District 9

Si las películas sufrieran enfermedades mentales, District 9 sería carne de diván. El film de Neill Blomkamp aparece afectado por un trastorno disociativo particularmente extremo: ¿Cine de autor o de género? ¿Película de culto o blockbuster veraniego? ¿Sudáfrica o Hollywood?


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District 9 en el psiquiatra

Si las películas sufrieran enfermedades mentales, District 9 sería carne de diván. El film de Neill Blomkamp aparece afectado por un trastorno disociativo particularmente extremo: ¿Cine de autor o de género? ¿Película de culto o blockbuster veraniego? ¿Sudáfrica o Hollywood? En sí misma esta dislocación no es una novedad. Lo verdaderamente interesante es que, como la protagonista de la serie United States of Tara, District 9 no es una víctima pasiva de su particular afección, sino que va en busca de sus diferentes personalidades o “alters” con ahínco, encontrando su verdadera razón de ser en un cacofónico y desprejuiciado mash-up de naturalezas y estilos aparentemente irreconciliables. Estos son algunos de ellos.

Alter 1: Drama psicológico con CGI
Una gran nave espacial aparece sobre Johannesburgo. En su interior, desorientados y desnutridos, encuentran a un millon de alienígenas de repugnante aspecto artrópodo. Las autoridades los colocan en un campo de refugiados junto a la ciudad: el Distrito 9. Años después, el Distrito 9 se ha convertido en una  mezcla de ghetto y favela. Un foco de crimen organizado y violencia que provoca tensiones con la población humana. Se decide “recolocar” a las gambas (como se les denomina despectivamente) en un nuevo campo lejos de núcleos urbanos. Coordinada por el inepto Wikus van der Merwe, la tarea correrá a cargo del MNU, un contratista militar…

En la web cinematográfica Las Horas Perdidas y en referencia a la aparición del trailer español de District 9, podemos leer:  “Alienígenas, apartheid, disturbios raciales y sociales, integración, revueltas y guerra. Todo en uno”. Descontando el hecho de que la distribución española no haya traducido un título que se prestaba tan fácilmente a ello, lo más sorprendente del marketing del film es lo altamente engañoso de su posicionamiento. A pesar de lo que se extrae del argumento -y de la campaña publicitaria- District 9 no nos ofrece un gran fresco social/histórico, aún de ficción. La trama es casi camerística: dos personajes principales (Wikus y la “gamba” Christopher) se reparten casi todo el peso de una historia de aprendizaje /redención bien construida, aunque no demasiado profunda, donde los principales puntos de inflexión son psicológicos: primero la transformación de Wikus de funcionario chupatintas a animal desesperado y finalmente su toma de conciencia y resurgimiento moral. La galería de secundarios no es mucho mayor: un par de antagonistas más bien caricaturescos, la esposa y el suegro de Wikus, el hijo de Christopher y poco más. Indudablemente District 9 no es La batalla de Argel del cine de ciencia ficción. Todos los grandes conceptos utilizados en referencia al film (xenofobia, alteridad, conflicto…) aparecen como mero telón de fondo formando parte de la ambientación pero sin llegar a impulsar la narración. El film es pues un pequeño –en el sentido de poco ambicioso- estudio sobre la psicología humana acompañado, por otro lado, de algunos de los mejores efectos generados por ordenador que hemos podido ver últimamente, superando incluso a los de títulos-excusa para el alarde, como Transformers 2.

Alter 2: Buddy-movie de tesis
Citando el Complete Film Dictionary, Wikipedia define una “buddy movie” (buddy film) como “una película que presenta la relación de dos hombres como la principal. Estas películas exaltan las virtudes de la camaradería masculina y relegan las relaciones hombre-mujer en una posición secundaria”. Varios son los clichés que atañen a este tipo de géneros. Los dos personajes masculinos tienen que ser diferentes y complementarios y necesitarse por ello. Además muchas veces la trama toma la siguiente forma: los protagonistas se conocen, en un primer momento no se soportan pero están obligados a convivir y finalmente  aprenden a quererse… pero “sin mariconadas” que diría Torrente. La trama secundaria de District 9 no se aparta ni un ápice de este alambicado esquema y no es ni siquiera la primera en haberlo adaptado a un tema de ciencia ficción (Enemigo mío y Alien Nación vienen inmediatamente a la cabeza). Aunque no sea el género más proclive a ello, una buddy movie puede venir acompañada de comentario político o social (pienso en Cowboy de medianoche, John Schlesinger, 1969). Pero District 9 juega en otra liga. Ya sean políticos, militares, periodistas, científicos, familiares, criminales, alienófilos, empleados de un fast food o el mismo protagonista, Neill Blomkamp utiliza todos los medios-personaje a su disposición para transmitir con insistencia casi maníaca y muy poca sutileza un edificante mensaje: la naturaleza universal (individual y colectiva) de la estupidez. Este modus operandi le acerca al movedizo terreno de la películas de tesis.

Alter 3: cinéma vérité y videojuego
Además, District 9 pertenece a una cierta estirpe cinematográfica que aunque hunde sus raíces en títulos exploitation de los 70 como Holocausto Caníbal (Ruggero Deodato, 1980) o La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), nace oficialmente con el fenómeno El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999) y se perpetúa en títulos como Monstruoso (horrible ‘traducción’ de Cloverfield, Matt Reeves, 2008) o REC (Jaume Balagueró, Paco Plaza, 2007), por nombrar los ejemplos más satisfactorios: films de género fantástico que utilizan técnicas del cine de no-ficción con fines estéticos y de posicionamiento –como medio para conseguir la viralidad. Vídeo de definición estándar, cámara al hombro (a veces participante), entrevistas, improvisación, metraje apropiado (en particular procedente de noticiarios)… son todos recursos vistos en las películas mencionadas y utilizados en District 9 con gracia y soltura. Si por un lado el cine de género coquetea con la no ficción y su pátina de cultura “culta”, es un signo de los tiempos que lo haga también con el producto definitorio de la cultura “popular” de nuestra época: el videojuego. En District 9 tenemos un personaje dotado de habilidades sobrehumanas que persigue un objetivo en un entorno cada vez más agresivo mediante múltiple armamento, cada vez más poderoso (incluído un mecha*). De Metroid (Gunpei Yokoi, Nintendo, 1986) a Gears of War 2 (Cliff Bleszinski, Epic, 2008) pasando por Doom (vv.aa. id Software, 1993) esto forma la columna vertebral de infinidad de títulos junto con sus enemigos-tipo (militares, nigerianos…), set pieces clásicas (fase de infiltración, fase de vehículos, enemigo final…) y la hiperviolencia estilizada. Como anécdota, cabe destacar que el proyecto original que unió a Peter Jackson, productor del film, y a Neill Blomkamp fue la adaptación cinematográfica de Halo, una de las franquicias más respetadas (y uno de los universos más interesantes) del mundo de los videojuegos. District 9 fue el “plan b” tras la cancelación del proyecto (ahora en manos de Spielberg). Sólo cabe suspirar lamentando la película de Halo que nos hemos perdido.

*Procedentes de la cultura popular japonesa (particularmente de series manga como Gundam, Neon Genesis Evangelion o Macross/Robotech) los mechas son vehículos andantes de forma humanoide. Se diferencian de los robots gigantes en que están controlados por un piloto.

FICHA TÉCNICA

Dirección: Neill Blomkamp
Guión: Neill Blomkamp, Terri Tatchell
Actores: Sharlto Copley, Jason Cope, Nathalie Boltt, Sylvaine Strike
Fotografía: Trent Opaloch
Montaje: Julian Clarke
Música: Clinton Shorter
Productora: WingNut Films, QED International, Wintergreen Productions, Key Creatives
País y año de producción: Nueva Zelanda, 2009
Web: www.d-9.es

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