Sal para Svanetia

Mijail Kalatozov, cineasta georgiano, estuvo profundamente comprometido con la utopía revolucionaria soviética, y fruto de su esfuerzo por contribuir a esta causa surgió Sal para Svanetia (1930), film depositario de un doble mecanismo cinematográfico, que oscila entre un registro de la desabrida realidad en Svanetia y una recreación, elaborada y sofisticada, de la misma, donde los habitantes representan un papel.


    Post2PDF
Inicio   1 2

“De todas las artes, el cine es la que más nos conviene”; con este rotundo aserto, Lenin manifiesta cómo el arte cinematográfico será el vehículo más efectivo de propaganda, el arma más efectiva y valiosa para fomentar el diálogo con el pueblo, moldear sus conciencias y así mantener vivo el “sueño revolucionario” después de las catastrófica guerra civil que había dejado asolado el país. No en vano, en 1919 fue decretada la nacionalización del cine.

Precisamente una frase de Lenin, acerca de la grandeza y enorme diversidad social, económica y cultural que alberga la inabarcable Unión Soviética, constituye  la “ouverture” del film Sal para Svanetia, dirigida en 1930 por Mijail Kalatozishvili, cuyo nombre simplificado para el cine fue Kalatozov. Este cineasta nacido en Georgia estuvo profundamente comprometido con la utopía revolucionaria soviética, y fruto de su porfiado esfuerzo por contribuir a esta causa surgió este proyecto, tras llevar a cabo un viaje por el Cáucaso junto al escritor Sergei Tretiakov. Lo cierto es que Kalatazov perteneció a una genial pléyade de cineastas soviéticos (Eisenstein, Dovjenko, Vertov, o Pudovkin), igualmente consagrados a la excelsa misión revolucionaria, y que, en cierta forma,  han ensombrecido la figura de este gran director, a pesar de los reconocimientos internacionales obtenidos con alguno de sus films más señeros. En cualquier caso, estos grandes cineastas, impulsados por las energías renovadas de la revolución del 17, fraguaron un poderoso y amplio movimiento de renovación y experimentación creativa del arte cinematográfico silente, el cual alcanzó -del mismo modo que el resto de los medios artísticos (1)-  cotas de desarrollo y expresividad apenas intuidas hasta entonces, apoyando el anhelado advenimiento del “Octubre en el campo del arte”. Y, sin duda, en Sal para Svanetia afloran gran parte de las audaces fórmulas estéticas incoadas en este período, y se forjan nuevos  recursos, catalizadores de la particular e innovadora mirada de Kalatozov sobre el mundo.

Como ya hemos anotado, este cineasta georgiano emprendió una larga expedición a Svanetia, uno de los rincones perdidos y olvidados del Cáucaso, con el fin de realizar un documental de voluntad etnográfica, género cinematográfico que a la sazón estaba dando sus primeros pasos con las obras fundacionales de Robert Flaherty y Willard Van Dyke (siempre con el objetivo último de dialogar, desde una mirada occidental, con la alteridad, mostrando las gentes y  la Naturaleza de lejanas regiones  exiliadas del progreso “civilizador”). El “ojo fílmico” de Kalatozov  encuentra y retrata un mundo atávico, estático, mortecino e inmutable, afanándose en plasmar los adustos rostros y la yerta naturaleza que conforman el paisaje del lugar. Hablamos de una suerte de sobrecogedor ensayo cinematográfico de geografía humana y natural que nos invita a contemplar el dramático y ancestral combate de los -explotados y desesperanzados- svanos con la Naturaleza de su región, en la que se encuentran encarcelados entre montañas (aislamiento que se perpetua todo el año salvo durante un breve período sin nieve, cuando se abre un pequeño paso en la montaña), y donde sufren la atormentadora carencia de una sustancia matricial para el engranaje vital de la zona: la sal.

Mas estas aciagas condiciones existenciales se ven agravadas por los ataques de invasores que son repelidos gracias a dos torres de piedra; esta dinámica secuencia de acción, situada al inicio del metraje, aparece conformada a través de una eficaz puesta en escena, y ya nos transluce cómo el film es depositario de un doble mecanismo cinematográfico, esto es, oscila entre un registro fotoquímico de la desabrida realidad en Svanetia y una recreación, elaborada y sofisticada, de la misma, donde los habitantes representan un papel en esta auténtica “dramaturgia de la forma fílmica visual”, empleando un concepto acuñado por Eisenstein (2). Ahora bien, estas secuencias, que recrean un retraso rayano a la barbarie, provocaron una denuncia a Kalatozov emprendida por un grupo de veinticinco habitantes de Svanetia que le acusaron de falseamiento de la realidad.

Con todo, las desgarradoras imágenes y los rótulos que las puntúan insisten reiteradamente en la situación de absoluto aislamiento e incomunicación de este lugar, donde el empobrecido pueblo está condenado a un modo de vida muy cerrado, dedicando la mayor parte del día a un arduo trabajo: esquilar el ganado, elaborar sus propios ropajes, o trabajar la piedra extraída de la montaña -vemos sus extenuados cuerpos esculpidos por el ímprobo esfuerzo- , piedras que serán una materia esencial en sus vidas, pues constituirán el lecho para el descanso e, incluso, su nicho una vez muertos; todo ello utilizando maquinarias y herramientas tremendamente precarias. Las ágiles manos de los trabajadores son magistralmente filmadas mediante una audaz composición y un original juego de luces y sombras. Asimismo, dentro del mosaico de escenas que plasman el invariable ritmo de trabajo, nos sorprende aquella en la que una mujer sostiene una cuna sobre una tosca maquinaria de trillado que, a su vez, es arrastrada en círculos por un animal de carga. Filmada con gran dinamismo y agilidad, el modo de fundir los cuidados de una madre hacia su hijo recién nacido y las tareas de arado nos hace pensar en el extenuante trabajo que los subyuga.

– – – –

(1) Esta efervescencia renovadora del arte soviético, manifestada en gran parte de los campos artísticos (pintura, poesía, teatro, etc), motivó que este período fuera bautizado como la “edad de plata”.
(2) Durante el primer plan quinquenal soviético, se cristaliza una tendencia cinematográfica en la que es muy difícil discernir entre ficción y no ficción, lo cual fue objeto de duras objeciones por parte de reputados cineastas como Esfir Shub.

Inicio   1 2

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO