Miguel Gomes

Por los alrededores del festival DocsLisboa, encontramos al director portugués Miguel Gomes (Aquele querido mês de agosto, 2008) y aprovechamos para mantener una conversación informal con él y hablar de su película – poco conocida en España a pesar de su reconocimiento crítico-, de cine, del concepto de “documental” y de sus futuros proyectos.


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M. Martí Freixas: Volví a ver Aquele querido mês de agosto hace poco con un grupo de estudiantes y el final de la proyección coincidió con el de la clase. En lugar de irse , surgió entre ellos una  charla espontánea que se alargó sin que nadie mirara el reloj.
Miguel Gomes: Tienes que explicar esto a los distribuidores en España (risas). Piensan que la gente no está preparada para que les guste una película de dos horas y media, donde la historia intensa empieza  enla mitad. Creen que iría a verla muy poca gente.

Si que se necesita un poco de paciencia, pero al entrar en la segunda parte toda la primera vuelve a nacer. ¿Este esquema que usaste estaba planteado en el guión o fue surgiendo durante el rodaje?
Fue la mala suerte. Fue porque no había dinero. Lo que tenía inicialmente era un guión que estaba más cerca de lo que se ve en la segunda parte. La historia de los personajes, el padre de la cantante, el primo que llega… estaba más desarrollada y tenía más personajes. Un mes y medio antes del rodaje, mi productora me dijo que no se iba a hacer la película porque era el Ben-Hur del campo portugués, con mil extras, que no se podía llevar a cabo una película de este tipo con el dinero que teníamos y que esperaríamos a conseguir más presupuesto. Me quedé un poco deprimido durante dos o tres días, y después pensé que lo mejor era comenzar a rodar porque las fiestas iban a empezar. Decidí transformar el proyecto  mientras lo filmaba. Lo que ves en la primera parte de la película es el primer rodaje, cuando dejamos el guión de lado. En total, éramos seis personas con una cámara de 16 mm. Filmamos durante unas tres semanas las cosas que nos interesaban. Después regresamos a Lisboa y montamos el material al mismo tiempo que reescribíamos el guión. Durante el montaje estaba presente la guionista, y durante la reescritura del guión estaba presente el montador. Ahí descubrimos que la película podría ser eso: la gente que se transformaba en personajes, los espacios que se transformaban en decorados de cine, los rituales, las fiestas y la gente se convertían también en elementos del guión. Fue un proceso muy orgánico y es muy difícil decir cuando pasó una cosa u otra. Se fue haciendo. La segunda parte se rodó el verano siguiente, un año después, en las mismas fiestas. Esta vez estuvimos unas seis semanas.

A veces ocurre que los problemas que parecen insalvables estimulan la creatividad de los realizadores, les empujan a reinventarse, y, en este caso, el resultado fue maravilloso. En algunas críticas se hablaba de que el montaje parecía una alquimia. En mi caso, hacía tiempo que no me sentía tan bien al terminar de ver una película.
Yo no puedo hablar de eso, hay otros a los que les parecerá una mierda. Es normal, hay gente a  la que no le ha gustado la película, si a todo el mundo le hubiera encantado me asustaría.

Diana Hernández: ¿Por dónde han ido las críticas negativas?
Del lado de la gente que le gusta más el cine comercial. Han dicho que es muy amorfa, sin continuidad, aburrida, que los planos son demasiado largos.

A mi me parece muy festiva.
Sí, es cierto. A mi me encanta inventar reglas para el equipo durante el rodaje, reglas para cumplir, no para romperlas. Por ejemplo, hay una bebida oficial para cada rodaje, siempre bebemos lo mismo, y esto acaba dando un tono concreto al film. Mi primer largometraje es muy whisky: vaporoso, pesado. En este segundo, como era verano, hacía calor, y tampoco había mucho presupuesto, la bebida oficial fueron las minis (en España quintos), esas cervezas pequeñas.  Se beben rápido y en cinco minutos puedes tomar otra. Así pienso que quedó muy mini, alegre, festiva… aunque dure dos horas y media.

M. Martí Freixas: Pensé que tú eras de la zona que has filmado, porque hay cosas que sólo alguien que las ha vivido e interiorizado puede ponerlas en escena como tú lo hiciste. También tuve esta sensación con las canciones.
Yo soy de Lisboa, pero sí, mi bisabuelo venía de esos pueblos. Tengo una casa allí donde pasé muchas vacaciones. Y estas canciones no son muy reputadas en la ciudad, claro, pero es la música que se escucha en esos pueblos. Yo tengo cierta fascinación por esas fiestas y este tipo de música de baile. Pero hay todo tipo de canciones, los portugueses roban muchísimo. En una proyección en Argentina la gente empezó a cantar en castellano una de las canciones, fue en ese momento que me di cuenta de que era una versión de otra canción, no era portuguesa.

Hay todo de temas de cultura popular y sociales de trasfondo, me gustó como iban apareciendo. Por ejemplo el tema de la inmigración a Francia.
Sí porque es la realidad. Si la película se llamase Mi querido mes de enero sería otra, en invierno todas esas personas no están. Son inmigrantes o trabajan en Lisboa o en Oporto. Pero no quise hacer una película sociológica, estos temas están detrás.

La película ha dado para hablar del juego entre documental-ficción. ¿Es algo que te interesa?
Cuando lo estaba haciendo nunca pensé que estaba haciendo un documental. A mi la mayoría de documentales, y es raro que te diga esto delante del DocLisboa pero es así, me aburren mucho porque conocen demasiado bien lo que van a documentar.

Diana Hernández: Pero de lo que se entiende por documental también hay cosas buenas, por ejemplo a veces una falta de pretensión que muchas películas de las llamadas de ficción sí tienen.
Para mí es una cuestión no tanto del documental sino de la relación que debe tener el cine con lo real, que puede ser una relación muy fantasiosa. Me gustan muchísimo algunas películas de Jean Renoir que tienen cincuenta años pero tienen una relación increíble con lo real y son completamente ficciones. Es una cosa que acompaña el cine desde hace mucho tiempo aunque ahora se hable de esta mezcla como algo actual. Estoy empezando a dar clases en Suiza y como soy muy mal profesor, lo que hago es ayudar a desarrollar los proyectos, soy orientador de las películas de fin de carrera. Tuve hace poco la presentación de los estudiantes y fue patética porque venía uno y decía: “Me llamo no sé qué, tengo 20 años, y soy más documental” y venía otro y decía “yo soy más ficción”. ¿Qué es esto? ¿Una reunión de alcohólicos anónimos? Eso sólo sirve para conseguir dinero, ya que para pedir subvenciones hay que organizarlo, y para la distribución, pero nada más.

M. Martí Freixas: ¿Renoir y algunos más?
De Renoir puedo decir que me gustan todas. También con Pier Paolo Pasolini me sucede este encuentro con lo real, con el imaginario más puro. Me gusta mucho también Fernando Lopes y toda su generación, Belarmino (1964) es una obra maestra, sobre un boxeador derrotado, y a través de él muestra Lisboa. Recordaçôes de la casa amarela (Joâo César Monteiro, 1989) también, por citar sólo dos. A mí me interesa como pasan de una cosa a la otra muy rápido, creo que las cosas que forman parte del imaginario, escuchar canciones, un marco cultural, son también la realidad, tiene que tener la misma importancia. Por ejemplo el loco que salta del puente en Aquele… Por un lado hace esto, el salto, un hecho muy concreto, pero a la vez él se toma por un héroe de cine, una leyenda. El imaginario y la realidad suceden al mismo tiempo.

¿Proyectos futuros que nos puedas adelantar?
Se pueden explicar pero después puede cambiar todo. El nuevo proyecto ya está escrito, lo filmaré en un año y va a tener una parte filmada en África. No sé si será muy documental, creo que no voy a entrar en los festivales de documental porque va a ser un poco Tarzán. Tiene que ver con la solidaridad, viene de un sentimiento de ayuda al prójimo que encontré en alguna persona.

Diana Hernández: ¿Y la bebida?
Será el Gin Tonic. Sabes que la tónica tiene quinina, eso es bueno para las picadas de los mosquitos y esas cosas, te pueden picar en África. Así que beberemos Gin Tonic… aunque el rodaje sea en Lisboa.

Un Comentario

  1. GDP 22/12/2009 | Permalink

    ¡Genial la entrevista! Me encanta la asociación de la bebida con el cine, ese aspecto festivo es algo que deberíamos reivindicar mucho más. Sí señor. Viva Miguel Gomes.

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