Virginia García del Pino, realizadora de El Jurado

La realizadora nos habla de los caminos y retos que presentó la película y de como la llevó a cabo, igual que con sus proyectos anteriores, de modo totalmente independiente.


    Post2PDF

Nos encontramos con Virginia García del Pino en su piso del barrio del Poble Nou, en Barcelona, para charlar sobre El Jurado, su primer largometraje después de la realización de diversos cortometrajes y obras videoartísticas iniciadas en el 2002 con Pare de sufrir. La nueva película ha vivido un recorrido por festivales y lugares que prestan atención al cine independiente español a menudo. Estrenada en el Festival de Cinéma – Marseille, se proyectó en Mar del Plata (sección España Alterada) y se mostró en una retrospectiva sobre la autora en el MUSAC de León. Antes de empezar la entrevista nos comentó que le acababan de comunicar la selección de El Jurado en la competición oficial del prestigioso festival Punto de Vista que se celebrará en Pamplona este próximo mes de febrero.

M. Martí Freixas: El documental El Jurado se fundamenta en una decisión de mínimos. Solo los rostros de los miembros de un jurado en un juicio por asesinato. ¿Por dónde empezaste?

Virginia García del Pino: Todo mi trabajo gira alrededor del comportamiento humano, es lo que más me interesa. Y siempre había querido hacer una película sobre un asesino o sobre lo que debe suponer matar a alguien. Hubo un caso en España que me pareció interesante cinematográficamente y lo estuve siguiendo en los juzgados. Ese juicio se iba posponiendo, lo estuve esperando durante un año. Aburrida de ir allí y que se anulase el juicio una y otra vez, pedí a las chicas de prensa del juzgado que me dejasen grabar cualquier otro juicio por asesinato que se celebrase con un jurado popular. Ya había visto algunos, pues entraba y miraba como se desarrollaban. Me abrieron una puerta y entré en un juicio donde no había nadie de prensa porque mediáticamente no tenía atractivo. El caso en sí era bastante crudo y triste. Me puse a grabar, mi interés era solo el jurado popular. Me sorprendió de entrada que los miembros del jurado eran muy jóvenes. Me quedé para grabar sus gestos. Estar de público ya me abrumó, estar de jurado me parecía una responsabilidad muy fuerte a la que yo renunciaría. Y así estuve grabando todo el desarrollo del juicio, era muy reiterativo pero me atraía el lenguaje especializado de los peritos, dándole vueltas a lo mismo con unas palabras elaboradas para intentar encontrar un hueco, un fallo, en los argumentos de unos y otros.

Otro tema que me interesa es la búsqueda de la verdad, quizás es más filosófico que cinematográfico. Estaba buscando esta verdad en el caso, yo lo busco en sus rostros mientras ellos lo buscan en las pruebas del caso. ¿Qué hay de verdad en sus expresiones? Al final tampoco eran exageradamente expresivos porque les dicen que no deben serlo. En cada proyecto me propongo un reto, en este caso era buscar algo que sabía que no podía atrapar del todo.

Esta depuración ya hecha a priori, o sea, no encontrada en el rodaje o en el montaje, sino ya tomada de antemano, ¿es motivada por algo intuitivo? ¿O es motivado por algo más teórico? Tu decisión previa y luego inamovible es un poco como Lo que tú dices que soy. Planteas un esquema, trazas unas líneas previas y a partir de ahí observas para que surja algo dentro de éste.

Responde a un método de trabajo que consiste en tener muy claro de antemano lo que estoy buscando, encontrar la respuesta o no es lo de menos, pero es muy importante encontrar la mejor forma de transmitir esa búsqueda al público y de ahí surge esa radicalidad o minimalismo, por llamarlo de alguna manera, en la realización. Debo insistir en lo formal para señalar al público el planteamiento que hay detrás de la apariencia más o menos narrativa de la película. Lo que tú dices que soy tiene una primera lectura muy sencilla y accesible para todos los públicos que esconde otros niveles o lecturas más complicadas en las que hay un intento de comprensión de la realidad y del sentido del obrar humano. Algo similar ocurre en El Jurado aunque en esta ocasión requiero un mayor esfuerzo al espectador, hay cierto grado de abstracción, prescindo más de la narración y el punto de partida es más complejo, soy consciente de que no es tan amable como aquella.

El trabajo cinematográfico con los rostros viene de lejos, entre otras raíces: la escultórica, la del retrato pictórico, la del descubrimiento de los significados y la expresividad del primer plano… Lo conocemos de películas como Ten minutes older de Herz Frank o Shirin de Kiarostami… así como las reacciones en Miren el rostro de Pavel Kogan… Pero en tu propuesta hay una variante clave respecto a ellos, el encuadre no es frontal sino siempre picado, y en lugar de un trabajo  de luces y sombras tiene un aspecto pixelado… como una mirada más fría y distante de los sentimientos.

El acceso al juicio para la prensa, es un balcón desde el cual tienes una vista general de la sala, quedando el juez al frente, los abogados y fiscales a la izquierda y el jurado a la derecha. De manera que grabes lo que grabes desde esa ubicación, siempre tendrás un plano picado. En mi caso ese plano picado me venía perfecto para evidenciar la autoridad de la cámara y mi postura ante el jurado. Ellos están ejerciendo el poder sobre aquellos que están juzgando y yo estoy ejerciendo el poder sobre ellos, que no pueden escapar a la cámara, les estoy juzgando. Respecto a la textura, los planos son pixelados porque estaba a tanta distancia de ellos que tuve que accionar el zoom digital para poder observar los gestos de los miembros del jurado. Ese píxel desdibuja sus rostros y ayuda a abstraerme del tema y del objeto grabado. De manera que cuanto más intentaba acercarme, más me alejaba de esa verdad que buscaba en sus rostros. La utilización del zoom, sobre todo en documental, marca tu postura como realizadora, de cobarde, de voyeur, y era así como lo deseaba porque es como me sentí ante lo que estaba buscando.

Y nosotros observamos, te juzgamos a ti (y quizás hacemos como de jurado de un festival) durante la proyección. Esto es como un juego de muñecas rusas.

Cierto, cuando haces una película te estás exponiendo a un público y a una crítica que te va a juzgar. De alguna manera cuando juzgan la película te están juzgando a ti porque cada plano es un reflejo del autor. A mí no me gusta que me juzguen pero me gusta hacer películas y tengo que lidiar con ello. Decidí incluir esto en la película aprovechando que el jurado está mirando un vídeo donde aparecen el asesino y la víctima, remarcando su meticuloso proceso de interpretación y las apreciaciones que hacen sobre la calidad de la cinta. El vídeo que ellos van comentando es de una cámara de videovigilancia. Mi ángulo y la pixelación que obtenía también me recordaban a esas cámaras, así lo formal también actuaba en consonancia con toda la situación.

Es cierto esto de la videovigilancia. Precisamente estas cámaras me parecen uno de los últimos resquicios del cine directo.  La gente olvida realmente que la está filmando la cámara del banco, como pretendían los del direct cinema, a no ser que entres al banco para atracarlo. En tu caso, ¿los filmados no son conscientes de que se les está grabando?

No había pensado nunca en la postura del atracador de banco respecto al direct cinema. Los miembros del jurado sí que son conscientes de que están siendo grabados porque miran a cámara, algo que incluyo en la película. Me interesa esa mirada de reproche, es su oportunidad para defenderse de la imposición de la cámara. En concreto hay un personaje que me mira todo el tiempo, como diciendo ¿quién eres tú para grabarme? Grabar a cualquier persona, con su consentimiento o no, implica una postura ética respecto a esa persona y desde ahí se plantea en la película el juego de muñecas rusas del que hablabas antes.

La película tiene en paralelo una segunda línea narrativa, el juicio en sí mismo. Tu proyecto está en apariencia alejado de los clásicos films de juicios, que ahondan en la emoción del juicio, en la trama del crimen, o en el pulso del fiscal y el abogado defensor… Pero quieras o no, esa línea esta ahí, la vamos siguiendo por las voces. La podemos imaginar, aunque no veamos esas personas. Por el tono de voz, por como frasean, uno imagina el abogado, el juez… la voz de una mujer que aparece un momento insultando y gritando, la ubicación del lugar del crimen. Ese esqueleto inicial depurado que tu presentas levanta en sus fundamentos un edificio que podemos imaginar.

Durante la película voy dando algunas pistas al espectador sobre el caso, así puede reconstruirlo. Soy consciente de que quizás sean insuficientes, pero tampoco quería ofrecer más porque quería dejar claro que la película no es sobre el caso en particular, sino sobre el hecho de juzgar al otro y sobre el ejercicio del poder. Si la hacía más narrativa, todo eso se perdía, de manera que me centro en la parte más psicológica del juicio. En ese sentido la película funciona como un espejo, cuando los peritos y médicos forenses hablan sobre la conducta y la psique del asesino, es inevitable pensar en la propia, y creo que esto funciona tanto para el jurado como para el público. De hecho se puede observar en el segundo personaje una identificación con la conducta del asesino.

Siempre has trabajado de modo totalmente independiente.

Sí. Primero porque no sé si una productora me daría dinero a mí para hacer una película, pero tampoco lo intento porque como sé que tarda tanto, es tan lento el proceso que no me veo esperando tres años para hacer una película. Me agotaría antes. Así que no me espero, si se me ocurre una idea, la trabajo y me pongo a grabar. No es tampoco cine “de urgencia” porque sea urgente sacar la película, es más que si pasa mucho tiempo, ya tendría ganas de hacer otra. Soy consciente de las limitaciones que esto me impone, me veo obligada a buscar temas que pueda desarrollar sin gastos de viajes y sin equipo técnico.

Sabemos del difícil encaje de estas prácticas cinematográficas que amamos. Y con los tiempos también difíciles que estamos viviendo, económicos, sociales, a veces me pregunto para qué seguir. ¿Qué te lleva a continuar?

Los mismos motivos de siempre. Nunca he hecho esto por dinero, seguramente sea falta de fe en mi misma, pero de todos modos si no hiciera esto, haría otra cosa, hice pintura en Bellas Artes, supongo que estaría pintando. Lo que no puedo es estar sin hacer nada, necesito algo que ocupe mi mente y precisamente me despiste de la crisis y la corrupción de los políticos, lo que no significa que no me afecte el tema. Pero necesito despistarme y pensar en mis peliculitas. Creo que es algo inherente al ser humano, hacer cosas, y esto no tiene nada que ver con el trabajo. En catalán hay una distinción que me gusta mucho: “fer feina” (hacer trabajo) y “treballar” (trabajar). Lo que yo hago es “fer feina” sin más.

Voy a decirlo!


Tu dirección no se publicará. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*

SUSCRIPCIÓN

Recibe mensualmente nuestra newsletter

También puedes sucribirte a través de nuestros Feeds

Y en nuestros canales de vídeo y redes sociales

  • You Tube
  • Blip.tv
  • Twitter
  • Facebook
  • Ocasionalmente, podrás seguir nuestras noticias, eventos y recomendaciones en el blog de nuestro partner venuspluton!com

    ETIQUETAS

    ARCHIVO