Mondomanila

Mondomanila es un sucio grito de alegría y reivindicación, un desbordante comic punk que esconde en su interior la libertad y la felicidad de los que sobreviven en el fangal. Ha sido escasamente programada y difundida, la actitud del realizador Khavn de la Cruz no encaja demasiado en el canon de la mirada occidental, misericordiosa y complaciente ante la desigualdad.


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Khavn de la Cruz es uno de los cineastas del no-movimiento cinematográfico que ha emergido en Filipinas (y también alrededores, Tailandia, Malasia) desde principios de la década anterior (1),  tomando el relevo de los referentes nacionales de los años 70 (Lino Brocka, Ishmael Bernal, Kidlat Tahimik). Es uno de los nombres más destacados, junto a realizadores como Lav Diaz, Brillante Mendoza o Raya Martin, el estilo y las películas de los cuales son bien diferenciados. Su principal denominador común es el aprovechamiento de la tecnología digital para poder filmar con costes bajos y libertad.

Hablaba el crítico Olaf Möller, hace ya 8 años, de la dificultad de seguir la obra de Khavn de la Cruz. “Coge la cámara de video y corre con ella, nunca mira para atrás, filmando una pieza tras otra, a veces entrelazándolas en largometrajes, a veces extrayendo un corto de un largometraje. Poner junta toda la filmografía de Khavn es una hazaña sin sentido, ni su web ofrece una lista completa” (2). Ignoro si su filmografía ha sido indexada al completo, en todo caso su web recuenta 34 proyectos de largometraje y unos 75 cortometrajes. Cabe añadir que Khavn es músico y compositor (compone habitualmente la banda sonora de sus filmes) (3) y también poeta con varios libros publicados. “Realmente mi voz aparece a través de la poesía, escribo cada día uno o dos poemas, o a veces más. Soy más prolífico en poesía que en cine, sin duda” (4). Khavn rebosa creatividad e inspiración y sus filmes también están repletos de ideas, en ellos sobresalen por los costados la energía y la vida. No se trata de un realizador que sea preciso, meticuloso, calmo, sino que -sin dejar de lado ni mucho menos un trabajo estético- sus realizaciones son muy veloces, con características de las performances, con rodajes de inmediatez, con estallidos de creación. Una vez gestado el rodaje se tomará el tiempo de trabajar un montaje (buscándole un ritmo, efectos, música, animaciones) que empujará también en esa dirección de espontaneidad, de explosividad. De los filmes que hemos podido conocer de su filmografía (Squatter Punk, 2006, el excelente remontaje y reinvención de films de Brocka, Manila in the Fangs of Darkness, 2008, Son of God, 2010, y varios de sus cortos), Mondomanila es el cóctel más explosivo que hayamos visto.

Una mentalidad herencia del punk inunda su estilo. Mondomanila en su aspecto exterior parece un fanzine o un comic punk, donde va remixando géneros e influencias variadas. El hilo conductor es una trama clásica y sencilla de crimen y venganza. La historia es una ficción, un gang de pobres, diezmados y drogados chicos de las calles de Manila sobrevive como puede en el día a día. Seguimos sus distintas historias cotidianas, como si de una comedia coral se tratara, y de entre ellas la que toma más fuerza es la de una vendetta. Un hombre blanco, anciano, rico, racista y pedófilo, ha violado a uno del grupo.

Los aspectos escabrosos son frecuentes (zoofilia, pedofilia, prostitución, drogadicción, crímenes, comer ratas para cenar, etcétera) y siempre están tratados como una hilarante exageración de la realidad. Una comedia de humor negro. Una ficción alejada -en apariencia- de cualquier realismo, reforzada por los efectos de imagen (aceleraciones, stills, pantallas partidas, colores llamativos y saturados, rojos, amarillos, violetas, naranjas, rosas, azul cielo, verde manzana). Todo es una extrema distorsión. También gran parte de sus personajes son distorsionados, ya sea físicamente, tullidos y enanos, como mentalmente, pues son bastante perturbados y muy adictos al sexo y las drogas.

En el trasfondo de toda esta hiperexageración late una expresión muy realista de la inclemente ciudad y país del que Khavn forma parte. Sus fuentes son cercanas, los barrios, la gente, sus historias, aunque nos aparezcan como distorsiones, su punto de partida es muy real. La mayoría de sus actores principales no son profesionales. Los rodajes son a pie de calle, muy improvisados, con algunos secundarios y todos los figurantes “reales”, la gente que ahí se encontraba en ese momento. Son rodajes exprés, Mondomanila se fue cociendo durante años pero el rodaje del largometraje en sí duró 5 días. Mientras uno de los protagonistas rapea por la acera o dos actrices se pelean en el barro, todos aquellos que les observan, son los habitantes de ese barrio. Podemos observar en ellos, si miramos con atención, caras de estupor, sorpresa o incluso brincos de alegría de los más pequeños. En esa segunda línea no hay ningun decorado ni actuación. Y todo lo que suceda en el rodaje in situ será la película. El proceso de filmación será la película. Esto nos conecta el método que usa Khavn con los fundamentos del cinema verité de Jean Rouch. La cámara transformará aquello que le rodee, esta acción provocada, suscitada, será la película. Como el francés, sus actores improvisan y crean parte del guión, se otorgan nuevas personalidades, exorcizan su dura cotidianeidad a través de personajes imaginarios.

Mondomanila es también un puñetazo para realizadores y público occidental. Recuerda a la histórica propuesta (por la ironía y por entroncar también con un método e ideas parejas a las de Rouch) Agarrando pueblo de Luis Ospina y Carlos Mayolo (1977). Los colombianos ponían el dedo en la llaga sobre los métodos deshonestos, de mentalidad clasista y colonialista, de algunos realizadores para contentar a un público occidental que les generaba buenos beneficios. La de Khavn es una película que podría ser programada tras aquella, sin los vampiros de la miseria, ahora con la tecnología digital en sus manos. El habitante de la barraca que se limpia el culo con los billetes al final de Agarrando pueblo podría ser uno de los personajes de la Manila de Khavn. Si bien es cierto que el filipino ha recibido apoyo de dinero europeo en algunas ocasiones, la Hubert Bals Fund (Festival de Rotterdam) ha coproducido algunos de sus filmes, es sintomática la escasa visibilidad que precisamente Mondomanila ha tenido. A riesgo de equivocarme, no la encontré programada en ninguno de los festivales habituales y más importantes de documentales, sí en algunos festivales generalistas pero tampoco muchos. Cuando la vi en el festival holandés ya hace un año, compartí opinión con varios programadores europeos y americanos. Les gustó muchísimo la película, les impactó. Pero no se atrevían a programarla, por el escándalo que podía crear en su público. Demasiado fuerte. Así, seguimos edulcorando la mirada occidental, misericordiosa y complaciente con la desigualdad en el mundo. Mondomanila es un sucio grito de alegría y reivindicación. No encaja en el canon.

Los aspectos que a un occidental como el que escribe nos parecen escabrosos son la cotidianeidad de millones de habitantes en países hundidos en la miseria. Prostitución infantil, violentos crímenes, fácil acceso a las peores drogas, puede ser el día a día de los barrios más perjudicados de Manila y de muchas ciudades más de partes muy distantes del mundo. La exagerada expresividad de Khavn esconde en su corazón una contundente proclama político-social nacida de la realidad de su país. Su pobreza es injusta y su vida no podría ser más dura. En esencia, “sólo” reivindica el derecho a vivir y a ser felices, por sus propios medios, aunque emerjan de los colmillos de la oscuridad.

Última vuelta de tuerca a Mondomanila. Hay dos pequeños momentos donde no se permite ni las canciones ni el humor. La apertura y el cierre son dos vídeos de YouTube, clips reales de video aficionados. El primero son unas impresionantes inundaciones que hubo en la capital. Se anegaron las calles, murieron decenas de personas arrastradas por el agua, miles de desplazados. Las hay con cierta frecuencia y no hay manera de evitarlo. El segundo es un desalojo muy violento de un barrio de chabolas por parte de la policía. También es algo frecuente, cuando el estado quiere apoderarse de unas tierras (5). De esa cruda realidad, partiremos de viaje hacia la caricatura nauseabunda de una sociedad, para volver a aterrizar en ella, donde los ciudadanos intentan sobrevivir con alegría.

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NOTAS:
(1) Philippine New Wave: This is not a film movement (2010). Ficha en IMDb.
(2) Third world hero remix. Ölaf Moller, Film Comment Magazine, Julio-Agosto 2005.
(3) En un programa de la sala Freedonia de Barcelona (Emergentes y sumergidos, febrero 2011) Khavn de la Cruz nos deleitó con una sesión de cortometrajes y un largo, acompañándola al piano durante una hora y media en un estilo de improvisación similar al de los pianistas de la época del cine mudo.
(4) Street food cinema: Khavn de la Cruz (2010). Entrevista con Pamela Cohn, 2010. Bombsite, última visita, 22/01/2013.
(5) Mondomanila: Interview with Khavn de la Cruz, por Virginie Sélavy, 2012. Electric Sheep Magazine, última visita 22/01/2013.

 

FICHA TÉCNICA
Dirección: Khavn de la Cruz
Guión: Norman Wilwayco, Khavn de la Cruz, basado en el libro de Norman Wilwayco
Intérpretes principales: Tim Mabalot, Marife Necesito, Palito, Whitney Tyson, Jonathan Retes, Stefan Punongbayan
Ayudante de dirección: Armi Rae Cacanindin
Segundo ayudante de dirección: Joel Cabacungan
Dirección de fotografía: Albert Banzon
Segunda unidad: Gym Lumbera
Sonido: Mark Locsin, Herbert Salanga
Diseño de sonido: Corinne de San Jose
Montaje: Lawrence S. Ang
Diseño artístico: Hedjie Calagui
Vestuario: Mei Bastes
Animaciones: Dante Perez
Coreografía: Donna Miranda
Música: Malek Lopez, Khavn de la Cruz
Producción: Khavn de la Cruz
Producción ejecutiva: Rolly Palmes, Robin Palmes
Asistente de producción: Kristine Kintana
Diseño de producción: Dante Perez, Roland Rubenecia
Producción asociada: Stephan Holl, Antoinette Koester, Rapid Eye Movies
País y año de producción: Filipinas, 2012

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