El momento dulce del documental musical: el caso Avalon

El éxito del In-Edit se ha visto secundado en nuestro país por la apuesta de algunas distribuidoras que han vislumbrado un nicho en la comercialización de documentales musicales en el mercado de DVD. El sello Inedit Master Series o las, en general, estupendas ediciones de la distribuidora Avalon dejan constancia del interés de cierto público por “ver música” también en las pantallas de su casa.


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About a son

Cada año, desde hace siete, el Festival Internacional de Cine Documental Musical de Barcelona (In-Edit) ha contemplado, entre jubiloso y asombrado, cómo se multiplicaba notablemente la asistencia de público a sus salas. Las cifras señalan un incremento de más de 20.000 espectadores en las dos últimas ediciones con respecto a los 1.200 asistentes que acudieron a la edición inaugural del certamen, allá por 2003. Y si hay un público que cada año renueva su interés por el acuñado “documental musical” –donde caben propuestas que trascienden, e incluso retuercen, dicho concepto-, ¿por qué no lo iba a haber en el mercado de DVD?

Seguramente este presentimiento con base sólida en la respuesta del público festivalero fuera la razón para las relativamente recientes apuestas de distribuidoras de DVD. Por un lado, el tentáculo que el propio In-Edit alumbró el pasado año y que sigue desarrollando a través del sello Inedit Master Series, en colaboración con Cameo, con títulos que antes, claro está, pasaron por sus programaciones anuales: Leonard Cohen. I’m your man (Lian Lunson, 2005), Rize (David Lachapelle, 2005), Metal: A headbanger’s journey (Sam Dunn & Scot McFadyen, 2005), Global Metal (Sam Dunn & Scot McFadyen, 2007), Kurt Cobain. About a Son (AJ Schnack, 2006), Pepe Sales: Pobres pobres que els donguin pel cul (Albert Pla & Lulú Martorell, 2007), Dame veneno (Pedro Barbadillo, 2007) y Loquillo. Leyenda urbana (Carles Prats, 2008). Por otro lado, algunas distribuidoras de consolidada trayectoria han apostado puntualmente por ciertos títulos o series focalizadas en la música -por poner un ejemplo, el pack “Martin Scorsese presenta The blues” (varios directores, 2003), editado por Divisa en 2006- o como el caso de la productora y distribuidora Avalon, que a la fructífera y ya extensa colaboración con el sello Filmoteca FNAC, ha ido sumando una línea específica de edición con varios documentales y/o biopics musicales en su haber. De esta manera, es evidente que el “efecto festival” ha posibilitado la edición anual en DVD de unos cuantos documentales musicales en nuestro país que, de otra manera, quizás nunca hubieran visto la luz. Títulos recientes convertidos ya en emblemáticos del género como The devil and Daniel Johnston (Jeff Feuerzeig, 2005), Joe Strummer: Vida y muerte de un cantante (Joe Strummer: The future is unwritten, Julien Temple, 2007) o el significativo estreno en salas y consiguiente edición en DVD del histórico Let’s get lost (Bruce Weber, 1988) han puesto al alcance de un público más amplio algo que va más allá de lo que convencionalmente se ha entendido como documental musical e incluso, documental a secas.
Todo esto confirma un par de cosas: primeramente, cómo el vigor de determinados certámenes puede originar positivos efectos colaterales que permiten alargar el ciclo vital de algunas películas gracias a la “etapa DVD” –Avalon ha editado, por ejemplo, en formato pack una selección de filmes, más o menos cuestionable, que pasaron por el Festival Internacional de Cine de Gijón (FICXixón) y otro del Barcelona Asian Film Festival (BAFF)- y, en segundo término, de modo más evidente, cómo sigue existiendo una audiencia con inquietudes por poder “ver música” en el salón de su casa más allá de los concurridos festivales de música o los conciertos de artistas que habitualmente colapsan el calendario en pequeñas y grandes ciudades.

Frente a este panorama, por lo general bastante alentador, cabría señalar quizás un riesgo: que el criterio de selección de “DVD musicales” editados o por editar en nuestro país no sea capaz de mirar más allá de la programación de algunos festivales nacionales de referencia y/o se limite a apostar exclusivamente por aquellos de acogida populosa en los mismos. Este año, sin ir más lejos, algunas voces de reconocido criterio han echado en falta arriesgados y, a su parecer, estimulantes experimentos que han rondado por el circuito anual. Por mentar un par de títulos: el retrato del disc-jockey chileno filmado por Romuald Karmakar, Villalobos (2009), que sí tendrá presencia en el Festival de Gijón, y el realizado por Pedro Costa de la intérprete Jeanne Balibar, Ne change rien (Pedro Costa, 2009). No sabemos si estas piezas cuentan con demasiadas papeletas como para ser editadas algún día en DVD. También llama la atención que cineastas con reconocido bagaje y sensibilidad musical como Jem Cohen tengan amplio espacio desde hace años en festivales nacionales y sin embargo, tan solo se haya editado Benjamin Smoke dentro del pack de Gijón, o por ejemplo, el indonesio Garin Nugroho, quien filmó para algunos con Opera Jawa (2006) “el mejor musical de los últimos tiempos”. En estos casos, el autor vuelve a suponer un valor añadido, a diferencia de lo que suele suceder dentro del género, donde la estrella objeto de estudio funciona como gancho.

DIVERSIDAD DE MATERIALES: AVALON Y SU AFFAIRE MUSICAL

La productora creada por Stefan Schmitz en 1996 diversificó su registro al debutar en el campo de la distribución cinematográfica nueve años después de su nacimiento con el estreno en salas de Election (Hak se wui, Johnnie To, 2005). Un par de años después dio por finalizada su etapa de coedición de DVD con Paramount Home Video y se aventuró en la creación de un sello propio, Avalon Productions, que ha seguido combinando con la colaboración en Filmoteca FNAC. El sello Avalon Productions ha editado desde entonces valiosos títulos, varios de ellos integrantes de la producción independiente norteamericana: Mala noche (1985) y Paranoid park (2007), ambas de Gus Van Sant, El almuerzo desnudo (Naked lunch, David Cronenberg, 1991) o Keane (Lodge Kerrigan, 2004), así como cuidadas ediciones de coleccionista de varios documentales musicales cuyo arco, hasta la fecha, se extiende desde The devil and Daniel Johnston en 2007 hasta Let’s get lost en 2009. No fueron filmes por los que las exhibidoras cinematográficas se pegaran por adquirir los derechos para su proyección en salas. Let’s get lost, por mucho que sea considerado como uno de los títulos angulares del documental musical, se ha estrenado en nuestro país veintiún años después de su realización.

Aquellos documentales musicales editados por Avalon que nos resultan más estimulantes, de entre los que hemos tenido oportunidad de ver, comparten una gran amplitud de miras a la hora de reutilizar variados y valiosos materiales de archivo y combinarlos con filmaciones actuales deviniendo en estimulantes collage dentro del género: The devil and Daniel Johnston, Joe Strummer: vida y muerte de un cantante, Joy division (Grant Gee, 2007) y Let’s get lost, todos ellos importantes documentales musicales no protagonizados precisamente por ídolos de masas. Es curioso cómo en cierta medida parece haber una suerte de filosofía compartida entre el modo de capturar la realidad del músico-artista en estas piezas y las cuidadosas propuestas de Avalon en sus ediciones para coleccionista en DVD, siguiendo la máxima de “realizar la mejor edición posible de cada uno de los títulos, buscando la mejor calidad posible, abundantes materiales extras, un buen packaging…”.

The devil and Daniel Johnston, el biopic de Jeff Feuerzeig -que empleó una década en documentarse a fondo sobre este músico indie con conflictos maniaco-depresivos-, combina, como bien explica Albert Alcoz en su reseña sobre la película, “filmaciones amateurs en super 8 de carácter narrativo-paródico, centenares de dibujos influenciados por su afición a los cómics y grabaciones en cintas magnéticas de sus desequilibrios y reflexiones personales (…)”, sumando “imágenes de archivo decisivas como su aparición en la MTV a principios de los 80, el caótico fin de semana junto a los Sonic Youth filmado por la cámara de Lee Ranaldo o la actuación en un programa de radio para la emisora WFMU en 1991, realizada desde un hospital psiquiátrico, (…) junto a entrevistas actuales de familiares y amigos cercanos (…)”.

Pues bien, el filme de Feuerzeig es acompañado en la edición coleccionista por apreciables extras, aparte de los habituales, permitiéndonos así y en cierto grado, situar la parte (el filme) dentro del todo (la vida y trayectoria artística de Daniel Johnston) y hacernos una idea de los criterios de selección de Feuerzeig a la hora de afrontar la filmación y el montaje del largometraje. Se incluyen, entre los materiales adicionales,  varios vídeos musicales, un audio-diario de Daniel Johnston, varios diseños y material filmado por él mismo, el encuentro entre Daniel y su amor platónico, la “emisión histórica a través de la WFMU” y escenas de la premiere en Sundance, donde Feuerzeig obtuvo el premio al mejor director en la edición de 2005.

El trabajo de Julien Temple sobre el líder de The Clash, Joe Strummer: Vida y muerte de un cantante, posee también una naturaleza múltiple en cuanto a los materiales que lo configuran. Fue determinante el acceso del realizador al “archivo Strummer”, de donde extrajo desde cartas escritas por Strummer en el colegio a dibujos efectuados por él mismo –convertidos en animaciones por Temple- pasando por vídeos caseros en diferentes formatos (la pieza en 16 mm. “The Clash in Broadway”), fotografías, la visita a Martin Scorsese durante el rodaje de El rey de la comedia, el paseo en cadillac por Hollywood, la interpretación como teloneros de The Who, la visita a Andy Warhol, secuencias en el backstage… Si entre los insertos de figuras reconocibles que muestran su admiración por el artista hay algunos testimonios más certeros que otros (no suenan igual Jim Jarmusch o Scorsese que Bono…), la cuestionada inclusión de fragmentos de filmes como If…. (Lindsay Anderson, 1968), Mistery train (Jim Jarmusch, 1989) o Rebelión en la granja (Animal farm, Joy Batchelor y John Halas, 1954) como herramientas ilustradoras funcionan, a mi parecer, con buenos resultados. A todo esto cabe sumar un elemento clave del filme: el uso de grabaciones del programa London calling que el propio Strummer dirigió durante años en la emisora BBC World Service. Por instantes, el que fuera uno de los compositores de Rock the casbah parece acompañar su propia historia en off y a través de sus recomendaciones musicales podemos aproximarnos mucho mejor a su bagaje como músico y a sus inquietudes como persona, más allá de las composiciones de The Clash. Algo parecido sucedía en la estupenda Kurt Cobain: About a son (AJ Schnack, 2006) donde la reutilización de una entrevista periodística realizada a Kurt Cobain creaba un poderoso y perturbador efecto; el recurso de la voz en off lograba el efecto inverso en CSNY/Déjà vu (Neil Young y  Benjamin Johnson, 2008), un documental algo anodino y, a ratos, molesto también editado por Avalon.

Aunque la edición en DVD no contó con una versión tan elaborada como en el caso comentado de The devil and Daniel Johnston o los que se comentarán con posterioridad, en Joe Strumer: vida y muerte de un cantante sí tiene cabida una interesante entrevista con el realizador británico donde explica que la relevancia del material de archivo reside en su valor como momento histórico. “Se han filmado en un tiempo y un lugar que ya no se repetirán”, señala Temple.

2X1: FICCIONANDO EL DOCUMENTO / DOCUMENTANDO LA FICCIÓN

Las más recientes publicaciones de documentales musicales a cargo de Avalon han sido dos ediciones de lujo con tres discos cada una: Control (Anton Corbijn, 2007), en formato vinilo para la edición coleccionista, y Let’s get lost. La ficción del afamado fotógrafo holandés, que debuta como realizador con Control, viene acompañada por el más que sugerente documental sobre los Joy division filmado por Grant Gee ese mismo año. Es interesante confrontar la propuesta ficcionada de Corbijn con el documental de Gee, sabiendo que ambas sitúan algunos puntos de partida en los mismos sitios. Los materiales que nutren el documental son realmente variados y conforman una rotunda ilustración de los adalides del “sonido Manchester”, de su electrizante vocalista Ian Curtis y del salto de altura que supuso en el rock la sustitución del “fuck you” por el “I’m fuck”, personificado en la vulnerable figura de Curtis. De tal modo, Gee convoca imágenes de noticiarios, fotografías y otras grabaciones de la época, recortes de prensa, entrevistas (en especial, la concedida por Curtis en 1980 a la BBC Lancashire), dibujos de Curtis, imágenes que ilustran el presente de algunos lugares clave donde se forjó la leyenda (los episodios numerados bajo el título “Sitios que ya no existen”), los cuadernos de Rob Gretton (mánager de la banda), entrevistas a algunos asistentes al debut de los Joy division (entonces Warsaw) en el Electric Circus…

La ficción, por supuesto, no incluye explícitamente estos materiales, pero trata de recrear su contenido. Es curioso el roce entre ambos filmes y que en Control Corbijn optara por el blanco y negro (aunque él apostilla que es el color de cómo él sintió y vivió aquel Manchester), que finalmente se optara por la interpretación musical en vez de playback y que durante el rodaje surgiera un flechazo entre los actores Sam Riley y Alexandra Maria Lara, Curtis y su amante Annik en la ficción. Y por si con esto no tenemos suficiente, entre los extras de la edición para coleccionista de Control se incluyen más de una hora de escenas eliminadas del documental de Gee y unas cuantas entrevistas con el elenco de Control y con el propio Corbijn.

Finalmente, la más reciente edición de Avalon, Let’s get lost, funciona en buena medida como un acto de justicia. Veintiún años después de su realización el gigantesco documental de Bruce Weber llegó a nuestras pantallas y a renglón seguido, lo hace en el  mercado de DVD en una merecedora edición de lujo con tres discos y un libro. En esta ocasión, la exigente labor del sello ha posibilitado la inclusión de un tercer disco, en formato CD de audio, con grabaciones inéditas remasterizadas extraídas de las Let’s get lost sessions. Melómanos y/o cinéfilos, ¡a seguir siendo optimistas!

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