Lugares que no existen (Goggle Earth 1.0)

‘Lugares que no existen’ es ese proyecto que quiere “complementar” (poner en evidencia) con sus propias imágenes ciertos vacíos en el programa Google Earth y termina aportando alguna cosa más. Presentado en formato de videoinstalación, firmado por Isaki Lacuesta e Isa Campo, las obras aterrizan mediante zooms por sitios tan dispares (o no) como Rusia, Australia, Colombia y el sur de España.


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Goggle (gógl). v. tr. y v. intr. Remover los ojos
// s. Acción de remover los ojos. // pl. Anteojos, anteojeras.
{Complemento y, en ocasiones, antónimo de Google Earth} (1)

Lugares que no existen es ese proyecto que quiere “complementar” –poner en evidencia- con sus propias imágenes ciertos vacíos en el programa Google Earth y que termina aportando alguna cosa más. Llevada a cabo por Isaki Lacuesta e Isa Campo, esta videoinstalación se reparte en los cinco monitores negros colocados a los lados de una sala en parco blanco y luz suave, y en cuya pared del fondo se reproduce en bucle una selección de imágenes en dos proyecciones simultáneas que funcionan a modo de resumen y le dan un ambiente a la sala.

El reparto en monitores subraya, de hecho, la relativa independencia de unas entregas que se comunican entre sí gracias al recorrido que va conformando el espectador al ir de silla en silla, como polinizando relaciones. En una de las mesas, al lado izquierdo, se encuentran tres de ellos, de los cuales uno ofrece una combinación de imágenes tomadas en La Casería (Cádiz) en 2008 (entrevista al alcalde incluida) con otras de 2005 de La leyenda del tiempo (más que un antes y después es una prolongación) para tratar el caso de unas nuevas torres de apartamentos construidas junto a la playa del pueblo y cuyas imágenes no habían sido actualizadas por Google Earth.

Al lado, un collage de imágenes breves para un nuevo exceso urbanístico en una historia localizada en Fuerteventura y que atiende a la denuncia efectuada en 2004 por un periodista canario de un “acuerdo de buenas intenciones” entre el Ayuntamiento de Costa Calma y Google para no mostrar un nuevo complejo hotelero en primera línea de mar. Todo ello se transmite en los lacónicos subtítulos que acompañan este discurso fragmentado, incluso un poco escartiniano de la primera etapa yankee, y que se lee en la clave de la banalidad del turismo de ocio extranjero.

Un tercer monitor reproduce la historia markeriana de la serie, la de mayor duración. Un zoom informático (que ya estaba en la historia anterior o en Microscopías, 2003) se lanza hacia la Tierra para ir a dar, esta vez, con San Petersburgo, por donde se aprecian unas extrañas franjas rectangulares en medio de una zona boscosa. Una reposada voz en off literaria, femenina, rusa y que se refiere a un “vosotros” y a un “nosotros” arranca la historia por las comparaciones con las populares señales extraterrestres halladas en campos agrícolas y crea un misterio que pronto entra en relación con cierto tenebrismo de un pasado histórico-político que nos alcanza y que se suma, además, al juego de matrioskas de un supuesto proyecto estancado de film dentro del film que sirve para introducir unos platós vacíos y vestidos de época almacenados que se unen a las fotos trucadas por el PC o a los imitadores callejeros… de sus líderes. Un cierto acercamiento-alejamiento, una falta de encaje generalizada que da paso a un proceso de desmantelamiento de la intriga (e incluso del propio film, por ejemplo, al revelar el origen del extraño acompañamiento de música de hoja de sierra) para concluir que esta vez no se trata de un lugar que no existe, sino de una fantasía que no existe sobre un lugar que simplemente existe así.

Si hasta ahora todos los vídeos “nada más” se han ajustado al propósito del proyecto, al otro lado de la sala encontraremos otros dos monitores que querrán brindar un plus, un extra, con mayor o menor suerte. Uno de ellos está realizado por los estudiantes de cine de Cali a los que los autores pidieron que “realizaran una pieza colectiva filmando lo que cada uno de ellos considerara imprescindible rescatar de la invisibilidad”. La cuestión político-cartográfica deriva en la denuncia a ras de suelo de una serie de situaciones de injusticia social que van desde la violencia policial hasta la prostitución y que se asocian a Google con la ubicación de uno de sus personajes en el mapa digital.

El mejor vídeo de la serie es una pieza corta que se fija en el caso de los refugiados políticos a través de la figura de Alpha Forbell Lisimba, salido de Darfur y refugiado primero en Egipto y después en Australia. Sostenido en la preocupante situación de estos ciudadanos de segunda en sus países de asilo, este vídeo propone un elegante salto cualitativo al pasar de unos lugares que no existen a “personas que no existen”. Para ello hace uso de una voz en off inglesa y de un estilo convencional, y resume su exposición de forma brillante en el plano de uno de esos cartones que, pensados para fotografiarse, ofrecen dibujados algunos cuerpos sin caras.

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(1) En el folleto. La videoinstalación Llocs que no existeixen (Goggle Earth 1.0) puede verse hasta el 28 de noviembre en el Nivell Zero de la Fundació Suñol en Barcelona.

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