All Tomorrow’s Parties

De la mano de Jonathan Caouette, el documental musical All tomorrow’s parties se construye como un gran puzzle-collage, un relato sinuoso y sin orden cronológico en el que se entremezclan en igualdad de condiciones imágenes en cine, teléfonos móviles, archivos televisivos y todo tipo de calidades de vídeo, procedentes de grabaciones amateurs, profesionales o íntimas, para proponer un documental más sensitivo que documentado.


    Post2PDF

Volver a la ecuación más sencilla. Un escenario, alguien que sube, y gente que disfruta, se sorprende y baila con lo que el músico ofrece. Si a esa ecuación original le añadiéramos una cámara, o muchas cámaras, tendríamos los elementos básicos con los que se construyen All tomorrow’s parties, el festival y All tomorrow’s parties la película. Música, imágenes, y gente que disfruta tocando, escuchando, bailando… y grabando. Si All tomorrow’s parties (ATP), el festival, nació como una contra-escritura de los festivales convencionales, All tomorrow’s parties, la película, vendría a ser una contra-escritura de los tradicionales documentales musicales. Si ATP, el festival, intentaba acabar con la ceremonia, el boato y el diseño industrial de los festivales al uso, dando la voz a los propios músicos, que son los encargados de programar el festival, invitando a sus grupos favoritos, y alojando a público y artistas en los mismos espacios y sin distinciones, ATP, la película, entrega el protagonismo en igualdad de condiciones a los músicos y sus fans, (hasta proponer la virtual, e imposible, desaparición del director) que aportaron gran parte del material con el que se construye la película. Una idea, la de la participación activa de los fans en la película (puerta abierta a la interactividad que tantos reclaman al cine contemporáneo) que retoma de alguna manera lo que ya apuntaron Jem Cohen, con su retrato de Fugazi en el largo Instrument (1998), donde abría la cámara a las voces de los fans (y no siempre complacientes), o Beastie Boys, en Awesome; I Fuckin’ Shot That! (2006) experimento-película en el que repartieron cincuenta cámaras entre sus fans para que fueran ellos quienes documentaran sus conciertos.

ATP lleva, de la mano de Jonathan Caouette (Tarnation, 2003), esta idea todavía más lejos, y se construye como un gran puzzle-collage, un relato sinuoso y sin orden cronológico en el que se entremezclan en igualdad de condiciones imágenes en cine, teléfonos móviles, archivos televisivos y todo tipo de calidades de vídeo, procedentes de grabaciones amateurs, profesionales o íntimas, para proponer un documental que, lejos de documentar fielmente, y valga la paradoja, se adentra más bien en lo que podría ser un documental más sensitivo que documentado (o documentalista): un collage emotivo, simbólico y fragmentario que maneja piezas diversas y heterogéneas en busca de una emoción y un espíritu que se esconde entre los momentos de éxtasis colectivo, los conciertos multitudinarios, o las sesiones improvisadas de los músicos en sus habitaciones. Y quizás sea este el principal aspecto reseñable de la película: su aspecto festivo y dionisiaco, su identificación, casi mimética, con el objeto que filma. Porque ATP (la película) da de lleno en uno de los puntos en los que tropiezan habitualmente los documentales musicales: el retrato de ese espíritu intangible que conecta al músico con su público, esa descarga de rabia o energía que es la base del pop-rock (asumiendo en esta etiqueta limitada todas sus derivaciones e hibridaciones). Alejándose de la puesta en escena espectacularizante, y entregándose a un relato fragmentario, ATP (la película) funciona, y no es poco sino mucho, como una invitación a la fiesta y al disfrute por la vía de la música.

Por otro lado, y como tantas otras películas contemporáneas, ATP es un reflejo de la pulsión irrefrenable por documentar lo que nos emociona (teoría según la que youtube vendría a ser la versión hiperbolizada y digitalizada de aquella lista de cosas que hacen latir el corazón de la que hablaba Chris Marker en Sans Soleil). Si Monstruoso (Cloverfield, 2008), o la saga REC se valían en la ficción del gesto tan asumido en nuestro cotidiano de grabar de manera compulsiva el presente, ATP (la película) se inscribe en la poderosa estela de Iraqi Short Films (2008): películas fragmentadas, en un lenguaje-montaje propio de la era del clip breve en pantalla pequeña, y en las que es el espectador quien ha de finalizar el trabajo de ensamblaje. Quizás así haya que entender el montaje, en ocasiones a pantalla partida: como una traslación a la pantalla grande (medida probablemente en pulgadas y no en metros) de la navegación clip a clip por los myspace y aledaños.

Y en este hipervínculo textual, en esta referencia a las lecturas y vivencias digitales es donde la crítica se reconoce limitada: porque analizar ATP (la película) exclusivamente como una película supone minimizar un proyecto, profundamente contemporáneo, en el que la película, con principio, final y duración determinada, es sólo una parte, quizás sólo la base, de un caleidoscopio digital que podría seguir expandiéndose eternamente, como ATP, el festival. Quienes compren el DVD comercial (http://www.warpfilmstore.com o http://ourtrueintent.com/) podrán acceder a grabaciones íntegras de determinados conciertos, y, mediante un código, descubrir clips exclusivos en la página web, en una extensión digitalizada del fundamento fan del proyecto ATP: del festival y de la película.

FICHA TÉCNICA
Dirección:
Jonathan Caouette, All tomorrow’s people
Imagen: Vincent Moon, Jason Banker, Mark Swadel
Montaje: Nick Fenton
Sonido: Dan Johnson
Producción: Warp Films
País y año de producción: Reino Unido, 2009.

Un Comentario

  1. laura menen 14/01/2010 | Permalink

    qué ganas de verla!

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO