artistas que se preocupan por inscribir al espectador en su obra. Michael Snow sería un ejemplo, ya que sostiene que siempre ha deseado que el espectador y él mismo se beneficien de sus intentos por aprehender e invocar una mística de la participación, con la naturaleza de la “realidad” que les presenta el artista en las pequeñas cosas que realiza. Otro caso sería Carles Santos que en 1967, para evitar el riesgo de no tener a nadie que la observase, se encargó de incorporar en su obra a L’Espectador.

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO