Marie Menken. Impresiones / Visiones

Luz y movimiento son los rasgos que definen la obra de esta cineasta pionera de la vanguardia americana de los años sesenta. Con ellos escribió, en palabras de Jonas Mekas, las frases más hermosas de la poesía cinematográfica.


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Este acercamiento fugaz y fragmentario a un espacio es todavía más patente en Arabesque for Kenneth Anger (1961), donde la directora registra una visita a la Alhambra en compañía del director. Además de sus característicos barridos y sus titubeantes planos detalle, aquí Menken gira sobre sí misma convirtiendo los diferentes ornamentos arquitectónicos (arabescos, azulejos y los haces de luz que en forma estrellada  penetran por las cúpulas) en los cristales de un caleidoscopio, creando planos que no contienen una única imagen sino múltiples combinaciones de colores y luces. En esta pieza además encontramos el montaje en cámara y la filmación fotograma a fotograma, que serán más adelante rasgos característicos en las obras de Jonas Mekas (pensamos en Diaries, Notes, and Sketches de 1969y, especialmente en su capítulo, Notes on the Circus). El filme se cierra con un travelling lateral de la fuente del patio de los leones, una vista sincopada que se repite varias veces a modo de loop. No obstante, su pieza más emblemática en este sentido es Go! Go! Go! (1962-1964), dedicada a la ciudad de Nueva York y que remite a las clásicas sinfonías urbanas de los años 20 y 30, a la hora de enfatizar el vertiginoso ritmo de la urbe. La técnica frame a frame y el time lapse comprimen el paso del tiempo, creando un efecto de celeridad casi irónico. Estamos ante una ciudad que palpita desbocada, incluso en sus momentos de ocio, y que sólo parece atemperarse cuando la directora filma el puerto neoyorquino: el paso de los ferries captados desde la distancia proponen un descanso visual frente al enjambre humano, arquitectónico y tecnológico anterior.

Otro rasgo clave de la obra de Marie Menken, compuesta por unos dieciocho filmes, es la heterogeneidad formal y la diversidad de técnicas empleadas. Así junto a las piezas comentadas de carácter documental, encontramos otras de apropiación, como Wrestling (1964) donde refilma, también fotograma a fotograma, la retransmisión televisiva de un combate de boxeo o la sugerente Hurry! Hurry! (1957) en la que se sirve de material científico para articular una alegoría sobre la barbarie y la masculinidad. El sonido de tiroteos y bombas componen la banda sonora de un filme que sobreimpresiona planos de llamas con los de unos espermatozoides que se enzarzan en una danza de la muerte, en una competencia donde ya no parece importar tanto un objetivo, sino la lucha y la destrucción.

Una visión sensorial
Pintora antes que cineasta, Menken siempre consideró el cine como una prolongación natural de su obra pictórica: “En la pintura nunca me gustó la sobriedad estática, siempre busqué aquello que pudiera cambiar dependiendo de la luz y la posición, usando purpurina, abalorios, pintura luminosa, de modo que probar la cámara era algo natural para mi.” (7) Así, la exploración de la luz se convertirá en otra nota fundamental de su trabajo a través de una serie de pequeños apuntes de carácter más abstracto que entroncan con algunas de las preocupaciones de Stan Brakhage plasmó en su libro Metaphors on Vision, donde proponía ampliar la noción de visión. Para Brakhage, la imagen (lo que el ser humano es capaz de percibir o visualizar), no se reducía a la apreciación de la realidad tangible, sino que se abría también a otras experiencias vinculadas con los sueños y la memoria y a otras estrictamente sensoriales, como son las formas, colores y destellos que vemos cuando tenemos los ojos cerrados. Es precisamente esta “closed-eye-vision”, este perpetuo juego entre sombras y luces, el que parece trasladar a la pantalla Marie Menken en Moonplay, Eye Music in Red Major, Night Writing y Lights.

Moon Play se puede calificar como un estudio visual de la luna. El constante movimiento de cámara (apenas perceptible puesto que en la oscura homogeneidad del cielo no tenemos un marco de referencia que delimite el fin del cuadro) crea la sensación ilusoria de que es la luna la que se mueve de forma paroxística dentro del plano, saltando arriba y abajo, desdoblándose en múltiples circunferencias, diluyéndose momentáneamente entre las nubes y volviendo a emerger con fuerza tras un súbito desgarro de la materia que la ocultaba. El mismo efecto estroboscópico se convierte en leit motiv de Eye Music in Red Major (1961) que, como su título propone, implica una alteración del sentido de la vista y el oído. Menken compone una sinfonía visual, una sucesión de luces de colores que danzan (se acercan, se alejan, se difuminan y multiplican) como notas de una partitura en la que domina el rojo. De forma similar se articulan Night Writing y Lights, donde el movimiento de la cámara se convierte en metonimia de la escritura al componer grafías a partir de fuentes de luz estáticas como las luces de navidad. De nuevo, nos encontramos con una percepción inusual de los fenómenos exteriores que, si bien son sólo factibles por la mediación de la cámara, nos conectan con otros sentidos y expanden los límites de una visión sujeta a la tridimensionalidad. Para Menken, la experimentación sensorial a través de las más variadas técnicas cinematográficas es en una extensión de la propia sensibilidad y la subjetividad. Como  señaló Mekas, los filmes de Marie Meken “no tratan sobre nada… Son pequeños sentimientos, pequeñas emociones, pequeñas imágenes”.


(7) Cf. Jean Petrolle y Virginia Wright Wexman, Women & Experimental Filmmaking, University of Illinois, 2005, p.3.

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