Film Ist. A girl & a gun

En Film Ist. A girl & a gun, el arte de juntar fragmentos deviene orfebrería. La oscuridad, la rabia y la incomodidad características de otras ramas del found footage, son aquí luminosidad.


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Como cualquier aficionado al cine detectará, en el título de la decimotercera entrega de la serie Film ist de Gustav Deutsch, se escucha cercano el conocido aforismo sobre las necesidades básicas para realizar una película: el de una chica y una pistola sobre los que construir la(s) historia(s) de turno. Como siempre, entre la provocación y la lucidez extrema, aquel dicho que Jean-Luc Godard tomaba prestado a D. W. Griffith, contenía un deseo de liberación. Para Godard, la chica y la pistola eran el símbolo de algo más, eran la huida imposible de las instancias y de la logística cavernaria a las que siempre había estado sometido el cine; un embrollo que fascinaba y esclavizaba a partes iguales.

Deutsch hará suyo ese espíritu. Allí donde unos solicitaban un arma y una mujer, el otro les corresponderá con idéntica petición: él necesita una archivera y unas tijeras. Bromas aparte, la apertura de nuevos caminos para la realización de películas está presente en ambos. No obstante, y de la misma manera que le ocurrió a la irónica fórmula griffithiana, revistada por el director de Le Mèpris (1963), la apropiación y el trabajo de remontaje con materiales ajenos, terminarían siendo institucionalizados. En el caso del found footage y de esta película en concreto, no puede seguir llamando la atención la presencia consorte de archivos y filmotecas. Su colaboración es ya tan habitual como indispensable en muchos casos.

Es esta una evolución llamativa que los interesados en historiar el fenómeno no podrán pasar por alto: la apropiación de imágenes pasó de ser la pordiosera arrumbada en una mugrienta calle del cinematógrafo, a convertirse en hermosa vedette de bulevar en festivales y exposiciones. A estas alturas, dejando al margen otras consideraciones, conviene dejar claras ciertas líneas de separación en el found footage para evitar su imparable catalogación como un todo uniforme. Su interior es el de un cristal roto. Un pedazo reflejará, partido o deformado, el  rostro de Gustav Deutsch, mientras que al lado, pero sin otro punto en común que la piedra que rompe el cristal, estarán los de Joseph Cornell, Bruce Conner, Arthur Lipsett, Craig Baldwin, Ken Jacobs, Alan Berliner, Gianikian y Lucchi, Hollis Frampton, Lisl Ponger, Péter Forgács, Harun Farocki, Bill Morrison, etc.

Resulta extraño insinuar cierto aburguesamiento en el found footage contemporáneo y, sin embargo, cada vez parece más difícil negar el acercamiento. En Film Ist. A girl & a gun, puede tener espacio ese debate. Es más, si hay una película apropiada a partir de la cual poder discutirlo, es ésta. En ella descubrimos como el arte de juntar fragmentos deviene orfebrería. La oscuridad, la rabia y la incomodidad características de otras ramas del found footage, son aquí luminosidad, como si a él hubieran llegado el color y el CinemaScope (1), como si el placer estético primara sobre cualquier otra cuestión formal o semántica.

Esa pregunta siempre ha estado sobre la mesa, pero ahora está volviendo con fuerza. Pregunta que se convierte en acusación con frecuencia, pues para no poca gente el found footage es un ejercicio ensimismado, un acto de y para estetas, un vestigio reaccionario del Romanticismo, del amor a la ruina y del rechazo a las máquinas. Un idealismo absurdo y peligroso que ha hecho de la materia rancia y ajada de las imágenes un emblema sagrado.

A pesar de ese preciosismo al que hacemos referencia, el found footage en general y Film Ist. A girl & a gun en particular, para quien esto escribe, continúan aportando cualidades necesarias y valiosas más allá del simple placer estético. Al cual, por otra parte, uno no lo encuentra la menor conexión con la supuesta involución humana, sino más bien todo lo contrario.

Por encima de cualquier otra valoración, Film Ist emerge como un filme sobre los procesos. Y lo hace en un contexto -en unos años- en el que adquiere gran valor pedagógico. A bordo del citado lema, Deutsch no libera al cine de su esclerótico modo de producción, sino que lo desvela. No ejerce de Quijote, no libra batallas perdidas de antemano ni protesta airado. En este sentido, Detusch se muestra más sutil que en otros aspectos de los que hablaremos en seguida y, de la mano de archivos y filmotecas, desmonta una de las ilusiones más repetidas y asentadas en nuestra sociedad: la del nacimiento de los productos por generación espontánea. Frente a ella, una cadena interminable de procesos que, lógicamente, supone una explicación más larga y compleja que la ofrecida por la cultura de la inmediatez.

En un momento en el que observamos cualquier filme del periodo mudo como si procediera de la misma época que una pintura rupestre, conviene, más que nunca, ver este tipo de películas. Y en ese acto de ver, no rechazar la invitación de Deutsch al cuestionamiento y reflexionar sobre cualquier idea que nos ronde. Preguntarse sobre la propia naturaleza del material, su origen, su anclaje fílmico, sobre posibles manipulaciones sufridas en la recolección, las horas de visionado, la elección del mismo, los medios mecánicos y humanos necesarios o sobre su paradójica uniformidad en el envoltorio final, ya sea en la pantalla de un cine o de su remedo digital en un ordenador. No se trata de un interrogatorio superficial sobre los 123 fragmentos empleados por el director en esta obra, sino de interesarse por la peripecia histórica de un filme. Tal es su principal valor didáctico.

Vistas algunas de las virtudes que alumbran Film Ist, veamos con rapidez su reverso, el lado más débil.

Su discurso, nacido de la suma de imágenes e intertítulos, no por sugerente y en ocasiones brillante, se libra de su naturaleza inconexa. Nada grave, es más, del todo comprensible dentro de su género si no fuera porque Deutsch apunta demasiado alto de principio a fin. En esa ambición, el relato resulta inconsistente y simplista, incapaz de cumplir con las expectativas presentadas.

Film Ist desilusiona en cuanto su director intenta vestirla de gala. Acude a clásicos griegos para los intertítulos, a la caprichosa división en actos, a la construcción mitológica de la Naturaleza y el hombre, a las pulsiones universales (sexo –nacimiento-, violencia –muerte-) y, por fin, a la relación entre hombre y mujer con el cine como vehículo entre ambos. El conjunto termina adquiriendo un aire engolado que en nada le favorece. Lo mitológico aparece como adorno, sin apostar en ningún momento a fondo por ello. Sabedor del riesgo, Deutsch lo emplea como florero, como coartada intelectual (tierra, fuego, cosmos, caos, agua, etc.), sin cruzar la línea que otra obra no adscrita al found footage, pero que también hacía de la materia fílmica y de la hipoformalización puntual elementos destacados, sí traspasó: Begotten (Elias Merhige, 1991).

Más específico intenta ser, sin lograrlo, en su retrato de la mujer. Su enfoque (confrontar e hilar presente y pasado) podría funcionar si no fuera por lo grueso que Deutsch se muestra en múltiples elecciones y cruces de imágenes, dignos de primero de iconografía. En este sentido, Film Ist hubiera sido un filme apetecible para cualquier  análisis textual de corte feminista años 70. Uno de tantos donde el molde aplicado ya prevé la resolución del conflicto. El deslizamiento de Deutsch hacia ese uso determinista, en este caso de las imágenes, le conduce a la obtención de un relato endeble. Lo cual demuestra la insuficiencia de dicho método a la hora de querer fijar los sentidos; un grave problema al enfrentarse con una pieza de found footage.

Es en esa travesía hacia el ensayo donde se muestra algo fatuo, repleto de generalidades y redundancias. Algo evitable si hubiera acotado su límite de acción, como por ejemplo pudieron hacer, siguiendo con lo femenino en el cine de apropiación, Peter Delpeut en Diva Dolorosa (1999) y Matthias Müller en Home Stories (1990). Con todo, en Film Ist seguirán latiendo el poder y el problema semántico de las imágenes que siempre ha estado presente en el estudio del fenómeno.

De esta manera, Film Ist funcionará mejor como artefacto histórico (y estético), que como artefacto narrativo. Muchos encontrarán imposible tal separación y les apoyo, la historia no se entiende sin narración, pero aquí la división existe en un sentido puramente descriptivo. La narración concreta y autónoma sobre la mujer y la explotación que de ella ha hecho el cine (2), resulta menos conseguida e interesante que la narración elíptica realizada sobre los procesos históricos del mismo cine. En esta última, el espectador aparecerá como cómplice necesario.

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(1) El CinemaScope real de La Verifica Incerta (Gianfranco Baruchello & Alberto Grifi, 1965) o el de Peter Tscherkassky, son cosas bien diferentes.
(2) En el filme parece evidente que el Cine funciona como sosias del hombre. Existe una identificación entre la manifestación plástica y quien la perpetra como representantes de un orden social y artístico piramidal.

FICHA TÉCNICA

Dirección: Gustav Deutsch
Guión: Gustav Deutsch
Música: Martin Siewert, Christian Fennesz, Burkhard Stangl
Producción: Manfred Neuwirth, Media Loop
Con la participación de: Filmfond Wiener, Land Niederösterreich, ORF, BKA Kunst
País y año de producción: Austria, 2009

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