Jean Painlevé y el documental de divulgación científica

“La ciencia es ficción” fue uno de sus axiomas más célebres, y merced al micro-cine en el que se especializó desde finales de los años veinte, Painlevé se situó en un punto equidistante entre la ciencia y la comunidad científica, de un lado, y el mundo del cine, del otro.


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Dentro de la larga tradición del género documental como vehículo de divulgación científica, quizás, por otra parte, su primera vocación, uno de los temas más frecuentes, tratado casi desde los mismos orígenes del cine, es la descripción de la naturaleza y la vida animal. Con ilustres precedentes como los primitivos Eadweard Muybridge, que fotografió el movimiento de caballos y otros animales, y su seguidor Étienne Jules Marey, que trató de registrar fotográficamente el vuelo de las aves, quienes, según Bazin, “no sólo inventaron la técnica del cine sino que crearon al mismo tiempo lo más puro de su estética” , la divulgación científica de la vida y las costumbres animales tuvo una primera edad de oro en las tres décadas iniciales del pasado siglo.

Seguramente el primer nombre propio que podemos destacar al respecto es el del antropólogo británico Alfred Haddon, quien filmó con una cámara Lumière una expedición al estrecho de Torres organizada en 1898 por la Universidad de Cambridge en la que participó. Otros pioneros británicos fueron Oliver Pike, responsable de uno de los primeros documentales sobre fauna del Reino Unido: Tierra de pájaros (In Birdland, 1907), y los hermanos Richard y Cherry Kearton, los primeros fotógrafos profesionales de la vida salvaje animal. Este último, una vez separado de su hermano, se convirtió en uno de los cámaras y productores más prolíficos del género, realizando, entre otras, películas etnográfico-naturalistas como Roosevelt in Africa (1910) y A Primitive Man’s Career to Civilisation (1911). En fecha tan temprana como 1913, en un artículo aparecido en el número de mayo de la revista Moving Picture World, se acuñó el término “Natural History film” (“película de historia natural”) para describir las películas documentales que trataban sobre la naturaleza, su fauna y su flora. Ese mismo año se fundó la British Instructional Films Ltd. que, apoyada en el quehacer científico del biólogo y divulgador Julian Huxley y el zoólogo Humphrey Hewer, produjo The Cuckoo’s Secret, primer episodio de la prestigiosa serie Secrets of Nature (1922). El propio Huxley, asistido por un joven John Grierson -años más tarde pilar del movimiento documentalista británico- como operador de cámara, rodó La vida privada del alcatraz (The Private Life of the Gannets, 1934), distribuida tres años más tarde con fines educativos y que obtuvo, entre otros galardones, el Oscar al mejor argumento de cortometraje y una mención especial en el Festival de Venecia. En fin, dado este auge del cine científico, una compañía tan importante dentro de la industria británica como Strand Films creó una subdivisión, la Strand Zoological Productions, dirigida en sus dos primeros años de existencia, 1935-1937, por el teórico y documentalista Paul Rotha (2).

Pero no fue Inglaterra el único centro neurálgico de la divulgación científica cinematográfica. En el continente, y más exactamente en Alemania, la U.F.A. creó un departamento científico a finales de los años veinte dirigido por el Dr. Ulrich K.T. Schultz que produjo centenares de documentales sobre la vida animal y vegetal como Natur und Liebe (1927), Das Sinnesleben der Pflanzen (1937), que permitía percibir el crecimiento de las plantas mediante el acelerado de la imagen, o Natur und Technik (1938). Como señala Klaus Kreimeier (3), mediante estos y otros títulos similares el nacionalsocialismo trató de identificar de cara al público determinados comportamientos biológicos y sociales gracias a los postulados de una ciencia social de clara orientación darwinista. De este modo la divulgación científica se puso al servicio de la propaganda y la ideología nazi como ya lo habían hecho otros subgéneros documentales tales como los filmes educativos y culturales, de instrucción militar o históricos.

Por su parte, en Francia, Alfred Machin (4), un antiguo cámara de la compañía Pathé, fundó su propia productora en Niza y filmó dos películas prestigiosas: Bêtes Commes les Hommes (1922) y De la Jungle à L’écran (1928). Sin embargo, la figura más importante dentro del panorama científico-cinematográfico francés de ese momento fue sin duda la de Jean Painlevé.

“Painlevé es una figura extraña incluso dentro del cine francés. Por un motivo: sus múltiples facetas. Hace tan solo un cuarto de siglo, presentaba su primera ponencia en la Academia Francesa de las Ciencias: entonces era un prometedor biólogo de veintidós años. Dos o tres más tarde, aparece en un papel totalmente distinto, el de campeón de coches de carreras. A la misma vez, en los años veinte, frecuentaba los diminutos teatros de vanguardia parisinos, interpretando pequeños papeles. Un fotograma, perteneciente a una película muda hoy en día olvidada, nos lo muestra vestido con el traje a rayas de los sirvientes franceses, tocando el piano mientras Michel Simon le observa de forma benevolente. En 1928, produjo su primera película” (5). Así es como presentaba a Jean Painlevé al público británico el crítico John Maddison en 1950. Si bien sus palabras sirven para ilustrar la personalidad heterogénea del cineasta, antes de adentrarnos en su obra se hace necesario un breve acercamiento biográfico a su figura.

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(1) Bazin, André: “A propósito de Jean Painlevé” ¿Qué es el cine?, Madrid, Ed. Rialp, 1966, p. 40.
(2) Ver al respecto Rotha, Paul (y otros): Documentary Film, Nueva York, Hasting House Publishers, 1970.
(3) Kremeier, Klaus: The Ufa Story: A History of Germany’s Greatest Film Company 1918-1945, Nueva York, Hill & Wang Publishers, 1996, pp. 271-273.
(4) Para mayor información sobre Machin, ver Lacassin, Francis: “Alfred Machin 1877-1929” en Anthologie du ciéma nº39, suplemento de L’Avant scéne du cinéma nº 86, noviembre 1968; y Alfred Machin, de la jungle à l’écran, Paris, Dreamland, 2001.
(5) Maddison, John: “The World of Jean Painlevé” en Sight and Sound Vol. 19, nº 6, agosto 1950, p. 249.

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