Tanyaradzwa

Tanyaradzawa, del realizador gallego Alberte Pagán, es un documental de 186 minutos filmado en Zimbabwe, y pensado para proyección simultánea en doble pantalla. El realizador, de conocida trayectoria en el campo experimental y documental, presenta una obra “antiantropológica” guiada libremente por la protagonista, quien da nombre al título del film.


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“La idea es que nos mire más ella a nosotros que nosotros a ella”
Alberte Pagán (1)

En Tanyaradzwa, como en la mayor parte de las películas, se libra una tensión que es producto de un doble movimiento: en un constante ir y venir, Alberte Pagán se dirige hacia lo que será film (desplazarse a Zimbabwe, Tanyaradzwa, la voz de ella, su cuerpo, su entorno) para allí imponérsele y, a su vez, el afuera, lo que será film, se incorpora desde allí a la película.

Entre la polarización de esta relación de fuerzas, que siempre se ofrece como desigual entre cuerpos, el del cineasta y el cuerpo filmado, el film se irá fabricando poco a poco hasta que se produzca una inversión. Pagán habla de su película como “antiantropológica” (2) y explica que “la película es su voz. No quería un film en que Tanya fuese un objeto, sino un sujeto. Era ella la que me decía lo que hacíamos y la que me indicaba si filmaba o no” (3). De este modo, Tanyaradzwa empieza a construirse como un intercambio en el que se invierten los papeles. El film comienza en primera persona introduciendo un punto de partida: “Aquel día, perseguido por las fuerzas de ocupación españolas, cansado de la falta de libertades, de la violación de los derechos humanos y de la corrupción del régimen capitalista europeo, me fui a África. Allí conocí a Tanyaradzwa”. Sin embargo, durante unos disturbios en Harare, es la policía africana la que se lleva detenidos a Pagán y Tanya, quien en su país vive en la calle y carece de documentación.

Si Jacques Rancière nos dice que “lo real debe ser ficcionado para ser pensado” (4), esta voz inicial se sitúa como la ficción que permite que el film comience a abrirse para pensarlo a partir de la confrontación de una doble puesta en escena: la que impondrá Pagán y la que instaurará Tanyaradzwa.

De un lado, el realizador pretenderá alejar la narración a través de hermosos paisajes en largos planos fijos de encuadre muy cuidado, primeros planos de Tanya a modo de retrato, la eliminación de la causalidad dramática a través del choque que produce el montaje en doble pantalla de determinadas escenas o la utilización de sonidos saturados. Reconocemos la duración de James Benning o el pulso de Philippe Garrel filmando a Jean Seberg para Les hautes solitudes (1974).

Pero Tanyaradzwa le guía por los lugares que ella reconoce como suyos, tanto en el campo y la vida rural a las afueras de Harare como en los conciertos por los pubs de la capital de Zimbabwe. Lo conduce a la tumba de su madre, le presenta a sus amigos, le propone escenas en función de lo que ella piensa que debe entrar en el film (como en el momento en que se para a orinar al abrigo de un arbusto) y desborda con sus gestos los retratos en primer plano, interpelando al cineasta. Le manda detener la grabación en algún momento y, sobre todo, introduce inconteniblemente la narración en la película a través del relato de su vida en un plano de una hora de duración que Pagán dividió en varios durante el montaje.

De esta manera, mientras el director intenta situarse del lado de los Screen Tests (1964-66) de Andy Warhol o de los retratos de Gérard Courant para su serie Cinématon (empezada en 1977), Tanya se impone en el film al modo de He-Fengmin en la película homónima (2007) de Wang Bing o de Odette Robert en el Numéro zéro (1970) de Jean Eustache. Un modelo de cine que, por otra parte, trabajó el propio Pagán en su película de 2004 Como foi o conto.

Y si Tanyaradzwa comienza con un primer plano de Tanya mirando a cámara en que el blanco de su vestido resalta sobre el blanco de sus ojos, tal vez el film sea el trecho que existe entre esta abertura y el plano final, que echado sobre el rostro de ella nos muestra su ojo blanco, castaño y negro que se cierra para devolvernos la mirada.

– – –

Nota: Tanyaradzwa fue pensada y editada como una película de 335 minutos a finales de 2008. En 2009 su director decidió “atacar” la temporalidad de su montaje inicial y elaborar un film de 186 minutos para proyección simultánea 4:3 en doble pantalla. Esta reseña está elaborada a partir de esta última versión.

(1) Presentación de Tanyaradzwa en proyección con dos pantallas el 24 de junio de 2009 en el Cineclube de Compostela.
(2) “O ollar antiantropolóxico”, entrevista de V. Oliveira en Galicia Hoxe el 24 de junio de 2009.
(3) Ver nota 1.
(4) Rancière, Jacques; El reparto de lo sensible; LOM ediciones, Santiago de Chile, 2009, p.48.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Alberte Pagán
Dir. de fotografía y sonido: Alberte Pagán
Producción: Alberte Pagán
País y año de producción: España, 2009.

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