Independencia

A medio camino entre la hipótesis cine-científica, el acercamiento lúdico y la reinvindicación política, el proyecto, tan cinematográfico como político de Martin pasa por imaginar un cine filipino que nunca existió, y así reinvindicar una identidad filipina usurpada por las sucesivas dominaciones extranjeras.


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Independencia de Raya Martin

La leyenda popular ha clasificado a Raya Martin, primero, como el director del plano secuencia más largo de la historia reciente, en referencia al largo travelling con el que, cámara doméstica en mano, arrancaba Autohystoria (2007), y después como el joven filipino que debutó en Cannes, en la Quincena de los Realizadores, con una película de duración mayúscula: Now Showing (2008), con casi cinco horas de extensión. Esas dos anécdotas se han convertido ya en lugares comunes del acercamiento crítico a la obra del joven filipino, dejando en un segundo plano aspectos de su obra mucho menos superficiales y que ahora resultan claves a la hora de entender su último trabajo, estrenado en la sección “Un certain regard” del último Festival de Cannes: Independencia (2009).

Guerrillera desde el título, la última película de Martin supone la agudización de una de sus líneas principales de trabajo, que ya había apuntado en películas anteriores, y que en esta ocupa toda la pantalla, a lo largo y a lo alto: la reescritura y reinvención de la historia de su país a través de la historia del cine. A medio camino entre la hipótesis cine-científica, el acercamiento lúdico y la reinvindicación política, el proyecto, tan cinematográfico como político (si es que en este caso conviene hacer esa distinción, si es que en este caso no son dos maneras distintas para denominar a un mismo gesto) de Martin pasa por imaginar un cine filipino que nunca existió, y así reinvindicar una identidad filipina usurpada por las sucesivas dominaciones extranjeras (española primero, norteamericana después).

Si en anteriores trabajos Martin fabulaba con un hipotético cine de los orígenes filipino, en Independencia se apropia de los modos del cine clásico para reinventarlo e imaginar cómo hubiera sido una película del periodo clásico si hubiera narrado la historia de los indígenas filipinos. Así, la película se convierte en un gran contraplano inexistente e imposible: lo que estuvo siempre oculto a las cámaras del cine que los invasores impusieron en Filipinas. Sin embargo, el proyecto de Martin nada tiene que ver con reinvenciones del cine clásico, ni con un lamento por una poética perdida, y tampoco pasa por la copia exacta de un cine filipino que pocos espectadores podrán conocer, sino que es más bien un gesto metafórico, y no un ejercicio de mimetismo extremo: no se trata de hacer pasar por antigua una película contemporánea, sino hacer visible un agujero en la historia cinematográfica de todo un país que no tiene imágenes para contar su propia historia. El propio Martin explica que Independencia forma parte de una serie de películas dedicadas a las luchas independentistas en su país, serie que al mismo tiempo narra la evolución de un cineasta ficcticio, desde el cine mudo al sonoro, y quizás más allá. El proyecto, tan poético y político como maravillosamente ingenuo, desemboca, por el momento, en Independencia, una película que, en palabras de Fran Gayo, “reinventa el pasado  y lo pone en imágenes que parecen arrebatadas al olvido” a través de un rodaje exclusivamente en interiores, en una falsa selva dibujada en estudio que funciona como metáfora del ejercicio de resistencia de los protagonistas, que huyen a la espesura ante la invasión norteamericana. Así, la película se construye íntegramente sobre un diálogo entre los opuestos dentro/fuera, entre el plano y su fuera de campo, entre lo que está y lo que llega: el estatismo de la puesta en escena, los personajes que aparecen y desaparecen de cuadro, no es sólo una actualización de los viejos rodajes en estudio y con cámaras pesadas que impedían el movimiento, sino una manera de hacer visible la irrupción invasora, la fuga constante de los protagonistas, y la última salida de cuadro con la que termina la película, y que abre el paso a la sangre abstracta en un homenaje a Stan Brackage, el último gesto de independencia cinematográfica, política y nacional.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Raya Martin
Guión: Raya Martin, Ramon Sarmiento
Director de fotografía: Jeanne Lapoirie
Sonido: Ronald de Asis, Airnel Labayo
Montaje: Jay Halili
Música: Lutgardo Labad
Dirección de producción: Rolly Palmes
Dirección artística: Digo Ricio
Producción: Atopic, Antoine Segovia y Christophe Gougeon, Cinematografica Films, Arleen Cuevas
Coproducción: Arte France Cinéma, Razor Films, Volya Films, RoadRunner
País y año de producción: Filipinas, Francia, Holanda, Alemania, 2009.

Un Comentario

  1. Antonio 07/07/2009 | Permalink

    El articulo como todo lo que se escribe sobre el nuevo mito filipino da ganas de ir a ver Independencia. Yo la ví ayer en Bruselas y me fui a la mitad porque consideré que era demasiado mala. No hay belleza, no hay rigor, los actores son pésimos, la música excesiva e insoportable, los sonidos de la jungla se vuelven pesadisimos,.. Los efectos de intelectual primerizo dan asco… ¿Qué hay entonces que valga la pena a parte del articulo que pueda escribirse después? BOh. Basta de crear mitos. Aceptemos que vivimos una época bastante mediocre y ensalcemos solo aquello que nos pueda sacarnos de la mediocridad.

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