37 edición del Festival de Cine de Huesca

Do vidjenja, kako ste? (Adios, cómo estás?) de Boris Mitic está basada en la acumulación de breves frases contradictorias y fugaces tomas extraídas de la realidad pero llenas de surrealismo. Todo ello para dar cuenta de lo que es Serbia, algo tan complejo como incomprensible, variable e indefinible. El ácido humor de la voz en off que hila la narración (“Un día un gato negro se cruzó con nosotros y al dia siguiente murió”) combina con una recopilación de imágenes de por sí extrañas, situaciones incongruentes que las guerras provocan. Fue de lo más destacable que observamos en el apartado documental de la presente edición del Festival de Huesca 2009.


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Introducción
Blogs&Docs fue invitado a visitar el Festival de Cine de Huesca en su 37ª edición. Con una voluntad de reivindicar dos ‘ovejas negras’ de la industria audiovisual, el cortometraje y el documental, el evento cuenta con un despliegue de medios y presupuesto potente. Para contar con la presencia de grandes nombres del cine en Huesca y conseguir un eco y un prestigio festivalero, se rindió homenaje a ilustres cineastas, Basilio Martín Patino, Theodoros Angelopoulous y José Luis Borau.

De su amplia programación, decidimos centrarnos en la sección Concurso Europeo de Documentales y ojear alguna otra sección paralela donde encontrar obras documentales o colindantes con el mismo, como fueron In Video y Foro Europa. El ambiente entorno a las proyecciones fue desigual. Las secciones de cortometrajes tuvieron gran afluencia de público e invitados, y fueron presentadas con todos los honores, así como también las secciones paralelas con largometrajes de ficción las cuales llenaron las salas. Pero el apartado documental fue dejado un poco en un rincón, escaseó el ambiente y el debate entorno a las proyecciones.

¡Oh, no! ¡Más documental social de buenas intenciones!
Las 24 películas seleccionadas para la sección eran asequibles para todos los públicos, quizá demasiado para un festival. Esta selección dejó de lado toda aquella obra que escapara de lo canónico, no encontramos ensayos, ni juegos entre documental y ficción, ninguna obra en la órbita experimental, ninguna bizarría, muy pocos atrevimientos formales…

La temática de la mitad de los seleccionados fue social, desafortunadamente sólo en la vertiente más humanitaria y menos político-combativa del término. El hartzago de este espectador puede comprenderse después de acumular testimonions de mujeres maltratadas en Guatemala, de inmigrantes africanos atrapados en Mauritania, de niños haciendo un taller de video en Afghanistan, de una estudiante preparando unos exámenes decisivos para su futuro en Etiopía, del abuso de menores en Camboya, Ecuador y el Congo…  Añadiendo la palabra “social” o “derechos humanos” al título de la sección el nudo estaría deshecho, pero limitar la palabra “documental” a sólo estas temáticas llenas de buenas intenciones y pobres recursos visuales (algunas de estas obras eran reportajes televisivos) significa limitar la riqueza del género al público. Filmadas por europeos pero fuera del continente, buscando compadecer al espectador con tristes relatos del pobre “tercer mundo”, no sé si se acercan más al concepto concienciar o al concepto colonialismo. Apuntar que los documentales seleccionados en las categorías de cortometraje eran también sólo de temática social, repitiendo la misma visión sesgada.

De este grupo de películas destacó una: Le Barbier de la belga Julie Decarpentries. Retrata un barbero que corta el pelo a hombres sin techo. Filmando sus rostros, con ética y distancia, la realizadora va robando palabras a estas personas, de vida dura, llena de infortunios y vaivenes. Sus historias, breves, mientras su pelo es cortado gratuitamente, sus ojos, sus miradas y silencios, son de hondo calado. El barbero se intuye como un personaje apasionante. Un corto relato que podría convertirse en largo y que en algunos momentos recuerda al mejor de los depardones.

De nacionalismos y guerras
Del resto de películas que escaparon de la tierna mirada social, hubo dos brillos de creatividad que vale la pena reseñar. Uno de ellos se acerca a un tema ya visto diversas veces en reportajes, el del cierre diario de la frontera indio-paquistaní, evento convertido por los respectivos gobiernos en un espectáculo de festejo nacionalista. La novedad del realizador, Supiyo Sen, es haber filmado Wagah con dinamismo y montarla con vivacidad, realzando ése bruto sentimiento nacional que puede llevar a los países a guerras estúpidas pero que en este caso sólo sirve de desahogo emocional diario por unos minutos. De momento. Es divertido y reflexivo a la vez.

El otro documental brillante es Do vidjenja, kako ste? (Adios, cómo estás?) del serbio Boris Mitic. Es una película basada en la acumulación de breves frases contradictorias y fugaces tomas extraídas de la realidad pero llenas de surrealismo. Todo ello para dar cuenta de lo que es Serbia, algo tan complejo como incomprensible, variable e indefinible. El ácido humor de la voz en off que hila la narración (“Un día un gato negro se cruzó con nosotros y al dia siguiente murió”) combina con una recopilación de imágenes de por sí extrañas, filmadas con imaginación y astucia durante años, en una zona conflictiva que da pie a cuadros raros: mafiosos y nuevos ricos de estética kitsch, duras manifestaciones, pueblos arrasados, situaciones incongruentes que las guerras provocan… Algunas pura diversión, otras llena de significado político, reforzado por el sarcasmo del texto (“El enemigo nos volvió a sorprender: nosotros esperábamos que ellos atacarían primero”), ininterrumpido como una letanía. Ágiles asociaciones constantes entre voz e imagen, sublimación de los juegos de palabras, quizá el único pero es esta acumulación que en algunos momentos puede parecer excesiva. Los apuntes músicales también muy acertados, de Pascal Comelade.

Apuntes finales
De las otras secciones que contenían obras de no ficción, las mejores fueron dos cortometrajes de autores españoles. Límites primera persona de León Elías Siminiani y La Sortie de Chus Domínguez. El primero es un cortometraje ensayístico gran ejemplo de como trabajar el significado de unas pocas imágenes, de como hilvanar un relato con pocos planos, jugando con la voz en off y la repetición, en un modo que recuerda algunas secuencias de Tren de sombras de José Luis Guerín, pero con más sentido del humor. El segundo es un documental homenaje al cine, a los hermanos Lumière, y que haría buena pareja de programa con Cinema Mundial de Carles Asensio. Con las opiniones de los empleados de un histórico cine que cierra, el cine Kubrick, un solo plano emula los inicios del cinematógrafo, muestra la fachada del cine y sus luces de neón que se irán apagando, las últimas luces que proyectará la sala.

Este fugaz repaso por algunas de las películas mostradas en el Festival de Cine de Huesca nos llevan a creer que un evento tan bien llevado merece una sección documental más valiente e innovadora en todos los sentidos, con más movimiento post-proyección,  así como también necesita más apoyo y visibilidad dentro de la programación para que no quede oculta enmedio del considerable despligue que el festival genera.

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