CHP:DOX Copenhague. Diagonales de un festival en diálogo

Programado con auténtica vocación festiva, CPH:DOX es uno de los pocos festivales del mundo que entienden el cine como una expresión más de una cultura contemporánea en la que el cine se entremezcla en constante diálogo con otras disciplinas y que se esfuerzan en hacerlo patente en su programación. Esta se extiende desde los conciertos de música a las exposiciones pasando por una visión amplia y heterodoxa del cine documental.


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Hay pocos festivales de cine que hagan honor a la parte más festiva que todos ellos llevan inscrito en su nombre. Y hay todavía menos que se piensen a sí mismos con el espíritu pop-musical y transversal de CPH:DOX, un festival que nació en 2002, coincidiendo con esa toma de conciencia global acerca de las películas de no-ficción, acaecida más o menos a principios de siglo, y que en su décimo cumpleaños sirvió para valorar qué ha cambiado en el panorama del documental en todo este tiempo, y sobre todo hacia dónde pueden apuntar los tiros los cineastas del futuro inmediato. Con una programación desbordante (e intencionalmente desbordada), CPH:DOX, festival ubicado en Copenhague, presta además especial atención a las posibilidades industriales de un cine a medio camino entre el arte, el documental, y la experimentación, potenciando encuentros profesionales entre productores, distribuidores y cineastas, y facilitando la creación y producción de títulos nuevos, nacidos bajo el paraguas del festival.

Diagonales de programación

Su programa se extiende desde los conciertos de música a las exposiciones, pasando por una visión amplia y heterodoxa del cine documental. El CPH:DOX fue uno de los primeros (si no el primero) festivales en programar en igualdad de condiciones películas de ficción y documentales. De esta forma, la relación entre las distintas disciplinas artísticas con las que el cine es capaz de entrar en diálogo no se plantea como un acompañamiento del festival, en forma de programación paralela, sino que entronca con la columna vertebral de la programación, afectando de forma directa a sus secciones competitivas, entre las que llaman la atención sobre todo NEW:VISION y SOUND:VISION, la primera dedicada especialmente a trabajos realizados en ese campo que queda entre el cine y las artes visuales, y la segunda dedicada a películas que celebren el potencial del sonido (y no solo de la música) en su relación con las imágenes y las historias.

NEW:VISION es la sección más representativa del espíritu del festival, y aunque haya una competición oficial dedicada a películas más tradicionales, es en esta donde el festival hace sus auténticas apuestas. Más allá de la inevitable Leviathan (Lucien Castaing-Taylor, Véréna Paravel, 2012) que ha sido el hype de la temporada de festivales, la propuesta más arriesgada y a la vez más interesante de la selección fue una película que pasó injustamente inadvertida, quizá porque no juega a las cartas de lo epatante. Se trata de Public Hearing (2012), primer largometraje del cineasta norteamericano James N. Kienitz Wilkins, quien, tomando las transcripciones de los debates populares en un pueblo norteamericano acerca de la posibilidad de conceder o no el permiso a un Walmart para crecer, construye toda una parábola sobre la palabra política y la representación (en el sentido político y también en el visual). Lo que hace Kienitz Wilkins es reunir a un grupo de actores que representan, palabra por palabra, silencio por silencio, lo dicho en aquellos debates, en un giro nada cínico que sin embargo multiplica hasta el absurdo los procedimientos democráticos, que terminan revelándose, como la propia película, como un gran teatro kafkiano en el que todo está bajo control. Incluso la disidencia.

En esa misma sección se encontraba la única película española presente en todas las secciones oficiales, Fóra (2012), el primer largometraje de los gallegos Pablo Cayuela y Xan Gómez Viñas, miembros del activo Cineclube de Compostela, que se acercan aquí a las experiencias antisiquiátricas de un manicomio en la Galicia de los años setenta del pasado siglo. Con un arranque absolutamente hipnótico, la película trabaja el material de archivo con tanta inteligencia como devoción, y reflexiona desde el presente sobre la frágil barrera entre lo normal y lo anormal, y sobre el fracaso de esos intentos de reforma de las políticas sociales.

Y sin salir del terreno de lo político, durante largo tiempo desterrado de cierta ortodoxia documental, y que parece que ha retornado con fuerza, estaba también Abstract (2012), el último y breve trabajo de la artista alemana Hito Steyerl, videoartista más que acostumbrada a ver circular sus trabajos tanto por galerías como por festivales de cine. Última parte de una trilogía dedicada a su amiga de juventud Andrea Wolf, miembro del PKK y asesinada en 1998, Abstract trabaja sobre la analogía entre dos disparos: el de la pistola y el de la cámara (ambos shot en inglés), como una reflexión sobre la violencia inherente, simbólica o no, a cualquier proceso cinematográfico. “La gramática del cine sigue la gramática de una batalla”, explica Steyerl.

Aunque ya vista en Cannes, NEW:VISION presentó también la última película de Apichatpong Weerasethakul, Mekong hotel (2012), acompañada de Sakda, un cortometraje rodado para el film colectivo La Faute à Rousseau. El diálogo entre los dos trabajos, ambos dos autodeconstrucciones de su propio universo, auto making of de sus propias películas, dan el retrato de un autor capaz de despojar su propio cine de todas las capas más llamativas y espectaculares, para dejarlo en el esqueleto propio de la filmación de un ensayo y no por ello perder misterio, sino todo lo contrario. Con sus clásicas resonancias políticas, su trabajo con la memoria de un país herido, representado en forma de fantasmas muy cotidianos, y la introducción de la banda sonora como un personaje más de su propio universo, Weerasethakul ahonda en su trabajo multidisciplinar, capaz de encontrar acomodo en festivales de cine o salas de exposiciones, y se erige de alguna manera en el epítome de todo un festival que aspira a romper las barreras entre las disciplinas artísticas.

Desde el mundo del arte, Douglas Gordon podría convertirse en el reverso galerista de Weerasethakul, un hombre formado en el mundo del arte contemporáneo, pero capaz de disfrazarse de cineasta, y muy interesado además en su propio trabajo por la pervivencia de las imágenes, la erosión del tiempo y su diálogo con el espectador. Para este décimo aniversario, el festival le dedicó un foco, programado por él mismo, en el que puso en relación su trabajo artístico con películas que le han influido o considera importantes. Que Gordon iniciara su programa con el último cortometraje del francés Jean Painlevé, Les pigeons du square (1982), en el que el cineasta y científico francés retomaba las técnicas de Étienne-Jules Marey para filmar el movimiento animal, deteniendo el tiempo, congelando los fotogramas, y jugando con la fascinación por lo oculto tras lo evidente, da buena muestra de la capacidad de diálogo del propio Gordon con la historia del cine como aparato técnico y como aparato artístico. Además de una performance sorpresa, la selección incluía títulos como F for Fake (Orson Welles, 1973), o Gerry (Gus van Sant, 2002), todos ellos en constante diálogo con más trabajos de Painlevé, tomado como eje central de un programa que trataba de relacionarse, no de manera obvia, con su propio trabajo.

DOX:LAB y CPH:FORUM

Profundamente concienciado de la necesidad de sostener de forma viable un tipo de cine que no tiene más circuitos que los propios festivales, y pantallas afines, CPH:DOX lleva años trabajando dos iniciativas paralelas, pero muy relacionadas entre sí. La primera de ellas, el CPH:FORUM funciona como un mercado al uso, pero en el que están vetadas (no de forma explícita, pero sí a la luz de la selección de proyectos), todas aquellas películas que no sean capaces de pensarse a sí mismas en diálogo con otras disciplinas y que no tomen el cine como una forma de arte. Un mercado sin televisiones pero plagado de compradores, productores e inversores que buscan hacer posibles películas que tendrían difícil salida en mercados más convencionales. La nómina de directores que presentaban sus nuevos proyectos, Ben Russell, Ben Rivers, Oliver Laxe, Ulrich Seidl, Sergio Caballero, entre muchos otros, da buena cuenta del sesgo radical que busca potenciar el Forum. Y a su lado, la iniciativa más singular nacida bajo el paraguas del festival: el DOX:LAB, un proyecto de producción por el que el propio festival pone en marcha películas dirigidas siempre a dúo entre dos directores que, necesariamente, no hayan trabajado juntos con anterioridad. Nuevamente, la idea del diálogo como motor de la programación y el trabajo del festival. Esta iniciativa, puesta en marcha en 2010, ha alumbrado ya películas de cineastas como Mauro Andrizzi, Khavn de la Cruz, Renate Costa, y prepara nuevos proyectos de Mark Peranson en diálogo con Raya Martin, Gabriel Abrantes con Vimukthi Jayasundara

Voy a decirlo!


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