Michel K. Zongo. Breve incursión esperanzadora por el documental africano

Entrevistamos al realizador burkinabé Michel K. Zongo para hablar de su film “Espoir Voyage” así como también de las condiciones de producción de cine documental en África.


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Conocimos a Michel K. Zongo en el festival DocLisboa 2012 un día después de ver su largometraje documental Espoir Voyage (“Viaje de esperanza”). Zongo, realizador de Burkina Faso (Koudougou, 1974), expone en el filme la búsqueda de su hermano Joanny, a quien perdió cuando él era pequeño. Este se fue a Costa de Marfil para encontrar trabajo, cortó con los lazos familiares y nunca más regresó. Años después llegó a la familia la noticia, sin muchas especificaciones, de que Joanny había fallecido. Zongo realiza un viaje-encuesta para intentar llenar la ausencia familiar. Una ruta llena de diálogos y encuentros que nos permite observar las formas de vida cotidianas en esta parte de África, la permanencia de valores como los lazos familiares, el respeto o la amistad, así como también penetrar con cámaras en el Oeste del continente de un modo íntimo que escasos foráneos pueden llegar a conseguir. Espoir Voyage estuvo a lo largo del 2012 también presente, entre otros, en los festivales de Berlin, Cinéma du Réel, Hot Docs de Toronto y en España en la Muestra de Cine Africano de Córdoba.

M. Martí Freixas: Espoir Voyage se fundamenta en un viaje. ¿Ya habías llevado a cabo este recorrido antes de filmar para investigar los trazos tu hermano?

Michel K. Zongo: El viaje lo hice una vez y no lo preparé mucho. “Ya veremos a quien encontraré y a quien no” me dije “y sino encuentro los trazos de mi hermano, pues eso será la película”. También sería interesante. Era una encuesta y eso sería la película, sucediera lo que sucediera. El rodaje duró cuatro semanas, unos días en Burkina y todo lo demás en Costa de Marfil. Allí erramos muchas veces, perdimos algunos días y dimos bastantes vueltas. Llegábamos a un pueblo donde se suponía que nos esperaba una persona, pero no estaba, nadie sabía cuando volvería… seguimos pistas que no nos conducían a ninguna parte… Pero los problemas y lo imprevisible formaban parte de este proceso, no había que echarse a llorar ni perder los nervios.

Me gustó como filmaste las personas. Incluso en varios momentos donde los diálogos no suman en la historia. Cuando preguntas por los trazos de tu hermano y varios ancianos de los pueblos no saben nada. Me das la opción de fijarme en sus calmas expresiones, en sus movimientos corporales. Como te miran serios al escuchar tu relato, como te dan su aprobación y permiten que sigas filmando.

Me lo planteé de una manera simple pensando en estar cerca de la gente. La cuestión principal del documental para mi era “como filmar la palabra”. La oralidad. África es muy oral, muchos fuimos educados de manera oral, retenemos las cosas a través de la oralidad. Lo intenté transportar al hacer la película. Muchos filmes hechos por europeos en África son el proceso que proporciona el encuentro: es alguien de fuera que se mete dentro. Es cierto que yo no soy costamarfileño, pero viajo con gente de ahí y hablo su lengua, algo para mi muy importante. Así no me veían como un extranjero sino como parte de su entorno. Y eso lo noté en muchos pequeños detalles, tenía la sensación de que no hablaban a un realizador sino a un hermano pequeño, a un primo, a un niño. Obtenía una relación franca y natural con los interlocutores. El rodaje fue físicamente duro y cansado pero la relación con la gente filmada era alegre. Y a mi me encanta encontrar y conocer gente, creo que hago documentales por este motivo. Hay muchas horas de rodaje que incluyen esta fuerza del diálogo, tuve que seleccionar.

El trayecto que va desde Burkina Faso hasta Costa de Marfil lo hicisteis en autobús. Es una secuencia larga y donde los pasajeros cuentan muchas historias. ¿Cómo filmasteis ahí dentro? Estaba muy lleno. Es un ambiente opresivo para el espectador.

Sí, estaba muy lleno el autocar. Pero de entrada debes saber que toda la gente ahí dentro se conocía. Allí no funciona de que vas a la estación, compras un billete y te subes al autocar que te corresponde. Va de otra manera. La gente que estaba en ese transporte subió porque eran conocidos de un primo que los había llevado o venían de parte de un hermano o conocían gente de la plantilla que trabaja en la estación… Todos más o menos se conocían de un modo u otro. El conductor es amigo mío de infancia, por ejemplo, por eso pude subir.

Luego expliqué a los pasajeros qué hacía ahí con la cámara y fui muy bien recibido. Muchos quisieron saber mi historia personal con más detalles y durante el viaje se me acercaban y me preguntaban. El viaje fue muy cansado, yo durante dos noches no pude dormir y en la película quise expresarlo, que el espectador se agotase también. A la vez el viaje es como entrar en la oscuridad de la noche, hacia un país que no sabes qué te va a ofrecer, como cruzar algo misterioso.

¿Cuantos erais filmando?

Tres. El sonidista, un ayudante que se ocupaba del material y yo que hacía la cámara y las entrevistas con la gente. En Costa de Marfil se unió una cuarta persona que conocía bien el territorio por donde debíamos movernos.

Hay una historia que en Europa que ya hemos aprendido desde hace muchos años, por reportajes, documentales, y muchos otros medios nos ha llegado. La estuve comentando con Cátia Salgueiro, miembro del comité de selección del festival, y coincidimos. Es la del inmigrante africano que es capaz de llegar a Europa poniendo muchas veces su vida en peligro si es necesario pero, una vez en el continente europeo, si las cosas no son como lo esperado, no quiere regresar bajo ningun concepto. Por no querer afrontar el supuesto fracaso en su tierra natal. Y esto sucede en tu película pero con el país vecino. Nos sorprendió mucho.

Aunque el hecho de la inmigración es universal, para los africanos la dignidad cuenta mucho. El honor. No decepcionar. Es como un soldado que va en una misión de guerra. Hay que ganar la guerra cueste lo que cueste. Y si pierdes la guerra y no has muerto en el campo de batalla o no has caído prisionero, es un deshonor. Pues es muy parecido. Si vuelves de la inmigración de vacío… hay una presión familiar muy fuerte, incluso una presión pasiva. Interiormente esperaban mucho de ti. Si te vas es porque el otro sitio es mejor. Por lo tanto no puedes volver sino vuelves mejor. Y eso que comentas del país da igual. No importa el sitio, no importa si es Europa o Costa de Marfil. Si dejaste a los tuyos y te fuiste al país de al lado es porque este era mejor.

No encontramos el cuerpo y rostro de tu hermano, no sabemos como era cuando estaba en Costa de Marfil. Pero en la película lo vamos reviviendo, vamos llenando esa ausencia con el rostro y las palabras de los que vas encontrando, construyes el rostro y el cuerpo de un posible hermano.

Yo daba por ciertas las informaciones de que mi hermano había fallecido, así que sabía de antemano que en el viaje no lo reencontraría. Pero sí buscaba reconocerlo. En mi cabeza yo lo imaginaba en el bus sentado como nosotros y los pasajeros, en el bosque, en el campo de cacao. Y para mi conocer a esas personas era como revivir a Joanny hoy en día. Sentirlo, tener la sensación de que estaba ahí gracias al cine, aunque nunca esté presente.

Hay una cosa del filme que no entendí. Al final de todo, cuando ya cierras la narración. Hay una voz en off tuya que completa la historia, “descansa en paz”, le dices a tu hermano. Pero luego hay un grupo de trabajadores en el bosque, que están haciendo bromas. Y en los planos finales vuelves en el autobús destino Burkina con una música alegre…  Como europeo, una vez cerrado el hilo, esperaba el silencio. Para mí era un momento muy hondo, muy serio.

Lo de la voz en off una vez cerrada la búsqueda y certificado su fallecimiento, es algo de mi cultura. Acompañar el alma, hablarles, desearles que los ancestros les reciban bien y que descansen en paz. Y a partir de ahí, si te digo la verdad, en el primer montaje había silencio. Luego pensé que quedaba demasiado triste y yo no estaba llorando, estaba contento por haber conseguido cerrar por fin la historia. Y no quiero tampoco que la gente llore. Esos empleados que había filmado son también los trazos de mi hermano. Alegres, fuertes, hablando de dinero, con confianza. Hacen chistes. Es como decir “la vida continúa, a pesar de todo”. El viaje ha terminado, puedo volver a casa y decir a la familia que mi hermano fue valiente y murió dignamente. Y vuelvo con el autocar y con esa música animada. Entiendo que como europeo te sorprenda pues me lo ha dicho mucha gente. Nosotros estamos tan endurecidos por la dificultad, es tan duro cada día, que no podemos ser fatalistas y hundirnos en el sufrimiento. La canción es muy conocida en Burkina, habla de los inmigrantes y la letra tiene mucha relación con el film.

¿Este es tu primer film?

Primer largometraje. Antes filmé dos cortos. El primero, Ti-Tiimou (2008), trata sobre campesinos que trabajan el algodón. Les daba la palabra para que explicasen los peligros de su trabajo, pues usan productos químicos y muchos no saben ni leer ni escribir y se envenenan con facilidad. Es controvertido porque Burkina es el principal productor de algodón de África y en el corto se mostraban los puntos débiles de este cultivo. Campesinos muy mal pagados, que trabajan de sol a sol y que incluso a veces mueren. Así estuvo en muchos festivales, gané 4 o 5 premios, pero en Burkina no se vio mucho. La televisión nunca lo emitió.

¿Y el otro?

El otro es Sibi, l’âme du violon (“Simi, el alma del violín”) sobre un señor que toca el violín tradicional. Lo conocía desde que era pequeño, tocaba por mi barrio. 30 años después me lo seguía encontrando y parecía igual, seguía tocando las mismas canciones. Un filme un poco musical, fui premiado en el festival panafricano de Ouagadougou (FESPACO).

Quizás el festival más conocido de todo el continente. ¿Cómo financiaste estos dos cortos y el largometraje? ¿Hay subvenciones para las películas en Burkina Faso?

No, no, no. Actualmente no. No hay ninguna subvención ni ayudas. En general, autoproducción. Los dos primeros con el material de un amigo que tiene una productora, el sonidista también era un amigo… A coste cero. Ti-Tiimou fue una petición de una ONG, como un encargo para filmar algo sobre el tema, con total libertad para mí. Sibi… fue de mi propia iniciativa. Espoir Voyage ya fue un poco más serio y fue una coproducción. Creé una productora que se llama Diam Production y conseguí una coproducción con Francia, Cinedoc films. Así fue 30% de mi parte y 70% de ellos en lo que a economía se refiere. La historia la filmé con total libertad como yo quise, de otra manera no hubiera habido coproducción. En ningun caso fue una escritura a dos o algo así. El productor ya me conocía y me dio carta blanca. Fue un placer.

No deja de ser cine independiente africano.

No lo es. Bueno, muy frágil. Mientras necesitemos que el dinero llegue “del otro lado” no somos independientes. La propiedad del film es compartida. Muchas veces cuando en un proyecto africano entra dinero europeo, el guión o el enfoque cambian. Lo viran hacia un público europeo.

En Burkina hay una buena cultura cinematográfica si lo comparamos con sus países vecinos.

Sí, mucho. En Burkina llegaron los primeros cines en África, ya en los años 30 y 40 había salas. Hay una tradición de cineastas también que viene de lejos (Gaston Kaboré, Idrissa Ouedraogo, Pierre Yamégo, Dani Kouyaté entre otros), autores que llegaban al público local… hay gente que venía de fuera a Ouagadougou para ver películas. Había un ambiente alrededor del cine que provocaba muchas cosas, entre ellas que aparecieran realizadores. Hay otros países que no tuvieron esa oportunidad, que no tuvieron apoyos para desarrollar el cine y no han tenido ese ambiente. Y en su momento sí hubo subvenciones para el cine nacional pero por unos acuerdos económicos con la Banca Mundial lo quitaron, pues decidieron dejar de financiar los sectores “no prioritarios” y en este incluyeron la cultura. Ya ves, gente de fuera que decide qué es y qué no es prioritario para nosotros. “Id a cultivar maíz y arroz para vuestros estómagos y no alimenteis vuestra mentes con el cine”. Como si el cine no fuese una cosa para los africanos. En Burkina después de la independencia en 1960 el cine fue una eclosión. Había salas por todo el país, muy grandes y a cielo abierto, pues es un país muy caluroso. El cine tenía mucho éxito. Muchos crecimos en este maravilloso ambiente cinematográfico. Había distribución, producción nacional, cada año había algun largometraje nacional, también coproducciones… Ahora la escuela de cine se cerró, no hay relevo en la formación, las productoras escasean… con el digital hay gente que se ha autoformado, yo mismo, pues no tuvimos escuela de cine. Por aquí y por allá, nos espabilamos y aprendimos. Y hay muchos como yo, realizadores o técnicos.

Pensé que habías estudiado en una escuela de cine.

No. Ahora ha vuelto a resurgir una, hace pocos años. Pero yo no tuve. Me formé como director de fotografía y realizador trabajando con europeos que venían a hacer películas en África. Con Christian Lelong que ha hecho muchos filmes en Burkina (y es el coproductor que te comentaba antes), con muchas otras productoras, que no entendían la lengua y yo hacía de administrador, de negociador, les encontraba personajes, etcétera. Poco a poco me cogieron confianza y fui aprendiendo.

Tu escuela fue la experiencia.

Sí, la escuela de la vida. Y creo que hay muchos más y hay una nueva generación por todo el continente que sale de ahí, con su propia mirada cinematográfica. Del Oeste y del Este. Creo que por Europa son poco conocidos desafortunadamente. En Kenia, en Zambia, en Togo. Sani Magori en Níger, Alassane Diago en Senegal y otros… con mucha fuerza de convicción para contar historias. Creo que cada generación marca una etapa y la nuestra está llegando. Tenednos en cuenta.

¿Cómo son los rodajes en África? Me comentabas que hay muchos problemas, cosas inesperadas…

Filmar en África es difícil sobretodo por la preparación del rodaje. Aquí hay mucho menos material técnico que en Europa. Cuando veo producciones que vienen aquí a filmar, que desembarcan con todo su arsenal… nosotros tenemos que fabricarnos un poco las cosas, espabilarnos, arreglarlas nosotros mismos. Personalmente no hecho de menos la gran tecnología para filmar, en el fondo una cámara es una cámara. Pero claro, el material da problemas y tienes que estar pendiente de muchas más cosas. He filmado con cámaras que se calentaban y había que ir dosificando o que no sabes cuando se va a cortar de golpe porque la batería es defectuosa… etcétera. Siempre tenemos problemas técnicos.

Los europeos que llegan para filmar también tienen problemas porque no saben como van las cosas. Me acuerdo de un sonidista, empezó la filmación y a los dos minutos no había sonido. Las pilas estaban muertas. Las había comprado en la calle. Claro, son malísimas y las pilas buenas hay que ir a buscarlas en otra parte y pagar bastante más, porque escasean. Acostumbrado a que lo que compras tiene asegurada una calidad no se imaginó que las pilas ya no iban y pensaba que se había estropeado el equipo de sonido. O unos realizadores que se desplazan al interior del país y una vez llegan se dan cuenta de que no hay electricidad en esos pueblos. Claro, en Francia hay electricidad en todas partes, ni se lo plantean, pero aquí no. Nosotros para Espoir Voyage preparábamos la ruta en función de los pueblos que sabíamos que tenían electricidad para poder recargar las baterías, por ejemplo. Aquí hay que pensar muy bien siempre todo esto antes de lanzarse a filmar porque puedes encontrarte con el rodaje bloqueado por muchos motivos.

¿Estás preparando un nuevo rodaje?

Sí, tengo un proyecto, en mi ciudad. Cerraron una fábrica con miles de desempleados en 2001. Fabricaban telas y paños. Con el algodón. Era una fábrica propiedad del estado, muy conocida y de buena reputación, importaba al extranjero. El FMI decidió privatizarla. Al cabo de poco tiempo la cerraron y nuestro gobierno se desentendió de todo. La fábrica era el orgullo de la ciudad y muchas familias trabajaban allí. Era una de las más poderosas desde la independencia y es un referente de mi infancia. Quiero analizar con los antiguos empleados todo este tema, como las decisiones lejanas de gente que ni nos conoce ni ha estado nunca en nuestra ciudad afectan muchísimo a las personas que allí viven… Y nuestra gente habla de la “banca mundial” como si fuese alguien cercano, un camarada o un primo. Es todo muy absurdo. Quiero rodar durante este 2013. Gané dos premios al desarrollo del guión, así tengo un buen dossier y realicé un estudio profundo y por ahora tengo un coproductor, a ver si puedo levantarla.

Un Comentario

  1. Mauricio 01/03/2013 | Permalink

    El argumento me recuerda a una película boliviana del 2010 “bala perdida” donde el director va en la búsqueda de esclarecer la muerte de su hermano oswaldo que fue asesinado haciendo el servicio militar. en el camino va descubriendo las subjetividades de la familia y amigos de Oswaldo.
    Me encantaría verla

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